CRÍTICA por
Mateo Sancho Cardiel
Llega precedida por un abucheo generalizado
por parte de la crítica y por una gran acogida
por parte del público. Una vez más, opiniones
divididas ante un género como el de terror, el
infravalorado por antonomasia. Ya despertó
polémica con títulos ahora míticos como "Psicosis" y,
sin ánimo de comparar esta película con el
clásico de Hitchcock,
entre otras cosas, porque no quiero que este
análisis adopte un cariz negativo, lo cierto es
que, aunque tal vez fuera por las pocas
esperanzas de encontrarme con un terror de
calidad, "Stigmata"
me gustó, y mucho.
Y es que esta película no cae en el
acostumbrado "desinfle" de la trama a
la media hora, sino que aún mejora a mitad de la
historia y finaliza, si no con brillantez, sí
con corrección. El planteamiento es muy
interesante. Frankie Paige es una joven
y vivaracha peluquera de Nueva York que empieza a
manifestar los estigmas que Jesucristo sufrió en
su crucifixión. No responde a las
características de otros que tuvieron los mismos
síntomas, por su poca religiosidad y tampoco los
médicos encuentran otra explicación que no sea
la autoflagelación. Ante tanta incomprensión,
la situación empieza a afectar la estabilidad
emocional de la protagonista, y es entonces
cuando aparece un sacerdote enviado por el
Vaticano para investigar el caso y que acabará
profundamente implicado en él. Pero, cuando
llega el punto en el que todo puede desmoronarse
y convertirse en un plagio cutre de "El exorcista" (algunas
escenas guardan con esta película un peligroso
parecido), se suma a las cada vez más amenzantes
yagas (la última, la de la cabeza, matará a la
protagonista), una historia paralela que aporta
más atractivo a la película: una intriga
religiosa que pone en duda todos los cimientos de
la Iglesia Católica y hace zozobrar de igual
forma su integridad como institución predicadora
de la fe. Y el mayor mérito de la
película es conseguir que toda esta trama, que
podría haber caído fácilmente en el disparate,
gracias a una intensa y en ocasiones reveladora
labor de documentación, cobre fascinante
verosimilitud.
Por otro lado, "Stigmata" posee un
poder de impacto visual muy influyente
en el resultado final. Su director maneja al
borde del exceso la cámara y pone a su servicio
todo tipo de recursos expresivos que dan mucha
más fuerza a las imágenes (aunque podría
haberse ahorrado las escenas en las que se
produce la aparición de los estigmas, pues son
francamente desagradables). También los efectos
de sonido (la voz de la protagonista
cuando está poseída es realmente escalofriante)
contribuyen a crear la atmósfera de
desasosiego que no cesa en cien minutos llevados
con muy buen ritmo y estética videoclipera,
un tópico que se utiliza como defecto pero que
yo reivindico como gran virtud de ésta y otras
películas como El club de
la lucha. En los demás apartados
técnicos, tampoco hay error: la fotografía, la
ambientación, la música y hasta los títulos de
crédito, son excelentes. Además, Patricia Arquette y Gabriel Byrne (que fue el
diablo en El fin de los
días y ahora interpreta a un polémico
sacerdote) hacen trabajos bastante destacables y Jonathan Pryce como
secundario mantiene el nivel interpretativo.
En fin, es éste un filme que ha sido
injustamente criticado y al que se le puede sacar
mucho más jugo de lo que parece. Si no es muy
osado escribirlo, no se la pierdan.
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