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Las mejores películas de gangsters y otros mafiosos del crimen organizado

Escrito por el 07.02.13 a las 19:44
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Prácticamente desde su nacimiento y ascenso al poder al margen de la ley, el cine registró las andaduras del forajido moderno. Los gánsteres han sido retratados en sus muchas variantes —desde el gánster de la ley seca al italoamericano en decadencia, pasando por el rural, el yakuza o el callejero— con nostalgia, reprobación, moralismo, velada admiración y, sobre todo, fascinación. El medio no ha dejado de replicar a las grandes figuras del crimen organizado —Al Capone, John Dillinger, Clyde Barrow, Bonnie Parker y Mickey Cohen han sido llevados a la ficción, entre otros muchos—  y de esa correspondencia han brotado algunas de las mejores películas de todos los tiempos, una lista que hace de este género uno de los más laureados, celebrados y citados con diferencia. A continuación, una selección de hitos mafiosos de la pantalla que todo fan del género no puede perderse.

Marlon Brando en El padrino

“El padrino” (Francis Ford Coppola, 1972) y “El padrino. Parte II” (Coppola, 1974).  Mario Puzo publicó su novela “El padrino” en 1969. Unos años después, la Paramount convencía a Francis Ford Coppola para dirigir su adaptación. El parto de una de las mayores leyendas del cine fue duro: los problemas financieros de la major la urgían a conseguir un éxito cuanto antes, y su relación con el director —que no había sido su primera elección— era delicada hasta el punto de que Coppola estuvo al borde del despido, a lo que hay que sumar la accidentada producción. Pero el final de la historia es conocido: “El padrino” se convirtió en un fenómeno tanto de crítica como de público, siendo durante algún tiempo la cinta más taquillera de la historia y proclamándose triunfadora en los Oscars de 1973. Con el tiempo, ha sido señalada como una de las cumbres del cine, la crónica fascinante, hipnótica y violenta de una familia de la mafia asentada en los Estados Unidos. Todo en ella es prácticamente inolvidable: Marlon Brando y Al Pacino como padrino y heredero respectivamente, James Caan acribillado a balazos, la pistola detrás de la cisterna y la música de Nino Rota meciendo una tragedia que, en su trasfondo, también versa sobre el capitalismo. Dos años más tardes, “El padrino. Parte II” sería una secuela más grande y más compleja que pondría a dialogar los orígenes de los Corleone en su llegada a América—memorable Robert De Niro como el joven Vito— y el relato de un imperio consolidado y amenazado bajo la figura de Michael Corleone (Pacino). En 1990, la trilogía se cerraría con “El padrino. Parte III”, un cierre por debajo de sus dos antecesoras, pero en cualquier caso digno de una gran saga.

Ray Liotta, Robert De Niro y Joe Pesci en Uno de los nuestros

“Uno de los nuestros” (Martin Scorsese, 1990). Si Coppola había narrado al gánster como aires de tragedia griega, con la elegancia y la épica dramática que recorrían sus protagonistas desde los márgenes de la sociedad hasta su control, los mafiosos de Scorsese eran figuras de a pie de calle, tipos violentos e imprevisibles a los que puntuaba la banda sonora como parte del relato pop de la reciente historia de Estados Unidos. De sus varias películas inscritas en el género, quizá “Uno de los nuestros” sea la más redonda. Basada en la historia real de Henry Hill —interpretado por Ray Liotta—, quien formara parte de la familia Lucchese antes de convertirse en informante del FBI, es una de las mejores expresiones del cine de Scorsese: narrativa en primera persona, ritmo frenético, cinefilia a raudales, música ininterrumpida —suenan los Rolling, Derek and the Dominos, The Cadillacs y Aretha Franklin— y Robert de Niro y Joe Pesci encabezando un reparto de grandes actores. En una de las escenas más brillantes que haya firmado el director, los personajes de De Niro, Pesci y Liotta se paran a desayunar en casa de la madre del segundo tras pasar parte de la noche enterrando un cadáver. En otra igualmente mítica, un prodigioso plano secuencia nos lleva junto a los protagonistas a través de la puerta trasera de un restaurante hasta una mesa privilegiada para asistir a la actuación de Henny Youngman.

Vince Barnett, Paul Muni y Ann Dvorak en Scarface, el terror del hampa

“Scarface, el terror del hampa” (Howard Hawks y Richard Rosson, 1932). La instauración del Código Hays de censura en Hollywood a principio de la década de los 30 afectó a no pocos títulos, pero ningún caso es tan conocido como el de “Scarface, el terror del hampa” —”Scarface” en el original, sin el moralista añadido español—. Dirigida por Howard Hawks, producida por Howard Hughes y escrita por Ben Hecht, acabaría convirtiéndose en un clásico pese a los esfuerzos del Código por mutilarla y prohibirla. Lo sorprendente es comprobar hoy la salvaje violencia que irradia la cinta, llena de elecciones magistrales que evitan la evidencia en el plano y por ende, la censura —bolos cayendo como sustitución visual de una masacre—, curtida en una rudeza desasosegante que bien encarna el rostro rajado de Paul Muni. En definitiva, una obra maestra que sería tomada como base por Brian de Palma para otro de los grandes títulos del género, “El precio del poder” (1983).

James Cagney y Edmond O'Brien en Al rojo vivo

“Al rojo vivo” (Raoul Walsh, 1949). Un actor tan versátil como James Cagney, que había aparecido en musicales como “Desfile de candilejas” (Lloyd Bacon, 1933), pasaría sin embargo a la historia por sus personajes de gánster, empezando quizá por el Tom Powers de “El enemigo público” (William A. Wellman, 1931) y el Cody Jarrett de “Al rojo vivo”. Viendo ésta última, cuesta imaginar una interpretación más visceral, más empeñada en crear a un tipo completamente impredecible y atroz, una fuerza de la naturaleza que vive en eterna, violenta combustión. No era la primera gran obra que su director, Raoul Walsh, aportaba el género: en su currículo ya figuraban otras indispensables como “Los violentos años 20″ (1939), en la que aparecía Cagney junto a Humphrey Bogart, y “El último refugio” (1941), en la que el segundo era el protagonista. 

Faye Dunaway y Warren Beatty en Bonnie & Clyde

“Bonnie y Clyde” (Arthur Penn, 1967). Si “Scarface, el terror del hampa” delimita los inicios del código de censura en el cine estadounidense, “Bonnie and Clyde” dejó claro lo obsoleto de un sistema que tocaría a su fin al año siguiente. Basada en los casos reales de Clyde Barrow y Bonnie Parker, amantes atracadores de bancos a los que dieron vida Warren Beatty y Faye Dunaway, la película exhibía una violencia desaforada sin dejar de empatizar con su pareja protagonista, de la que conseguía un profundo retrato emocional. El cruento final podría incluirse sin demasiados problemas entre los más salvajes y agrestes del cine, una orgía de disparos y sangre entre la que se cruzan dos miradas enamoradas.

Lee Marvin en A quemarropa

“A quemarropa” (John Boorman, 1967). Tras un golpe importante, Walker (Lee Marvin) es traicionado por su esposa y su mejor amigo. Dado por muerto en una celda de Alcatraz, años más tarde reaparece para reclamar lo que es suyo y vengarse. En este inmenso thriller de John Boorman, Marvin era un retornado de entre los muertos con una ética férrea en su objetivo de restablecer justicia. “A quemarropa” es noir áspero que recorre un personaje silencioso y metódico, y cuyo argumento sería sujeto a remake en “Payback” (Brian Helgeland, 1999), con Mel Gibson como cabeza de cartel. Perfecta para hacer una sesión doble con “Asesino implacable” (Mike Hodges, 1971), otra gran venganza que tendría su correspondiente —e inferior— actualización en “Get Carter” (Stephen Kay, 2000), con Sylvester Stallone sucediendo a Michael Caine como Jack Carter. Otro ejemplo similar es el de “The outfit” (John Flynn, 1973), con Robert Duvall y a partir de una novela de Donald E. Westlake.

Pulp fiction

“Pulp fiction” (Quentin Tarantino, 1994). Todo un icono de la posmodernidad, “Pulp fiction” ganó el Festival de Cannes y confirmó a Quentin Tarantino como el realizador de culto que hoy sigue siendo. En esta ficción de inspiración pulp se entrecruzaban varios relatos, algunos de ellos relacionados con el crimen organizado. En particular, destacaban las peripecias de los dos matones incorporados por John Travolta y Samuel L. Jackson, obligados a deshacerse de un cadáver no deseado, o forzado el primero a llevar a divertirse a la esposa del jefe de todo esto, Marsellus Wallace (Ving Rhames), con quien a su vez tenía cuentas pendientes un boxeador llamado Butch (Bruce Willis). Una película sobresaliente que significó una temprana cumbre en la carrera de su director, y que ya demostraba su exhaustivo manejo de referentes y su gusto por las narrativas dislocadas.

Al Pacino en El precio del poder

“El precio del poder” (Brian de Palma, 1983). Remake libre del clásico de Howard Hawks, en “El precio del poder” Brian de Palma —vía el guion de Oliver Stone— cambiaba a Paul Muni por Al Pacino, y a Tony Camonte por Tony Montana, inmigrante cubano que llegaba a ser rey de la mafia en Miami. Se trata de una de las actuaciones más recordadas de Pacino, entregado al exceso y la violencia histérica, especialmente en un final hiperbólico en el que Montana se enfrenta en su mansión a un ejército a golpe de ametralladora y la celebérrima consigna de «Say hello to my little friend!». Pocas cintas de gánsteres han creado más culto que ésta ni han lucido en tantos pósteres colgados en las habitaciones de sus fans.      

Érase una vez en América (Once upon a time in America)

“Érase una vez en América” (Sergio Leone, 1984). Dice la leyenda que Sergio Leone rechazó en su día la proposición de dirigir “El padrino” porque quería algún día llevar a cabo su propio drama sobre la mafia. Ese proyecto soñado sería el último que llevara su nombre: una monumental obra —ronda las cuatro horas de duración— que recoge varias décadas para contar la historia de unos amigos que crecen juntos desde la infancia hasta ser Césares del crimen organizado de Nueva York durante los años de la Ley Seca. Un reparto lleno de grandes actores (Robert De Niro, James Woods, Joe Pesci, Danny Aiello), una visión nostálgica pero también dura —la amarga escena de la violación— y una banda sonora sublime de Ennio Morricone hacen de ella una de las grandes obras épicas del género.

Martin Scorsese y Robert de Niro en Casino

“Casino” (Scorsese, 1995). De nuevo con la complicidad de De Niro, Pesci, y de su guionista Nicholas Pileggi, Scorsese desplazó su foco del caso de Henry Hill al de Frank Rosenthal —Sam Ace Rothstein, en la ficción—, un mafioso que durante la década de los 70 levantó su imperio entre los casinos de Las Vegas. “Casino”, introducida con La Pasión según San Mateo de Bach y una explosión, tenía una esencia más trágica y ambiciosa en su narración de dioses cayendo y ruletas girando. De Niro estaba todavía mejor que en “Uno de los nuestros”, y el de Pesci dejaba de resultar un personaje a ratos simpático para ser siempre un incontrolable monstruo. Pero igual de memorables que ellos eran una Sharon Stone haciendo de adicta y llave a la perdición o un James Woods como el ex novio de ésta.

Ciudad de Dios

“Ciudad de Dios” (Fernando Meirelles, 2002). Fue uno de los debuts más sonados de la pasada década. El brasileño Fernando Meirelles llevó la ficción criminal de influencias tarantinianas a las favelas de Río de Janeiro. “Ciudad de Dios” es el nombre de una de ellas, un suburbio en el que la violencia y la muerte es la norma, y en el que Buscapé (Alexandre Rodrigues) trata de sobrevivir al día a día con su sueño de llegar a convertirse en fotógrafo. La ópera prima de Meirelles era tan terrible en lo que mostraba como vívida en la manera de mostrarlo, y se puntuaba además con una extraordinaria banda sonora, a golpe de James Brown, Cartola o Harry Wayne Casey.

Michael Madsen, Harvey Keitel y Steve Buscemi en Reservoir dogs

“Reservoir dogs” (Tarantino, 1992). Un grupo de hombres trajeados avanzan a cámara lenta por una calle mientras suena el tema Little Green Bag de George Baker Selection. Es la primera gran imagen icónica del cine de Tarantino, la que mejor representa esta su primera película, una pieza de cámara violenta, llena de diálogos vibrantes y pletóricos de entusiasmo pop. Steve Buscemi, Harvey Keitel —el principal valedor del proyecto—, Michael Madsen, Chris Penn, Tim Roth, Edward Bunker o el propio Tarantino eran los anónimos atracadores bautizados con colores que se reunían después de que el golpe hubiera fracasado, para sospechar unos de otros sobre quién había sido el delator.

Edward G. Robinson en Little Caesar

“Hampa dorada” (Mervyn LeRoy, 1931). El de Edward G. Robinson es otro de los grandes rostros de la ficción criminal, y el ‘Rico’ Bandello de “Hampa dorada” es, quizá, su papel más recordado —junto al Johnny Rocco de “Cayo Largo” (John Huston, 1948)—. En el amanecer del cine de gánsteres, la cinta de Mervyn LeRoy ofrecía ya el relato de ascenso al poder de un pequeño delincuente que llega a ser el gran capo de la ciudad, con el aliciente añadido de un Douglas Fairbanks Jr. que hacía las veces de amigo arrastrado a su pesar al círculo vicioso de la mafia. Se trata de uno de los primeros clásicos del género.

Ángeles con las caras sucias

“Ángeles con caras sucias” (Michael Curtiz, 1938). Antes de su gran interpretación en “Al rojo vivo”, Cagney ya había dado vida a un criminal que acogía en su regazo a los niños de la parroquia de un sacerdote que fuera su amigo de la infancia. Michael Curtiz era el director de este filme en el que también aparecían Humphrey Bogart, George Bancroft, Ann Sheridan y The Dead End Kids, un grupo de jóvenes actores que el productor Samuel Goldwyn se llevó a Hollywood.

Johnny Depp y Al Pacino en Donnie Brasco

“Donnie Brasco” (Mike Newell, 1997). Mike Newell tomó la senda abierta por Scorsese y descendió a los sótanos de la mafia en el que quizá sea uno de los retratos más crudos de su decadencia, de la obsolescencia hortera pero, a su manera, épica, dos años antes de que David Chase extendiera esa visión en la serie “Los Soprano” (1999-2007). Sorprende que uno de los habituales directores-oficinistas de Hollywood demostrara tanta sensibilidad y amor por sus personajes, particularmente por el Benjamin ‘Lefty’ Ruggiero de Pacino, un gánster en su ocaso que deposita en un agente infiltrado del FBI —Johnny Depp, el Donnie Brasco del título— todo el amor y tristeza por el hijo perdido. 

Vincent Cassel y Viggo Mortensen en Promesas del Este

“Promesas del este” (David Cronenberg, 2007) y “Una historia de violencia”  (Cronenberg, 2005). Dos enfoques distintos sobre la mafia marcaron las dos grandes colaboraciones de David Cronenberg con el actor Viggo Mortensen. “Promesas del este” era un drama ambientado en el submundo londinense de las mafias del este, emocionalmente intensa y sensible como pocas obras del director. “Una historia de violencia” adaptaba la novela gráfica de John Wagner y Vince Locke y era la historia de un padre de familia ejemplar al que, un mal día, le alcanza su pasado para sacar el monstruo que lleva dentro.

Matt Damon y Leonardo DiCaprio en Infiltrados

“Infiltrados” (Scorsese, 2006). Tomando como punto de partida el thriller hongkonés “Infernal affairs” (Lau Wai-keng y Alan Mak, 2002), Scorsese mejoró el original en este remake libre lleno de grandes nombres (Leonardo DiCaprio, Matt Damon, Mark Wahlberg, Alec Baldwin, Martin Sheen, Jack Nicholson) y traiciones a un lado y otro de la ley en la ciudad de Boston. “Infiltrados” le dio el reconocimiento en los Oscars que hasta entonces se le había resistido y fue además un éxito en taquilla, el mayor de su carrera hasta la llegada de “Shutter Island” (2010).

Danny Lee y Chow Yun-Fat en El asesino

“El asesino” (John Woo, 1989). Nombre mayúsculo del cine de acción de Hong-Kong, antes de saltar a Hollywood John Woo firmó un par de títulos que figuran entre los imprescindibles del mismo. “El asesino” es quizá el más conocido, y una inmejorable expresión de su estilo barroco, rimbombante y operístico. Bajo la producción de Tsui Hark, Woo armó este cruce de melodrama y violencia-espectáculo en el que Chow Yun-Fat era un asesino en busca de un último golpe que le permita reparar el daño causado a una cantante, a la que accidentalmente ha dejado ciega en un tiroteo. Danny Lee es el representante de la ley dispuesto a frenarle a toda costa.

Takeshi Kitano en Sonatine

“Sonatine” (Takeshi Kitano, 1993). Otro de los must del cine oriental, en varias ocasiones Kitano ha recurrido al género de los yakuza con ánimo áspero y poesía cruda —véase “Hana-bi. Flores de fuego” (1997)—. La imagen del propio Kitano volándose la tapa de los sesos es la mejor tarjeta de presentación de “Sonatine”, su cuarto trabajo y uno de los más famosos, un perturbador thriller en torno en el que su personaje es enviado a Okinawa para finiquitar una guerra de la mafia japonesa.

Harvey Keitel en Malas calles

“Malas calles” (Scorsese, 1973). El tercer largometraje de Scorsese es el primero que apunta al estilo que definirá al cineasta a lo largo de las siguientes décadas. “Malas calles” olía a asfalto y a club nocturno, y en ella se citaban tipos listos, como Charlie (Harvey Keitel), y otros poco sensatos, como Johnny Boy (Robert De Niro). Las cualidad musical del cine de Scorsese empezaba a gestarse aquí, hasta el punto de que el realizador llegó a emplear buena parte del presupuesto solamente para pagar los derechos de dos canciones de los Rolling Stones. La aparición a cámara lenta del personaje de De Niro, al son de Jumping Jack Flash y entrando en el club colgado de dos chicas, marca el que es seguramente el primer gran momento a recordar en su filmografía. 

Alain Delon en El silencio de un hombre

“El silencio de un hombre” (Jean-Pierre Melville, 1967) y “El ejército de las sombras” (Melville, 1969). Durante la década de los 60, Melville llevó a cabo su propia reformulación del cine negro a través de la austeridad formal de sus imágenes. En “El silencio de un hombre”, ésta tenía en su centro gravitatorio a un Alain Delon taciturno e impenetrable, despojado de connotaciones morales en su papel de asesino a sueldo. En “El ejército de las sombras”, el director ingresaba en el género por la vía de una historia sobre un grupo de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial.

Albert Finney y Gabriel Byrne en Muerte entre las flores

“Muerte entre las flores” (Joel Coen, 1990). Los Coen ya habían pisado el cine negro en su debut “Sangre fácil” (1984), pero en su tercer trabajo reelaboraron directamente el género de los gánsteres con un drama sobre un jefe de la mafia (Albert Finney) y su lugarteniente (Gabriel Byrne) enamorados de la misma mujer (Marcia Gay Harden). “Muerte entre las flores” es uno de sus mejores títulos, una filigrana densa y contundente que lleva el sello de los realizadores, repleta de grandes actuaciones tanto en su triángulo principal como en una galería de secundarios entre los que está Jon Polito o un gran John Turturro, que protagonizaría la siguiente cinta de los Coen, “Barton Fink” (1991).

“Escondidos en Brujas” (Martin McDonagh, 2007) y “Siete psicópatas” (McDonagh, 2012). Una película de gánsteres haciendo turismo en una ciudad de cuento de hadas. También una existencialista, con un humor negro que roza lo insano, con enanos y prostitutas, con un Ralph Fiennes como cabreado jefe de la mafia que acude hasta la población belga para saldar la cuenta que su matón no puede saldar. Así era “Escondidos en Brujas”, insólito debut noir de Martin McDonagh, quizá uno de los mejores directores que han seguido la senda de ciertas claves tarantinianas sin caer en la imitación. Éstas se hacen más explícitas en su segundo trabajo, que llega cinco años después de aquella primera incursión: “Siete psicópatas” es una comedia negra, coral, dolorosa, con gusto por lo meta y un poderoso sustrato metafísico que invita a pensar acerca de nuestro lugar en el mundo. En resumen, dos joyas a no perderse.

Rififi

“Rififi” (Jules Dassin, 1955). Otra cumbre del noir europeo, en esta película de Jules Dassin, Jean Servais era Tony Le Stéphanois, quien tras cinco años de condena sale de prisión con la intención de emprender una nueva vida. Su objetivo, sin embargo, se complica cuando se ve sin recursos y se ve obligado a unirse de nuevo a su antigua banda para preparar el golpe casi imposible a una joyería. Basada en una novela de Auguste Le Breton, el entonces crítico de Cahiers du Cinéma François Truffaut dijo de ella que era la mejor película de gánsteres que jamás había visto.

Sean Penn y Al Pacino en Atrapado por su pasado

“Atrapado por su pasado” (De Palma, 1993). Otra de las grandes piezas de cine negro firmadas por De Palma, “Carlito’s way” —así se llama en su título original— se ubicaba en el mundo de la droga en los años 70. Al Pacino era el Carlito del título, un narcotraficante que sale dispuesto a dejar el negocio pero que encuentra más de un obstáculo para conseguirlo. Estaba basada en dos novelas escritas por Edwin Torres, Juez de la Corte Suprema de Nueva York —que adaptó al guion David Koepp—, y en ella acompañaban a Pacino Sean Penn, Penelope Ann Miller, Luis Guzmán o John Leguizamo, entre otros.

Los intocables de Eliot Ness

“Los intocables de Elliot Ness” (De Palma, 1987). Otro de los grandes mitos del género por muchas razones: por el carismático cuarteto que conformaban Los intocables (Kevin Costner, Sean Connery, Andy Garcia y Charles Martin Smith); por ofrecer a Robert De Niro haciendo del mismísimo Al Capone; por otra gran banda sonora de Ennio Morricone; por los memorables créditos iniciales; y por la secuencia del carrito de bebé cayendo por las escaleras, momento magistral para el que De Palma se inspiró el pasaje de las escaleras de Odessa de “El acorazado Potemkin”  (Sergei M. Einsenstein, 1925).

Lucille M. Oliver y Christopher Walken en El rey de Nueva York

“El rey de Nueva York” (Abel Ferrara, 1990). En el cine, muchos de los gánsteres que regresan a las calles tras pasar una temporada a la sombra, lo hacen pensando en emprender vidas nuevas y alejadas del crimen. No es el caso del Frank White de Christopher Walken en “El rey de Nueva York”, un capo de la droga que vuelve al negocio determinado a eliminar a la competencia y reinar de nuevo. Una de las obras más celebradas de Ferrara, en la que también estaban Steve Buscemi, Wesley Snipes o Giancarlo Esposito, entre otros. 

Tom Hanks en Camino a la perdición

“Camino a la perdición” (Sam Mendes, 2002). Tras el triunfo de “American beauty”  (1999), Sam Mendes abordó en su segunda incursión tras la cámara la adaptación de la novela gráfica de Max Allan Collins y Richard Piers Rayner. El resultado es una de las películas de gánsteres más pulcras e impecables a nivel formal, pura filigrana estética en la que todo está medido —demasiado, quizá— al milímetro y en el que la música de Thomas Newman se esfuerza por elevar las imágenes a niveles de poesía sublime. Si bien la perfección deslumbrante de “Camino a la perdición” esconde pocas vísceras, le sobra corazón para dejar escenas imborrables como la que comparten Paul Newman y Tom Hanks al piano.

Snatch. Cerdos y diamantes

“Lock & stock” (Guy Ritchie, 1998) y “Snatch. Cerdos y diamantes” (Ritchie, 2000).  Ya hablamos de ello en un reportaje anterior. Las comedias negras de los bajos fondos del director británico Guy Ritchie podrían ser en sí un subgénero propio. “Lock & stock” y “Snatch” generaron un enorme culto a su alrededor gracias a su heterogénea galería de singulares gánsteres —un apostador que ha perdido algún que otro dedo, un gitano que no vocaliza o un ruso que no muere nunca—, sus enredos monumentales y su tendencia al cool noir aderezado con dos de esas bandas sonoras que no se resisten a ser escuchadas una y otra vez. 

Johnny Depp en Enemigos públicos

Más películas de gánsteres.  El famoso ladrón de bancos John Dillinger ha sido otro de los grandes retratados del género, en “Dillinger, enemigo público nº1″ (Max Nosseck, 1945), “Dillinger” (John Milius, 1973) o “Enemigos públicos” (Michael Mann, 2009), en la que era Johnny Depp quien le interpretaba. Otros acercamientos a casos reales del crimen organizado son, por ejemplo, “American Gangster” (Ridley Scott, 2007) con Frank Lucas, “Bugsy” (Barry Levinson, 1991) con Bugsy Siegel o “Gomorra”  (Matteo Garrone, 2008) con la camorra napolitana, adaptando la terrorífica novela de Roberto Saviano. En la línea de Scorsese, cabe destacar a De Niro como uno de sus aprendices, en “Una historia del Bronx” (1993), mientras que del periodo clásico no podemos dejar de mencionar títulos como “Bajos fondos” (Samuel Fuller, 1941), “G Men contra el imperio del crimen” (William Keighley, 1935), “Los sobornados” (Fritz Lang, 1953) o, ya en la intersección con la comedia, “Con faldas y a lo loco” (Billy Wilder, 1959).

Al Pacino en Dick Tracy

De la cosecha oriental, también son merece la pena rescatar las coreanas “The Yellow Sea” (Na Hong-jin, 2010) y “El hombre sin pasado” (Lee Jeong-beom, 2008), así como la serie japonesa que Kinji Fukasaku dedicó a los yakuza, empezando por “Battles without honor and humanity” (1973). Tampoco cabe olvidar el drama a pie de calle de la australiana “Animal Kingdom” (David Michôd, 2010), o las dos grandes aportaciones de Roger Corman al tema, “La masacre del día de San Valentín” (1967) y “Mamá sangrienta” (1970). Para recurrir a la prehistoria de la mafia, la película indicada es “Gangs of New York” (Scorsese, 2002); para una cinta con el gánster como relato legendario, “Sospechosos habituales” (Bryan Singer, 1995); y para ver a gánsteres de cómic, “Dick Tracy” (Warren Beatty, 1990). Por último, en el cruce con el policíaco, se quedan en el tintero obras maestras como “Atraco perfecto” (Stanley Kubrick, 1956), “Contra el imperio de la droga” (William Friedkin, 1971), “Heat” (Mann, 1995) y “La noche es nuestra” (James Gray, 2007).

En las imágenes: “El padrino” © 1972 Paramount Pictures y Alfran Productions. “Uno de los nuestros” © 1990 Warner Bros. Pictures. “Scarface, el terror del hampa” © 1932 The Caddo Company. “Al rojo vivo” © 1949 Warner Bros. Pictures. “Bonnie y Clyde” © 1967 Warner Brothers/Seven Arts y Tatira-Hiller Productions. “A quemarropa” © 1967 MGM. Imagen promocional de “Pulp fiction” © 1994 A Band Apart, Jersey Films y Miramax Films. “Scarface” © 1983 Universal Pictures. “Érase una vez América” © 1984 The Ladd Company, Embassy International Pictures, PSO International y Rafran Cinematografica. “Casino” © 1995 Universal Pictures, Syalis DA, Légende Entreprises y De Fjna-Cappa. “Ciudad de Dios” © 2002 O2 Films, VideoFilmes, Globo Filmes, Lumiere, Wild Bunch, Hank Levine Film y Lereby Productions. “Reservoir dogs” © 1992 Live Entertainment y Dog Eat Dog Productions Inc. “Hampa dorada” © 1931 First National Pictures. “Ángeles con caras sucias” © 1938 Warner Bros. Pictures y First National Pictures. “Donnie Brasco” © 1997 Mandalay Entertainment, Baltimore Pictures y Mark Johnson Productions. ”Promesas del Este” © 2007 Focus Features, BBC Films, Kudos Pictures, Serendipity Point Films y Scion Films. ”Infiltrados” © 2006 Warner Bros. Pictures, Plan B, Initial Entertainment Group, Vertigo Entertainment y Media Asia Films. “El asesino” © 1989 Film Workshop, Golden Princess Film Production Limited, Long Shong Pictures, Magnum Films y Media Asia Group. “Sonatine” © 1993 Bandai Visual Company, Shouchiku Co., Shôuchiku Eiga y Yamada Right Vision Corporation. “Malas calles” © 1973 Warner Bros. Pictures y Taplin-Perry-Scorsese Productions. “El silencio de un hombre” © 1967 CICC, Fid Cinematografica, Filmel y TC Productions. “Escondidos en Brujas” © 2008 Blueprint Pictures, Focus Features, Film4 y Scion Films. ”Muerte entre las flores” © 1990 Circle Films y Twentieth Century Fox Film Corporation. “Rififi” © 1955 Pathé Consortium Cinema, Indusfilms, Societé Nouvelle Pathé Cinema y Primafilm. “Atrapado por su pasado”  1993 Universal Pictures, Epic Productions y Bregman/Baer Productions. “Los intocables de Elliot Ness” © 1987 Paramount Pictures. “El rey de Nueva York” © 1990 Reteitalia, Scena International, Caminito y The Rank Organisation. ”Camino a la perdición” © 2002 Twentieth Century Fox, DreamWorks Pictures y Zanuck Company. “Snatch. Cerdos y diamantes” © 2000 Columbia Pictures Corporation y SKA Films. ”Enemigos públicos” © 2009 Universal Pictures, Relativity Media, Forward Pass, Misher Films, Tribeca Productions y Appian Way. “Dick Tracy” © 1990 Touchstone Pictures, Silver Screen Partners IV y Mulholland Productions. Todos los derechos reservados.

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6 - david - 18:08 - 16.07.14

gangsters of New York



5 - gonzalo - 23:32 - 06.07.14

muy buenaa estaa paginaa chee !!!



4 - jorge uribe alvarez - 21:27 - 06.05.14

SIN DUDA, LOS MEJORES FILMS DE ESTE GENERO SON LA TRILOGIA DE EL PADRINO Y UNA OBRA IMPRESIONANTE DE SERGIO LEONE…..ERASE UNA VEZ EN AMERICA.
JORGE URIBE ALVAREZ, ESPECIALISTA EN CINE.



3 - Raul - 0:36 - 15.03.14

Yo incluiría El Profesor de Giussepe Tornatore, Los Secretos de la Cosa Nostra, por ejemplo



2 - papo - 21:59 - 01.01.14

El infierno de Luis Estrada es una pelicula que no puede faltar



1 - Joaquim - 15:19 - 12.02.13

Yo incluiría “Inside Job(2010)” y “Wall Street: El dinero nunca duerme(2012)”.

Dicho esto, respecto a “Gangster Squad(2012)”, ha servido almenos para sentir nostálgia de “Dick Tracy(1990)” y “Los Intocables(1991)” XDXDXD




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