CRÍTICA por
Ismael Alonso:
Ir tirando
"Mundo
grúa" es, en cierta forma, cine
militante. Si, es cierto, eso de cine
militante suena a revolucionarios con una cámara
super 8 empuñada como si fuera un Kalashnikoff y
la verdad es que es una denominación más
cercana a la legendaria refriega del 68 que a las
modernas y elitistas escuelas de cine. Lo de cine
militante, además de las connotaciones bélicas
que sugiere, parece un poco fuera de onda y
queda como termino más apropiado para referirse
a "La Chinoise" de
Goddard que a
nada que se haga en la actualidad. Hacer cine (y,
sobre todo, lograr exhibirlo) resulta tan caro
que uno no se la puede jugar con protestas,
mensajes subversivos ni denuncias; el cine de
ahora es para consumo puro y duro ya sea de orden
espiritual o simplemente visceral acompañado de
un buen puñado de palomitas.
El caso es que, de vez en cuando,
uno tropieza por esas pantallas de Dios con lo
mas parecido a ese cine de combate al que aludía
aunque ahora las motivaciones estén mas diluidas
y las consignas ya no se griten con tanta fuerza.
"Mundo grúa" es de esa clase de cine.
Es una película difícil de ver, no porque sus
imágenes sean hirientes, ni su argumento
hermético, ni su puesta en escena
ultravanguardista. No es nada de eso. Lo que pasa
es que estamos tan acostumbrados a saber
discernir realidad de ficción, a diferenciar
vida cotidiana y cine que cuando nos
ponen delante de las narices un trozo de verdad
pues como que lo olisqueamos sin prestarle
demasiada atención porque, seamos sinceros,
¿Quién quiere comprase un espejo en lugar de
una televisión? ¿Quién prefiere ver sus
miserias cotidianas a contemplar un rectángulo
lúdico iluminado por un proyector? ¿Alguien
realmente desea asomarse al abismo y que éste le
devuelva la mirada?. Pues no y ese el problema de
"Mundo grúa" que de puro real
resulta, por momentos, poco interesante.
Pablo
Trapero, su director, no aporta
tesis y el mensaje lo ha de poner el espectador y,
a estas alturas, eso no es que sea pedir
demasiado es que, simplemente, difiere de la
finalidad propia del cine. La realidad filmada
esta ahí, ante los ojos de su director y de todo
aquel que acuda a la sala, pero el cine exige ver
la mirada de otro, el cine no es simplemente una
cámara sino la mirada de un director tras esa
cámara, el buen cine exige una postura,
una actitud y una militancia que Trapero elude.
Eso de filmar un trozo de la vida
de alguien no ya como si de un documental se
tratase sino como si fuera un trozo del
mismo, sin principio ni fin, no es plato de gusto
para todo el público. "Mundo grúa" es
una película hasta cierto punto interesante
(pero malograda) sobre la
juventud perdida, sobre mendigar una dignidad,
sobre la agonía lenta e irreversible de todo ser
humano pero también es el retrato
intermitente de una generación de argentinos que
pasó su juventud en dictadura, una generación
desubicada y para ilustrala se nos muestra la
biografía de un aspirante a nada, de un eterno
quiero y no puedo. Trapero filma en un
estilo naturalista con un blanco y negro sucio
pobremente iluminado y con un sonido roto que
responde al deseo semidocumental del film y a las
carencias económicas de la producción.
En definitiva, una pelicula que
no es para todos los gustos pero que guarda
indudables atractivos en un mundo audiovisual
dominado por la estupidez, los falsos
sentimientos y el presupuesto desorbitado. La
modestia es aquí una virtud y tras ver la
película sólo cabe seguir tirando, quemar vida
y que Dios, Evita y Carlitos Gardel repartan
suerte.
ISMAEL
ALONSO
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