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Las mejores películas de Alfred Hitchcock, el maestro del suspense

Escrito por el 28.01.13 a las 10:36
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Los adjetivos empleados para definir la figura del director británico Alfred Hitchcock han quedado agotados. No solo se trata de uno de los realizadores más importantes del cine, sino también uno de sus principales mitos. Durante sus ocho décadas de vida, este londinense nacido en 1899 en el barrio de Leytonstone alimentó su fama con su gusto por cierto exhibicionismo y esa mezcla de malicia y flema inglesa que se asomaba en sus introducciones a los episodios del programa de televisión “Alfred Hitchcock presenta” o en muchas de sus apariciones públicas. Entre las varias leyendas que rodearon su carrera, persiste aquella que sugería su obsesión por las rubias e incluso el acoso hacia algunas de sus actrices, o aquella otra que le definía como un cineasta capaz de prever y detallar una película plano por plano, hasta el punto de no ser necesaria su presencia en el rodaje.

Alfred Hitchcock

Pero al margen de rumores más o menos infundados, lo importante aquí es el cine. Hablamos del que es, con poco margen de duda, el director más influyente de todos los tiempos, cuya herencia puede rastrearse en una innumerable lista de autores posteriores. Sus más de cincuenta largometrajes modelaron para siempre el thriller, el terror y la comedia negra, ayudaron a cambiar el lenguaje cinematográfico clásico y establecieron perfectos ejemplos de una economía de la narrativa visual que hoy se estudia en escuelas de cine de todo el mundo. Para conocer a fondo esa filmografía imprescindible, quizá lo mejor sea recurrir a “El cine según Alfred Hitchcock”, libro-entrevista que le dedicó François Truffaut, uno de sus más grandes admiradores e integrante del grupo de críticos de la revista Cahiers du Cinéma, que proclamó a Hitchcock como uno de los grandes maestros —cuando, por aquel entonces, en Estados Unidos era considerado poco más que un solvente entretenedor—. Aquella reivindicación hoy se traduce en la condición de referente de prácticamente la mayoría de sus películas, hasta el punto de que una de ellas fue proclamada el año pasado, por una parte representativa de la cinefilia mundial, como la mejor de la historia. 

“De entre los muertos (Vértigo)” (1958). Y si bien nuestra fe en las listas es más bien limitada, no cabe duda de que de existir una película por encima del resto, “De entre los muertos (Vértigo)” sería una justa candidata. Al menos, ese fue el resultado que arrojó la votación masiva efectuada entre más de mil críticos, cineastas y escritores que publicaba la revista Sight & Sound en septiembre de 2012, desbancando por primera vez en cincuenta años el largo reinado en el número 1 de “Ciudadano Kane”  (Orson Welles, 1941). Se trata de una obra cuya capacidad para fascinar no ha perdido vigencia y que cuyo autor calificó una vez como pura necrofilia. Kim Novak era el exquisito fantasma que James Stewart perseguía a través de un San Francisco espectral, pintado por los colores saturados de Robert Burks y con el ánimo mortuorio de la banda sonora de Bernard Herrmann.

 

Detrás del proyecto, se halla una fascinante historia que vincula a dos grandes maestros del suspense. En 1953, Hitchcock había mostrado su interés por comprar los derechos de la novela “El salario del miedo”, de Georges Arnaud. Sin embargo, el escritor quería que la adaptación corriera a cargo de un francés, por lo que fue finalmente Henri-Georges Clouzot el que acabó realizándola. Dos años más tarde, Clouzot volvió a ganarle la partida al británico cuando se le adelantó para adaptar la novela de Pierre Boileau y Thomas Narcejac “Celle qui n´était plus”, que en la gran pantalla sería rebautizada como “Las diabólicas” (1955). Esto propició que Boileau y Narcejac escribieran “D’entre les morts” pensando en la posibilidad de que fuera Hitchcock quien la adaptara, algo que finalmente sucedió.

“Encadenados” (1946). El gran Ben Hecht fue el guionista de esta una de sus películas más celebradas, una adaptación de una historia de John Taintor Foote que combinaba espionaje, romance y nazis en Brasil con tres grandes estrellas en su cartel: Ingrid Bergman, Cary Grant y Claude Rains. Ellos formaron el triángulo de pasiones y traiciones que dio lugar a algunas de las secuencias más celebradas del cine hitchcockiano, a saber un plano secuencia que termina en la llave que abre una puerta o un largo beso entre Grant y Bergman que tuvo que vérselas con el código de censura. Su argumento fue retomado por John Woo como base para su “Misión: Imposible 2″ (2000).

“Psicosis” (1960). A la hora de establecer puntos de referencia en el paso del clasicismo a la modernidad, hay dos películas que, estrenadas en 1960, supusieron el estandarte del cambio. Una era “La aventura” (Michelangelo Antonioni, 1960), avanzadilla de los puntos de ruptura propuestos desde las cinematografías europeas de autor. La otra, más influyente si cabe en el seno del cine industrial, fue “Psicosis”, la cual cambió para siempre las reglas del juego: la adaptación de la novela de Robert Bloch dio un vuelco en la narrativa convencional de Hollywood al ofrecer una protagonista que moría a mitad de la trama, por no hablar de algunos de los atrevimientos estéticos que venían a proseguir la línea de lo ya iniciado por Welles. Quizá se trata del filme más popular de Hitchcock y también uno de los que más mitos ha generado a su alrededor, en particular relacionados con su protagonista Anthony Perkins o con Janet Leigh y la célebre secuencia de la ducha. Tanto es así que el rodaje dio pie al libro “Alfred Hitchcock and the making of Psycho”, a su vez punto de partida para la película “Hitchcock”, de Sacha Gervasi. Asimismo, tuvo varias secuelas que cayeron en el olvido y un remake plano por plano y en color de Gus Van Sant.

“La ventana indiscreta” (1954). En el centro de este clásico de Hitchcock, James Stewart encarnaba el voyeur que todo espectador lleva dentro, espiando desde su ventana las vidas ajenas y descubriendo accidentalmente un asesinato mientras una bellísima Grace Kelly trataba de llamar su atención. Pese a la menor complejidad que parecía exigir a priori esta adaptación de un relato breve de Cornell Woolrich, “La ventana indiscreta” supuso un quebradero de cabeza al menos para la parte de producción, que se vio obligada a tirar el suelo del estudio para poder optimizar el rodaje de los distintos niveles de apartamentos a uno y otro lado del patio. El resultado, en cualquier caso, fue una de las películas más queridas y celebradas del realizador: un thriller vibrante pese a la inmovilidad de su protagonista, y un magistral ejemplo de cómo extraer el suspense de la mera observación de lo cotidiano.

“Con la muerte en los talones” (1959). Quintaesencia del thriller del falso culpable, el hombre en el lugar equivocado y en el momento equivocado que tantas veces utilizó Hitchcock a lo largo de su trayectoria. Cary Grant fue uno de sus mejores representantes como Roger O. Thornhill, insistentemente confundido con George Kaplan y perseguido a lo largo y ancho de la geografía estadounidense. Es quizá lo más cerca que el cineasta estuvo de realizar una película de acción, una particularmente intensa en la que brillaban la pegadiza música de Bernard Herrmann, los decorados de Robert Boyle o los villanos interpretados por Martin Landau y James Mason.

“La soga” (1948). Una rareza y a la vez otra obra maestra en su ingente filmografía. “La soga”, adaptación sobre una pieza para las tablas de Patrick Hamilton, significó todo un experimento para el británico, que intentó rodar una película en tiempo real y con el menor número de planos posibles. Lo primero no fue posible, pero lo segundo resultó en una impoluta pieza de cámara en la que los planos secuencias son llevados al límite con extrema precisión, realizando las transiciones de uno a otro en la espalda de los actores y propiciando así la impresión de que no media el montaje. Farley Granger y John Dall eran dos petulantes alumnos que se las prometían muy felices jugando al crimen perfecto y que ocultaban el cadáver del asesinado en medio de una fiesta entre amigos, invisible para todos salvo para su avispado profesor, al que daba vida James Stewart.

“Los pájaros” (1963). A partir del magnífico relato de la escritora Daphne Du Maurier, Hitchcock hizo de “los pájaros” una monster movie en la que una vez más convertía lo inofensivo y rutinario —las aves del título— en la materia prima del horror más irracional. Aquí el Apocalipsis tenía forma de una infinita bandada que arrasaba un pueblo del Norte de California, desastre en medio del cual una sufrida Tippi Hedren luchaba por sobrevivir. En su secuencia final, parodiada hasta la saciedad, imperan el silencio y los pájaros para componer el que es uno de los momentos más terroríficos del cine.

“Extraños en un tren” (1951). Dos desconocidos coinciden en el vagón de un tren. Ambos tienen problemas, y uno de ellos propone al otro acabar con ellos mediante un asesinato cruzado: Guy (Farley Granger) deberá asesinar al padre de Bruno (Robert Walker), quien a su vez deberá terminar con la vida de la esposa del primero. Guy no se toma muy en serio la proposición, pero Bruno sí. Este argumento surge de la primera novela de Patricia Highsmith, la cuál fue publicada en 1950 y cuyos derechos Hitchcock se apresuró a agenciarse. Su transformación en guion, por cierto, fue de lo más tortuosa: la mala relación entre el realizador y Raymond Chandler acabó con el segundo retirándose del proyecto y el primero buscando la colaboración de Ben Hecht, quien al no poder ocuparse sugirió a su asistente Czenzi Ormonde. Curiosamente, las dificultades para que el libreto viera la luz no impidieron que “Extraños en un tren” fuera uno de los mejores títulos de su autor, un thriller oscuro y rematado con una frenética conclusión en un tiovivo desbocado. 

“Frenesí” (1972). Hitchcock volvió a Inglaterra para rodar este thriller sobre un serial-killer que asesina a sus víctimas con una corbata, basado en una novela de Arthur La Bern. Ambientado en Londres, este su penúltimo largometraje quizá sea también el más crudo y agresivo que filmó, una cinta áspera y desagradable que ofrecía los primeros desnudos de su filmografía y que contaba con un inquietante Jon Finch como protagonista. Con él, el director volvió a reencontrarse con los elogios de una crítica que le había dado la espalda. 

“Rebeca” (1940). Primera película estadounidense de Alfred Hitchcock —pese a lo cual, él la consideraba esencialmente británica—, el proyecto supuso su encuentro con el productor David O. Selznick, quien se preocupó por que fuera lo más fiel posible a la novela de Daphne du Maurier que adaptaba. Una de las razones era que acababa de producir “Lo que el viento se llevó” (1939), con la que “Rebeca” competiría en los Oscars®, y Selznick consideraba que era indispensable tomarse al pie de la letra la fuente original. Con el carácter novelesco que le atribuía Hitchcock, este debut en el cine norteamericano no contenía sus claves esenciales, pero ofrecía a cambio un cuento fantasmal con unos excelentes Joan Fontaine y Laurence Olivier.

“La sombra de una duda” (1943). Santa Rosa es la tranquila población en la que habitan los Newton, una familia que no se ajusta al arquetipo modélico norteamericano, pero que a buen seguro desea que suceda algo emocionante en sus vidas. Esa emoción llega con la visita del tío Charlie (Joseph Cotten), cuya encantadora fachada oculta en realidad a un asesino de viudas buscado por la policía, una sospecha que crece exponencialmente en su inocente sobrina (Teresa Wright). Fue el sexto largometraje de Hitchcock en Estados Unidos en poco menos de tres años, un thriller de intriga creciente y maliciosa fascinación por el asesinato por el que el cineasta sentía particular debilidad.

El hombre que sabía demasiado” (1956). Remake de su uno de sus mejores trabajos de su etapa británica, “El hombre que sabía demasiado” ponía a una familia de vacaciones en Marruecos en medio de un conflicto internacional. James Stewart y Doris Day eran los atribulados padres que desesperaban por encontrar a su hijo secuestrado, una carrera a contrarreloj que culminaba en uno de los mejores finales hitchcockianos, una portentosa escena en el Royal Albert Hall de Londres que Martin Scorsese homenajeó en su famoso anuncio para Freixenet, “La clave Reserva” (2007).

“39 escalones” (1935). Junto a “El hombre que sabía demasiado” (1934), “39 escalones” fue quizá la que marcó la senda definitiva del cine de Hitchcock, una aventura desde Londres a Escocia en la que Robert Donat ya perfilaba a sus protagonistas envueltos accidentalmente en tramas de espionaje. Inspirada en la novela de John Buchan —que daría pie a tres adaptaciones más y una obra de teatro—, se trata de uno de los filmes británicos más queridos y un notable esbozo de cómo el realizador practicaría el género durante décadas.

“Cortina rasgada” (1966). Thriller político con fuerte clima de Guerra Fría, en él Paul Newman era un científico que, junto a su secretaria y novia (Julie Andrews), se metía en más de un problema en Alemania Oriental en su intento de obtener información sobre la tecnología nuclear soviética. Adrenalítica e intensa como pocas, “Cortina rasgada” tenía además uno de los asesinatos más agrestes y salvajes de su cine, el que el protagonista acomete sobre Gromek (Wolfgang Kieling), una secuencia tan memorable como destinada a poner a prueba la empatía del espectador hacia el —presunto— héroe.

 

“La muchacha de Londres” (1929). Empezó siendo muda, pero a mitad producción la British International Pictures decidió incorporar el sonido que por aquel entonces empezaba a marcar la diferencia. “La muchacha de Londres” es considerado a menudo como el primer trabajo de Hitchcock en que su identidad empieza a marcarse tras las imágenes. En esta ocasión partió de la obra “Blackmail”, de Charles Bennett, y puso en pantalla a una de sus primeras heroínas, la encarnada por la austro-húngara Anny Ondra. La cinta sería un éxito tanto entre la crítica como entre el público, y señalaría el camino de una ingente producción durante la década de los 30 que definiría la etapa británica del director.

“Sabotaje (La mujer solitaria)” (1936). Hitchcock firmó dos películas que en España se llamaron “Sabotaje”. La primera, la que nos ocupa, tenía el título original de “Sabotage” y a menudo se la conoce como “La mujer solitaria”. La segunda, de 1942, se llamaba en inglés “Saboteur” y en español se quedó simplemente en “Sabotaje”  (1942). Cabe distinguirlas porque, mientras la segunda es una cinta con acción hitchcockiana, protagonistas a la carrera y gusto por los grandes escenarios para los grandes finales —en su caso, la Estatua de la Libertad—, “Sabotaje (La mujer solitaria)” era uno de los thrillers más antipáticos —pero también, interesantes— que firmara en su trayectoria. Basado en una novela de Joseph Conrad, es aquel en el que incluye la famosa escena en la que el niño interpretado por Desmond Tester moría a consecuencia de la explosión de una bomba que portaba sin saberlo en un autobús, una secuencia de la que el cineasta se lamentaría siempre.

Las otras películas de Hitchcock. En una carrera tan prolífica, es difícil categorizar más de cincuenta títulos que, en buena parte, son imprescindibles para todo fan del género. Amén del selecto grupo arriba destacado, queda una larga lista cuyo principio se remonta a 1922. Por aquel entonces realizó su primer intento tras la cámara, la nunca acabada “Number 13″ (1922). Tras aquel debut frustrado, trabajó como adaptador, dialoguista y ayudante de dirección en otros proyectos, hasta que llegó su verdadera ópera prima con “El jardín de la alegría” (1925), filme anglo-alemán que le propuso el productor Michael Balcon y que fue bien recibido por la prensa. Le seguiría “El águila de la montaña” (1926), rodada en estudio y con exteriores en el Tirol, y que Hitchcock tachaba como uno de sus peores trabajos. Sin embargo, calificaría “El enemigo de las rubias” (1927) como su primera Hitchcock picture, la que ya insinuaba las señas que su cine iba a desarrollar a posteriori. “Downhill” (1927), por su parte, tenía mucho de comedia que cambiaba frecuentemente de escenario, mientras que “El ring” (1927)  era una comedia dramática sobre dos boxeadores enamorados de la misma mujer. “Easy virtue” (1928) era una comedia sobre la clase alta que adaptaba a Noël Coward, y que hace unos años tuvo su remake en “Una familia con clase” (Stephan Elliott, 2008). Y tras ésta, otra comedia, “Champagne” (1928), y un drama que supondría su última película muda, “El hombre de la isla de Man” (1929).

 

Tras la ya mencionada “La muchacha de Londres”, el director abordó “Juno and the Paycock” (1929), la cual rodó con una compañía de actores irlandeses, sin que él quedara conforme con el resultado. “Asesinato” (1930) —que tuvo su versión alemana, “Mary” (1931)— es uno de los escasos whodunit, que rodó, en el que una joven actriz era acusada, juzgada y condenada a muerte por asesinar a una de sus amigas. “Juego sucio” (1931), por otro lado, se basaba en una obra teatral de John Galsworthy y trataba sobre la rivalidad de un propietario rural y su vecino, mientras que “Lo mejor es lo malo conocido” (1931) narraba el viaje de un matrimonio joven e inocente al extranjero. En cuanto a ”Número 17″ (1932), fue una cinta de encargo que Hitchcock recuerda como un auténtico desastre, y “Valses de Viena” (1934) era un musical sin música, con poca relación con su cine habitual. Tras ella llegarían las también mentadas “El hombre que sabía demasiado” (1934) y “39 escalones”, con las cuales se reencontró con el éxito. Después, “El agente secreto” (1936) fue una cinta de aventuras de la que no quedó especialmente contento, y ya hemos analizado “Sabotaje (La mujer solitaria)”. De los tres largometrajes que filmó antes de dar el salto a Estados Unidos, “Inocencia y juventud” (1937)“Alarma en el expreso” (1938) “La posada de Jamaica” (1939), el más interesante es el segundo, un thriller ambientado en un tren en el que desaparece misteriosamente una anciana, a la que nadie recuerda salvo la protagonista incorporada por Margaret Lockwood. Una joya de su etapa británica que también fuera sujeta a remake en la mediocre “Plan de vuelo: Desaparecida” (Robert Schwentke, 2005).

En lo respectivo al grueso de su filmografía realizada al otro lado del Atlántico, igualmente nos dejamos títulos en el tintero. Ese sería el caso de “Enviado especial”  (1940), un filme de aventuras que rodó tras el éxito de “Rebeca” y que recibió 6 nominaciones a los Oscars®. A éste le siguió “Matrimonio original” (1941), su única comedia americana y el modelo de inspiración de Doug Liman para su “Sr. y Sra. Smith” (2005). “Náufragos” (1944) es una de sus incursiones más llamativas, adaptación de una novela de John Steinbeck donde toda la acción transcurre en un bote. Esto dificultaba el cameo de rigor del director, que finalmente aparecía en ella como protagonista de un anuncio en el periódico de un remedio adelgazante. Fue tras su rodaje que el realizador filmó dos cortometrajes de propaganda para el Ministerio de Información de Gran Bretaña, “The fighting generation” (1944) y “Watchtower over tomorrow” (1945). Volviendo al cine, otra de las grandes omitidas es “Recuerda…”  (1945)thriller psicológico con Bergman y Gregory Peck ambientado en una institución mental y que incluía un pasaje onírico diseñado por Salvador Dalí. Con Peck repetiría en “El proceso Paradine” (1947), en la que el actor era un abogado felizmente casado que se enamoraba de su defendida (Ann Todd), una mujer acusada de envenenamiento. También cabe mencionar la extraña “Atormentada” (1949), ambientada en la Australia del siglo XIX y considerada por algunos críticos como una de sus mejores incursiones, afirmación con la que el propio Hitchcock queda lejos de estar de acuerdo. Terminó la década con “Pánico en la escena” (1950), que Truffaut definía como «un policíaco inglés en la tradición de Agatha Christie», y que se situaba tras las bambalinas del mundo del teatro.

“Yo confieso” (1953) resultaba interesante en la medida en que la tradición católica en la que había sido educado Hitchcock se reflejaba en una intriga protagonizada por un cura interpretado por Montgomery Clift. La teatral “Crimen perfecto” (1954) fue su primera colaboración con Grace Kelly antes de “La ventana indiscreta”, una pieza de cámara que acabó estrenándose en 3D como consecuencia del interés emergente hacia esa tecnología a principios de los años 50. “Atrapa a un ladrón” (1955) le dio la oportunidad de rodar en exteriores de Francia una trama que entroncaba con la tradición de Arsenio Lupin y otros ladrones de guante blanco, con Cary Grant y Grace Kelly como estrellas. ”Pero… ¿quién mató a Harry?” (1955) fue un proyecto muy personal, una comedia negra a plena luz del día que no tuvo demasiada repercusión.  El título de “Falso culpable” (1956)“The wrong man”, en el original— resumía bien uno de sus temas predilectos, el del hombre acusado o perseguido por error que en este caso era Henry Fonda. En la base de “Marnie, la ladrona” (1964) yacía el fetichismo sexual del personaje de Sean Connery, atraído con la idea de irse a la cama con la ladrona compulsiva a la que daba vida Tippi Hedren. Por último, “Topaz” (1969) fue uno de sus más sonoros fracasos, una intriga política que tuvo un accidentado proceso de producción y que no gustó ni a crítica ni a público. La trama” (1976) fue la discreta película que pondría fin a una carrera brillante, un thriller menor con toques de comedia negra que tampoco fue recibido con mucho entusiasmo.

En las imágenes: Imagen promocional de “Los pájaros” © 1963 Universal Pictures y Alfred J. Hitchcock Productions. ”De entre los muertos (Vértigo)” © 1958 Paramount Pictures y Alfred J. Hitchcock Productions. “Encadenados” © 1949 Vanguard Films y RKO Radio Pictures. ”Psicosis” © 1960 Shamley Productions. “La ventana indiscreta” © 1954 Paramount Pictures y Patron Inc. “Con la muerte en los talones” © 1959 MGM. “La soga” © 1948 Warner Bros. Pictures y Transatlantic Pictures. “Los pájaros”. “Extraños en un tren” © 1951 Warner Bros. Pictures. “Frenesí” © 1972 Universal Pictures. “Rebeca” © 1940 Selznick International Pictures. “La sombra de una duda” © 1943 Skirball Productions y Universal Pictures. “El hombre que sabía demasiado” © 1956 Paramount Pictures y Filwite Productions. “39 escalones” © 1935 Gaumont British Picture Corporation. “Cortina rasgada” © 1966 Universal Pictures. “La muchacha de Londres” © 1929. “Sabotaje (La mujer solitaria)” © 1936 Gaumont British Picture Corporation. “El enemigo de las rubias” © 1927 Gainsborough Pictures y Carlyle Blackwell Productions. “Alarma en el expreso” © 1938 Gainsborough Pictures. “Recuerda…” © 1945 Selznick International Pictures y Vanguard Films. “Topaz” © 1969 Universal Pictures. Todos los derechos reservados.

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1 - David Cañedo - 8:43 - 09.10.13

Muy buen top, coincido de la mayor parte de las primeras. Mi top:

1. Vertigo
2. Notorious
3. North by Northwest
4. Psycho
5. Rear Window
6. Rebecca
7. Shadow of a Doubt
8. Stranger on a Train
9. The Wrong Man
10. The Birds




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