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Las mejores películas de hombres lobo

Escrito por el 11.07.12 a las 21:11
Archivado en: Géneros, Personajes

La luna influye en las mareas, en los partos, en los estados de ánimo. Y transforma en lobo a algunas personas. Considerado por todos como uno de los símbolos clave del fantástico de todos los tiempos, el hombre lobo o licántropo, nacido en el folclore tradicional de abundantísimas culturas a lo largo y ancho del globo, ha sido objeto de innumerables tratamientos literarios y cinematográficos. Ligado de modo indisoluble a elementos como su aversión a la plata, la asociación de su mutación a los ciclos de luna llena o su relación de forzosa dependencia con el vampiro, la figura peluda que aúlla entre el socorro y el romanticismo, lamentando la dualidad de su situación pero también celebrando la salvaje libertad de que puede gozar ajeno a su esencia humana por unas horas, nos ha hecho disfrutar de lo lindo en la oscuridad de una sala de cine. He aquí un pequeño homenaje al más velludo de nuestros ídolos a través de un escueto repaso de algunos títulos clave. Aportad lo que echéis en falta.

“La maldición del hombre lobo” (Terence Fisher, 1961): Fantástica propuesta licantrópica del maestro Fisher que bebe en parte de la novela de Guy Endore y que regaló a Oliver Reed, Leon Corledo en la ficción, el papel que necesitaba para convertirse en una estrella mundial. Técnicamente estupenda, destaca además porque aquí la maldición no viene de una mordedura directa, sino de la violación de una sirvienta (Yvonne Romain) por parte de un mendigo (Richard Wordsworth), resultando un bebé que nace con lo que deja de ser una maldición para convertirse en una enfermedad, explotando inevitablemente pese al mimo con que es educado por un adorable Clifford Evans. Años después, Freddie Francis le haría ojitos a este clásico con “La leyenda de la bestia” (1975), en la que una manada liquida a una familia pero cría al nene que deja huérfano. Aun siendo menor que aquella, resulta de lo más recomendable para un programa doble de nostalgia desatada.

“En compañía de lobos” (Neil Jordan, 1984): Otro gran cineasta que decidió aportar su granito de arena al género peludo. De hecho, la jugada, onírica e hipnótica adaptación de la fábula de Caperucita ─aunque basada en la obra de Angela Carter─, puso al director en el punto de mira internacional. Maravillosamente extraña, perversa, el mundo de cuento que presenta fascina por lo evidente y por sus insinuaciones simbólicas, en una propuesta repleta de hallazgos visuales, musicales, técnicos y narrativos rematada por las fabulosas interpretaciones de Sarah Patterson y Angela Lansbury. Por supuesto, el circuito festivalero se rindió a la película en Sitges, Oporto, Roma y Avoriaz, además de contar con suculentas nominaciones a los BAFTA. Una gozada que seduce y aterra con su discurso sobre el fin de la inocencia y que treinta años después sigue sacando los colores a infamias como “Caperucita Roja (¿A quién tienes miedo?)” (Catherine Hardwicke, 2011).

“El hombre lobo” (George Waggner, 1941): La película que convirtió el personaje en un icono del séptimo arte. Seis años antes el estudio Universal había tocado el tema en “El lobo humano” (Stuart Walker, 1935), aunque fue la historia protagonizada por Lon Chaney Jr. la que se coló en el panteón de los clásicos imperecederos casi de modo inmediato. Maravillosamente atmosférica, beneficiada de un estupendo guion de Curt Siodmak y adornada por secundarios de lujo como un Bela Lugosi pre-abismo en la piel del gitano culpable de todo y Claude Rains dando vida al padre de Larry Talbot, una propuesta que cambió para siempre el significado de la luna llena en el corazón de los espectadores. Chaney, que impactó poderosamente por su transformación ─innovadora entonces, desarmantemente entrañable hoy─ repitió en “Frankenstein y el hombre lobo” (Roy William Neill, 1943), “La mansión de Frankenstein” (Erle C. Kenton, 1944) y “Abbott y Costello contra los fantasmas” (Charles Barton, 1948).

“Aullidos” (Joe Dante, 1981): El infinito Roger Corman auspició a uno de sus pupilos, nuestro querido Joe Dante, para regalarnos esta joyita en el que la icónica Dee Wallace Stone trataba de sacudirse sus traumas post-acoso fan ─culminado en una mutación capada en un sex shop─ en el campamento de Patrick McNee, cuyo personaje respondía al nada disimulado nombre de Robert Waggner. Cameos y papelitos para todos ─Corman, Dick Miller, John Sayles, John Carradine, Forrest Ackerman…─, buenas y dolorosas transformaciones y un nuevo ejemplo de que el género fantaterrorífico se estira como ningún otro es capaz de hacerlo: hasta siete secuelas, la última de ellas filmada en 2011 y en constante caída artística, siguieron a un título que en su día marcó una pauta a seguir. Ojo, nada que ver con la saga tiene “Aullidos”  (Nick Mastandrea, 2006), caspilla insustancial protagonizada por la machota Michelle Rodriguez enfrentada a una manada de perros salvajes. Cosas de la traducción en nuestro país.

“Un hombre lobo americano en Londres” (John Landis, 1981): Cuando aún estaba en plena forma, Landis filmó esta aventura de terror ─que había escrito una década antes─ con abiertos tintes cómicos y un peculiar e inteligente uso de la banda sonora que con el tiempo se ha convertido por méritos propios en una verdadera obra de culto. David Naughton está estupendo como el sufrido protagonista torturado por la maldición y por las viscerales apariciones de un gran Griffin Dunne, en una película que forma parte de la Historia mayúscula del cine por haber impulsado la creación de la categoría del Oscar® al Mejor Maquillaje gracias al aún hoy impresionante trabajo del artesano Rick Baker, cuyas salvajes transformaciones permanecen grabadas a fuego en la retina de los aficionados. En 1997, Dirk Maggs se encargó de una adaptación radiofónica para la BBC; ese mismo año, Anthony Waller dirigió una especie de secuela directa a vídeo, la olvidable “Un hombre lobo americano en París”.

“Lobos humanos” (Michael Wadleigh, 1981): Título de culto con todo merecimiento, la única aproximación del documentalista Michael Wadleigh al cine de ficción se distingue de todo su catálogo de hermanas desde su osado enfoque de thriller ecológico y reivindicativo. La investigación del asesinato de un empresario saca a la luz la existencia de una suerte de etnia india que vive al margen de la sociedad alimentándose de mendigos y vagabundos, individuos invisibles para la sociedad del progreso, que atenta constantemente contra la Madre Naturaleza y contra sí misma. Además de regalar escenas de alto impacto y un repartazo fabuloso (Albert Finney, Gregory Hines, Tom Noonan, Diane Venora, un fantástico Edward James Olmos…) incorporó una sugerente visión subjetiva, elemento habitual en el género pero aquí presentado desde unos magistrales movimientos de cámara que se mantienen en plena forma en la actualidad. Obligada y reivindicable, más aún por su absurda condena al olvido. 

“La marca del hombre lobo” (Enrique López Eguiluz, 1968): Paul Naschy, al que siempre echaremos de menos, despertó el interés por el género en España ─y las alabanzas más allá de nuestras fronteras─ con su legendaria interpretación de Waldemar Daninsky, personaje que siempre quedaría ligado a su persona y al que daría vida once veces más. Más pasión y ganas de innovar que presupuesto y medios ─técnicamente la película tira por la tangente con unos riesgos casi vanguardistas en su momento─ en una propuesta en la que al protagonista le crecen los enanos, porque si no tuviese bastante con la maldición que le cae encima decide pedir ayudar a un médico y su esposa (Julián Ugarte y Aurora de Alba) que resultan ser dos vampiros, con los que librará una épica y tremebunda batalla final. Imprescindible, en una palabra.  

“Ginger Snaps” (John Fawcett, 2000): Las chicas son guerreras en esta acertada metáfora sobre la pubertad, sorprendentemente violenta y que los seguidores han tenido a bien elevar a la categoría de culto, o casi. Buenas interpretaciones de las figuras centrales, dos hermanas aburridas de todo a las que dan vida Emily Perkins y Katharine Isabelle ─esta última, la Ginger del título─ que se ganan rápidamente el afecto del morboso espectador desde la misma secuencia inicial, que deja claro que no son las típicas niñas de producto teen, ni mucho menos. Como no podía ser de otra forma, el éxito ─relativo, pero considerable dentro de sus parámetros comerciales─ generó dos películas más, “Ginger Snaps: Los malditos” (Brett Sullivan, 2004) y “Ginger Snaps: El origen” (Grant Harvey, 2004), que no sólo mantuvieron a su pareja protagonista sino que también aguantaron el nivel con correcta efectividad. Quienes gocen de las siluetas de féminas de colmillos largos y cuerpos pilosos pueden ampliar más campo con “La loba” (Rafael Baledón, 1965), con la charra de leyenda Kitty De Hoyos dando botes y arrancando corazones, o “Mi madre es una mujer lobo” (Michael Fischa, 1989). O echar un (otro) visionado a las andanzas de Stirba, ese zorrón…  

“El bosque del lobo” (Pedro Olea, 1970): La otra gran aportación patria a este listado, con el aliciente de estar inspirada en un hecho real como la vida misma. A partir de la novela “El bosque de Ancines”, de Carlos Martínez-Barbeito, Olea filmó la historia del lobisome Benito Freire, buhonero epiléptico con tendencia a liquidar a los paseantes a los que acompañaba por los parajes de la zona; visto hoy en día, este drama de horror aún agarrota por su brutal puesta en escena y por la descarnada interpretación de un salvajísimo José Luis Lopez Vázquez, que sin incurrir demasiado en el fantástico tiene su merecido lugar en el corazón de los aficionados gracias a Freire y al pobre hombre encerrado en la cabina de Antonio Mercero. En 2003, dentro del por entonces activo proyecto Fantastic Factory, Paco Plaza dirigió la regular “Romasanta. La caza de la bestia”, hermanada con “El bosque del lobo” al tratar la licantropía de un modo clínico como enfermedad mental también a partir del caso de Manuel Blanco Romasanta. Y hay que destacar la afición del cine nacional por el bosque gallego, como subraya la reciente y estimable “Lobos de Arga” (Juan Martínez Moreno, 2011).

“Una pandilla alucinante” (Fred Dekker, 1987): El desgraciadamente poco prolífico tras las cámaras Fred Dekker se unió al palomitero guionista Shane Black para homenajear a las leyendas de la Universal con una película cuyo encanto ha trascendido a su propio tiempo, con un grupete de chavales haciendo frente a una de esas geniales reuniones en la que pululan Drácula, el monstruo de Frankenstein, Van Helsing, la momia, la criatura de la Laguna Negra y, por supuesto, el hombre lobo ─bastante más difícil de matar de lo habitual─, interpretado por Carl Thibault. Toneladas de nostalgia, guiños infinitos a los fans y el aroma de un tiempo que se fue para no volver; eso sí, se lleva años hablando de un remake impulsado por Rob Cohen. Vaya usted a saber. Para disfrutar en una sesión doble de lo más esquizoide con otro cocktail más cañí: “Buenas noches, señor Monstruo” (Antonio Mercero, 1982), protagonizado por el grupo Regaliz. Es broma. O no.

“Eclipse total” (Anthony Hickox, 1993): Pintoresca y divertida película de acción producida para el mercado televisivo ─aquí llegó a los cines, sic─ dirigida por el hijo de Douglas Hickox, que presentaba a una fuerza de élite de la policía que mutaba en bestias velludas por vía intravenosa. Más cerca del Lobezno marvelita que de una historia de licántropos al uso ─ahí están, por ejemplo, las garras retráctiles─, una aventura entretenida y protésica que potencia sus virtudes a posteriori al rodarse en ese secarral que fue la década de los 90. Además, exigencias aparte ─su espesor sigue siendo su traba principal─, como buena serie B de colorines contó con nombres de lo más valorables por el adicto al buceo entre estanterías de videoclub, como Mario Van Peebles, la fugazmente popular Patsy Kensit, el siempre agradecido Dean Norris o el gran Bruce Payne, este último, lógicamente, en el papel del chungo principal. No es poca cosa.

Y además… Es imposible no nombrar, aunque solamente sea por su desopilante relevancia industrial, “La saga Crepúsculo” (2008-2012), que a través de cinco películas adapta las cuatro novelas de Stephenie Meyer y que ha puesto patas arriba la taquilla internacional de los últimos años con los amores y desamores de Bella Swan (Kristen Stewart), Edward Cullen (Robert Pattinson) y Jacob Black (Taylor Lautner), este último en el papel de un licantropito que justifica su presencia en este texto; pero también hay que reseñar que hormonas juveniles y carreras bajo la luna cuentan con precedentes igualmente casposos pero más cordiales, como “Yo fui un hombre lobo adolescente” (Gene Fowler Jr. 1957), protagonizada por un Michael Landon aún lejos de la casa de la pradera y la autopista celestial, o el díptico formado por “Teen Wolf: De pelo en pecho” (Rod Daniel, 1985) y “Teen Wolf Too: De pelo en pecho 2”  (Christopher Leitch, 1987), con Michael J. Fox y Jason Bateman popularizándose enormemente en el instituto gracias a sus accidentalmente adquiridas virtudes lobunas. Aullar y ligar, todo es empezar.

Aunque es justo reconocer el mérito de Universal a la hora de configurar y establecer el hall del terror clásico, no lo es menos reseñar un par de muestras de su reverso tenebroso. En 2004, el cachondo de Stephen Sommers, que ya convirtió en un carrusel multisalas la figura de la momia, dirigió “Van Helsing”, supuesto tributo a los grandes del blanco y negro pero en realidad armatoste trash con Hugh Jackman, el Lobezno cinematográfico, a la cabeza; dentro de esta estruendosa bobada, extendida en la precuela animada “Van Helsing: Misión en Londres” (2004), el licántropo de turno, esbirro del Conde Drácula, corría a cargo de Will Kemp. El otro gran desastre reciente del estudio es “El Hombre Lobo” (2010), ignominioso remake del título seminal de 1941 que no merece compartir párrafo con aquél. Un rodaje lleno de problemas y cambios, iniciado por Mark Romanek pero finalizado por uno de los chicos para todo de California, Joe Johnston, da como resultado un funesto intento de recuperar la esencia del género dorado; en esta versión, Benicio del Toro es Larry Talbot, Emily Blunt es Gwen Conliffe y un perruno y senil Anthony Hopkins es Sir John Talbot. Muy mal. Una pena.

Más penas, producciones que pudieron ser y no fueron: “Lobo” (1994). Mike Nichols, Michelle Pfeiffer, Jack Nicholson, Rick Baker… no podía pintar mejor, más aún teniendo un buen guion firmado por Jim Harrison. Pero el director decidió olvidarse de su oficio tras las cámaras para ofrecer una puesta en escena de domingo después de comer y una narrativa geriátrica, echando por tierra lo que debería haber sido una delicia para gourmets más o menos gruesos, con el siempre tendente al exceso Nicholson pululando alrededor de la eterna Pfeiffer. A olvidar. “La maldición” (2005). Wes Craven acercándose al tema de los licántropos. Bien. En teoría. En la práctica, uno de esos proyectos malditos y llenos de problemas, cambios de guionistas y desacuerdos con los productores, en un rodaje que incluso llegó a cancelarse casi al final, para terminar doblando su presupuesto y fracasando estrepitosamente en taquilla. De vergüenza ajena y sin nada reseñable, más allá de ofender al ojo fan con Christina Ricci mutada a peluche haciendo gestos soeces a los policías que intentan detenerla. Craven, capaz de lo mejor, capaz de lo peor. Pero le queremos igual.

Curioso es el caso del simpático Neil Marshall y su primer largometraje, “Dog soldiers” (2002), cuyas escasas virtudes generales ─es una caspa de cuidado, las cosas como son; más aún en comparación con su filmografía posterior─ han sido corregidas en la memoria colectiva por el cariño de una legión de incondicionales de la película. Mal interpretada, floja técnicamente, desabrida, previsible, abusivamente referencial… y con todo con un punto animal ─más allá de las evidencias─ bastante apetecible, las desventuras de un grupo de soldaditos de maniobras por Escocia se paseó con éxito por los festivales de medio mundo, lo que al menos garantizó que el cineasta pudiese seguir adelante con una carrera que, vista en perspectiva, resulta de lo más estimulante. Para gustos, los colores, pero la pasión que desata esta propuesta siempre será un misterio para el firmante de este somero repaso. Sin malos rollos, desde luego.   

En otra línea industrial, pero válido como demostración de la capacidad del séptimo arte para alumbrar hijas de su tiempo, encontramos el ejemplo de otra saga, “Underworld”. Iniciada en el año 2003 por Len Wiseman, incide en otro de los clichés del personaje, su relación de esclavitud-dependencia con el Conde Drácula, para expandir el concepto a una estilizada guerra abierta entre lycans y vampiros, beligerancia por supuesto oculta a los ojos de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Estética fashion y videoclipera para una franquicia aún viva ─a ojos de quien esto escribe, el último capítulo, “Underworld: El despertar” (Måns Mårlind y Björn Stein, 2012), es el mejor de todos por su espídica falta de aspiraciones de ningún tipo─ y que ha convertido a la embutida Kate Beckinsale, protagonista de tres de los cuatro capítulos rodados hasta el momento, en un pequeño tótem para las nuevas generaciones de espectadores, hoy en día innecesariamente afines al fantástico para engullir propuestas de este calado. Pero bueno, el serial no molesta en absoluto, y nos ha permitido disfrutar de señores de la talla de Bill Nighy y Michael Sheen mutados y dándose de guantazos bajo la luz satelital.

En el rincón derecho, criaturas malignas. En el rincón izquierdo, Rodolfo Guzmán Huerta y Alejandro Muñoz. “Santo y Blue Demon contra Drácula y el Hombre Lobo”  (Miguel M. Delgado, 1973) no es uno de los mejores títulos de los más relevantes héroes del cuadrilátero cinematográfico psicotrónico, pero solamente por verles haciendo llaves y repartiendo cogotazos a los iconos resurrectos ─que duran escasos fotogramas ante la efectividad técnica del más grande astro del pressing en un clímax tan fugaz como delirante─ ya merece la pena; además, en el papel del Conde, Aldo Monti, todo un manjar para el paladar cinéfago. Y el guion es de Alfredo Salazar. Y el licántropo (Agustín Martínez Solares) se llama Rufus. Y hay un combate contra el Ángel Blanco. Y partidas de ajedrez. Y profesores. Y un puñal mágico. Y murciélagos de goma. Y… Por otra parte, quienes sean incondicionales totales del titán plateado pueden verle en solitario en “Santo vs. Las Lobas” (Rubén Galindo y Jaime Jiménez Pons, 1976), con el mazacote enmallado haciendo frente a las hordas de Licán, rey de los licántropos (Jorge Russek). Esta sí que es flojita, superando incluso la barrera de lo ingenuo para caer en lo ridículo en secuencias como la ya proverbial huida del héroe de unos cuantos perrancanos que hacen las veces de lobos.

El atractivo innegable del licántropo ha impulsado centenares de producciones más, de todo tipo, calado y condición. Por supuesto, uno de los nombres de oro del cine moderno, el novelista inagotable Stephen King, vio cómo su relato “El ciclo del hombre lobo” saltaba a la gran pantalla en 1985 con “Miedo azul”, amena pero inferior propuesta dirigida por Daniel Attias en la que lo que primaba era la mala baba que destilaba una historia en la que los personajes eran a cuál más puñetero. Como buena película de género ochentera, elenco inmenso, con el llorado Corey Haim como antiheroico protagonista acompañado de Gary Busey, Terry O´Quinn, Bill Smitrovich, Lawrence Tierney y el pétreo Everett McGill a la caza de feligreses, literalmente. Y hasta Alice Cooper se enfrentó a las mandíbulas de la bestia en “Monster dog”, coproducción hispano-americana-portorriqueña rodada en Torremolinos y dirigida por Claudio Fragrasso en la que el mito del rock se desplaza para grabar un videoclip a su pueblo natal, asediado por una serie de asesinatos que a él no le pillan de sorpresa…

En las imágenes: “La maldición del hombre lobo” © 1975 Hammer Films Productions. “En compañía de lobos” © 1984 ITC y Palace Pictures. “El hombre lobo” © 1941 Universal Pictures. “Aullidos” © 1981 AVCO Embassy Pictures, International Film Investors y Wescom Productions. “Un hombre lobo americano en Londres” © 1981 PolyGram Filmed Entertainment y Lyncanthrope Films. “Lobos humanos” © 1981 Orion Pictures Corporation y King-Hitzig Productions. “La marca del hombre lobo” © 1968 Maxper Producciones Cinematográficas y HIFI Stereo 70 kg. “Ginger Snaps” © 2000 Lions Gate Films. “El bosque del lobo” © 1970 Amboto Producciones Cinematográficas. “Una pandilla alucinante” © 1987 HBO, Keith Barish Productions y TAFT Entertainment Pictures. “Eclipse total” © Citadel Entertainment, HBO y Tapestry Films. “Teen Wolf: De pelo en pecho” © 1985 Wolfkill. “El hombre lobo” © 2009 Universal Pictures y Stuber Productions. “Lobo” © 1994 Columbia Pictures Corporation. “Dog soldiers” © 2002 Kismet Entertainment Group, The Noel Gay Motion Picture Company, The Victor Film Company, The Carousel Picture Company y Luxembourg Film Fund. “Underworld” © 2003 Lakeshore Entertainment y Screen Gems. “Santo y Blue Demon contra Drácula y el Hombre Lobo” © 1973 Cinematogáfica Calderón, S.A. “Miedo azul” © 1985 Dino De Laurentiis Company y Famous Films. Todos los derechos reservados.  

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4 - xuncoco - 0:50 - 17.02.14

antonio… se llama aullidos



3 - antonio - 22:40 - 30.12.13

Saben,ando buscando el nombre de una pelicula en donde dee wallace stone ees atacada por una bestia en un bosque de noche y queda embarazade éste.Creo que 17 años despues este hijo fruto de la violacion se transforma en una bestia como su padre y entra a vengarse de toda una serie de personas y los mata.Resulta que al padre verdadero lo encierran y le dan de comer carne humana por haber engañado a su hermano acstandose con su mujer.Esta pelicula es de la decada del 80,creo.Entre las persona que mata hay un juez que es pelado.La busco hace mucho sin resultado por no saber como se llama la misma.Si llegan a saber como se llama se los agradeceria muchisimo.Que el 2014 sea con exitos,felicidades.



2 - loko - 20:16 - 06.04.13

jajajajajaja los licantropos



1 - Ignotus - 3:24 - 12.07.12

Pues para mi, el hombrelobo más chulo de todos es el de “Van Helsing”.




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