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Las mejores películas de James Bond

Escrito por el 26.10.12 a las 12:56
Archivado en: Personajes

En 1953, un escritor escocés y de familia acomodada llamado Ian Fleming publicaba “Casino Royale”, primera novela en la que presentaba a James Bond, agente secreto del MI6 —servicio de inteligencia británico— cuyo objetivo era dejar en bancarrota a un agente de SMERSH apodado Le Chiffre. En aquella primera incursión de Bond se incluían personajes como Vesper Lynd, destinada a asistirle en su misión, o Felix Leiter, un agente de la CIA en el que encontraba un aliado. Aquella galería de personajes protagonizaba una aventura de casinos, alto espionaje, bellas mujeres y en el centro, él. El hijo literario de Fleming era el protagonista de una ficción heredera del serial y del pulp, escrita no con ánimo de trascender en su valor literario, sino de convertirse en ese éxito editorial de naturaleza ligera. Era, también, más que eso: el principio de una fantasía abiertamente masculina —y sí, machista—, la de ese hombre viviendo una vida sin más compromiso que el que profesa hacia la aventura, sin más filosofía que la de un hedonismo celebrado a través de escenarios paradisíacos en los que disfrutar de una sexualidad promiscua —y orgullosa de serlo— y Martinis con vodka.

Lo que seguramente no imaginó Fleming es que durante el siguiente medio siglo, James Bond iba a convertirse en eminente icono de la cultura popular, un personaje generador no solo de una ingente saga literaria, sino también de una longeva saga cinematográfica que iría más allá de las adaptaciones, amén de una versión televisiva, otra apócrifa, alguna que otra parodia, tiras diarias de prensa y videojuegos. Bond también era ese agente transformador e influyente en esa cultura: una franquicia  que daría cabida a cantantes incipientes y de éxito —desde Louis Armstrong a Adele pasando por Alicia Keys y Jack White, Nancy Sinatra, Shirley Bassey, Tina Turner, Paul McCartney y Wings, Carly Simon, Tom Jones o A-ha— dispuestos a adaptar su estilo personal a las claves del universo visual y sonoro del personaje —sin interferir con las brillantes composiciones de John Barry para la serie, con su tema principal como estandarte—; unos títulos de crédito que, a partir de los diseños de Maurice Binder, reforzaron una identidad seductora que encontraría gran recorrido en la imaginería colectiva; y unas coordenadas estilísticas del héroe y sus aledaños siempre en busca de lo memorable, desde el eterno esmoquin en sus muchas variantes con pajarita y corbata a los infinitos gadgets proporcionados por Q, pasando por sus armas o sus coches, todos ellos parte integrante de la caótica pero rutilante mitología que le define. 

Medio siglo de esa mitología, evidentemente, ha dado pie a todo tipo de mutaciones y variaciones sobre un esquema de partida, hasta el punto de que han sido las películas de James Bond las que más han esculpido su figura, quizá por encima de las novelas escritas por Fleming. En sus sucesivas encarnaciones en la piel de distintos actores, el agente 007 ha sido el tipo duro y misógino con un punto socarrón al que daba vida Sean Connery; el violento pero simpático, sexualmente menos rotundo que fue con George Lazenby; el autoparódico que era Roger Moore; el ojeroso agente de cierto aire psicótico de Timothy Dalton; el equilibrado punto medio entre todos ellos que significaba Pierce Brosnan; y el hombre rocoso pero humano, vulnerable física y emocionalmente de Daniel Craig. Todos ellos han encendido debates sobre el que debiera ser el perfil más ajustado, el modelo original. Pero lo cierto es que resulta casi imposible determinarlo al tener en cuenta sus múltiples modelados y remodelados a través de diferentes guionistas: Richard Maibaum, Neal Purvis, Robert Wade y Paul Haggis son los que más decidieron el rumbo y virajes de la saga y la personalidad de su protagonista, aunque también ésta contó, en momentos puntuales, con las colaboraciones de autores como Paul Dehn, Roald Dahl o Tom Mankiewicz.

Mención aparte merecen los varios realizadores que pasaron por la franquicia. Directores que, lejos de demostrar un pretendido corte autoral, fueron contratados para —y valorados por— aportar oficio y ritmo a cada aventura. Nombres como Guy Hamilton, Terence Young, Lewis Gilbert, John Glen o Martin Campbell repitieron en varias ocasiones tras la cámara y dieron muestras de su buen hacer. Otros cineastas pasaron  por la serie para dejar una única entrega con mayor o menor fortuna, caso de Marc Forster, Lee Tamahori, Roger Spottiswoode o Michael Apted. Todos ellos, en cualquier caso, pusieron su grano de arena a un corpus de películas que con “Skyfall” (Sam Mendes, 2012) ya alcanza los 23 títulos, y cuyas cumbres y hondonadas procedemos a repasar en la lista que sigue.

“James Bond contra Goldfinger” (Guy Hamilton, 1964). Tercer largometraje de la serie y tercero protagonizado por Sean Connery, a menudo “James Bond contra Goldfinger” es señalada como el mejor ejemplo de lo que debe ser una película de James Bond. Dirigida por Guy Hamilton en su primera contribución a la saga, destaca como un magnífico entretenimiento que desborda magnetismo en toda su iconografía. El tema de Shirley Bassey —la que más veces ha cantado a Bond— es tan inolvidable como los cuerpos desnudos y bañados en oro que desfilan en los créditos de Binder, referencia a su escena más emblemática: aquella en la que el agente descubre el cadáver de Jill Masterson (Shirley Eaton) recubierto de pintura dorada —un momento que muchos años después tendría su correspondiente homenaje en “Quantum of solace” (Forster, 2008)—. Pero también resultan memorables Gert Fröbe como el archivillano Goldfinger y su bizarro esbirro Oddjob (Harold Sakata), el rayo láser que amenaza a los genitales de 007 o, en general, esa base secreta diseñada por el gran Ken Adam.

“Desde Rusia con amor” (Terence Young, 1963). En la segunda incursión de 007, Terence Young volvía a orquestar la acción y adaptaba la quinta novela de Ian Fleming. Sobre un trasfondo de Guerra Fría, el segundo Bond viajaba a la Europa soviética con escala en Estambul y billete en el Orient Express, en una carrera por conseguir el decodificador Lektor. “Desde Rusia con amor” mostraba a un héroe más entregado a los placeres de su modo de vida, incluido un sugerido trío con dos gitanas que se entregaban a él después de que hubiera salvado la vida de su padre. También fue la primera película en la que hizo aparición Q, que hasta su muerte tendría el rostro de Desmond Llewelyn, la primera en la que un villano aparecía acariciando a un gato en su regazo, y la primera que contó con tema musical propio, a cargo de un Matt Monro que complementaría la que fuera una de las mejores bandas sonoras de John Barry.

“La espía que me amó” (Lewis Gilbert, 1977). Fue el tercer filme que protagonizó Roger Moore y, quizá, el mejor de todos en los que participara. Curiosamente, y pese a tomar el título de la novela de Fleming, nada tenía que ver con su argumento original. De nuevo con la Guerra Fría como telón de fondo, Bond se aliaba —y algo más— con la espía rusa Anya Amasova (Barbara Bach) para evitar que el magnate y científico Karl Stromberg (Curd Jürgens) llevara a cabo sus planes de destruir el mundo y fundar una civilización subacuática. En “La espía que me amó” veíamos persecuciones sobre esquís —un clásico de la saga—, batallas bajo el océano a bordo de submarinos y a Tiburón (Richard Kiel), celebrado y gigantesco esbirro que repetiría en la espacial “Moonraker” (Gilbert, 1979). También entre los méritos de la entrega está el de contar con una de las mejores canciones —la emotiva Nobody Does it Better, cantada por Carly Simon y mil veces versionada— para acompañar a una de las mejores creaciones para los créditos de Binder, en la que la fusión entre siluetas de mujeres y armas alcanzaba su mejor expresión.

“Casino Royale” (Martin Campbell, 2006). Cuatro años después del último Bond de Pierce Brosnan, la saga se lanzó a una renovación que se revelaba más necesaria que nunca. Aquella remodelación tomó como referencia la primera novela de Ian Fleming, “Casino Royale”, la cual había sido adaptada en una versión televisiva previa a la llegada del personaje al cine y en una parodia coral sin demasiada repercusión, pero nunca de forma seria en una película para la gran pantalla. Segunda participación del director Martin Campbell en la serie, “Casino Royale” fue la oportunidad para volver a un James Bond más estoico y físico, pero también para otorgarle una humanidad que había perdido entre la autoparodia y el jugueteo con el género. El británico Daniel Craig fue el elegido para ser el nuevo rostro de 007, una elección acertada que recogía a la perfección la brutalidad y la vulnerabilidad pretendidas. La demostración de ese acento emocional se hallaba en la relación de Bond con Vesper Lynd (Eva Green), cuyo dramático sino iba a determinar la continuidad de la cinta —con mucha menos fortuna— en “Quantum of solace”. Se trataba, además, de un filme más consciente de las nuevas tendencias del cine de acción —la influencia ineludible de la saga Bourne— y preocupado por el diseño de la set piece, como demostraba su espectacular persecución inicial en Madagascar.

“GoldenEye” (Campbell, 1995). Debut en el papel de Pierce Brosnan, es también la mejor de las cuatro películas en las que intervino el actor irlandés. Dirigida por el oficioso Martin Campbell, la cinta aprovechaba el escenario de post-Guerra Fría —la acción iba desde San Petersburgo a Cuba— para su trama y disponía uno de los villanos más carismáticos de la saga, el traidor agente 006 al que interpretaba Sean Bean. También supuso la primera vez de Judi Dench como M —un rol al que se ha mantenido fiel hasta hoy día—, y un notable éxito al que ayudó la canción homónima cantada por Tina Turner. Solvente, divertida y repleta de acción, “GoldEneye” se ganó rápidamente el ser una de las estimadas entregas de James Bond, y propició además un magnífico videojuego de modalidad shooter desarrollado por Rare.

“007 al servicio secreto de su Majestad” (Peter Hunt, 1969). Tras un primer abandono de la saga por parte de Sean Connery, el australiano George Lazenby vino a reemplazar al actor escocés en el papel. Lazenby, que había estado en la armada australiana y que llegó a ser el modelo mejor pagado del mundo, supuso un cambio de perfil que muchos nunca pudieron digerir. Pero lo cierto es que, en su primera y última encarnación del personaje, aportó una alternativa más que interesante, un agente que quedaba despojado de las connotaciones más rudas y machistas de Connery y que ofrecía una versión más simpática pero, no por ello, menos violenta. Esa parcial suavización se veía, por ejemplo, en el pasaje en que incide la canción compuesta por Louis Armstrong —con letra de Burt Bacharach, nada menos—, en la que Bond y Tracy (Diana Rigg) comparten idílicos paseos por la playa o el parque cual sendos enamorados en una dulcificada cinta romántica. Dos curiosidades: Lazenby sería nominado al Globo de Oro® a la mejor promesa masculina; y en una escena dada, encontramos una pista sobre la genealogía de la familia Bond cuyo lema, tomado del epitafio de Alejandro Magno, es “El mundo nunca es suficiente”, el cual daría muchos años después título a otra película Bond, menos lograda que la que nos ocupa.

“Agente 007 contra el Doctor No” (Terence Young, 1962). Fue la primera, el punto de partida sobre el que se construiría todo el universo cinematográfico del personaje creado por Ian Fleming. Pese a significar su debut en la gran pantalla, “Agente 007 contra el Doctor No” ya contenía las claves esenciales que forjaban la identidad de su protagonista y, además, una de las escenas más recordadas de toda la serie: Ursula Andress en una playa idílica luciendo su escultural cuerpo y un memorable bikini blanco. Aunque en esta primera aventura aún faltaban elementos y personajes importantes de la mitología Bond, no dejaba de ser un muy digno comienzo que, además, daba entrada a un Sean Connery que inmediatamente se reveló como un perfecto 007.

“Solo se vive dos veces” (Gilbert, 1967). Quinto largometraje dedicado al agente y quinta interpretación de Connery, “Solo se vive dos veces” llevaba a 007 hasta lejano oriente, donde acudía para investigar un conflicto espacial internacional en el que algo tenía que ver la organización SPECTRE. Una de las entregas más celebradas de la franquicia, en ella cobraba protagonismo como villano Ernst Stavro Blofeld (Donald Pleasance), antagonista de cara desfigurada y gato blanco sobre sus piernas que Mike Myers tomaría como modelo para crear al Dr. Maligno en su trilogía de Austin Powers. Asimismo, el filme contaba con otra de las grandes canciones de la serie: You Only Live Twice, cantada por Nancy Sinatra, era una joya que incorporaba sonidos orientales en una sintonía una vez más erótica, seductora y con un punto de emotividad. Un tema, por cierto, que encontraría una relectura por parte de los creadores de la serie “Mad men” (2007-), para poner el punto y seguido en la evolución de un protagonista, Don Draper (Jon Hamm), nada alejado de los trazos que definen a James Bond.

“Operación Trueno” (Terence Young, 1965). Cuarta película Bond y tercera dirigida por Terence Young —sin duda, uno de los mejores realizadores de la serie—, “Operación Trueno” cosechó un gran éxito con las claves de siempre y un mayor rodaje tanto de la saga como de su estrella, Sean Connery. Paisajes exóticos, enfrentamientos subacuáticos, una despampanante Claudine Auger luciendo palmito en una playa de ensueño y un tema principal a cargo de Tom Jones fueron los complementos perfectos para perfeccionar una fórmula que funcionó mejor que nunca: de hecho, y ajustando las ganancias a la inflación, aún hoy sería la entrega más taquillera de toda la franquicia. Un triunfo rotundo al que, además, hay que añadirle el Oscar® a los Mejores Efectos Especiales que se llevara John Stears, por toda una sofisticada galería de gadgets entre los que destacaba el propulsor que permitía a Bond escapar de un tiroteo y volar hasta su Aston Martin. Curiosamente, la misma novela en la que se basaba, la novena que escribiera Fleming, dio pie a una película apócrifa. Rodada más de dos décadas después, “Nunca digas nunca jamás” (Irvin Kershner, 1983) fue el resultado final de una larga cadena de desavenencias entre el escritor, el productor Kevin McClory y el guionista Jack Whittingham. La cinta también contó con el protagonismo de Sean Connery —quien además fue parte activa de la producción—, pero desde el principio fue considerada “no oficial” debido a que se había realizado al margen de Eon Productions, la compañía que ostentaba los derechos sobre el personaje. Esto se tradujo, evidentemente, en una serie de problemas legales que, entre otras cosas, impidieron incluir la sintonía oficial de Bond.

“Licencia para matar” (John Glen, 1989). De las dos entregas protagonizadas por Timothy Dalton y dirigidas por John Glen —otro habitual tras la cámara—, “Licencia para matar” quizá merece ser destacada por su inusitada violencia —como muestra, la suerte que les espera al matrimonio Leiter— y por ser la perfecta muestra de un Bond poco dado a las bromas, de un carácter más tosco y menos elegante, también un tanto oscuro. Una aspereza casi desagradable que acabaría convirtiendo éste en uno de los filmes más infravalorados del personaje, recibiendo en su día una fría acogida tanto por parte del público como de la crítica.

Las otras misiones de James Bond. Junto a la mencionada “Licencia para matar”, “007: Alta tensión” (Glen, 1987) forma un estimable díptico con Timothy Dalton como estrella que merecería ser tenido en cuenta como ese extraño desvío de la fórmula que no llegó a cuajar. Entre los títulos protagonizados por Roger Moore, también cabría guardar un lugar especial a “Octopussy” (Glen, 1983), entre otras cosas recordada por el disfraz de payaso en que se enfundaba el actor, y “Moonraker” (Gilbert, 1979), odisea espacial y delirante que, bajo la influencia de la ciencia-ficción setentera, encajaba como el perfecto guilty pleasure de la saga. Completan la hornada de películas de Moore “Solo para sus ojos” (Glen, 1981), retorno al Bond más recto y controlado tras la locura de “Moonraker”, “Vive y deja morir” (Hamilton, 1973), que dejó para el recuerdo la popera y anfetamínica canción de Paul McCartney y Wings, “Panorama para matar” (Glen, 1985), con la imponente presencia de Grace Jones, y “El hombre de la pistola de oro” (Hamilton, 1974), prometedor cara a cara con Christopher Lee que se quedó en una de las aventuras más irregulares y menos queridas de Bond.

También cabe citar en este apartado la despedida de Sean Connery en la menor “Diamantes para la eternidad” (Hamilton, 1971) y las tres decepciones que siguieron a “GoldEneye” con Brosnan como protagonista: las ambiciosas pero mediocres “El mañana nunca muere” (Roger Spottiswoode, 1997), “El mundo nunca es suficiente” (Michael Apted, 1999) y, especialmente, “Muere otro día” (Lee Tamahori, 2002) —con todo, se hace difícil olvidar a Halle Berry emergiendo de entre las aguas—. Por último, generalmente tampoco inspira un buen recuerdo en el fan de Bond la insípida “Quantum of solace”, continuación de “Casino Royale” que se perdía en una descafeinada trama y una severidad casi plomiza en la que prácticamente desaparecía el sentido de lo lúdico.

En las imágenes: Fotogramas de ”Skyfall”, película distribuida por Sony Pictures Releasing de España © 2012 Metro-Goldwyn-Mayer, Columbia Pictures, Eon Productions, Danjaq y United Artists. Todos los derechos reservados. De “La espía que me amó” © 1977 Danjaq y Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “James Bond contra Goldfinger” © 1964 Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “Desde Rusia con amor” © 1963 Eon Productions y Danjaq. Todos los derechos reservados. De “La espía que me amó”. De ”Casino Royale” © 2006 Albert Broccoli’s Eon Productions. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados. De “GoldenEye” © 1995 Eon Productions y United Artists. Todos los derechos reservados. De “007 al servicio secreto de su Majestad” © 1969 Danjaq y Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “Agente 007 contra el doctor No” © 1962 Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “Solo se vive dos veces” © 1967 Danjaq y Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “Operación Trueno” © 1965 Eon Productions. Todos los derechos reservados. De “Licencia para matar” © 1989 Danjaq, Eon Productions y United Artists. Todos los derechos reservados. De “Moonraker” © 1979 Danjaq, Eon Productions y Les Productions Artistes Associés. Todos los derechos reservados. De ”Muere otro día” © 2002 Danjaq Productions y United Artists. Distribuidora en España: Hispano Foxfilm. Todos los derechos reservados.

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11 - humberto pelayes - 6:37 - 25.05.13

la mejor pelicula fue solo para sus ojos…espectacular, el mejor bond roger moore y luego brosnan y el peor craig



10 - jorge uribe alvarez - 20:18 - 30.01.13

LA MEJOR SAGA DE LA HISTORIA DEL CINE: JAMES BOND.
EL MEJOR FILM: GOLDFINGER.
EL PEOR FILM:QUANTUM OF SOLACE-

JORGE URIBE ALVAREZ, ESPECIALISTA EN CINE.
SANTIAGO DE CHILE



9 - rul - 19:33 - 14.11.12

Mis 6 mejores pelis de oo7 de menos a más son las siguientes:
En 6º lugar “Goldfinger” ( Guy Hamilton /Sean Conery)
5º lugar “Al Servicio Secreto de su Majestad” ( Peter Hunt / George Lazenby)
4º lugar “Octopussy” (John Glenn/ Roger Moore)
3º lugar “Alta Tensión” (John Glenn/ Timothy Dalton)
2º lugar “Goldeneye”(Martin Campbell/Pierce Brosnan)
1º lugar “Casino Royale” (Martin Campbell / Daniel Craig)



8 - carlos - 5:45 - 09.11.12

para mi 5 peliculas hasta ahora me han gustado full digan lo que digan: Solo se vive dos veces, goldeneye, el mañana nunca muere, casino royal, skyfall.



7 - Mario - 13:12 - 08.11.12

prefiero cualquiera de las anteriores de 007, menos los bodrios que ha hecho el Daniel Craig el peor actor que hay no me gusta tiene cara de aleman con hipo



6 - NOFX - 4:09 - 04.11.12

007 al servicio secreto de su majestad británica es la casino royale de la epoca.



5 - ryoga - 18:19 - 02.11.12

Casino Royale sin duda, nunca me ha gustado bond, y despues de 20 peliculas pude ver una que me gusto, luego con quantum of solace se volvio a estropear y esta a ver, me atrae que este bardem y la ire a ver, vamos que la unica de bond que me ha gustado es casino… jeje



4 - peikos - 9:59 - 02.11.12

solo para sus ojos sin duda, no le falta ni un solo elemento como genero bond



3 - cor - 1:35 - 02.11.12

Que pena que a Brosnan le haya tocado hacer bodrios como los últimos 3 Bonds…



2 - Merovingio - 17:59 - 01.11.12

De las nuevas me quedo con “Casino Royale” y de las clásicas con “Goldfinger”, aunque la saga en general tiene una colección de momentazos que forman parte importante de la Historia del Cine.

En cuanto a los actores, lo ideal sería una mezcla entre la presencia física y la elegancia de Roger Moore, por un lado, y la capacidad interpretativa y el carisma de Sean Connery, por otro.

En cuanto a Daniel Craig, me cae muy bien y como héroe (o antihéroe) de acción da el tipo a la perfección, pero no lo veo como James Bond.



1 - Marky - 19:16 - 31.10.12

Muy deacuerdo con la lista,dando un especial enfasis a la fantastica “007 al servicio de su majestad” con un Bond renovado,Alta tensión tambien fué un buen canvio de camino a la ya gastada época Moore,Goldeneye gran muestra de que Bond sigue muy vivo,pero la de Quantum of solace encuentro una de las mas notables pero por mi queridas




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