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Las mejores películas de Christopher Nolan

Escrito por el 16.07.12 a las 14:34
Archivado en: Directores

Unos se preguntan por qué los otros le detestan tanto. Otros no consiguen comprender por qué los unos le dedican una atención y una pasión que reafirman el concepto de hype. ¿A cuál de esos dos bandos odiados en las corralas escolares pertenece Christopher Nolan: el de los listos o el de los listillos? Para defender lo primero, un jurado abogaría por sus logros comerciales y creativos —esa exigua comunión entre crítica y público—; para aportar pruebas a lo segundo, las facciones de espectadores y especialistas molestos, o no deslumbrados, por la precocidad del cineasta comenzarían a diseccionar las tramas de sus películas, todas ellas regidas por una densidad estructural que esconde, quizá, la enésima bola de vapor.

Ocho películas —y la primera de ellas, “Following” (1998), no ha sido visto por casi nadie— le han bastado para saltarse varios puestos y alcanzar la primera fila de la clase. Pero, ¿es suficiente el ruido del marketing viral, de la expectativa generada por cualquier superhéroe de renombre, sea quien sea que se siente en la silla de director; basta que sus guiones, escritos junto a su hermano Jonathan, inyecten un extra de cargas de diálogo y capas de oscurantismo, visual y emocional, en materiales usualmente considerados ligeros —los héroes encapuchados, los magos, los escamotistas, la fantasía de los sueños—, y que reciban la palmada de nominaciones a premios reservados a géneros más consolidados; alcanzan los tentáculos de toda esa estrategia, con un poco de premeditación y un poco de suerte, al premio gordo del artista que realmente se merece tanto reconocimiento?

Ésa es una cuestión que tras ocho filmes podría empezar a responderse con calma, si bien habrá que comprobar de qué modo el abandono de la factoría Batman afecta a los derroteros cinematográficos de Nolan, quien puede seguir multiplicando por infinito su línea actual o dar la sorpresa en desvíos hacia lo mainstream o lo indie que, algunos, defienden como equilibrio de cristal en toda su obra. Las mejores películas de Christopher Nolan, pues, son todas las paradas en su trayectoria —excepto el debut y el (momentáneo) cierre—, o los mejores argumentos para seguir amándolo o aborreciéndolo. O para matizar impresiones.

“Memento” (2000): Memento mori, “recuerda que vas a morir”, es la expresión latina que pasó a conocimiento popular gracias al título de Nolan, hombre avispado que ya comenzaba a revelar sus recursos como rastreador de la referencia más enrevesada para enunciar lo obvio. En este caso, los recuerdos de un hombre amnésico que se sirve de un mapeado de nombres, palabras sueltas e imperativos a tinta sobre su cuerpo a fin de encontrar al asesino de su esposa. La historia, cuyo truco ya estaba anunciado en alguna variante del póster promocional, adquiría proyección especular, de recuerdo dentro de un recuerdo o de imagen contenida en otra imagen; un flujo de avances y retrocesos —es el problema de la pérdida de memoria a corto plazo: que cada mañana hay que volver a reinventar el puzzle— que jugaba al despiste con el espectador y encubría sus fallos de lógica y lagunas argumentales con una construcción sólida e interpretaciones creíbles. “Recuerda que vas a morir”, susurraba un plebeyo al oído del militar triunfante sobre su cuádriga, mientras los ejércitos y el pueblo de Roma aclamaban su paso. Quién dice que Nolan no escogiera premeditadamente este título para darse a conocer y empezar a amasar sus hordas de fanáticos; para de vez en cuando recordarse a sí mismo que todo éxito es efímero y que el murmullo de la humildad debía quedársele tatuado.

“Origen” (2010): Nadie diría que lo humilde forma parte del ADN de esta vuelta de tuerca a la teoría narrativa especular, que traspasa a atmósferas oníricas —pero en un sentido rígido, el del sueño como fenómeno físico y científico, no como estado de fantaseo— el esquema de thriller planteado en “Memento”. Otro hombre también afectado por la muerte de su mujer se embarcaba en peligrosos embudos de tránsito entre realidad y ensoñación inducida, o quizá no, hasta el límite de que tanto personajes como espectadores llegasen a dudar de las pruebas que certifican que el protagonista se halla dormido o despierto. La película consiguió, de inmediato, lo evidente y lo que hinchas de Nolan anticipan desde las redes sociales: toda una marea de teorías dedicadas a despiezar los fotogramas, las líneas de diálogo y los giros de guion en busca de la clave definitiva —¿la peonza, la alianza?— que quizá ni siquiera exista.

Puede que Nolan de verdad disfrute con el despiste y las incongruencias intencionales; puede que sus proyectos se vuelvan tan ambiciosos que en algún punto se le escapen de entre las manos y adopten su propio y flojo sentido común. Podía fallar como alarde visual que esconde una filosofía manida, pero también fue un thriller ergonómico y un romance melancólico. Eso, y multitud de parodias —quizá lo más divertido fue ver a Betty White explicando el mecanismo de “Origen” en “Community”—, aparte de un inquietante paralelismo y parecido entre esta película y otro estreno del mismo año, “Shutter Island” (Martin Scorsese, 2009). ¿Y si Leonardo Di Caprio es sólo un sueño nuestro?

“El Caballero Oscuro” (2008): Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos. Nolan vuelve a desmarcarse de lo típico y elucubra con alianzas inauditas entre la cultura popular y la alta cultura —que en su día también comenzó como algo pop—; así, para promocionar el fin de su trilogía sobre el vigilante de Gotham, reclama a Charles Dickens y la célebre frase que abre su novela “Historia de dos ciudades” como código medular de este universo cinematográfico que ha unido cómic e intelectualidad —como consiguiera Frank Miller en sus versiones de los ochenta para DC—. La culpa de los encontronazos entre los puntos de vista que definen al cineasta, el caldo de cultivo de muchas envidias y rechazos porque alguien tan joven y capaz tomase un encargo blockbuster y, sin que perdiera ese objetivo, alcanzara también el estadio del prestigio artístico; el responsable del debate es Batman, el héroe más conflictivo dentro y fuera de las viñetas.

Y que con una secuela, dotada de mayores medios y metraje que su predecesora, lograra un hito tras otro, hizo de Nolan el repelente de la clase: de entrada, la ruptura de la regla sobre la pérdida de calidad en las segundas partes; como añadido, atraer a las salas a sectores de población ajenos e incluso contrarios al mundo superheroico, y un Oscar® póstumo a un actor (Heath Ledger) que, además, interpretaba a un villano de cómic. En realidad, Batman pasó a ser lo de menos en una historia que daba preeminencia al Joker y a un incipiente Dos Caras, a la espectacularidad de set pieces sumadas en clímax consecutivos y a la reformulación definitiva de una atmósfera operística, sin el asomo del goticismo de un Tim Burton. Agotadora o enteramente disfrutable, puso el listón muy alto para “El Caballero Oscuro: La leyenda renace”  (2012).

 

“El truco final (El prestigio)” (2006): Este descanso en los rodajes de la saga del Hombre Murciélago poseía mucho de definición y premonición acerca del oficio de Nolan. El cineasta entendido como prestidigitador, como hábil —o simplemente confuso— ejecutante de pases de manos que arrastran la mirada de la nada a la maravilla, sin que los ojos se sientan capaces de analizar el proceso a posteriori. ¿Dónde está el truco? es la pregunta inherente a todo espectador que se sienta frente a Nolan; es la reacción natural de los foros que emprenden batallas dialécticas y aportan pruebas y razones visuales que fundamenten las diversas interpretaciones de sus historias. En el caso de “El prestigio” el espectáculo era diferente, ya que el guion de los Nolan partía de una novela de Christopher Priest con las resoluciones muy bien armadas. Eso no implica que los hermanos decidieran respetarlas: el libro se dividía en una clara bisagra que separaba dos relatos y dos puntos de vista, el de los magos Robert Angier (Hugh Jackman) y Alfred Borden (Christian Bale).

En la película esas dos confesiones iban entrelazándose, como un complicado nudo marinero, para adaptarse a los vaivenes preferidos por el director. Reflotaba otra vez el leitmotiv de la esposa fallecida en trágicas circunstancias y el espesor de (anti)héroes incapaces de rendir un buen tributo a su recuerdo y de ser mejores personas de lo que sus mujeres merecían. Demostró, entonces, ser un artesano en un escenario cuyos fondos podían alterarse —del modernismo postapocalíptico a la cinta de época victoriana— sin que la atención del público se desviase en lo más mínimo de los focos. Luces que difuminan sus defectos y sus trampas, aunque en esta ocasión resaltasen un poco más con un final sorpresa —revelación que en el libro se conocía de antemano— que, a su vez, pretendía desviar la mirada hacia un discurso acerca de las apetencias del espectador y las fases que debe atravesar todo artista para vender su obra y alcanzar el aplauso.

“Batman begins” (2005): Precisamente, donde empezó todo. Aún así, no fue el “Año Uno” de Miller y David Mazzucchelli, tomo de 1987 del que los hermanos Nolan tomaron la narración del asesinato de los padres de Bruce Wayne (Christian Bale) y la insinuación de las amenazas del Joker para la aventura siguiente. Relanzar la franquicia de un superhéroe afectado por una serie de entregas zopencas y clamorosas exigía el toque del prestigio —lo respetable, pero también la culminación de un truco, recuerden—, para el que alguien joven y talentoso como Christopher Nolan podía responder bien. Si fracasaba, nadie se ensañaría con él, un apenas iniciado. Si triunfaba, el estudio le habría hecho un favor a buen precio y mejores rendimientos. Consiguió lo segundo, por supuesto, a pesar de que la apuesta del director no fuese sencilla ni del todo digerible por el seguidor promedio de blockbuster veraniego.

Una larga presentación de Batman antes de encasquetarse la máscara, cuando era un heredero tristón que se va a resolver su crisis existencial en el Himalaya. Allí recibía las enseñanzas, teñidas de frases lapidarias y códigos de honor orientales, de Henri Ducard (Liam Neeson) y Ra’s Al Ghul (Ken Watanabe). A continuación ya se sucedía la anhelada metamorfosis, con sus notas simbólicas —la proverbial caverna de murciélagos—, el humor de su relación el mayordomo (Michael Caine), la presentación de un arsenal remodelado, más basto, varonil, flexible y pretolífero que los de entregas anteriores, y la culminación en una buena pirotecnia final. Primer y esquemático lanzamiento, que perseguía hondura reflexiva, una estética divorciada de los excesos queer y la reforma de las enseñas musicales como un nuevo modo de entender la superproducción estival.

“Insomnio” (2002): O lo que debe sufrir todo cineasta enfrentado a su segunda gran producción tras el elevadísimo eco de su película previa. Y parece, de pronto, una cinta alejada de los preceptos Nolan, salvo por su tendencia al enrevesamiento; apreciación que quizá se deba a que por una vez trabajó con guion ajeno y en el remake de un filme noruego de 1997. Los intereses de su filmografía estaban contenidos en esta tensa vigilancia entre un agente de Los Ángeles, una policía local y un escritor de novelitas de misterio, en el quebradizo marco de una Alaska siempre soleada. Sin embargo, la inclinación a la locura que podría empezar a teñir la relación del protagonista con la realidad, enfrentado a una luminosidad no californiana, perpetua y que le roba el sueño, no llegaba a resaltar tanto como las distracciones de la trama, más cercanas al thriller criminal al uso. Contando con que la yuxtaposición de Al Pacino y Robin Williams resultaba más estimulante como propuesta que vista en pantalla; una ausencia de química que se extendía hacia la tercera en discordia, Hilary Swank, como si todos los reunidos se mantuvieran despiertos a la fuerza, deseosos por marcharse de ese caos. Que venga Leonardo Di Caprio a despertarlos, mientras Nolan continúa soñando y haciendo soñar, o proyectando proyecciones de sus sueños en el subconsciente del público…

En las imágenes: Christopher Nolan durante el rodaje de “El Caballero Oscuro: La leyenda renace” © 2012 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Syncopy. Christopher Nolan durante el rodaje de “Batman begins” © 2005 Warner Bros. Pictures y Syncopy. “Memento” © 2000 Team Todd, I Remember Productions y Newmarket Capital Group. “Origen” © 2010 Warner Bros. Entertainment. “El Caballero Oscuro” © 2008 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures y Syncopy. ”El truco final (El prestigio)” © 2006 Warner Bros. Pictures, Touchstone Pictures, Newmarket Films y Syncopy. “Batman begins” © 2005 Warner Bros. Pictures y Syncopy. “Insomnio” © 2002 Alcon Entertainment, Witt / Thomas y Section Eight. Todos los derechos reservados.

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9 - jonathan quevedo rivera - 6:30 - 04.09.13

Yo e visto peliculas desde que tengo memoria mis sueños serian muy utiles en manos de nolan no tengo la menor duda. La pelicula de inception me paso cuando tenia unos 12 y desperte con unos dedos que me tocaron la frente. No me recordava bastard que vi la pelicula.



8 - LUIS CARLOS - 3:35 - 24.08.13

SON PELICULAS MUY BUENAS DIRIGIDA POR GENTE QUE CONOCE Y SABE EL ARTE DE FILAMACION Y DE COORDINACION DE IMAGENES GUION Y SECUENCIA



7 - Jorge Sotolongo - 19:42 - 23.06.13

Nolan es un maestro, Lo demostro desde su primera pelicula (“Following”) cuyo planteamiento de guion es tan cautivante como el de “Memento”. Siendo un professional no ha escogido solo hacer cine para cinefilos sino enfrentar el medio como lo que es : un medio masivo. Sin embargo, ahi tambien ha dado la talla. Sus proyectos comerciales, al menos los que he visto, son muy inteliugentes y cinematograficos. En fin, un maestro.



6 - Observador - 16:21 - 28.10.12

Me ha parecido una exposicion muy convincente. De la buena manera que esta escrito y expuesto, es un texto grandioso! Me ha gustado mucho leerlo.
Aparecen detalles y maneras de observar las cosas de puntos de vista diferentes.

Se agradece que haya gente que escriba estos comentarios.



5 - matmo - 14:13 - 18.07.12

Junto con Fincher, el director más importante del siglo XXI. No ha habido otro cineasta surgido en estos diez años que llegue a la altura de este británico que con seis películas (más la amateur “Following”, registrada en la década anterior) ha desarrollado una carrera que le consagra como la gran referencia del cine comercial y de calidad de nuestro tiempo. El Spielberg de nuestros días. Y lo mejor es que todavía no se le ven los límites. Recomiendo un excelente análisis que se ha marcado un colega sobre las dos primeras películas de Batman de Nolan: http://elcadillacnegro.com/2012/07/18/el-cine-del-siglo-xxi-vii-batman-begins-y-el-caballero-oscuro/



4 - adrián - 12:06 - 18.07.12

Para mi uno de los mejores directores de la actualidad. Nunca me pierdo sus películas. Junto con Burton, Eastwood y Tarantino elevan el cine a otro nivel.



3 - Abocado - 23:00 - 17.07.12

Pues para mi es el mejor director de la actualidad sin ninguna duda.No tiene una sola pelicula que no sea al menos muy buena(Imsomnia entraria en este lugar pero solo por ser la mas convencional)y todas han tenido el favor de la critica y del publico.Esto ultimo “a pesar” de que sus peliculas tienen guiones oscuros,con una buena carga dramatica en sus personajes y complejos.Gracias a Nolan el cine de super heroes dejo de ser algo visto para niños y adolescentes para ser apreciado por todos.Un gran director que sabe aunar calidad con cantidad y posee varias de las mejores paliculas que he visto y no me refiero solo a las de Batman.
En fin,el mejor director de la actualidad y a la espera de ver The Dark Knight Rises que seguro cerrara de manera brillante una de las mejores trilogias jamas hechas.Saludos.



2 - Ignotus - 16:34 - 17.07.12

esto debería llamarse “Las ocho películas de Christopher Nolan” dado que la lista es limitada.



1 - El Cinéfago - 14:02 - 17.07.12

Es difícil hacer un reportaje sobre los mejores filmes de Nolan cuando todos son en realidad los mejores filmes de Nolan. Y para muestra, este fabuloso reportaje, donde solamente se han dejado su ópera prima en el tintero. Y eso que merece estar en la lista.




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