CRÍTICA por Ismael
Alonso:
La vida es sueño
Ya desde tiempos de Calderón, y aun antes, la pesadillesca
posibilidad de que nuestro mundo no fuese sino
una ilusión atormentaba a los literatos y
filósofos. Con el advenimiento del cine, y la
viabilidad de crear mundos paralelos e
inventados, esta posibilidad se hizo más
inquietante que nunca. No es de extrañar pues
que en "Nivel
13" se plantee la existencia de mundos
paralelos cibernéticos en los que los personajes
toman conciencia de si mismos hasta limites
insospechados.
De esta forma "Nivel
13", que es un mero (pero digno)
entretenimiento, plantea también curiosas
cuestiones sobre el libre albedrío, la libertad,
los confines del ser humano y la propia
existencia; eso sí, desde unas tesis muy
pedestres pero que no dejan de tener cierto
encanto ni de provocar una nunca desdeñable
inquietud en el espectador.
Es cierto que la
película se mueve en unos niveles muy básicos,
pero su regusto a ciencia-ficción de la de
antes, y unas interpretaciones bastante
conseguidas hacen que la película se vea con
mayor agrado que el que en principio pudiera
parecer. Como si fuera una
actualización de algún relato de "Weird Tales" o un sabroso cómic, la trama guarda
suficientes alicientes como para mantener la
atención del espectador. No se puede ser
exigente con esta película, pero su
dirección artística, su diseño de producción
y la recreación que hace de los años 30 en Los
Angeles son bastante encomiables y no
resultan ni más ni menos que un recurso,
preciosista y exagerado eso sí, puesto al
servicio de un guión heredero de la más pura
Serie B (dicho esto con el mayor respeto y
admiración).
Sobresalen Gretchen Moll y Craig
Bierko interpretando sus
papeles con una insospechada inocencia creíble
que dota a la película de un tono
romántico-mortecino muy recomendable. También
aparece en los créditos Roland Emmerich que tiene más peligro en una pantalla
que su colega Bismark ante un mapa de Europa pero
el susto no llega a más y su presencia en la
película se nota pero no la pifia.
La pena es que el trabajo de Josef Rusnak se exceda en su ansia por ser
comprendida por el público y abunden en ella las
aclaraciones que provocan una sensible perdida de
ambigüedad que le daría el tono vago e
impreciso que para sí desean las obras de este
cariz. Sin duda son varias las
referencias empleadas en el film (de "The Matrix" a
"Blade
Runner" pasando por "Almas de
Metal") pero casi
todas ellas son tomadas con bastante discreción
y respeto, lo que redunda en la imagen general
del trabajo pese a lo edulcorado de su final.
Lástima.
Ismael
Alonso
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