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Las mejores películas de Chuck Norris

Escrito por el 21.08.12 a las 14:39
Archivado en: Actores y actrices

Todos hemos oído que debajo de su barba hay otro puño, que Dios le pidió permiso antes de hacer la Luz o que ha contado hasta el infinito dos veces, “verdades” compiladas por Ian Spector en un volumen de adquisición imprescindible. En realidad, tras la leyenda se esconde Carlos Ray Norris (Oklahoma, 1940), universalmente conocido como Chuck Norris, un tipo con el suficiente sentido del humor como para reírse públicamente del mito creado en torno a su persona, como demuestra en “Los mercenarios 2” (Simon West, 2012), donde relata una anécdota imposible ante la mirada de unos pasmados Sylvester Stallone y compañía. Además, es lo bastante coherente como para considerarse un experto en artes marciales antes que actor ─entró en el mundillo sugerido por un alumno suyo, un tal Steve McQueen─, lo que quita bastante hierro a la consideración de su filmografía en términos artísticos de cara al panteón eterno del Séptimo Arte mayúsculo. Porque su cine se disfruta sin tapujos ni aspiraciones. Y aquí va un pequeño repaso de lo mejor de su currículo, en forma de fichas intercambiables.

 

“Código de silencio” (Andrew Davis, 1985): Existe un cierto consenso general acerca de que se trata de la mejor película de Chuck Norris. Puede que se deba al buen guion de Mike Gray, Michael Butler y Dennis Shryack, puede que a la buena dirección de Davis ─que posteriormente abriría y cerraría el mejor ciclo cinematográfico de Steven Seagal con “Por encima de la ley (1988) y “Alerta máxima” (1992) ─, puede que a que en este thriller policíaco nuestro protagonista se centra más en el caso que le ocupa que en dar patadas voladoras ─la secuencia de los billares es la única en la que su dominio de las artes marciales luce en todo su esplendor─. Norris es Eddie Cusack, un policía súper íntegro enzarzado en una lucha de bandas mafiosas con la escasa ayuda de Joe Guzala, un cojitranco Dennis Farina y el Prowler, el futuro de la ley antes de que llegara RoboCop dos años más tarde. El malo era el siempre increíble Henry Silva, la niña mona era Molly Hagan. Bien.

“El furor del dragón” (Bruce Lee, 1972): Unos matones están acosando a Chen (Nora Miao) y su tío (Chung-Hsin Huang) para que vendan su restaurante en Roma. Así que solicitan la ayuda de Tang Lung (Bruce Lee), que llega de Hong Kong para evidentemente llevárselos por delante. Los chungos responden llamando a Colt (Chuck Norris), que aparece en escena en el minuto 70 con una camisa impagable para un cuarto de hora después recibir una paliza descomunal del astro chino en el incomparable marco regalado por el Coliseo romano, ante la atenta mirada de un pequeño gatito. La película no vale gran cosa técnicamente ─el apollardado ambiente general linda en ocasiones con el humor tromático, incluso─, pero el combate final entre Lee y un velludísimo Norris ─quien reconocería luego que no podría vencer tampoco en la vida real; una declaración de cara a la galería, seguro─ es una leyenda del cine de artes marciales.

“Furia silenciosa” (Michael Miller, 1982): Chuck Norris coqueteó con el terror y la ciencia ficción en su brutal enfrentamiento con John Kirby (inquietante Brian Libby), mole esquizoide indestructible ─igual sigue en ese pozo…─ por culpa de los experimentos de un trío de doctores rayanos en la inmoralidad entre los que se encontraba el llorado Ron Silver. Quitando vergüenzas ajenas como el papel de Stephen Furst y bobadas como la pizpireta relación de nuestro protagonista con su amada (Stephanie Dunnam), una propuesta muy decente ─con un muy buen prólogo─ que incluso guiña al slasher cada vez que el pavoroso y sanguinario Libby entra en modo aniquilación con una mirada de tarado que tira para atrás. A gozar en sesión doble casera con “El héroe y el terror” (William Tannen, 1988), prima descafeinada y limpia de ésta.

“Golpe por golpe” (Steve Carver, 1981): Vamos a ver… Por mucho que seas Christopher Lee, por mucho que manejes a tu antojo a las tríadas, por mucho que tengas a tu cargo a secuaces de la talla ─física y maligna─ de Toru Tanaka, lo que no puedes hacer es inflarle las narices a Chuck Norris asesinando a su compañero (Terry Kiser) y a su amigota (Rosalind Chao), más aún cuando ella es la hija de su mentor y maestro en artes marciales, un Mako muy, muy exigente que le adoctrina con máximas del estilo «un guerrero no es una cabra montesa». Así las cosas, Norris, Sean Kane en la ficción, que vive en una casa/fortaleza que ha construido con sus manos y tiene un barco y un cochazo ─restaurados por él mismo─, deja voluntariamente el Departamento de Polícia de San Francisco para acabar con un entramado criminal aún a sabiendas del odio que le profesa su Capitán (Richard Roundtree). Un thriller policial pelín largo, pero beneficiado por el encantador ambiente retro-decadente de esos años 70 que se iban para dejar paso a los inolvidables 80. Y por las patadas giratorias del héroe, claro, un hombretón capaz de destilar la misma química con su perro que con la maciza de turno (Magie Cooper), a la que se liga sin despeinarse. Literalmente.

“McQuade, el lobo solitario” (Steve Carver, 1983): Chuck Norris a un lado. David Carradine al otro. Motivos más que suficientes para dejarse llevar por una película cuyo personaje principal se supone es ─o debía haber sido─ el germen del Cordell Walker televisivo. Como hiciese en su anterior colaboración con Steve Carver en “Golpe por golpe” (1981), Norris se mete en la piel de un duro que busca la venganza contra aquellos malditos que han osado tratar mal a los que más le importan. Específicamente su hija, ni más ni menos. ¡Insensatos! Una aventura tranquilamente disfrutable con un guion sencillo, una puesta en escena efectiva y sin problemas, un estupendo enfrentamiento final entre dos iconos populares, y adornos como la belleza de Barbara Carrera ─chica Bond ese mismo año en “Nunca digas nunca jamás”─ y la majetona simpatía de Leon Isaac Kennedy, el gran Too Sweet de la saga “Penitentiary”  (1979-1987). Y todo ello rebozado en ruda suciedad viril y adornado con una banda sonora de Francesco de Masi, que tampoco es tontería.  

“Delta Force” (Menahem Golan, 1986): Primitivo y tosco toque de atención a los enemigos de la tierra de las barras y las estrellas en el que una panda de sudorosos terroristas árabes secuestra un avión lleno de ciudadanos yanquis. A quién se le ocurre. Una joya no es, desde luego, y le sobra bastante metraje, pero en general es un estupendo, violento y embrutecido entretenimiento a gozar sin tapujos ni prejuicio alguno, lleno de citas y secuencias perfectamente festejables en compañía. Aupado por un estupendo tema central electrónico de Alan Silvestri, todo un icono de la era Cannon y un regalo para el incondicional de los repartos titánicos: Norris ─que entra y sale del cuerpo especial del título como le da la gana─, Lee Marvin ─en su última película─, Martin Balsam, Robert Forster, George Kennedy, Bo Svenson, Susan Strasberg, Shelley Winters, Steve James… Cuatro años después, la secuela, “Delta Force 2: The Colombian connection”, con el hermanísimo Aaron Norris tras las cámaras.

“Desaparecido en combate” (Joseph Zito, 1984): Como todo buen action hero del momento que se precie, Chuck Norris dedicó un trozo de su carrera al desastre de la guerra de Vietnam dando vida a uno de sus personajes más populares, el coronel James Braddock, traumatizadísimo veterano ─el tormento de los recuerdos le pesa enormemente durante la parte inicial de la película─ que regresa al infierno para rescatar a un puñado de compañeros dejados a su suerte. Sin más ayuda que la colaboración logística del entrañable M. Emmet Walsh, Norris despliega una parquedad gestual incuestionable mientras descarga su furia contra el demonio comunista en esta Serie B que contó con una precuela superior, “Desaparecido en combate 2” (Lance Hool, 1985), y una secuela, “Braddock: Desaparecido en combate 3” (Aaron Norris, 1988), conformando una trilogía sorprendentemente estable en términos de entretenimiento para quien disfrute del cine sin ofuscaciones prácticamente de ninguna clase.

“Invasión USA” (Joseph Zito, 1985): Maravillosa sublimación del subgénero one man army en el que Norris, Matt Hunter en la ficción, solventa un ataque marxista contra los Estados Unidos comandado por el legendario Richard Lynch, cuyo personaje, Mikhail Rostov, pasará a la historia como uno de los villanos más cobardicas del orbe psicotrónico huyendo constantemente del héroe hasta su volatilización final. Violenta, absurda, profundamente anticomunista ─como anécdota hay que decir que ese mismo año John Milius nos regaló la no menos delirante “Amanecer rojo”─, queda como una de las más recordadas orgías paranoides de la era Reagan. Una adquisición obligada para los videomaníacos amantes de esos VHS bien gordos de Ízaro-Cannon ─entre los que nos encontramos, evidentemente─ en cuyo interior se incluían gloriosos carteles de otras producciones de la época; en este caso, “El tren del infierno” y “El guerrero americano”. Sí señor. «Nadie pensó que podía ocurrir aquí… América no estaba preparada… pero él sí», rezaba el póster de su estreno. Qué maravilla.

“El templo del oro” (J. Lee Thompson, 1986): Uno de tantos exploits nacidos a la sombra de las andanzas de Indiana Jones, y uno de los malos, además. Lo incluimos aquí por la sencilla razón de que se trata de un enfoque más cómico del Norris actor, signifique eso lo que signifique. Y porque la dirige el gran J. Lee Thompson, y porque la co-protagonizan Louis Gosset Jr. y Melody Anderson, por no mencionar que participan en el jolgorio aventurero John Rhys-Davies y los indios Will Sampson ─el colega de Nicholson sobre el nido del cuco─ y Sonny Landham ─uno de los chicos de la patrulla que se enfrentó a cierto depredador en 1987─, este último en el papel del hechicero malvado que le dura al héroe, de nombre Max Donigan, cinco patadas. Exactamente cinco patadas. No vale gran cosa, aunque para pasar una sobremesa nostálgica puede servir ─pero eso sí, las nuevas generaciones se arrancarían los ojos ante lo blanco de su humor y su despampanante espíritu analógico y artesanal─.

Y además… Más allá de su trabajo cinematográfico, Chuck Norris es conocido mundialmente por la serie televisiva “Walker, Texas Ranger”, que entre 1993 y 2001 aportó una catártica sensación de seguridad a los habitantes de Dallas y alrededores gracias a la figura de Cordell Walker, agente majetón pero implacable que junto a su buddy, James Trivette (Clarence Gilyard Jr.), aplicó la ley de la bota en la cara del maloso con considerable éxito en las cajas tontas de medio planeta y parte de la Vía Láctea. Nada especial que decir o reseñar sobre el serial, más allá de que entre los creadores se encuentra el ostensiblemente sobrevalorado Paul Haggis, que por encima de un par de guiones potentes para terceros no ha ofrecido mucho más al respetable. El personaje cuenta también con un par de películas directas para televisión, por si las ocho temporadas se os quedan cortas. No las hemos podido ver, pero seguro que son el no va más. 

Coincidiendo más o menos con el arranque de la serie, la carrera de Norris se enquista cinematográficamente, relegándole a un pseudo olvido fuera de los Estados Unidos ─excepto para los fanáticos de la teletienda, por supuesto─. Curiosamente su leyenda sigue y crece, pero queda muy poco que contar, la verdad. A las órdenes de su hermano Aaron bucea en la caspa más inmisericorde en cosas como “Juntos para vencer” (1992), “Top Dog: El perro sargento” (1995) o “El guerrero del bosque”  (1996), y rueda un puñado de telefilms y Z-movies de acción, la última de ellas nuevamente bajo el mando de William Tannen (“El mediador”, 2005), marcando una pausa hasta este 2012, año de Nuestro Señor en el que el mismísimo Sly ha requerido sus servicios para formar parte del reparto de leyenda de “Los mercenarios 2” ─cuyo personaje, Booker, homenajea al que interpretara en la aburrida “Los valientes visten de negro” (Ted Post, 1978)─. A partir de ahora, a saber; lo bueno es que lo que nos ha dado hasta ahora ya no nos los quita nadie. Además, Chuck Norris nunca morirá, es lo que tiene ser Chuck Norris: dicen que se suicidó en 2003, pero que la Muerte no se atreve a llevárselo… 

En las imágenes: “Código de silencio” © 1985 MGM. “El furor del dragón” © 1972 Concord Productions Inc. y Golden Harvest Company. “Furia silenciosa” © 1982 Columbia Pictures Corporation y Topkick Productions. “Golpe por golpe” © 1981 Adams Apple Film Company, South Street Films y Wescom Barber International. “McQuade, el lobo solitario” © 1983 1818, Lone Wolf McQuade Associates y Topkick Productions. “Delta Force” © 1986 Golan-Globus Productions. “Desaparecido en combate” © 1984 Cannon Group. “Invasion USA” © 1985 Cannon Films. “El templo del oro” © 1986 Cannon Group y Golan-Globus Productions. “Walker, Texas Ranger” © 1993-2001 Amadea Film Productions, CBS Broadcast International, CBS Entertainment Production, CBS Productions, Cannon Television, CBS, Columbia Pictures Television, Columbia TriStar Television, Norris Brothers Entertainment, The Rudy Grief Company y Topkick Productions. “El guerrero del bosque” © 1996 LOT Productions y Nu Image Films. Todos los derechos reservados.  

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3 - claudio portilo - 1:28 - 15.08.13

chuck norris el mejor de todo obiamente despues de la muerte de Bruce lee la mejor pelicula fue la de “MARCADO PARA LA MUERTE” la parate que pelea con el chino gigante y el biejito de silla de ruedas mira =D



2 - miguel - negocios rentables - 5:18 - 24.07.13

Top Dog me encanto habia accion y a mi madre le hizo reir mucho por el perro mas que todo jaja



1 - alvaro perez tarrillo - 23:42 - 26.04.13

chuck norris es el mejor actor del mundo




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