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JUANA DE ARCO
(Jeanne d'Arc)


Juana de Arco Dirección: Luc Besson.
País: Francia.
Año: 2000.
Duración: 148 min.
Intérpretes: Milla Jovovich (Juana de Arco), John Malkovich (Carlos VII), Faye Dunaway (Yolanda de Aragón), Pascal Greggory (Duque de Alençon), Vincent Cassel (Gilles de Rais), Tcheky Karyo (Dunois), Dustin Hoffman (la conciencia de Juana).
Producción: Patrice Ledoux.
Guión:
Andrew Birkin y Luc Besson.
Fotografía: Thierry Arbogast.
Montaje: Sylvie Landra.
Música:
Éric Serra.
Diseño de producción: Hugues Tissandier.

 

CRÍTICA
por Ismael Alonso:

Un estudio sobre la crueldad y el miedo

Más suicida que pretender romper el cerco de Orleans con un ejercito apenas pertrechado y más arriesgado que enfrentarse a la inquisición francesa ante la hoguera de Rouen es tratar de rodar una nueva versión de Juana de Arco, un mito ya llevado a la pantalla por Bresson o Dreyer e interpretado por actrices como Ingrid Bergman, y no fracasar. Luc Besson, director de globos aerostáticos como "El gran azul" o "El quinto elemento", se ha puesto manos a la cámara y ha logrado, al menos, una película digna, emocionante en ocasiones, excesiva siempre, pero que se ve con mucho más interés que el que a priori podría suscitar un realizador tan dado a los fuegos de artificio.

Casi tres horas de tragedia épica en un film que se articula sobre la crueldad sirven a Besson para dar rienda suelta a su grandilocuencia visual y también para adentrarse en un mito tan popular en la forma como hermético en el fondo. Santa, sanguinaria, piadosa, loca, niña, confusa, bella, decidida, valiente, iluminada, incomprendida... Juan de Arco resiste las centurias y se afianza como mito. En esta versión se visitan los tres momentos de su vida que marcaron no sólo su existencia sino su época. Su infancia, acosada por revelaciones que es incapaz de interpretar, su obsesión por liberar a Francia del yugo inglés y su proceso y martirio final.

Juana, obcecada en una misión que no logra en ningún momento entender, es el vivo reflejo del inocente manipulado, de aquellos que no encuentran jamás su destino y de los que pese a no estar contentos con su actitud se ven impelidos a hacer lo que hacen sin más defensa que la confianza en una fe ciega.  Besson articula esta versión de la doncella de Orleans basándose en el temor. Toda la película es una constante alegoría a los miedos de una sociedad que madura a golpe de espada: Juana teme a Dios y teme más aun no entender sus visiones; a los gobernantes les asusta el populismo de la joven, su carisma; la Iglesia teme que su fe libre disloque su bienestar pero a la vez le preocupa estar juzgándola equivocadamente; el enemigo teme su valor y, por último, sus propios compañeros se ven amenazados por su vehemencia, su impulsividad, temen, al fin y al cabo, que les robe su papel de hombres.

"Juana de Arco" constituye un retrato sobre la crueldad humana y divina, donde sólo la joven soldado se salva de la mezquindad reinante, amparándose en una confusa mezcla de pureza, fe y locura. Besson retrata una Francia en los estertores del medievo donde la traición, la brutalidad y la cobardía parecen los valores más seguros, una Francia oscura que sale moralmente malparada del juicio paralelo que el director realiza de la época. Juana es sentenciada y el mismo parecer merecen sus coetáneos según Besson.

Pese a las múltiples contradicciones que un personaje que confunde fe y odio ofrece, parece clara si no la hagiografía de la protagonista, sí la extraordinaria simpatía que en el realizador despierta la mítica figura. Por ello emplea casi todo el metraje en mostrar las múltiples variaciones del carácter de la joven, su desconcierto ante una situación que la sobrepasa y que pese a todo, logra sobrellevar con aplomo.

Tras un epílogo excesivamente maniqueo pronto nos encontramos a la Juana adolescente interpretada con increíble luminosidad y convicción por Milla Jovovich (un auténtico regalo para los ojos) y aparecen ante nosotros una fantástica recreación de las batallas de la época rodadas sin desdeñar los aspectos más sórdidos. Tras la epopeya, la suerte de Juana de Arco se torna en desgracia y se llega al proceso. La lucha física anterior se vuelve en tortura mental en un juicio que se desenvuelve en dos planos de la realidad. Por un lado el proceso físico llevado acabo por la inquisición que a Juana apenas parece importarle y, por otro lado un juicio que tiene lugar en el interior de la acusada, el más doloroso, por el cual Dios pone a prueba a su sierva de la forma más cruel posible: pretendiendo quebrar lo único que mantiene a Juana convida, su fe.

Besson filma su mejor trabajo pero ello no le impide abusar del metraje alargando determinadas escenas innecesariamente o dejar huérfanos a la mayoría de los personajes que orbitan alrededor de la protagonista como clichés anónimos. Discutible es también la inclusión de elementos semi cómicos en determinados diálogos aunque no hacen más que aumentar la imagen de absoluta concentración en una causa por parte de Juana a la que Milla Jovovich, no me cansaré de decirlo, dota de una delicadeza sólo comparable a su determinación. Sin duda alguna lo mejor de la película es la propia transformación de una hermosa modelo en una actriz hecha y derecha.

ISMAEL ALONSO


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