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Las mejores películas de John Cusack

Escrito por el 29.06.12 a las 18:42
Archivado en: Actores y actrices

¿En qué se convierte una estrella adolescente que no tiene las características obvias para ser una? En un hombre alto, de rasgos tendentes a la media: el pelo y los ojos oscuros, las facciones del montón, ni atractivas ni repulsivas; la sonrisa normal, la seriedad normal. Todo en él reconocible, pero no memorable. A John Cusack  seguramente no le gustaría nada encajar en un traje tan ajustado; no obstante es uno de esos actores eficaces que el público identifica con rapidez sin sobresalir en las listas de los preferidos. El prototipo del amigo que uno siempre se alegra de volver a ver, aunque nunca se le llame de manera expresa. Un tipo simpático y agradable, además de versátil, que bien pudiera haber surgido de cualquier parte. Por eso sus orígenes en producciones románticas para adolescentes, como miembro del ‘Brat Pack’ o panda de actores punteros de los ochenta, parece hoy en día fuera de lógica.

¿John Cusack el ídolo teen? ¿No era John Cusack, el comodín de las comedias románticas? ¿El John del indie con caché? ¿El Cusack de las superproducciones que no han podido sumarse una estrella más rutilante? Él se definiría a sí mismo como orgulloso nacido en Chicago, como descendiente de un linaje irlandés, como pieza de una familia amante de las tablas —suele aparecer en pantalla junto a su hermana Joan Cusack—, como melómano que sería capaz de decir algo mucho más inteligente de lo que suelen contar sus producciones. Para contrastar todos los rostros y facetas de John Cusack, recorramos las mejores películas que han hecho de él un intérprete tan discreto como indispensable.

“Cómo ser John Malkovich” (Spike Jonze, 1999): John Cusack se siente especialmente orgulloso de su participación en esta película, y no es para menos dado su sello de cinta de culto y la calidad de un guion marciano, enrevesado e inolvidable, firmado por Charlie Kaufman. La aleatoria obsesión por  el actor John Malkovich —o ¿Malkovich?, ¡Malkovich!, Malkovich— centraba un argumento que hablaba de otras muchas cosas: de la estúpida división entre perdedores y gente notoria, de las mitomanías y los egos que desean acceder a las mentes ajenas y destacar por encima de ellas. Cusack era un marionetista que descubría en un edificio de Manhattan una pequeña puerta conducente a la cabeza de John Malkovich. El metadiscurso de quien se dedica a hacer representaciones a través de títeres reforzaba el tema del cuño de la personalidad y el deseo inconfeso de ser otra persona. Una reflexión sobre la vida extraña y mordaz, en la que Cusack encarnaba la imagen ideal de lo que parece proyectar: alguien sin una definición completa, alguien que aún busca la puerta de acceso a su ‘yo’ inigualable.

“Alta fidelidad” (Stephen Frears, 2000): “Los timadores” (1990), otra película de Frears, supuso uno de los primeros espaldarazos a la carrera de Cusack, pero fue su colaboración en este traslado de la novela de Nick Hornby a la pantalla lo que asentó un verdadero hito cinematográfico y pop. Rob Gordon es dueño de una tienda de música, un tipo accesible pero traumatizado por las cargas amorosas, que organiza sus vinilos según orden vital y que piensa y discute mucho más de lo que actúa. Un treintañero de los noventa, en definitiva; la versión más creíble, divertida y certera de un Cusack capaz del gesto que encierra sarcasmo sobre dolor privado. Una lista de cinco amores dañinos del pasado parece un pasatiempo frívolo que, en cambio, otorga material para una relectura en clave moderna del casi siempre velado y obviado sufrimiento masculino en terreno romántico. Y, como joya del cine reciente, no podía faltar en una lista de principales de John Cusack.

“Balas sobre Broadway” (Woody Allen, 1994): Al igual que sucediera con Frears, Cusack tuvo un escarceo previo en el universo Allen con “Sombras y niebla” (1991), pero el director neoyorquino le confió uno de sus más exquisitos alter ego con esta cinta de gánsteres ridículos y montajes teatrales de tres al cuarto. El guionista, fracasado y deseoso por ver su nombre en hileras de bombillas, era un John Cusack perfectamente inseguro y nervioso para representar los aneurismas emocionales de todo protagonista marca Allen. Con ecos de una de las comedias favoritas del cineasta, “Nacida ayer” (George Cukor, 1950), esta ordalía de escenarios, mafiosos y sus novias caprichosas supone un agradable viraje en la filmografía de Allen, con su ambientación art decó, y una de las historias más rocambolescas e inteligentes en el haber de John Cusack. Demostración de que la comedia es uno de sus fuertes, como individuo de apariencia frágil y severa que genera un humor tierno y sutil, el de los tristes que no merecen tantas dificultades en su camino… antes de cruzarse con otro buen (y tronchante) montón.

“La delgada línea roja” (Terrence Malick, 1998): Pero la expresión insondable de Cusack le permite amoldarse con facilidad a cualquier nuevo reto, y si en lo cómico revela resultados eficaces insospechados, en géneros más adecuados a la seriedad no podía faltar su presencia. En “Creadores de sombras” (Roland Joffé, 1989) pisó el bélico por vez primera, pero la nota de prestigio la aportó Malick con este larguísimo trayecto por un suceso poco conocido de la Segunda Guerra Mundial, en la zona de Guadalcanal. A Cusack se le nota la debilidad por potenciar la amargura expresiva, la del hombre autocompasivo, o derrotado, o a que ha visto mucho mundo y del malo, y algo así denotaba su capitán de unidad en esta película. Un papel sumado al carácter coral del reparto, y que por fortuna para él no cayó bajo la tijera implacable de Malick. Siempre será motivo de satisfacción aportar un grano de arena a un conjunto poético y más grande que cada uno de sus componentes; y Cusack es tan capaz de camuflarse entre muchos como de liderar acciones claustrofóbicas sin ningún otro acompañante.

“Medianoche en el jardín del bien y del mal” (Clint Eastwood, 1997): Y de comandar investigaciones, una de las tareas favoritas del actor en su carrera cinematográfica, en la que abundan los papeles de inspector o detective vocacional o fortuito. Y más de lo segundo tenía su reportero de esta aventura de tintes oníricos, superpuesta a los calores pegajosos de Louisiana, adonde llega el personaje de Cusack para esclarecer un misterio que envuelve a individuos tan desfasados y extravagantes como una sesión de vudú. Un millonario homosexual y acusado de asesinato, interpretado por el también brillante Kevin Spacey, enredaba el juicio y las simpatías del periodista Cusack, obligado a moverse como por una novela de Agatha Christie cargada de té endulzado con algún alucinógeno. Jardines inquietantes, presencias locales estrambóticas, magia milenaria, supersticiones y secundarios escogidos con tiento para una de las películas menos gravosas y más señaladas en la trayectoria del Eastwood director.

“El jurado” (Gary Fleder, 2003): La planta de norteamericano buenazo y promedio que se gasta John Cusack lo convierten en componente idóneo para uno de esos jurados populares, tan indispensables en el cine de juicios hollywoodiense. Y, cómo no, la bondad inherente de Cusack se verá puesta a prueba por un entramado de chantajes y presiones inmorales, en la línea argumental del escritor John Grisham. ¿O ésa es la impresión que alguien tan inocente proyecta visto desde fuera del estrado? Porque, realmente, su personaje, que trabaja como mediocre dependiente de tienda de vídeos y tiene una novia imponente, interpretada por Rachel Weisz, esconde razones sobradas para participar en ese jurado. La maquinaria precisa de Grisam quedaba al servicio de un reparto bien cohesionado, al que habría que sumar los nombres de Dustin Hoffman y Gene Hackman, y de un thriller que parecía un mantel de cuadros de sobremesa, manchado de migas conocidas, y que se convertía en un producto competente y entretenido con revelaciones asombrosas. Asociado a los registros de siempre, Cusack es capaz de componer algo distinto si el punto de partida es tan bueno como para cuestionar sus propios estereotipos.

“Cuenta conmigo” (Rob Reiner, 1986): Es la tercera ocasión en que la segunda película de Cusack con un director le funciona infinitamente mejor que la primera. Junto a Reiner rodó “Juegos de amor en la universidad” (1985), una de sus primeras incursiones en la industria, pero le valdría mayor honor esta adaptación de una novela de Stephen King. Y aunque al actor lo hemos visto en repetidas ocasiones contras las cuerdas de fenómenos sobrenaturales, en esta historia era una aparición breve, pero clave, en el periplo de cuatro chicos que persiguen el cadáver de un chico desaparecido para ganarse el aplauso del pueblo. Uno de los niños, Gordie —Wil Wheaton, vieja estrella conocida por jóvenes de los ochenta o seguidores de la serie “The Big Bang Theory”—, arrastra la herida de la muerte de su hermano mayor, interpretado por Cusack, en un accidente de coche. El actor aparecía en emocionados flashbacks, trazando una fortísima cuerda que mantiene a Gordie aferrado a un tiempo ya desaparecido, del que ni él ni sus padres consiguen reponerse. La superación personal tiene mucho que ver con hallar a ese niño desaparecido, con enterrar definitivamente la infancia moribunda y firmar una película juvenil valiente y apartada de lo convencional.

“Ocho hombres” (John Sayles, 1988): En la anterior película, Cusack regalaba a su hermano pequeño una gorra de béisbol; en esta dramatización de un suceso real era un jugador de dicho deporte, miembro de los famosos Red Sox de Chicago. En 1919 varios miembros del equipo aceptaron sobornos monetarios a cambio de perder deliberadamente en la liga; uno de ellos, Buck Weaver, papel a cargo de Cusack, se opuso e intentó relanzar las oportunidades de los Red Sox. La mezcla de dos géneros amadísimos en Estados Unidos, el deportivo y el judicial, propiciaría sonoros bostezos fuera de sus fronteras, pero Sayles mantenía su pulso firme para los relatos tensos y tocados por la gracia de lo humano en contextos extremos o incómodos. Además, la condición populosa del mundo del deporte impuso junto a Cusack un buen montículo de nombres tinineantes: Christopher Lloyd, David Strathairn, Don Harvey o Charlie Sheen. Quizá el uniforme de bateador no resulta lo más atractivo para ningún actor, pero casi todos los grandes se han enfundado uno o se han dejado caer por alguna disciplina olímpica, como si de una asignatura obligada se tratase. Y si es por la buena causa de un hecho histórico, mayor convencimiento para Cusack.

“La cosecha de hielo” (Harold Ramis, 2005): El mismo año de estreno de esta comedia negra de Ramis llegaba a las carteleras una película de factura similar, “Kiss kiss, bang bang” (Shane Black, 2005), en la que Robert Downey Jr. y Val Kilmer reformulaban la buddy movie con dosis de humor cercano al Saturday Night Live. Por culpa de esa excelente química entre actores caducos a ojos del gran público y de un ritmo cínico y sensible a un mismo tiempo, John Cusack y Billy Bob Thornton pasaron algo más desapercibidos. Pero la apuesta era igual de alta: en pleno corazón de las Navidades, un abogado (Cusack) se alía con el dueño de un local de streaptease (Thornton) para birlar un par de millones a la mafia y pasar una estupenda Nochebuena. Como es evidente, los matones no van a esperar a que Santa Claus les compense la pérdida, y ambos ladrones de pacotilla se verán inmersos en una huida a través de la nieve de Kansas, donde ya no hay arco iris que conduzcan a parajes de ensueño. Si además se cruza una femme fatale por encargo (Connie Nielsen), de melena dorada y en ondas a lo Veronica Lake, podría afirmarse que esos dos millones de dólares ya están perdidos. Y aunque la acción se congela de vez en cuando, sometida a la presión de un humor que debe superarse a sí mismo en ingenio a cada escena, merecía la pena quedarse atrapado por hora y media en esta tormenta de hielo, entre blando y acerado.

Deducimos, por tanto, que ha Cusack le atrae bastante la producción independiente, aunque propicie títulos que alcanzan poca repercusión, como “El niño de Marte”  (Menno Meyjes, 2007) o “La vida sin Grace” (James C. Strouse, 2007), en las que se esfuerza en su rol de actor maduro con posibilidades para el drama. Giros bruscos, después, en dirección al centro comercial: algo debió de encontrar en proyectos tan ruidosos y ergonómicos como “2012” (Roland Emmerich, 2009) y “Fuera de control” (Mike Newell, 1999), además de un reto de interpretación en solitario en la terrorífica “1408” (Mikael Håfström, 2007), el gusto popular por los finales sorpresa en “Identidad” (James Mangold, 2003), las referencias a “Doctor Zhivago” en “…Y que le gusten los perros” (Gary David Goldberg, 2005), y a Gabriel García Márquez en “Serendipity” (Peter Chelsom, 2001), la oportunidad de reírse de la profesión en “La pareja del año” (Joe Roth, 2001), y de medirse junto a otro icono como Nicolas Cage en “Con Air” (Simon West, 1997). Sólo argumentos tan personales —y las pelusillas en la billetera— justificarían una variación tan oscilante en sus decisiones cinematográficas. Y aunque todas ellas demuestran que no teme esconderse, lo hizo doblando dibujos animados en “Igor” (Anthony Leondis, 2008) y “Anastasia” (Don Bluth y Gary Goldman, 1997).

Tal vez de lo único que realmente quisiera ocultarse para siempre es de su pasado como breve icono adolescente, para el que nunca dio la talla de otros guaperas. “Un gran amor” (Cameron Crowe, 1989) confirmaría su celebridad como antepasado de ese Rob Gordon roto por las circunstancias de amores idealizados durante el instituto. Pero antes vinieron otras moñeces de verano, tales como “Más vale muerto” (Savage Steve Holland, 1985), “Un verano loco” (Holland, 1986) y la mítica “Dieciséis velas”  (John Hughes, 1984). De esa vergüenza reconocida surgiría, entonces, la preferencia por lo lacónico del thriller, que ha cultivado también en “The contract” (Bruce Beresford, 2006), “City Hall” (Harold Becker, 1996), “El color de la ambición” (Herbert Ross, 1991) y “Al filo de la noticia” (James L. Brooks, 1987). Y el juego de disfraces con dobles de otras épocas, heredado de su pasión teatral: “Shanghai” (Mikael Håfström, 2010), “Max” (Menno Meyjes, 2002), “Abajo el telón” (Tim Robbins, 1999) o “El balneario de Battle Creek” (Alan Parker, 1996). Mientras se repiten todas sus facetas, una tras otra, con capacidad para reírse de sí y lo ajeno —“Ciudadano Bob Roberts” (Tim Robbins, 1992), “Un asesino algo especial” (George Armitage, 1997)—, John Cusack podría tomar un “Jacuzzi al pasado” (Steve Pink, 2010) y contrastar su debut en “Class” (Lewis John Carlino, 1983) con el actor de inconfundible porte y mirada tensa en el que se ha convertido.

En las imágenes: ”Identidad” © 2003 Columbia Pictures Corporation y Konrad Pictures. “Cómo ser John Malkovich” © 1999 Propaganda Films y Single Cell Pictures. “Alta fidelidad” © 2000 Touchstone Pictures. “Balas sobre Broadway” © 1994 Sweetland Films y Miramax International. “La delgada línea roja” © 1999 20th Century Fox y Phoenix Pictures. “Medianoche en el jardín del bien y del mal” © 1997 Warner Bros. Pictures, Malpaso y Silver Pictures. “El jurado” © 2003 New Regency Pictures. “Cuenta conmigo” © 1986 Columbia Pictures. “Ocho hombres” © 1988 MGM. “La cosecha de hielo” © 2005 Focus Features y Bona Fide Productions. “1408″ © 2007 Dimension Films y Di Bonaventura Pictures. “Un gran amor” © 1989 20th Century Fox. Todos los derechos reservados.

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3 - Beto - 16:55 - 16.04.14

Se llama the reaven



2 - Daniel - 19:48 - 10.02.13

Esa pelicula no es de Cusack, Gustavo es de Luke Wilson se llama “Henry Poole Is Here”



1 - Gustavo - 10:56 - 16.08.12

tengo una duda ,
estoi buscando una pelicula en la que alparecer protagoniza john cusack
en la q el es un alcoholico q se muda a una casa (frecuentemente compra y vende casas y se muda muy seguido ) recien comprada y pasa sus dias bebiendo alcohol , ( esta como desesperanzado )
y empieza a conocer al vecindario , por q un grupo de vecinas descubre una figura biblica en su patio ,
la vi en un camion y no supe el nombre de la pelicula
espero me ayuden




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