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Las mejores películas de conciertos musicales

Escrito por el 09.06.12 a las 2:22
Archivado en: Miscelánea

David McKenzie toma el evento real de ‘T in the Park’, un festival al aire libre celebrado anualmente en Escocia, para perder a un par de rock star ficticias en “Rock ‘n’ love”  (ver tráiler). Un crossover entre las dos tendencias con que las cámaras se han aproximado al universo musical: el formato documental, no exento de virtuosismo, o la directa recreación de vidas de músicos y espectadores en acontecimientos de gran tamaño.

El género de conciertos en directo, que podría considerarse por sí sólo un arte o ciencia de complejo calibrado, se escabulle entre las piernas de narrativas más tradicionales cuando se trata de aproximar al público una historia concreta. Pero que no se olvide la música, la gran reina que, si la película está bien montada, moverá todos los hilos. Al modo de ‘T in the Park’ o de cualquier otro macroevento de barro, césped y letrinas portátiles, presentamos varios escenarios simultáneos para que cada cual escoja ante cuál de ellos prefiere desgañitarse.

“El último vals” (Martin Scorsese, 1978): No hay bailes lentos, pero sí la danza lánguida de un nombre que se retira de los escenarios. The Band se despedía de los directos y Scorsese, tan melómano como cinéfilo, era el encargado de recoger esa poesía volátil sin limitarse únicamente a la potencia del audio. El cineasta combina la mirada admirada sobre el escenario con la curiosidad, más rigurosa y humana que gacetillera, del backstage. Los canadienses recibían la visita —y participación— de otros astros como Bob Dylan, Eric Clapton, Neil Young, Van Morrison y Neil Diamond; cada vez más amigos para elevar los ánimos de una platea febril ante semejante despliegue de calidad. Scorsese consiguió la película-concierto fluida y mesurada, algo que no ha vuelto a repetir en sus muy largos documentales “No Direction Home: Bob Dylan” (2005), “George Harrison: Living in the Material World” (2011) o el flojo retrato de los Rolling Stones en “Shine a light” (2008).

“Stop making sense” (Jonathan Demme, 1984): Ocho cámaras hicieron falta para tomar registro del concierto de The Talking Heads, la banda neoyorquina capitaneada por el espídico David Byrne. Demme no apartaba en ningún momento la mirada del escenario, sobre el que transcurrían varios éxitos del grupo junto al ineludible intermedio de descanso. El cantante y sus compañeros parecían desarrollar un éxtasis creciente que roza el paroxismo en su clímax, contagiado a una audiencia que ya ha perdido los papeles de todo decoro como Byrne, quien se mueve entre los extremos de interpretar una canción desnudo o escondido tras un estrafalario traje. No faltan las improvisaciones e incluso la interacción con miembros del equipo de rodaje, en lo que parece la experiencia más liberada y satisfecha de sí misma de esta reunión.

“Granujas a todo ritmo” (John Landis, 1980): Traje negro con corbata, sombrero y Ray-Ban, el uniforme de los hermanos Blues, Jake (John Belushi) y Elwood (Dan Aykroyd). El primero sale de la cárcel para meterse en el jaleo de salvar del cierre el orfanato que gestionan unas monjas, con quienes se criaron de pequeños. Así que Dios, o el cosquilleo de la música apagada en prisión, les encomienda recuperar su grupo Blues Brothers y organizar un concierto para recaudar los fondos necesarios. El propósito no será tan sencillo de poner en pie, pero merecerá la pena en cuanto aparezcan en escena Aretha Franklin, Ray Charles ¡y Carrie Fisher!, arropados por una grandiosa selección de clásicos del blues. Tal vez el gran concierto no tenga lugar en el contexto esperado… pero la música suena igual de bien en todas partes —como demostraría Johnny Cash en “En la cuerda floja” (James Mangold, 2005)—.

“Woodstock” (Michael Wadleigh, 1970): Ang Lee intentó desdramatizar en “Destino Woodstock” (2009) las dimensiones del festival desde la óptica de los lugareños que se vieron arrollados por el evento, y de los acampados que, en gran número, se limitaron a escuchar la música de lejos mientras filosofaban pasándose drogas varias alrededor de la hoguera. Aquellos conciertos casi ininterrumpidos de 1969, convocados a partir del lema “3 días de paz y música”, aún se recuerdan como un suceso de naturaleza mitológica, circunscrito a la aparición de divinidades como Janis Joplin, Santana, The Who, Jimmi Hendrix, Joan Baez, The Band y Joe Cocker. Una convocatoria en la que se superpusieron capas sociales, políticas y culturales siguiendo un patrón que el documental de Wadleigh aborda como ritmo sinfónico, y que le valió el Oscar® a la Mejor Película Documental. El azogue naturalista de relatos inventados a partir de algunos de esos grupos, como “Quadrophenia” (Franc Roddam, 1979) o “Tommy” (Ken Russell, 1975).

“Qué noche la de aquel día” (Richard Lester, 1964): No han sido pocas las películas con, sobre o a partir de los Beatles —del concierto grabado en 1964 “The Beatles: The First U.S. Visit” al psicotrópico “El submarino amarillo” (George Dunning, 1968)—, pero lo que pareció concebido como panfleto publicitario o respuesta definitiva al ansia de todos los medios por apropiarse de las canciones del cuarteto de Liverpool resultó ser una cinta divertida en extremo. Sus aires de Free Cinema potenciaron la credibilidad en el retrato de los músicos, que pasan un día frenético evadiendo seguidoras fuera de control, superando entuertos tan estrambóticos como ayudar al abuelo de Paul McCartney, y riéndose como sólo pueden reírse quienes se saben en la cumbre. Contrarreloj antes de un concierto televisivo que consigue funcionar como aproximación a las estrellas, como película de aventuras urbanas y como polaroid de un clima mod que tenía muy clara su orientación estética.

“Hedwig and the angry inch” (John Cameron Mitchell, 2001): No es un spin off de la lechuza de Harry Potter, sino la road movie de un transexual cantante de punk muy cabreado/a por su ex, que se largó con sus canciones originales. Su objetivo será perseguir el sueño de fama a toda costa, incluso una vez robado y ocupado por otra persona. De modo que Hansel, reconvertido en Hedwig, y su banda Angry Inch se lanzan a la aventura americana con la venganza tintineando en los bolsillos y con cero remilgos a la hora de actuar ante audiencias indiferentes en restaurantes de mala muerte. Cameron Mitchell se reservaba el papel principal —aunque sin la sorpresa de un “Juego de lágrimas” (Neil Jordan, 1992)— y sorprendía con un musical atípico y desgarrado, de canciones originales, fuera de las tendencias modernas —incorporaba animaciones en la línea de Dunning o “El muro (Pink Floyd: The Wall)” (Alan Parker, 1982)—, y que se atrevía a analizar los orígenes de toda crisis de identidad y de la necesidad individual de inventar un universo creativo privado, en el que cada uno exprese sus rabias.

 

“Casi famosos” (Cameron Crowe, 2000): Teórico biopic del director, acerca de la época de juventud en que escribía para la Rolling Stone y viajaba tras la estela de grupos geniales, en los tiempos de los abrigos ostentosos, las gafas de piloto y el vinilo. La película se ocupaba de un grupo ficticio y de su populosa horda de groupies, entre quienes se contaron Kate Hudson —que tuvo nominación al Oscar®—, Anna Paquin o Zooey Deschanel. El elenco de actores favorecía la solidez de una propuesta bañada en mucha nostalgia y mucha idealización benévola, con algunas escenas de desfase rockero y de actuaciones entre lo que de verdad importaba a Crowe: el viaje de un adolescente hacia la tierra de los sueños, antes de regresar a casa con una tristeza llamada despertar y cierto olor a marchito.

“Velvet Goldmine” (Todd Haynes, 1998): David Bowie posee en su filmografía numerosos conciertos grabados y algunos experimentos de metaficción con su álter ego Ziggy Stardust —“Ziggy Stardust and the Spiders from Mars” (D.A. Pennebaker, 1973)—, pero no una obra basada expresamente en su figura —ni un vehículo de lucimiento, como “Purple rain” (Albert Magnoli, 1984) para Prince—. El Duque Blanco tampoco se distinguía como tal en esta cinta del renovador Haynes, pero el glam que Bowie enarboló se subía al género musical y a los conciertos recreados por actores de voces curiosas, como Ewan McGregor y Jonathan Rhys Meyers. La estética ultrallamativa, cuidada hasta la extenuación, los conciertos de luces purpurinosas y las canciones de T-Rex, Brian Eno, Pulp, Roxy Music y Lou Reed funcionaban como argumentos principales de una historia metida en vericuetos mucho más repetitivos y previsibles.

“The Runaways” (Floria Sigismondi, 2010): El temor, para creadores y público, de toda aproximación a estrellas de rock reales consiste en ese esquema prefijado de ascenso y caída que parece imitar la anatomía de un bostezo. Un truco para desviar la atención consistiría en escoger actores imprevistos que, incluso por una fatal mímesis con el referente real, consigan despertar la curiosidad mínima de cualquiera. Así sucedió con Val Kilmer-Jim Morrison en “The Doors” (Oliver Stone, 1991), así comenzó también este homenaje a una banda menos recordada, para la que se contó con la siempre cuestionada Kristen Stewart y la cada vez más apagada Dakota Fanning. Los excesos y las ilusiones de la juventud que escala en la notoriedad de la escena del rock se contagiaban a una película arrítmica, pero subida a la óptica de una directora sobre mujeres cantantes que se apropian de logros de stars tradicionalmente masculinas —aunque de un modo no tan revolucionario como el Bob Dylan interpretado por una mujer (Cate Blanchett) en “I’m not there” (Todd Haynes, 200)—.

En las imágenes: ”Rock ‘n’ love” © 2011 Sigma Films y Head Gear Films. ”El último vals” © 1978 United Artists. “Stop making sense” © 1984 Talking Heads Films. “Granujas a todo ritmo” © 1980 Universal Pictures. “Woodstock” © 1970 Warner Bros. Pictures y Wadleigh-Maurice. “Qué noche la de aquel día” © 1964 United Artists. “Hedwig and the angry inch” © 2000 New Line Cinema. “Casi famosos” © 2000 DreamWorks SKG y Vinyl Films. “Velvet Goldmine” © 1998 Zenith Productions / Killer Films Production / Single Cell Pictures. “The Runaways” © 2010 Linson Entertainment, River Road Entertainment, Road Rebel y Runaway Productions. Todos los derechos reservados.

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