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MISIÓN A MARTE
(Mission to Mars)


cartel Dirección: Brian De Palma.
País: USA.
Año: 2000.
Duración: 112 min.
Intérpretes: Gary Sinise (Jim McConnell), Tim Robbins (Woody Blake), Don Cheadle (Luke Graham), Connie Nielsen (Terri Fisher), Jerry O'Connell (Phil Ohlmyer).
Producción: Tom Jacobson.
Guión: Jim Thomas, John Thomas y Graham Yost, basado en una historia de Lowell Cannon, Jim Thomas y John Thomas.
Fotografía:
Stephen H. Burum.
Montaje: Paul Hirsch.
Música: Ennio Morricone.
Diseño de producción: Ed Verreaux.

CRÍTICA por Santiago L. Moreno:

"En tiempos remotos una raza extraterrestre se acercó a la Tierra y realizó las operaciones pertinentes que a posteriori darían como resultado el homo sapiens. Tras su marcha, dejaron en otro cuerpo del Sistema Solar un dispositivo que sólo habría de despertar cuando el Hombre lograra llegar a él, prueba fehaciente de su madurez y capacidad para reunirse con sus creadores entre las estrellas." Aunque pudiera parecerlo, esta breve sinopsis no pertenece a la obra más señera del género de ciencia ficción, 2001, una odisea del espacio, sino a un filme mucho más reciente. Y ciertamente, no por casualidad.

Brian De Palma, director al que en sus comienzos se llegó a presentar como el sucesor del maestro del suspense, Alfred Hitchcock, ha decidido un año antes de la fecha señalada realizar un excelente homenaje a la obra maestra de Stanley Kubrick, y además darle un repaso a la nueva generación de directores, más preocupados a la hora de crear tensión en mover la cámara y realizar un montaje agresivo que en utilizar el efectivo lenguaje cinematográfico de toda la vida. Las intenciones estéticas del director enfilan por el camino del pulso reposado pero firme, mostrando largos planos pausados de la superficie marciana, el viaje espacial y los protagonistas, los cuales tampoco responden al perfil que impera en el cine de palomitas actual, ese que les obliga a soltar chistes sin sentido entre taco y taco mientras se pelean sin parar entre ellos. En Misión a Marte los personajes son humanos, pero sin olvidar nunca su condición de astronautas, de profesionales con una misión que cumplir y que no tienen que mostrarse continuamente graciosos por la simple excusa del solaz adolescente. Todo está enfocado hacia la sobriedad, incluyendo el inusual (pero usual en él) score de Ennio Morricone, ausente de las habituales fanfarrias y golpes violentos de violín que adornan últimamente cualquier película con algo de acción. Algunas escenas, en especial la que incluye el imposible rescate orbital, alcanzan incluso la majestuosidad, huyendo a la vez del fácil y manido recurso del alivio final.

El filme tiene siempre presente la obra homenajeada que, menciones a Contact aparte como la del personaje de la difunta esposa del copiloto o la manera en que está oculto el código del ADN, aparece no sólo en la trama argumental, sino en las naves, trajes e interiores que contiene la película. Olvidándose de la lectura mística, De Palma se ha volcado en la interpretación racional de la maravilla kubriquiana, realizando un filme en el que los alienígenas no son más que eso, la religión no tiene lugar y el Monolito pasa de ser un frío y extraño objeto a convertirse en un rostro semihumano. Los procedimientos del viaje y la presentación de Marte, extrapolados de la información que la NASA facilitó sobre el tema, ayudan a hacer más creíble una historia que recuerda en muchos aspectos a otro filme de semejantes características al que sin duda le debe los primeros minutos de metraje: Apolo XIII. Incluso el melifluo final no deja de ser otra manera de representar ese encuentro directo con otra raza alienígena que Kubrick imaginara de manera tan abstracta y que De Palma convierte en más cercano a nuestra visión de las cosas. Y adornando todo el conjunto, unos maravillosos -y por una vez creíbles- efectos especiales.

Este homenaje a 2001, una odisea del espacio, la mejor película de ciencia ficción de la historia, aún siendo excelente, cuenta con un par de puntos oscuros. Uno de ellos es responsabilidad de Tim Robbins, quien acompañado por las correctas interpretaciones de sus compañeros realiza sin embargo la peor interpretación de su vida, ilustrando al espectador sobre cuál puede ser el aspecto del cartón. El otro aspecto negativo reside en la existencia –quizás homenaje a su maestro- de un rotundo McGuffin, y es que el motivo por el que nuestros vecinos pusieron la semilla en nuestro planeta, por mucho que se piense, no deja de ser un inmenso misterio.

Buen trabajo, Brian De Palma.

Salve Kubrick.


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