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TRABAJOS DE AMOR PERDIDOS
(Love's labour's lost)


  Dirección y guión: Kenneth Branagh, sobre la obra de William Shakespeare.
País: Gran Bretaña.
Año: 2000.
Duración: 93 min.
Intérpretes: Kenneth Branagh (Berowne), Richard Briers (Nathaniel), Nathan Lane (Costard), Matthew Lillard (Longaville), Natascha McElhone (Rosaline), Geraldine McEwan (Holofernia), Alessandro Nivola (Rey), Alicia Silverstone (Princesa), Timothy Spall (Don Armado).
Producción: David Barron y Kenneth Branagh.
Fotografía: Alex Thomson.
Montaje: Neil Farrell y Dan Farrell.
Música: Patrick Doyle.

 

CRÍTICA
por Ismael Alonso:

Hamlet baila claqué

Imaginemos por un momento "Don Juan Tenorio". Pero actualicemos el mito. Don Juan no viste jubón ni calzas sino un elegante traje sastre. Don Juan no lleva su acero prendido al cinto sino una pistola de cachas de nácar. Don Juan no luce siniestra capa sino enjuto abrigo. Y cuando se apresta a glosar las virtudes de su Doña Inés no declama a Zorrilla sino que entona coplas. No más "Yo a los castillos subí yo a las cabañas bajé" no,  si no "Na te pido, na te debo". Olvidémonos de "No es verdad ángel de amor" pues ahora se oye "Él vino en un barco, de nombre extranjero". Renovación: los duelos al son de "El relicario" y los amores glosados con "La española cuando besa".Ole.Arsa.Ozú.¿Qué pasa pues con Kenneth Brannagh que hace prácticamente lo mismo con el bardo de Stratford y le sale bien el invento?, ¿Será porque Irving Berlin, Cole Porter o los Gershwing suenan mejor que Quintero, León y Quiroga?, ¿Será que el inmortal genio de Shakespeare admite modernizarse, adaptarse y sobrevivir mientras que los no menos sobresalientes Lope, Calderón o Tirso deben limitarse a ser representados tal y como fueron concebidos?, ¿Son nuestros directores muy timoratos o excesivamente pudorosos como para acometer semejante aventura?. La respuesta parece tenerla Kenneth Brannagh: osadía, fidelidad parcial al original y un gran sentido del buen-mal gusto.

 "Trabajos de amor perdidos" una de las pocas obras de Shakespeare aun no adaptadas a la pantalla viene a demostrar muchas cosas. Por un lado que resiste bien la estrafalaria aunque encantadora idea de que su trama se adapte a nuestro siglo y que, además, parte de su peso dramático no recaiga en el texto original sino en canciones populares de los años 30. Por otro lado también confirma que no hay nada sagrado y que Kenneth Brannagh además de un gran amante de la obra del autor de Hamlet es un estupendo mercader (¿de Venecia quizás?) de sí mismo. Juntar en una sola película la cultura popular de hace 400 años y la de hace 70 años es un experimento que una mano menos taimada hubiera podido rodar con afectada intelectualidad, pero que en el caso de Brannagh queda convertido en elegante divertimento, no por descarado menos agudo.

Estos últimos años hemos visto modernizaciones de la obra de Shakespeare de todas las clases posibles ya sean estas aventuras visuales a ritmo pandillero como en "Romeo+Julieta" o inofensivas estupideces acneicas como "10 cosas que odio de ti" (que no es más que "La fierecilla domada" versión "Sensación de vivir"), pero quizás sea esta "Trabajos de amor perdidos" una de las más atrevidas y a la vez una de las que a la postre resultan menos polémicas, puede que por tratarse de una obra menor del inglés (y perdón por utilizar el inadecuado termino "menor") o quizás porque su director es un perro viejo en estas lides y sabe llevar la película a terrenos que suscitan la agradable complacencia del publico.

Como adaptación teatral "Trabajos de amor perdidos" no aporta nada especial y como comedia musical menos, dado que ni las canciones son originales, ni las coreografías son brillantes ni los intérpretes bailan como Fred Astaire o Gene Kelly; pero ésta es una de esas películas que demuestra que el total es más que la suma de las partes y, contemplada en conjunto, la película de Brannagh desprende un sabor de vodevil demodé y de comedia ligera tan agradable mientras se contempla como efímera en el recuerdo. Sobresale, aparte de la acertada ambientación musical (con standards universamente conocidos como "Cheek to cheek", "There´s no business like show business" o "I get a kick on you"), la cuidada fotografía y el elegante vestuario que nos retrotraen a lo mejor de los musicales clásicos de la edad dorada de Hollywood así como algunos espléndidos secundarios (no así la horrorosa interpretación de una Alicia Silverstone cada vez más foca). En resumidas cuentas todo un entretenimiento que devuelve a Shakespeare el carácter lúdico que tuvo allá por los tiempos de The Globe.

ISMAEL ALONSO


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