CRÍTICA por Arkadin:
En Velvet Goldmine
hay un derroche de ideas admirables,
una intención exquisita de redondear en 123
minutos la espuria genealogía de los
"corsarios de guantes amarillos". La
riqueza de este pastiche, y su desmesura, anula
parte del sentido crítico de este cronista: uno,
en sus obvias debilidades de cultureta
postmoderno se ha quedado enganchado desde el
perfecto diseño de los primeros créditos hasta
el apoteósico concierto Kitch-Siniestro del
final.
La película, como bio-pic
reciclado de todos los poperos que en los setenta
han sido, tiene su morbo y su "inasequible
al desaliento" club de fans; pero Haynes, riza el rizo y rellena la galería con
una overdose de juegos literarios, plásticos y
humorísticos a los que no se puede ser inmune:
se empieza como en La Noche del Cazador con un cuento de hadas, los avatares de
una joya cambiando de manos del Dandy Oscar Wilde a un periodista de los noventa- da el
inconsútil pretexto argumental; Ciudadano Kane o el falso documento, lo completan.
Haynes, en este
largometraje con voluntad de culto, nos habla de
sucesos reales, de historia inmediata, pero no
hace arqueología. Reinventa la historia del
dandismo-glam y lo transforma en ópera, teatro,
vídeo-clip. Hay amor a la luz y a las
lentejuelas, a la coreografía y a la ¡Música!:
la fantástica B.S.O. está
re-creada a la medida del film. El logrado
casting buscando actores que canten,
autentifica los playback; los compositores son lo
mejor de cada casa de los setenta y los noventa,
y la puesta en escena, el irreal y
perfecto vestuario, los decorados de lujo,
completan la impecable factura del metraje.
¿Los defectos?: pues, tantos
como sus virtudes. Aun teniendo un soberbio
montaje y secuencias de una excelente
planificación, se echa en falta
auténtica estructura cinematográfica.
La ópera, el teatro, las performances, no son
cine. La película se lastra de distanciamiento
brechtiano, de contínuos cambios de registro, de
excesiva erudición cinéfila, recursos gratos al
corazón, la cabeza y el ojo, pero ineficaces por
sí solos para dar esqueleto a una
"Película": Estructurar el caos es
jodidamente difícil si no se es un genio.
A Velvet Goldmine le falta ese
punto de divinidad que separa la gloria de lo
simplemente correcto: siempre nos quedará Buñuel y el Año pasado en Marienbad.
ARKADIN
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