Inicio > Las mejores películas > Las mejores películas de fantasía

Las mejores películas de fantasía

Escrito por el 31.05.12 a las 0:53
Archivado en: Géneros

Los que quedaron insatisfechos con el colorido socarrón de “Blancanieves (Mirror, mirror)” (Tarsem Singh, 2012) disponen ahora de una segunda oportunidad. La clásica fábula popularizada por los Grimm halla texturas de epopeya medieval en “Blancanieves y la leyenda del cazador” (ver tráiler, escenas y making of), una propuesta que mezcla la estrategia comercial de “Alicia en el País de las Maravillas”  (Tim Burton, 2010), el universo referencial de Tolkien según Peter Jackson y una tradición de cuentos de hadas para adultos que vive su revival más intenso en mucho tiempo. Curiosamente, las aproximaciones que la industria lanza desde supuestos enfoques novedosos cada vez se hunden menos en el barro original.

Así, las versiones de moda lucen espectaculares secuencias de batalla o ampulosos escenarios de ensueño; el fondo tras unos personajes que también se adaptan a los nuevos tiempos con secundarios revitalizados y heroínas que ya no aguardan sentadas en los balcones, entre descanso y descanso de tareas domésticas. Por este motivo el cine dispone de su propio libro de cuentos fantásticos personalizados, cuyo índice revela relatos inspirados en fuentes primigenias e invenciones con tanto vigor popular como las narraciones de un Andersen o un Perrault. Hojeemos esa antología para extraer los capítulos más adecuados para adultos que añoran la épica fantástica del medioevo.

“La princesa prometida” (Rob Reiner, 1987): Érase una vez un niño que mandó a hacer gárgaras a su abuelo cuando le escuchó decir: «Érase una vez…» Pero el buen hombre consiguió aderezar su historia con dosis suficientes de piratas, espadachines enmascarados, príncipes déspotas, princesas descerebradas, criaturas acechando en la espesura y duelos al borde de la muerte. Conseguía distraer al muchacho enfermo de los síntomas físicos y de la pulsión por la videoconsola, y al final todos los niños y no tan niños de la sala no podían dejar de gritar «¡Me llamo Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir!» Desde aquella proclama no ha habido película de aura más mítica que ésta, y aunque el tiempo no sea favorable con su apartado de efectos especiales, su pegajosa banda sonora a cargo de Mark Knopfler y las cotas de mordacidad que en la novela de William Goldman eran aún mayores, continúa siendo un cuento maestro.

“En compañía de lobos” (Neil Jordan, 1984): Érase una vez una niña con capucha roja que tenía por abuela a Angela Lansbury y que de camino a visitarla sentía algo muy encarnado y prohibido por el lobo con pintas de caballero dieciochesco. En medio de la fiebre ochentera por la licantropía, Neil Jordan montó la mejor desviación del cuento de Caperucita Roja hasta la fecha, en aras de una caricia oscura y persistente sobre la libido de una chiquilla con ganas de escapar de casa. La dimensión fantástica que le relata su inquietante abuela no propicia un panorama de nubes blancas como el de Goldman, sino un álbum de lienzos siniestros, entre los que se cuentan banquetes de hombres lobo vestidos de punta en blanco, seductores cejijuntos y bosques en los que un alma pubescente puede dar rienda suelta a todas sus pasiones ocultas.

“La bella y la bestia” (Jean Cocteau, 1946): Érase una vez un director de cine francés interesado por un relato de su compatriota Madame Leprince de Beumont, que más adelante la Disney se apropiaría con una versión animada más musical y desbrozada de tenebrismos, pero no menos notable. El sentido de la maravilla de Cocteau, que alcanzaría sus máximas cotas en su ciclo órfico, ya despuntaba en este cuento de hadas gracias a la simbología del folclore del siglo XVIII y ascendencia medieval, los laberínticos jardines en los que vivía atrapada la bestia y en los que acontecía el arrebatador final, y los muros ocupados por brazos anónimos que sostienen candelabros —motivo robado por Andrew Lloyd Webber para su musical “El fantasma de la ópera”—. La excelencia del conjunto queda demostrada en que lo preminente no es la moralina de las bellezas interiores enfrentadas a las interiores, sino la simbiosis absoluta entre las dos. Que el cuento de hadas podía resultar tan adulto, físico y lírico como después alegarían las maravillosas “Las zapatillas rojas” (Michael Powell y Emeric Pressburger, 1948) y “Cisne negro” (Darren Aronofsky, 2010).

“Willow” (Ron Howard, 1988): Érase una vez un enano que, al más puro estilo de Bilbo Baggins en “El hobbit”, veía cómo su apacible rutina en un pueblo de gente como él se venía abajo con la llamada de la aventura. Proteger a un bebé destinado a grandes cosas requería la ayuda de un musculitos con un interior más tierno que una babosa —Val Kilmer en su etapa relajada y decididamente épica—, personajes aún más minúsculos, un poco de magia y la princesa de turno disfrazada de caballero, tomando el relevo de la Éowyn de Tolkien y anticipándose al imaginario de George R.R. Martin en su “Juego de tronos”. Howard demostraba su habilidad para las cintas ligeras y casi despersonalizadas, pero “Willow” reunía tantos agradecidos lugares comunes de la fantasía de los ochenta que estaba llamada a convertirse en clásico. El toque George Lucas en el argumento, el pegadizo tema central de James Horner y el grito “¡Madmartigan!” contribuyeron a ello.

“El señor de los anillos: La comunidad del anillo” (Peter Jackson, 2001), “Las dos torres” (Jackson, 2002), “El retorno del rey” (Jackson, 2003): Érase una vez una afamada trilogía literaria que rozó máximos históricos al rodarse del tirón, hacer rentable una consecución de tres películas en tres años y devolverle a la épica fantástica su prestigio popular, junto con un número de premios Oscar® sólo reservado a unos pocos hitos del panteón de la gloria. La obra de J.R.R. Tolkien no era ni mucho menos un cuento, en formato o componentes, pero las influencias del ciclo artúrico, la mitología céltica y los parajes feéricos de Cornualles planearon sin duda, y con reconocimiento de causa, en su composición y en los referentes visuales de Jackson. La titánica tarea de compendiar miles de páginas en cintas ya de por sí generosas en metraje —no como la breve animación de 1978— se saldó con muchos fans decepcionados y otros tantos subidos a la nueva ola del fantástico medieval. El ascendente que la saga LOTR ha generado sobre la moda de aventuras de gran formato se evidencia en la mismísima Blancanieves de Kristen Stewart: masculinizada como la princesa guerrera que Tolkien recuperase de baladas nórdicas y armada con un escudo de estampa arbórea que recuerda sospechosamente a los estandartes de Rohan. Sin las películas de Jackson, más allá del nivel de satisfacción que como conjunto o de modo individual brinden a cada espectador, no habría sido posible la recuperación del fantástico y de la tonalidad sucia con mucho filtro digital que empezó a cubrir a cintas de corte histórico.

“Cristal oscuro” (Jim Henson y Frank Oz, 1982): Érase una vez un planeta de lodos y cristales brillantes en los que habitaban marionetas completamente alejadas del colorido vitalista y la expresión hiperbólica de los Teleñecos. Esta película afianzó la capacidad del dúo Henson-Oz para lo lúgubre, que ya se había insinuado en la mitología del Yoda de “La guerra de las galaxias”, y que se prolongaría con el largo “Dentro del laberinto” (1986), el programa “El cuentacuentos” (1988) y ciertos pasajes de la serie “Fraggle rock” (1983-1987). La contraposición de la belleza y parsimonia élfica de Jen y Kira y la rocosidad de los villanos de “Cristal oscuro” imponía un relato alejado de los cánones de Disney y Don Bluth. Nada fácil de asimilar como cuento de distracción, y a pesar de ello dotado de una hermosura incontestable. Su lentitud de medios otorgaba una atmósfera extraña al relato, que hoy puede interpretarse como temprano alegato ecologista o como la definitiva turbación de una fantasía en parte humana, en parte animada.

“El laberinto del fauno” (Guillermo del Toro, 2006): Érase una vez una cría demasiado aficionada a los «Érase una vez…». En especial en un tiempo que no guarda espacios para refugiarse en otros mundos, mejores que éste. La guerra civil española, como la crisis económica contemporánea, borró la preminencia de los cuentos de hadas, volviéndolos, paradójicamente, más porosos ante la realidad. Y, como Dorothy Gale, la pequeña Ofelia experimenta ese retroceso a las raíces de las narraciones y su importancia como instrumento codificador y descodificador de un ambiente inhóspito. Sus pesquisas se acercaban más a ese universo sombrío de Jim Henson que a las promesas ofrecidas a princesas vestidas de blanco: en un mundo que se desgarra y sangra, y donde las madres sangran y se desgarran al dar a luz a sus hijos, los ecos macabros de los auténticos Grimm, con notas de Poe, Arthur Machen y Lovecraft, retumban en los oídos de una niña que paga su precio —y obtiene su recompensa— por aferrarse al valor de lo imaginado.

“Lady Halcón” (Richard Donner, 1985): Érase una vez una maldición de tonalidad mitológica griega por la cual el amado se convertía en lobo de noche y la amada en halcón durante el día, de modo que la reunión de ambos bajo forma humana era siempre imposible. La premisa metamórfica no alcanzaba su mejor punto de aprovechamiento, pero había algo delicioso y rockero en ver a Rutger Hauer como capitán medieval y a Michelle Pfeiffer como lady misteriosa y parca de palabras. En medio chancleteaba Matthew Broderick con vestimenta de fraile, ensayando un tanto fuera de lugar las bufonadas que lo harían famoso en comedias adolescentes. Donner equilibraba la aventura con los momentos de balada a lo Robin y Marian, aunque el salto de unos a otros se producía mediante aquellos violentos sintetizadores musicales tan en boga, y cierta gelidez se escapaba de las miradas azules de esa pareja más bien poco romántica y abrazada a la pesadumbre.

“Stardust” (Matthew Vaughn, 2007): Érase una vez una mujer que, harta del papel de doncella cautiva, decidió ser exclusivamente cautivadora y meterse a la peor bruja del reino. Michelle Pfeiffer repetía en el género con esta adaptación de la novela de Neil Gaiman, muy superior a la propuesta fílmica del polifacético Matthew Vaughn. Sin embargo, sustrayéndole la comparación con el original literario, algunas vergonzosas actuaciones de secundarios y su formato casi abocado a la franja horaria de los Grandes Relatos, “Stardust” funcionaba como simpático mix de referentes del fantástico medieval con nuevos añadidos steampunk. La película se dulcificaba allí donde el libro tropezaba con desencantos y pasiones desnudas y libres de brillos románticos. Las ‘gracietas’ y un tanto de apatía en el desarrollo del apartado visual impedían que el conjunto estrechara su mano con la de “La princesa prometida”, para pedírsela en matrimonio a la fantasía inocua de Disney. No obstante, el ritmo era tan intenso como la caída de una estrella, y gustaba verla brillar en una enérgica y recuperada Claire Danes.

“Beowulf” (Robert Zemeckis, 2007): Érase una vez un escritor que, oliéndose la rebaja de carga adulta en la adaptación de una de sus novelas, se embarcó en un proyecto de intenciones opuestas. Neil Gaiman firmó junto con Roger Avary el libreto de esta versión del poema de Beowulf y Grendel, con la que Zemeckis quería demostrar las bondades de la motion capture sin la lacra infantiloide que le había pasado factura en “Polar Express” (2004). Tampoco lo consiguió del todo: las formas resultaban, como en ejemplos previos y en la posterior “Cuento de Navidad” (2009), acartonadas, torpes y feas, pero, para sorpresa del escéptico, el relato se allegaba a secuencias de increíble brutalidad y a un ajamiento psicológico de Beowulf, sometido a pruebas que lo harán decidir entre las frugales satisfacciones humanas y la inmanencia de las leyendas cantadas.

“La Historia Interminable” (Wolfgang Petersen, 1984): Érase una vez un libro infinito que levantó la ceja de muchos —y aún continúa haciéndolo— ante la idea de convertirlo en unos metros finitos de película. La obra maestra de Michael Ende, que, como “Peter Pan”, se mueve entre el homenaje definitivo al acto de narrar historias y el metadiscurso, no tuvo una digna réplica en pantalla grande, pero es que no era material para ello. De modo que lo mínimo consistía en construir un relato más ligero, aun respetuoso con la carga tenebrosa del original y su aire fatalista, tan común a las cintas infantiles de los ochenta. Una versión en clave fantástica del asomo irrefrenable de la madurez, a través del acomplejado Bastian, el indio Atreyu, la casi alienígena Emperatriz Infantil y el dragón Fújur con aires de pekinés post-Chernobil.

“Legend” (Ridley Scott, 1985): Érase una vez un joven mozo que se sometió a la prueba del popular género fantástico para labrarse una porción más de fama entre las nenas. Aquél era Tom Cruise, y Ridley Scott, acorde a su tendencia de rodar productos intrascendentes entre un par de despuntes magistrales, se fue por las ramas con este relato demasiado cristalino y demasiado confiado en la belleza de sus actores y los unicornios como para que la mezcla resultase satisfactoria. No ha sido, pues, la leyenda que aseguraba su título: los nombres de Jack, el apuesto habitante del bosque, y la princesa Lili no han permanecido en la memoria del fan con la misma tinta imborrable que los personajes de otras quimeras. Lograba escenas bellas, pero de esa beldad teñida por lo pagado de sí mismo que también lucen Cruise y Mia Sara, la delicada princesa. Hacía falta un ánima y no sólo un combinado matemático de palabras exóticas, criaturas inexistentes y paisajes cubiertos de hiedras, incluso aunque el final abierto insinúe la permanencia de la oscuridad sobre el triunfo de lo blanco y lo bueno.

“El dragón del lago de fuego” (Matthew Robbins, 1981): Érase una vez uno de los primeros dragones animatrónicos realmente conseguidos, aunque Harryhausen fuese pionero en esto de alimentar fantasías con simuladas criaturas gigantes. La película poseía un espíritu afín a lo que después sería “Taron y el caldero mágico” (Ted Berman y Richard Rich, 1985) y anunciaba los despropósitos efectistas de corte medieval de “Dragonheart (Corazón de dragón)” (Rob Cohen, 1996), pero esta revisión del mito de San Jorge con envoltura disneyana resultaba bastante entretenida, o lo que permitían sus tufos de cuento clasista —la sempiterna contraposición entre nobleza y héroe que surge de la plebe antes de ser olvidado de nuevo—. La partitura del legendario compositor Alex North consiguió una nominación al Oscar®, aunque fuese el único toque de prestigio de una cinta con actores insípidos y aires de futuro videojuego de bar —¿alguien dijo “Dragon’s Lair”?—.

“El secreto de los hermanos Grimm” (Terry Gilliam, 2005): Érase una vez dos hermanos que se dedican a montar y desmontar artificios sobrenaturales, al contrario que el par de la serie “Sobrenatural” (2005). Su prueba de fuego será encontrar un pueblo encantado de verdad, donde una hechicera vive en una torre sometiendo a niñas y doncellas. ¿Puede el inventor de sueños, el escritor de fábulas, ser partícipe del mundo que concibe a partir de la nada? La reflexión de Gilliam no llegaba tan lejos, ni tampoco tan estéticamente lejos como “Las aventuras del barón Munchausen”  (1988), y se quedaba en anti-biografía que convierte a los archifamosos Grimm en detectives de tácticas y entuertos románticos modernos. Por llegar aún más lejos, lejos de la idealización a la que ya fueron sometidos en “El maravilloso mundo de los hermanos Grimm” (Henry Levin y George Pal, 1962) o su compañero “El fabuloso Andersen” (Charles Vidor, 1952). La cara de perdidos de Heath Ledger y Matt Damon se compensaba con la arrebatadora belleza de los trucajes visuales, Monica Belluci y la intrepidez de Lena Headey, hoy más conocida por su Cersei de “Juego de tronos”.

La modernización del cuento clásico no siempre consigue desprenderse de sus capas tradicionales, o lo hace vistiendo otras excesivamente chillonas, caso de esa “Caperucita Roja” (Catherine Hardwicke, 2011) de Amanda Seyfried, que proponía, en medio de la nada adolescente, un divertido y desaprovechado viraje de la trama y una loquísima interpretación de Gary Oldman. A punto de precipitarse hacia lo burlesco, cosa que hacían con intención “Caballeros, princesas y otras bestias” (David Gordon Green, 2010) y “El aprendiz de brujo” (Jon Turteltaub, 2010), la película tomaba el testigo de otros paseos por mundos feéricos con mucho humor y filosofía woman power típica de Disney, como “Por siempre jamás”  (Andy Tennant, 1998), “Hechizada” (Tommy O’Haver, 2004), “Encantada: La historia de Giselle” (Kevin Lima, 2007) y “El secreto de la última luna” (Gabor Csupo, 2008). Lecturas cuya fisionomía se aleja de versiones tradicionales, al estilo de “La zapatilla de cristal” (Charles Walters, 1955), “Piel de asno” (Jacques Demy, 1970) o “Érase una vez” (Olivier Dahan, 2001), para demostrar, no obstante, un alarmante vacío de personalidad y de fe en la poesía del cuento. Siempre queda cometer un despropósito y devolverle al relato su estatus terrorífico, como “Blancanieves: la verdadera historia” (Michael Cohn, 1997), a menos que sólo consiga dar miedo Sigourney Weaver caracterizada como el presentador de “El cuentacuentos”, de Jim Henson.

Como consecuencia del éxito de las sagas de “El señor de los anillos” y “Harry Potter”, los estudios fijaron sus miradas en el filón de la novela juvenil. “Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario” (Andrew Adamson, 2005) y su primera y segunda secuela, “La brújula dorada” (Chris Weitz, 2007), “Percy Jackson: El ladron del rayo” (Chris Columbus, 2009) la franquicia de Luc Besson “Arthur y los Minimoys” o “Un puente hacia Terabithia” (Gbor Csupo, 2007) fueron ejemplos de tropiezos creativos y/o en taquilla, mientras algún intento interesante —“Las crónicas de Spiderwick” (Mark Waters, 200), “Arriety y el mundo de los diminutos” (Hiromasa Yonebayashi, 2010)— y obras magistrales —“Los mundos de Coraline” (Henry Selick, 2009), “Donde viven los monstruos” (Spike Jonze, 2010), “Ponyo en el acantilado”  (Hayao Miyazaki, 2008)— se perdían en medio de una producción masiva.

No puede atrasarse por más tiempo la relación cinematográfica entre el cuento y lo animado; una progresión quizá vinculada a la brevedad de la narrativa oral y a la libertad creativa que permitían los primeros cortos basados en pases de manos visuales —“Barba Azul”, de Georges Méliès— y animaciones del tipo Silly Symphonies. La Disney se ha convertido en tácita poseedora de los derechos universales del folclore feérico —y en la sombra quedan, injustamente, joyas de la animación alemana, checa y rusa—, con su nómina de princesas y el afán por remozar la esencia de la casa en cintas de aliento más tradicional —el segmento de “El soldadito de plomo” en “Fantasía 2000” (varios directores, 1999), o “Tiana y el sapo”  (Ron Clements y John Musker, 2009)— o tocadas por el encanto Pixar “Enredados”  (Nathan Greno y Byron Howard, 2010), que recupera los ecos del cuento medieval—. Dos tendencias llevadas al extremo por la franquicia “Shrek” oLa increíble historia de Caperucita Roja” (Cory Edwards, 2005), en su vertiente del chiste por descontextualización y la mofa; o por el edulcoramiento de Don Bluth en ejemplos como “Pulgarcita” (Bluth y Gary Goldman, 1994) y Michel Ocelot con sus juegos de siluetas —“Príncipes y princesas” (2000)—, imitados de la genial Lotte Reiniger.

A caballo entre la vocación más adulta de “Blancanieves y la leyenda del cazador” y el deseo de esconder los referentes infantiles, algunas películas trasladan el cuento de hadas a lugares atípicos, en busca de una uniformidad narrativa o de escarbar los paralelismos más tenebrosos presentes en el folclore clásico. “Hanna” (Joe Wright, 2011) con “Hansel y Gretel”, o “Sleeping beauty” (Julia Leigh, 2011) con “La bella durmiente del bosque” son últimos intentos por embozar al cuento tradicional; algo que procuran de modo más amable cintas tontas como “Sucedió en Manhattan” (Wayne Wang, 2002) con “La Cenicienta” o retratos adolescentes como en “Beastly” (Daniel Barnz, 2011) y su boceto de bella y bestia. Para irse a parajes aún más fuera de lo común, mejor visitar la tierra de los Teleñecos con el especial “The Frog Prince” (Jim Henson, 1976), “Los sueños de Akira Kurosawa” (Akira Kurosawa, 1990) o el vecindario alternativo de “La joven del agua” (M. Night Shyamalan, 2006).

Y el mito no se detiene: cumpliendo con su papel de trovador, aunque para algunos resulte tan reiterativo y molesto como el bardo Asurancetúrix, Hollywood seguirá cambiando el traje de los cuentos de siempre como a la Barbie con “Hansel y Gretel: Cazadores de brujas” (Tommy Wirkola, 2012), “Jack el caza gigantes” (Bryan Singer, 2013), “Oz: The great and powerful” (Sam Raimi, 2013), “Frozen”, “La reina de las nieves” según Disney con Kristen Bell de dobladora principal; “Maleficent” (Robert Stromberg, 2014), con Elle Fanning —y eso que su hermana Dakota ya posó para Annie Leibovitz como la Bella Durmiente en una de sus famosas series de fotografías— y una Angelina Jolie que, dicen, respetará el diseño clásico de Maléfica; un par de proyectos de acción real sobre “La sirenita” —tras “Un, dos, tres… ¡splash!” (Ron Howard, 1984) y la leyenda de las selkies en “Ondine” (Neil Jordan, 2009)—; y la ya anunciada secuela a esta “Blancanieves y la leyenda del cazador”.

En las imágenes: “Blancanieves y la leyenda del cazador” © 2012 FilmEngine, Roth Films y Universal Pictures. “La princesa prometida” © 1987 MGM, UA y Act III Communications. “Las zapatillas rojas” © 1948 Independent Producers. “En compañía de lobos” © 1984 Palace y I.T.C. “La bella y la bestia” © 1946 DisCina. “Willow” © 1988 Imagine Films Entertainment, Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) y Lucasfilm. “El señor de los anillos: La comunidad del anillo” © 2001 New Line Cinema, The Saul Zaentz Company y WingNut Films. “Cristal oscuro” © 1982 Columbia Pictures. “El laberinto del fauno” © 2006 Estudios Picasso, Tequila Gang y Esperanto Filmoj. “Lady Halcón” © 1985 20th Century Fox y Warner Bros. “Stardust” © 2007 Paramount Pictures y Marv Films. “Beowulf” © 2007 Warner Bros. Pictures, Shangri-La Entertainment e ImageMovers. “La historia interminable” © 1984 Neue Constantin Film, Bavaria Studios y Westdeutscher Rundfunk. “Legend” © 1985 20th Century Fox y Universal Pictures. “El dragón del lago de fuego” © 1981 Paramount Pictures y Walt Disney Pictures. “El secreto de los hermanos Grimm” © 2005 Dimension Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group. “Caperucita Roja (¿A quién tienes miedo?)” © 2011 Warner Bros. Pictures y Appian Way. “Donde viven los monstruos” © 2009 Warner Bros. Pictures, Legendary Pictures, Village Roadshow Pictures, Playtone y Wild Things. “Enredados” © 2010 Walt Disney Pictures. “Sleeping beauty” © 2011 Screen Australia, Magic Films, Screen NSW, Deluxe Australia, Spectrum Films y Big Ears Production. “Hansel y Gretel: Cazadores de brujas” © 2012 Siebzehnte Babelsberg, Gary Sanchez Productions, Metro-Goldwyn-Mayer, Paramount Pictures y Spyglass Entertainment. Todos los derechos reservados.

Escribe tu comentario

AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no representa la de LaButaca.net.

(obligatorio)

(obligatorio; no se mostrará)



5 - quinjet89 - 16:57 - 27.07.13

emmm narnia es una de las mejores tendrian que haberla puesto en destacadas



4 - Angie - 22:35 - 18.01.13

Esperaba dragon heart , mi película favorita de pequeña y la que más recomiendo de fantasía.



3 - Artaios - 16:41 - 23.12.12

“Blancanieves y la leyenda del cazador” “Beowulf” en serio? Os habeis olvidado de la genial película de Erik el Vikingo.



2 - ryoga - 22:03 - 12.11.12

las mejores? si casi nombras todas las que hay… jaja, algunas que nombras como beowulf o el aprendiz de brujo son extremadamente malas… y bueno para mi tambien lo son las del señor de los anillos pero se que formo parte de una pequeña minoria opinando asi, las mejores la historia interminable, el laberinto del fauno y cristal oscuro



1 - Ignotus - 16:45 - 05.06.12

Es dificil contar tantas aventuras de fantasia, pero por lo menos se sabe cual es el rey de todos.




   Las mejores películas de Sandra Bullock
   Las mejores películas de Jodie Foster
   Las mejores películas de Leonardo DiCaprio
   Las mejores películas de Park Chan-wook
   Las mejores películas de Robert Downey Jr.
   Las mejores películas de Gus Van Sant
   Las mejores películas de zombies
   Las mejores películas de Steven Soderbergh
   Las mejores películas de Andrew Niccol
   Las mejores películas de Bryan Singer
   Las mejores películas de Keira Knightley
   Las mejores películas de Sam Raimi
   Las mejores películas de Zhang Yimou

Reportajes más leídos 

   Las mejores películas románticas
   Las mejores películas de ciencia-ficción
   Las mejores comedias
   Las mejores películas de animación
   Las mejores películas de viajes en el tiempo
   Las mejores películas del 2012
   Las mejores películas de género carcelario
   Las mejores películas de fantasía
   Las mejores películas de acción
   Las mejores películas de superhéroes
   Las mejores películas de cine bélico moderno
   Las mejores películas de terror
   Las mejores películas apocalípticas
Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter


 
Mapa del sitio Más secciones Archivo de películas Facebook  Twitter  Google+  RSS
© LABUTACA.NET - Avda. Jacarandas, 2, 722 - 46100 Burjassot, Valencia, España - Telf.: 96 375 58 22 - E-mail: redaccion@labutaca.net
Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos de este sitio sin consentimiento expreso de sus propietarios. Todos los derechos reservados.