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GLADIATOR (EL GLADIADOR)


cartel Dirección: Ridley Scott.
País: USA.
Año: 2000.
Duración: 110 min.
Interpretación: Russell Crowe (Maximus Decimus Meridius), Joaquin Phoenix (Commodus), Richard Harris (Marcus Aurelius), Djimon Hounsou (Juba), Derek Jacobi (Gracchus), Oliver Reed (Proximo), Connie Nielsen (Lucilla), David Schofield (Falco), John Shrapnel (Gaius), Tomas Arana (Quintus), Ralph Moeller (Hagen), Spencer Treat Clark (Lucius), David Hemmings (Cassius), Tommy Flanagan (Cicero).
Producción: David H. Franzoni, Branko Lustig y Douglas Wick.
Guión: David Franzoni, John Logan y William Nicholson, basado en un argumento de David Franzoni.
Fotografía:
John Mathieson.
Montaje: Pietro Scalia.
Música: Hans Zimmer. Música adicional por Klaus Badelt y Lisa Gerrad.
Diseño de producción: Arthur Max.
Dirección artística: Keith Pain.
Decorados: Jille Azis, Elli Griff, Sonja Klaus y Crispian Sallis.
Vestuario: Janty Yates.
Efectos especiales: Lee Lighting Ltd. y Mill Film.

CRÍTICA por Mateo Sancho Cardiel

Se suele usar en algunas películas eso de "qué se puede decir sobre ella que no se haya dicho ya". "Gladiator" es posiblemente la película más popular en lo que llevamos de año y todos la han visto anunciada en televisión como la recuperación del género de romanos. Pues bien, en este caso todo lo que se ha dicho sobre ella ha sido, por lo menos, simplista. "Gladiator" es mucho más que una película de género, ya que las escenas que vemos en las campañas publicitarias llegan tras hora y media de película y quedan totalmente desvirtuadas en su significado sacadas de contexto. Lo que verdaderamente nos ofrece es una apasionante historia que más se podría acercar a los mejores momentos de "Braveheart" o al mensaje más profundo de "El rey león", con la que además comparte una impresionante partitura escrita por Hans Zimmer.

Así el mayor valor de esta película es que entre tanto circo (literalmente) narra una historia que no sólo no desmerece, sino que supera a la técnica y engancha verdaderamente al espectador. Los primeros cinco minutos determinan su espíritu: la recapitulación que el moribundo emperador realiza de toda su supuestamente gloriosa vida: cómo ha caminado por el camino equivocado, luchando por unos ideales materialistas y efímeros que no le han reportado satisfacciones morales, cómo ha creado un vasto imperio dominado por la corrupción y la superficialidad, y ha fracasado con un vástago cegado por la ambición. La vejez le ha otorgado una visión mucho más nítida de los verdaderos valores de la vida y, cuando su físico ya es incapaz de enderezar Roma, deja su testigo a Máximo, su más fiel guerrero, con la esperanza de que consiga lo que él no ha hecho. A partir de entonces, Máximo se convertirá en una víctima de las maquinaciones del perverso Cómodo, heredero natural de los laureles del César, y se verá obligado a sacrificar sus pretensiones anteriores de reposo y humildad. Entonces asistiremos a un verdadero tour de force del personaje, que deberá empezar desde cero para, como gladiador, arrebatarle a Cómodo el lugar que le corresponde. Ahora bien, si Máximo es el que nos emociona, el personaje más jugoso y complejo psicológicamente es Cómodo, que se desmarca del tópico del malo de la función. Paradójicamente, es el más débil de toda la película: un hombre atormentado y acomplejado por su falta de carisma, víctima de un amor imposible y escandaloso, y corroído por la envidia hacia Máximo, porque en realidad fue él el que le arrebató el papel de hijo del César.

Como se puede ver, Ridley Scott (director que no parece tener un término medio entre obras maestras como "Alien", "Blade Runner" y bodrios infumables como "La teniente O´Neill") consigue una película mucho más compleja de lo normal, y las magníficas interpretaciones ayudan a ello: Russell Crowe borda su papel en una asombrosa transformación física, Joaquin Phoenix, inquietante como antagonista, Richard Harris hace de sus cinco minutos de aparición algo inolvidable y Connie Nielsen, Derek Jacobi y el fallecido Oliver Reed cumplen con sus papeles. Si a ello le sumamos una magnífica e innovadora fotografía, unos deslumbrantes (aunque a veces notorios) efectos especiales y una ambientación espléndida, nos encontramos ante una verdadera obra maestra, en todos los sentidos impecable. Lista para los próximos Oscar.


Images from the movie Copyright © 2000 Dreamworks Pictures and Universal Studios

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