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Las mejores películas de Christian Bale

Escrito por el 17.07.12 a las 11:46
Archivado en: Actores y actrices

Hay una estirpe de actores estigmatizados por su experiencia infantil; pequeños intérpretes precoces que dan el campanazo de su vida (y a sus padres) cuando un director de importancia comercial o artística se fija en sus dotes y los lanza al estrellato y a los posados con esmóquines en miniatura. Hay otro linaje de actores concentrados en insuflar prestigio a su imagen, sea cual sea el motivo pasado al que pretenden renunciar; buscan el aplauso desde todos los frentes, el reembolso económico, el tintineo de los galardones. En Christian Bale confluyen ambas tendencias actorales: de descubrimiento escolar a cabeza principal de superproducciones y experimentos indies, no ha dejado de sorprender a la platea y de reinventar los tópicos sobre su persona, famosa por los estallidos de enfado, los rumores de malos tratos hacia su familia, el método interpretativo cercano a la soberbia.

Dio la vuelta al mundo una grabación que registraba la bronca que Bale dedicaba al director de fotografía en el set de “Terminator salvation” (McG, 2009)—; un total contraste con aquel Bale primerizo de trece años, que en su debut cinematográfico  perdía a sus padres durante los asedios en China durante la Segunda Guerra Mundial. Le convenía la predestinación de Bruce Wayne, otro huérfano de alcurnia que ha conseguido para Bale la comunión entre las ventas millonarias de taquilla y la firma de autor que intenta destilar en proyectos de menor envergadura. Han tenido que pasar muchos años para que Christian Bale se funda con la máscara de Batman y halle una perfecta simbiosis con su controvertido carácter: exagerado, hiperbólico, misterioso como propósito y muy celoso de su vida privada. Otro inglés cabreado en la milla dorada de Hollywood, y las mejores películas de su trayectoria prueban la diversidad de esquinas en esa enigmática existencia.

“Enemigos públicos” (Michael Mann, 2009): Del lado de la ley, pero a medias. Bale asumió el riesgo de interpretar a un personaje impopular para restarse aún más puntos, ese agente del FBI, Melvin Purvis, que diera caza al bandolero John Dillinger durante los años de represión alcohólica y depresión económica. Buscando paralelismos con nuestro tiempo, la película asumiría el romance en verso sobre el antihéroe, o el Robin Hood —aunque Dillinger realmente no delinquía movido por razones tan solidarias como el clásico de la balada—, de manera que las fuerzas del orden enarbolen, de pronto, todos los valores de desconfianza para el público: abuso de poder, rudeza con el desfavorecido, grosera imposición de un reglamento que no beneficia directamente al pueblo, arrebatándole el entretenimiento de los ídolos callejeros que después inspiran al cine. Bale conseguía así un contrapunto impecable al idealismo de Johnny Depp en su Dillinger, y ofrecía puntos de inflexión en un personaje más piadoso y complejo de lo que se espera de un policía interrogador, en una soberbia escena con Marion Cotillard.

“El imperio del sol” (Steven Spielberg, 1987): Unos pasos de foxtrot sobre los polvos de talco desparramados por el suelo. Ése era el más nítido recuerdo de J.G. Ballard la mañana en que descubrió todo revuelto el dormitorio de sus padres en Shanghai, poco antes de que él mismo fuese deportado a un campo de prisioneros ingleses, tiempo de inspiración para su futura carrera literaria. El maestro de la ciencia ficción de las últimas décadas dejó noveladas sus memorias de aquellos meses, llevadas al cine por un Spielberg siempre atento a material sensible. Y a la eficiencia de actores en potencia que acaban desarrollando, casi siempre con buena fortuna, una filmografía de la que enorgullecerse. Christian Bale fue, pues, el escogido para encarnar al pequeño Ballard, o James Graham en el relato, con su uniforme de gorra roja y un afán de superación que el intérprete ha seguido aplicando en todas sus producciones —ese típico gesto de pasmo, con la boca semiabierta—. Un protagonismo de peso —dos horas y media de metraje— para un retrato bélico a la manera Spielberg que se beneficia del humor y la poesía implícita en los recuerdos de Ballard.

“El nuevo mundo” (Terrence Malick, 2005): Una recreación de la historia de la india Pocahontas, después del escaso respeto que despertó la versión de Disney de 1995 —¡en la que Bale doblaba a un personaje!— entre parte del público, sonaba a suicidio —otro más— en la carrera cinematográfica de Malick. Su cuarta película como director resultó ser, no obstante, una sugestiva y profunda reinterpretación de los códigos del paisajismo y las técnicas de relax musical new age, incidiendo en el cómputo de las imágenes y las impresiones sensoriales antes que en los trágicos amoríos de la nativa con John Smith, interpretado por un soso Colin Farrell. La alternativa romántica, o más bien pragmática, para Pocahontas era John Rolfe, un peregrino de buen corazón y papel secundario que Christian Bale abordaba con su repertorio de tristezas y contenida mala leche, en un papel similar al que le correspondió en otro dramón de época más convencional, “La mandolina del capitán Corelli” (John Madden, 2001).

“El tren de las 3:10″ (James Mangold, 2007): No podrá alegarse que faltan desafíos en la filmografía de Bale, quien después de jugársela en manos de alguien tan impredecible como Malick se lanzó a revitalizar otro género impopular: el western que desde principios de los noventa ha ido perdiendo tantos adeptos como entregas de altura. En medio de cierto revival de calidad —a continuación vendría la no menos interesante “Appaloosa” (Ed Harris, 2008)—, Mangold se anticipó a los Coen en la renovación de clásicos menos conocidos del Viejo Oeste y tomó la película de Delmer Daves de 1957 como excusa para visitar los desiertos norteamericanos y plantear un duelo teatral, con telones de escenas de acción y tensión en las siempre memorables y proverbiales estaciones de tren. En esta ocasión, y en contra de lo que inspirarían sus fisonomías y papeles previos, Russell Crowe era el bandido y Christian Bale el pobre y cojo ranchero que acepta vigilarlo antes de que el tren de las 3:10 se lo lleve a un justo castigo en la ciudad. Diálogos de ecos isabelinos y silencios que van forjando una simpatía imprevista y un rico trasfondo de deudas y deberes, que ambos protagonistas se intercambian antes de aprender la dura lección del honor en un territorio amoral.

“Batman begins”, “El Caballero Oscuro” y “El Caballero Oscuro: La leyenda renace” (Christopher Nolan, 2005 y 2008): Y entonces el actor que se había pasado toda la década de los noventa deambulando sin rumbo fijo, entre producciones de época y malos ejemplos de género, consiguió el papel principal de un reboot tan ansiado como temido. Batman había caído en la consideración popular por culpa de Val Kilmer y George Clooney, y la búsqueda de un Bruce Wayne joven y capaz de transmitir sus cuitas existenciales no hacía pensar en alguien tan ajeno al gran mainstream como Bale. Su única concesión a la taquilla, “El imperio del fuego” (Rob Bowman, 2002), pudo haberle impreso la etiqueta de persona non grata para los productores, pero Nolan confió en él, al igual que en “El truco final (El prestigio)”  (2006), como representante de esa dureza a punto de desmoronarse que quería para su Wayne 2.0. Así, físicamente pasó a muscularse y a rascar algo de presencia en pantalla, siempre eclipsada por los secundarios —en especial en “El caballero oscuro” y “El caballero oscuro: La leyenda renace”—, y emocionalmente intentó representar ese dualismo marca Frank Miller, a través de impostaciones de voz y momentos tiernos junto a las féminas de turno —Katie Holmes, Maggie Gyllenhaal y Marion Cotillard— o ante los flashbacks sobre el asesinato de sus padres. El cierre de la trilogía le arrebata uno de los personajes clave de su relanzamiento en el siglo XXI, aunque conlleve la afrenta de ser quien da nombre a la saga… y a la vez el papel menos recordado y remarcado de las tres películas.

“I’m not there” (Todd Haynes, 2007): Como terapia de humildad entre entrega y entrega de dimensiones superheroicas —o quizá consciente de que su relevancia como actor en pantalla transmite una huella más honda a través de lo secundario—, Christian Bale se convirtió en uno de los variopintos rostros álter ego de Bob Dylan en este biopic inconfeso, pero evidente. Su doble correspondía al músico de su primera etapa, cuando con melena eléctrica y armónica pegada a la guitarra rompía expectativas en escenarios ante los que se agolpaban los primeros hipsters y fans. La concentración aparente del intérprete casaba a la perfección con el ensimismamiento de este Dylan impertérrito ante las reacciones ajenas y quienes lo alababan por los contenidos de denuncia en su folk sesentero, eso si no se pasaba con el alcohol y los insultos en público, o se transformaba en pastor católico. Algo de un Bale real, escondido tras la tapadera de otra figura pública, hizo de su interpretación un hecho creíble y en armonía y contraste con los otros cinco Dylans del fantástico y fantasioso retrato imaginado por Haynes.

“The fighter” (David O. Russell, 2010): La estatuilla de tío Oscar® era, a todas luces, uno de los dioses a los que Christian Bale rendía culto en su coto privado. No falta en su currículum, incluso, el tan goloso para los académicos papel de discapacitado mental en “Todos los animales pequeños” (Jeremy Thomas, 1998); pero cuando finalmente pudo sopesarlo entre sus manos fue con otro personaje mentalmente ofuscado, aunque a costa de las drogas en las que cae tras una derrota pugilística y una progresiva pérdida de valía como boxeador. Su Dickie Eklund cedía entonces el testigo en el cuadrilátero a su hermanastro Micky Ward y al Mark Wahlberg que le daba vida. Su físico consumido, que ya había ensayado en ocasiones anteriores, su risa nerviosa, su capacidad para imitar a un colgado, en definitiva, pero a uno que lucha por salir a flote de sí mismo por una causa mejor, convenció a la Academia y confirmó la validez de Bale como actor batidora que une a un mismo tiempo la fisicidad y lo dramático, como había intentado en la también arrabalera, pero de menor repercusión, “Vidas al límite” (David Ayer, 2005).

“Rescate al amanecer” (Werner Herzog, 2006): La suma de elementos marcianos no conlleva necesariamente un maridaje estrafalario; esto sucedió cuando Christian Bale y Werner Herzog se reunieron en una cinta de clásicas hechuras de aventura bélica en Vietnam, con las medidas dosis de acción y de compromiso social con aquella causa inútil, vacua y perdida. El actor debía recordar cuánto había sufrido en los campos de concentración de “El imperio del sol” para este piloto que se estrella en Laos y vive el acoso del Vietcong y de compañeros de encarcelamiento afectados por la locura de la guerra, el idioma desconocido y la pegajosa asfixia de la jungla. Antes que cinta bélica al uso, un estudio de laboratorio para Herzog sobre las personalidades prefabricadas de los soldados, puestas a prueba y al límite de su propia razón en un juego de escapatorias que se va extendiendo hacia un amanecer inalcanzable. Bale demuestra ser un intérprete totalmente apto en papeles que bordean la demencia y la integridad al mismo tiempo, contagiando su inestabilidad al espectador en una película de guerra más estimulante que otra incursión suya en el género como “The flowers of war”  (Zhang Yimou, 2011).

“American psycho” (Mary Harron, 2000): Y para muestra del equilibrio o desequilibrio, según se contemple, entre las apariencias frías y la paranoia desatada tan prototípicas en Bale, este yuppie psicópata que protagonizó y vendió miles de libros en la década de los ochenta. Patrick Bateman es hermoso, rico, hombre de éxito en los negocios, impecable al escoger y vestir los trajes, un exquisito jugador con las mujeres. Aparte, le va el crimen sin motivo y cubierto por fetichismos de filo acerado, plásticos y herramientas eléctricas. Bateman quería zamparse todo el filete de la vida millonaria en Wall Street y los lujos neoyorquinos, confundiendo la satisfacción de sus apetitos con las más insanas e inalcanzables fantasías. La película cosechó cierta polémica, en especial en el circuito comercial estadounidense, por la explicitud de sus escenas de violencia gratuita, sus desnudos y la ausencia moral en un protagonista que no servía para una lección directa de buen comportamiento o adecuado castigo. Mary Harron respetó así el nihilismo presente en la novela original, practicando una desinhibición con notas de humor negro que más tarde perdió definitivamente con otra adaptación literaria, “The moth diaries” (2011).

Enajenación, extremismos físicos y exámenes éticos, las tres señas de identidad de los personajes que suele escoger Christian Bale, a veces resumidos en una sola figura, como “El maquinista” (Brad Anderson, 2004) o su especie de loco saltamontes acosado por post-it que una mano invisible va dejando por su casa. Una estricta dieta a base de latas de atún fue suficiente para que Bale perdiera todos los kilos necesarios y diese más miedo que el argumento de la película, una producción española de Filmax que atrajo a la star internacional. Antes de eso debió cansarle la uniformidad de los jovenzuelos imberbes que le tocaban en el guión, ya fuese en las literarias  “Mujercitas” (Gillian Armstrong, 1994), “Retrato de una dama” (Jane Campion, 1996) o “El sueño de una noche de verano, de William Shakespeare” (Michael Hoffman, 1999), o en algunas desviaciones de la media como en las musicales “Rebeldes del swing” (Thomas Carter, 1993) y “La pandilla” (Kenny Ortega, 1992).

Pero quien había sido Jim Hawkins en una adaptación de “La isla del tesoro” de Stevenson, junto a nada más y nada menos que Charlton Heston, Christopher Lee y Oliver Reed, algo debería haber aprendido de ambiciones, y en ese punto fue donde comenzaron a mezclarse sin orden ni uniformidad sus trabajos más insulsos —¿un thriller de sobremesa?, ¿un “Shaft” (John Singleton, 2000) de gran formato?— y las lanzaderas de prestigio desde principios del nuevo milenio, asociadas a cineastas que confían en la integridad y solidez de Christian Bale como líder de repartos corales. Y si alguien desea diluir de manera equivocada e imprudente la línea separatoria entre el hombre y el intérprete, que medite cuáles podrían ser las razones de Terrence Malick, Christopher Nolan, David O. Russell o Todd Haynes para recurrir a él repetidas veces.


  

En las imágenes: “Terminator salvation” © 2009 The Halcyon Company, Moritz Borman Production y Wonderland Sound & Vision. “Enemigos públicos” © 2009 Universal Pictures, Relativity Media, Forward Pass, Misher Films, Tribeca Productions y Appian Way. “El imperio del sol” © 1987 Warner Bros. “El nuevo mundo” © 2005 New Line Cinema, Sunflower Productions, First Foot Films, Sarah Green Film y The Virginia Company. “El tren de las 3:10″ © 2007 Tree Line Film y Relativity Media. Fotos por Richard Foreman. “El Caballero Oscuro” © 2008 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Syncopy. “I’m not there” © 2007 Killer Films, Endgame Entertainment, John Wells Productions, John Goldwyn Productions y VIP Medienfonds 4. “The Fighter” © 2010 Paramount Pictures, Relativity Media, The Weinstein Company, Mandeville Films y Closest To The Hole.  “Rescate al amanecer” © 2006 MGM y Gibraltar Entertainment. “American Psycho” © 2000 Lions Gate. ”El maquinista” © 2004 Castelao Producciones y Filmax Group. “Mujercitas” © 1994 Columbia Pictures. Todos los derechos reservados.

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7 - quinjet89 - 13:36 - 24.07.13

pedazo de actor no sabia que fuese el niño de el imperio del sol



6 - anita - 13:35 - 24.07.13

mejor dicho odio al actor



5 - anita - 19:16 - 21.03.13

una de sus ultimas peliculas , las flores de la guerra cambio mi forma de ver el cine oriental muy hermosa historia y como siempre su tatento sobresale ante todo , es un excelente actor!!!



4 - anita - 19:13 - 21.03.13

sin dudas este actor sobresale por su talento en la pantalla siempre, mi favorito es siempre las versiones de batman le dio mucha mas alma al personaje. el maquinista es mi pelicula favorita de él aunque tambien el gran truco y american psicho sin su impecable actuacion no hubiera sido la misma. no es un hombre de caracter facil pero no hay que dudar de su profesionalismo. espero que nos siga sorprendiendo !!!



3 - Zed - 2:40 - 30.12.12

De mis actores favoritos en la actualidad,y cierto,es extraño que no aparezca El truco final porque en mi opinión es un peliculón,aparte de esta mis películas favoritas de Bale son El imperio del sol,la impresionante trilogía de Batman,El tren de las 3.10 también me parece una buena película,al igual que el maquinista,The fighter o Equilibrium



2 - adrián - 12:01 - 18.07.12

Sin duda Bale es uno de los mejores actores del panorama cinematográfico pero no se pueden olvidar de películas como “El truco final”, o “Equilibrium”. Esta última la recomiendo para los amantes de la acción y ciencia-ficción.



1 - steph - 16:29 - 17.07.12

Me ha encantado leer este repaso a la carrera de bale, uno de mis actores favoritos. Yo quizá añadiría “el truco final”, a mi modo de ver una gran película que quizá no haya tenido el reconocimiento merecido.




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