CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Un estudio sobre la
crueldad y el miedo
Más suicida que pretender romper
el cerco de Orleans con un ejercito apenas
pertrechado y más arriesgado que enfrentarse a
la inquisición francesa ante la hoguera de Rouen
es tratar de rodar una nueva versión de Juana de
Arco, un mito ya llevado a la pantalla por Bresson o Dreyer e interpretado por
actrices como Ingrid
Bergman, y no fracasar. Luc Besson, director de
globos aerostáticos como "El
gran azul" o "El
quinto elemento", se ha puesto manos
a la cámara y ha logrado, al menos, una
película digna, emocionante en ocasiones,
excesiva siempre, pero que se ve con
mucho más interés que el que a priori podría
suscitar un realizador tan dado a los fuegos de
artificio.
Casi tres horas de tragedia
épica en un film que se articula sobre la
crueldad sirven a Besson para dar rienda suelta a
su grandilocuencia visual y
también para adentrarse en un mito tan popular
en la forma como hermético en el fondo. Santa,
sanguinaria, piadosa, loca, niña, confusa,
bella, decidida, valiente, iluminada,
incomprendida... Juan de Arco resiste las
centurias y se afianza como mito. En esta versión se
visitan los tres momentos de su vida que marcaron
no sólo su existencia sino su época. Su
infancia, acosada por revelaciones que es incapaz
de interpretar, su obsesión por liberar a
Francia del yugo inglés y su proceso y martirio
final.
Juana, obcecada en una misión
que no logra en ningún momento entender, es el
vivo reflejo del inocente manipulado, de
aquellos que no encuentran jamás su destino y de
los que pese a no estar contentos con su actitud
se ven impelidos a hacer lo que hacen sin más
defensa que la confianza en una fe ciega.
Besson articula esta versión de la doncella de
Orleans basándose en el
temor. Toda
la película es una constante alegoría a los miedos
de una sociedad que madura a golpe de espada:
Juana teme a Dios y teme más aun no entender sus
visiones; a los gobernantes les asusta el
populismo de la joven, su carisma; la Iglesia
teme que su fe libre disloque su bienestar pero a
la vez le preocupa estar juzgándola
equivocadamente; el enemigo teme su valor y, por
último, sus propios compañeros se ven
amenazados por su vehemencia, su impulsividad,
temen, al fin y al cabo, que les robe su papel de
hombres.
"Juana
de Arco" constituye un retrato sobre la
crueldad humana y divina, donde sólo la joven
soldado se salva de la mezquindad reinante,
amparándose en una confusa mezcla de pureza, fe
y locura. Besson retrata una
Francia en los estertores del medievo donde la
traición, la brutalidad y la cobardía parecen
los valores más seguros, una Francia oscura que
sale moralmente malparada del juicio paralelo que
el director realiza de la época. Juana es
sentenciada y el mismo parecer merecen sus
coetáneos según Besson.
Pese a las múltiples
contradicciones que un personaje que confunde fe
y odio ofrece, parece clara si no la hagiografía
de la protagonista, sí la extraordinaria
simpatía que en el realizador despierta la
mítica figura. Por ello emplea casi todo el metraje en mostrar
las múltiples variaciones del carácter de la
joven, su desconcierto ante una situación que la
sobrepasa y que pese a todo, logra sobrellevar
con aplomo.
Tras un epílogo
excesivamente maniqueo pronto nos
encontramos a la Juana adolescente
interpretada con increíble luminosidad y
convicción por Milla
Jovovich (un auténtico regalo
para los ojos) y aparecen ante nosotros una
fantástica recreación de las batallas de la
época rodadas sin desdeñar los aspectos más
sórdidos. Tras la epopeya,
la suerte de Juana de Arco se torna en desgracia
y se llega al proceso. La lucha física anterior
se vuelve en tortura mental en un juicio
que se desenvuelve en dos planos de la realidad.
Por un lado el proceso físico llevado acabo por
la inquisición que a Juana apenas parece
importarle y, por otro lado un juicio que tiene
lugar en el interior de la acusada, el más
doloroso, por el cual Dios pone a prueba a su
sierva de la forma más cruel posible:
pretendiendo quebrar lo único que mantiene a
Juana convida, su fe.
Besson filma su mejor
trabajo pero ello no le impide abusar del metraje
alargando determinadas escenas innecesariamente o
dejar huérfanos a la mayoría de los personajes
que orbitan alrededor de la protagonista como
clichés anónimos. Discutible es
también la inclusión de elementos semi cómicos
en determinados diálogos aunque no hacen más
que aumentar la imagen de absoluta concentración
en una causa por parte de Juana a la que Milla
Jovovich, no me cansaré de decirlo, dota de una
delicadeza sólo comparable a su determinación.
Sin duda alguna lo mejor de la película es la
propia transformación de una hermosa modelo en
una actriz hecha y derecha.
ISMAEL
ALONSO
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