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Dirección
y música: John Carpenter.
Año: 1998.
País: USA.
Duración: 110 min.
Interpretación: James
Woods (Jack Crow), Daniel Baldwin (Montoya),
Sheryl Lee (Katrina), Thomas Ian Griffith (Jan
Valek), Maximilian Schell (Cardenal Alba), Tim
Guinee (Padre Adam Guiteau), Mark Boone Junior
(Catlin), Gregory Sierra (Padre Giovanni),
Cary-Hiroyuki Tagawa (David Deyo), Thomas Rosales
(Ortega), Henry Kingi (Anthony).
Guión: Don
Jakoby; basado en la novela Vampires de
John Steakley.
Producción: Sandy
King.
Coproducción: Don
Jakoby.
Fotografía: Gary B.
Kibbe.
Montaje: Edward
A. Warschilka.
Diseño de producción: Thomas
A. Walsh.
Dirección artística: Kim Hix.
Vestuario: Robin Michel Bush.
Decorados: David Schlesinger.
Dirección de producción: Kim Kurumada. |
CRÍTICA
por Santiago L. Moreno
Empujado
por la canícula y el tedio, decidí la otra
tarde refugiarme en una de las refrigeradas salas
del cine de mi barrio. Entre la cantidad de
títulos, me decidí finalmente por
"Vampiros de John Carpenter", y si
cierto es que logré evadirme del calor, también
lo es que al final de la proyección no salí muy
satisfecho del evento.
John
Carpenter es uno de los nombres importantes
dentro del fantástico, y no por casualidad, sino
porque en su ya dilatada carrera ha dado algún
título verdaderamente interesante. Otra cosa
totalmente distinta es la mitomanía que se ha
formado a su alrededor por parte de muchos de sus
seguidores, cuyo origen indudablemente hay que
buscar más en la devoción que en la calidad de
sus filmes.
Vampiros de
John Carpenter (todo en el título, como Drácula de
Francis Ford Coppola), es una película que
empieza muy bien, con una escena inicial
impactante en la que ya se puede constatar que el
peso de la película lo va a llevar el magnífico
James Woods. Continúa
con una matanza "made in Carpenter" que
promete un desarrollo mucho más
divertido del que en realidad se producirá
después, y termina con un plano
memorable por su fotografía de un grupo de
malignos vampiros surgiendo del suelo y otra
ulterior carnicería en un convento. Digo termina
porque a partir de aquí comienza la debacle de
una persona que, o se queda sin ideas, u olvida
todo lo que ha aprendido durante estos largos
años como director de cine.
Un nuevo
personaje aparece para ser un cobarde, luego un
valiente, luego un cobarde y finalmente un
valiente; Sheryl Lee, más
conocida como Laura Palmer en "Twin
Peaks", sufre durante toda una hora porque
no sabe cuándo debe convertirse en vampira, cosa
que sucede al final sin venir a cuento; uno de
los hermanos de Alec Baldwin le coge
cierto gustillo masoquista a eso de que le
muerdan varias veces para así poder quemarse
después la herida, cosa que evidentemente no
sirve para nada, y finalmente, el mayor
cazavampiros profesional del mundo no cae en la
cuenta de que si anochece y hay vampiros, quizá
debería salir por piernas en vez de alejarse de
espaldas al paso. Francamente, la última
escena es de lo peor que he visto últimamente en
una pantalla gigante. No se puede llevar
más mal el ritmo y la unión de secuencias que
como aquí se producen, sin contar con que uno de
los vampiros más temibles que he visto, autor de
la anterior matanza del hotel, cae de la manera
más rápida y tonta que yo haya visto jamás.
Sin duda una escena de "Buffy
cazavampiros" en acción está mejor
dirigida que esto.
Es decir,
que la película se puede ver, porque tiene cosas
buenas, y porque en las salas de cine es donde
mejor se está en verano, pero desde luego al
director de la misma nunca lo propondría para el
Oscar.
Imágenes
de Vampiros de John Carpenter - Copyright © 1998
Film Office, JVC Entertainment, Largo
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Productions. Todos los derechos reservados.
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