CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Las doce uvas de la ira
Como una alarma en la noche que nadie parece
escuchar pero que perpetúa su aullido, así es
la modesta aunque enérgica protesta del cine de Walter Salles: una
sirena permanente en la conciencia del espectador
una vez abandonada la sala. No
prima en su trabajo el estilismo, no busca en sus
películas el cálculo sino la emoción
y es que Salles es un cineasta de la urgencia, de
la mirada firme hacia delante, que filma
enfrentándose con dureza a los problemas pero
sin desdeñar el cariño por sus personajes.
Tanto en "Estación
central de Brasil" como en esta
"Medianoche"
Salles se pone de parte de sus personajes, ya
encarnen estos los más atroces vicios o exhiban
sus escasas virtudes. Para él el hombre
es siempre la víctima.
Medianoche, rodada bajo los auspicios de la
cadena de televisión francesa Arte para el
proyecto colectivo "El año 2000 visto
por..." (en la que Manuel
Albaladejo y su "La
primera noche de mi vida" fue la más
que meritoria aportación española), es una
historia contada a paso de taxímetro, inmediata,
apremiante, que necesita una solución vital
inminente y un desenlace tan visceral como las
vidas de los retratados. La
historia convergente de dos habitantes de esa
urbe que es Río de Janeiro, una fascinante y
terrible ciudad-universo que asemeja un fallido
experimento de la civilización entendida como
aglomeración de mercancía humana, es la
excusa de Salles y Daniela
Thomas (la co-directora del proyecto) para simbolizar
la mínima distancia que separa a los
seres humanos divididos por la inexorable
arbitrariedad de una cuenta corriente.
Pese a ello Joao y María, una vez unidos en el mágico
momento de la medianoche del fin de año, juntan
sus temores y desesperanzas para continuar camino
hacia un nuevo amanecer que iluminará por
igual rascacielos y favelas. Un amanecer quizás
cruel, o a lo mejor irónicamente violento pero
que no logrará hacer olvidar a ninguno aquél
instante mágico.
La medianoche es una separación
artificiosa, al igual que lo es la
caprichosa sociedad denunciada por los
directores. Al final sabemos que es la misma
estela de cohete, la misma luz de las estrellas y
la misma angustia la que comparten los
protagonistas pero, al menos, este momento de
ficción junta dos mundos menos dispares de lo
que parece.
"Medianoche", una producción que
transita entre el cortometraje largo y la
película corta, funciona como grito de
emergencia ante un mundo y un medio, la imagen en
movimiento, que ha dejado de luchar demasiado
pronto por la justicia y la esperanza de cada
día.
ISMAEL
ALONSO
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