CRÍTICA por Darth
Sidious:
Puntuación: 6
Banda Sonora Original: ***
Nada más comenzar Stuart Little uno
puede percatarse de hasta qué punto ha influido
en el director, Rob
Minkoff, haber trabajado
en Disney. No sólo la forma en la que
se comportan los personajes o en la que se
desarrollan las situaciones vividas por éstos
nos recuerdan a cualquier filme de esta mítica
compañía, sino que también en el aspecto
visual, con una técnica muy trabajada y una
realización agradable y efectiva, se nota la
influencia. No quiero restar méritos a Minkoff
(que sin duda ha tenido que hacer frente a un
producción complicada), sólo le recrimino el
hecho de que no haya intentado apartarse de un
estilo que no era el suyo. Al contrario, lo ha
imitado descaradamente, aunque seguramente los
directivos de la Columbia, cuando lo contrataron,
tenían bien claro lo que querían.
Si algo llama la
atención de Stuart Little es la facilidad con la
que el espectador se toma con toda naturalidad el
hecho de que un
ratoncito paralanchín pueda ser adoptado por
seres humanos. En ningún momento
nos dan una explicación de por qué esto es
así, o de por qué pueden escuchar a un ratón
hablar pero no a un gato. Y, realmente, eso no
importa. Se trata, en definitiva, de un
cuento trasladado a imágenes, y como
tal aceptamos de buen grado las inocentes
fantasías que en él se plantean. La historia de
esta producción infantil es tremendamente
sencilla, al igual que su guión (en el que no
creo que el ahora afamado M.
Night Shyamalan se haya esforzado mucho). Los personajes tienen que
aprender a conocerse y, cuando esto sucede,
surgen las dificultades que terminan con los
buenos momentos (es de agradecer que la
película no se decante por los batacazos tipo Solo en Casa, uno ya está
hasta las narices de cosas así). Y todo ello
transcurre dentro de un metraje tan
escaso que apenas existe momento para el
aburrimiento, siendo muy destacables las
escenas del estanque, donde el director acierta
del todo al magnificar algo que, en principio, no
tenía visos de ser espectacular.
Evidentemente buena parte
del mérito del resultado habrá que dárselo a
los encargados de los fabulosos efectos
especiales que casi sin descanso aparecen el el
filme. El protagonista, Stuart, es una
delicia, sus movimientos son perfectos y reflejan
muy bien las emociones del personaje. Ante esto,
los actores de carne y hueso nada pueden hacer,
sucumben ante el carisma de la animación por
ordenador. He de decir, por cierto, que el
trabajo de Emilio Aragón
no me ha parecido tan malo como he oído por
ahí. Es más, creo que está muy correcto, en
ningún momento dan deseos de mandarlo a cierto
sitio que jamás nombrarían en una película
como ésta. Tal vez el mayor defecto de
Stuart Little sea su excesiva inocencia,
un poco mitigada por la aparición de los gatos
callejeros, a los que les falta una maldad más
acusada y, mejor aún, unas frases mordientes e
ingeniosas.
En cuanto a Alan
Silvestri, no se puede decir que componga
uno de sus mejores trabajos, pero al menos sí
aporta la dignidad necesaria como para que sus
temas nunca se desvíen de lo que estamos viendo.
Se trata de una música facilona,
de ésas que siempre encontramos en producciones
de este tipo, aunque también tiene sus buenos
momentos, como la parte que transcurre en la
regata, donde Silvestri consigue sus mejores
resultados.
DARTH
SIDIOUS
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