CRÍTICA por Ismael
Alonso:
Las cuentas claras
Hace ya mucho que el cine
independiente made in USA abandonó su espíritu
emprendedor para seguir senderos más lucrativos.
Las antaño pequeñas productoras decoran en la
actualidad las vitrinas de las majors de siempre
y en el patio de butacas del Festival de Sundance
los ejecutivos pegados a sus teléfonos móviles
y sus chequeras son hoy mayoría. Para encontrar
nuevas ideas, para volver a sentir el riesgo
puesto en ideas tan brillantes como
suicidas o para toparse con el talento hay que
mirar más abajo. El heredero de la antigua
lucidez es un nuevo cine casi en el limite del
underground. Son las películas producidas a base
de sablazos y limosnas, montadas en los ratos
libres con una moviola alquilada e interpretadas
por amiguetes y familiares las que recogen el
relevo de este cine sin inhibiciones, tan deudor
de los productos clásicos como regenerador de
los trabajos más contagiados por la fiebre de la
taquilla. Dos ejemplos han llegado hasta nosotros
en poco tiempo, primero fue la magnífica "El proyecto de la bruja de
Blair" y ahora es "Pi" de Darren Aronofsky.
"Pi" es elogiable por
muchos motivos y el primero de ellos es reconocer
la temeridad de su creador a la hora de poner en
imágenes un tema, a priori, tan árido como
puedan ser las
relaciones de un matemático desequilibrado con
el medio que le rodea y su progresiva e
irremediable obsesión con la teoría de los
números. Aronofsky encuentra el
contrapunto a lo arriesgado de la trama empleando
el medio más cercano al espectador: dando a su
obra aspecto de thriller de ciencia
ficción (con lo que compone una
excelente pareja con "Cube",
otra gran película de mínimo presupuesto)
Así, combinado esquemas
narrativos que podríamos calificar de clásicos
con secuencias alucinatorias cercanas a la
introspección onírica , el resultado es una
película cautivadora, cargada de simbolismos y
plena de lecturas. El
protagonista de "Pi" vive entre dos
universos y no se decide por ninguno pues aspira
a la contemplación de la verdad en forma
de cifras. La Matemática es para
él su mundo y desdeña tanto la visión terrenal
(su vecindario, los ávidos corredores de bolsa)
como la espiritual del asunto (los cabalistas).
"Pi" es una película plagada
de imágenes evocadoras y que logra reflejar de
forma magistral una existencia enfermiza,
obsesiva y autodestructiva plasmada en un
contundente blanco y negro y acompañada de una
banda sonora que, combinada con las
imágenes, funciona como un fármaco
sónico. Es cierto que algunos episodios son
tratados de forma algo esperpéntica y que no
todo el público entra en el juego que propone su
director. A algunos "Pi" les parecerá
un ejercicio de simpática pedantería, pero por
lo que a mí respecta supone profundizar en la
búsqueda de explicaciones alternativas a la
realidad.
Darren Aronofsky, ayudado por la
interpretación de Sean
Gullete, consigue aquí un retrato cercano
a la representación de la violencia psíquica y
que plantea la no por sabida menos interesante
teoría de la perdida de conocimiento, la
estulticia casi, como método para alcanzar si
bien no la perfección sí la felicidad. Por
cierto: 3,1415926535... un número tan infinito e
irracional como la imaginación del hombre.
ISMAEL
ALONSO
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