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Las mejores películas de Johnny Depp

Escrito por el 30.04.12 a las 19:54
Archivado en: Actores y actrices

No es la primera vez que Johnny Depp se cruza con el escritor Hunter S. Thompson: la primera fue en “Miedo y asco en Las Vegas” (Terry Gilliam, 1998), adaptación de la novela homónima del autor, y la segunda en el parabrisas del coche de un Thompson animado en “Rango” (Gore Verbinski, 2011). Ahora llega a los cines la versión de uno de los textos más aclamados del periodista gonzo, “Los diarios del ron” (Bruce Robinson, 2011), película que mezcla con un generoso tiento de alcohol varios de los elementos comunes en la filmografía de Depp: personaje desubicado, ambientación de época, amor canalla, paranoias, absurdos y mucha gestualidad. Repasemos cuáles han sido las mejores películas en la carrera del actor estadounidense desde sus comienzos y hasta hoy.

“Pesadilla en Elm Street” (Wes Craven, 1984): Con sólo veintiún años, Johnny Depp debutaba en la gran pantalla como un prototipo ciertamente opuesto a sus incursiones rockeras de adolescente, tiempo antes de que su amigo Nicolas Cage le inyectase interés suficiente por la actuación. En la calle donde Freddy Krueger repartía pesadillas a mansalva entre los hijos de familias acomodadas, Depp era un niño bien, que acudía a clase con sus chalecos de punto y sus cazadoras de capitán de equipo, y que velaba por su novia y sus amigos antes de que él mismo comprobase las propiedades asesinas de una simple colcha. A pesar de su apariencia de chico baladí y de su breve condición como scream king, Depp conseguiría reponerse a las venganzas de Freddy encadenando otros pequeños papeles y un cameo estrafalario —que no guardaba ninguna relación con su personaje de 1984— en “Pesadilla final: La muerte de Freddy” (Rachel Talalay, 1991). Desde entonces, Depp ha mantenido contactos puntuales con el género de terror mientras Fred Krueger presumía de inmortalidad en otras seis secuelas, apariciones estelares televisivas —incluyendo la serie “Los Simpson”—, programas propios y los inevitables monster duels reboots de nuevo milenio.

“Cry Baby (El Lágrima)” (John Waters, 1990): A caballo entre sus orígenes de chico malote y el modo en que los primeros papeles empezaban a forjarle una identidad de ídolo teen, el personaje de El Lágrima vino a unificar los tupés y el alma torturada para el lanzamiento definitivo de Depp entre el público más joven. En esta historia cincuentera, perseguidora de la fórmula “Grease” (Randal Kleiser, 1978) y de cierta paródica conciliación de clases propia de las películas sobre residenciales de 1950, se mostraba el infalible esquema de tipo aparentemente duro, pero genial, que conquista a tipa aparentemente apocada, pero genial, superándose diversas personas menos geniales y varios números musicales de por medio. Depp, el Cry-Baby del título, recibía tan poco varonil apelativo gracias a su habilidad para derramar una única lágrima a antojo. Pero ni siquiera ésa le fue necesaria visto el arrollador éxito que de pronto se le vendría encima, como una recompensa desenfadada por no haber podido ser en su momento uno de los “Rebeldes” (1983) de Francis Ford Coppola.

 “Eduardo Manostijeras” (Tim Burton, 1990): Continúa recordándose este aterido, colorista y lóbrego cuento de hadas como la primera colaboración entre Johnny Depp y Tim Burton —a la que seguirían, incluyendo el próximo estreno de “Sombras tenebrosas” (2012), siete más—, como el set romántico en el que el actor y Winona Ryder empezaron una fugaz historia de amor y como la catapulta definitiva para un intérprete que, desde entonces, sería asociado a su capacidad para la introspección y el gesto fácil. Cada protagonista que Depp le ha regalado a Burton —o a la inversa— conforma una pieza más de la faceta burtoniana del actor, así como el pobre Edward estaba cosido a retales y lucía en sus manos unas inútiles herramientas con las que nunca podría completarse a sí mismo. Fue el primer paso de una larga carrera de relatos sobre el monstruo inadaptado, el engendro enamorado y la soledad gótica contrapuesta a momentos de benévola lucidez, como la nevada bajo la cual baila el personaje de Winona al compás de unos acordes de Danny Elfman que inauguraron escuela y tendencia en campañas publicitarias.

 “¿A quién ama Gilbert Grape?” (Lasse Hallström, 1993): ¿Qué tenía Gilbert Grape, tan cándido, bondadoso y servicial? Aparte de un guion del escritor Peter Hedges —aunque después haya destacado como adaptador de historias de terceros, como “Un niño grande” (Chris Weitz y Paul Weitz, 2002) de Nick Hornby—, y de la batuta de un irregular especialista en traslaciones de libros a pantalla —Hallström, con quien repetiría en “Chocolat” (2000), y ahora en cartelera con la adaptación de “La pesca de salmón en Yemen” (2012)—, Gilbert Grape tenía un serio contrincante: su hermano. Depp se enfrentó al temor profesional de ser eclipsado por un secundario, aquel Leonardo DiCaprio que alcanzaría con su retrato de un discapacitado mental su primera nominación al Oscar®. Que sea menos recordado el personaje de Depp, esforzado por sacar adelante a su difícil familia en un pueblo de mala muerte y redimido por la nueva y huracanada vecina (Juliette Lewis), puede deberse a la sensación de pausa entre la pose macarra de años previos y la excentricidad prototípica de los venideros.

“Ed Wood” (Tim Burton, 1994): Gran ejemplo de metamorfosis para un Johnny Depp que sustituye la indumentaria indie compartida entre miles de jóvenes residentes en ciudades de pequeñas dimensiones por nada menos que los jerseys de angora. Y aunque la película de Burton, y segunda colaboración a sus órdenes, estaba rodada en blanco y negro, fácilmente resalta que esas prendas pudiesen ser de color rosa, aún más chocantes con la personalidad de Edward D.Wood Jr., el Peor Director de la Historia del Cine —al menos según la parafernalia de los anales y los cronistas catastrofistas—. Depp consiguió una de las mejores interpretaciones de su carrera hasta la fecha gracias a un material de oro: Ed Wood era un entusiasta amante del terror y la ciencia ficción que derrochaba pasión, ingenio y habilidad en el manejo de presupuestos ínfimos, plasmado en un biopic muy poco al uso. Magnífica poesía dedicada a Bela Lugosi y, en representación, a todos los grandes desapercibidos o arrinconados del terror clásico, y excelente muestra de película de primera categoría rodada a partir de elementos considerados de última fila. La gesticulación de Depp hallaba prudente balance en el ánimo del personaje, en el frenesí de los locos bastidores hollywoodienses y en el amor que Burton veía necesario volcar en él para inyectar pasión en los temas que siempre le han emocionado: los héroes marginales.

 

“Dead Man” (Jim Jarmusch, 1995): Johnny Depp en un western ‘raruno’ podría calificarse no ya de excepción, sino de parada con cierta métrica en la filmografía del actor. Jarmusch, fiel a su línea cínica e íntima, rodó el trayecto hacia el núcleo espiritual de un matarife por accidente que halla en el indio Nadie su particular conciencia rediviva. Fotografía en un prístino blanco y negro, ecos líricos de William Blake y una ambientación de leve regusto anacrónico dan pie a que seguidores y detractores de Jarmusch por igual encuentren motivo para justificar o no el pétreo papel que ejecuta Depp.  De nuevo a las órdenes de uno de los habituales de su carrera, el director Gore Verbinski, el intérprete se pasará al bando contrario en la próxima “El Llanero Solitario (The Lone Ranger)” (2013), actualmente en fase de rodaje, y en la que será un nativo del lejano oeste apodado Tonto.

 “Donnie Brasco” (Mike Newell, 1997): El mismo año en que Depp se estrenaba como director y compartía escenas con uno de los últimos grandes, Marlon Brando, en “The Brave” (1997) —aunque coincidieran por primera vez en “Don Juan DeMarco” (Jeremy Leven, 1994)—, el actor añadía a su currículum uno de los nombres más codiciados por los jóvenes recolectores de referencias: Al Pacino. Esta aproximación al subgénero de ‘basado en hechos reales’, sobre un agente infiltrado en la mafia y que termina desarrollando una variante del síndrome de Estocolmo quedó salpicada por los tan amados como denostados excesos de Pacino, confrontados a un Depp bastante comedido. Mike Newell se decantaba por la suavización del imaginario de un De Palma o un Scorsese, en favor de una buddy movie atípica que terminaba adoptando derroteros algo más tradicionales. En segundo plano, empezaba a hacer ruido Paul Giamatti, y se coló como enseñanza de manual que nunca debes esconder nada en las botas si vas a cenar en un restaurante japonés.

“Sleepy Hollow” (Tim Burton, 1999): Ichabod Crane, el inspector de policía imaginado por el escritor Washington Irving en lo más profundo de las profundidades de la Norteamérica de finales del siglo XVIII, lucía en papel un amilanamiento muy poco asimilable a los registros de Johnny Depp. No obstante, el actor supo hacerlo suyo y prestarle al personaje los toques de brillantez y contento que le hubiesen faltado en una versión más gris y neblinosa del relato. La lluvia de hemoglobina, estacas y trozos llameantes de calabaza convertían la leyenda del Jinete sin Cabeza en una orgía espontánea que hacía destacar la timidez, poco a poco vencida, del pobre Ichabod. Recuperaba Depp así su destreza en la ternura romántica para el affaire con Katrina Van Tassel (Christina Ricci) y ampliaba su repertorio de gags a través de ese maletín de proto-gadgets con los que dotaba de aires steampunk a este clásico de las letras norteamericanas.

“Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” (Gore Verbinski, 2003): Una primera nominación al Oscar® y un primer gran icono popular —si no el único ‘gran’— es lo que le supuso a Depp implicarse en un proyecto que, de entrada, se apartaba de su canon de selección habitual. El capitán Jack Sparrow representó la máxima aportación de esta primera entrega de la saga a una archifamosa atracción de parque temático y a un panorama de héroes Disney un tanto marchito. La renovada estética de corsario glam que presume de guiños al background musical —también en su árbol familiar, ya que el padre de Sparrow sería encarnado por Keith Richards, guitarrista de The Rolling Stones, en “Piratas del Caribe: En el fin del mundo” (Gore Verbinski, 2007) y en “Piratas del Caribe: En mareas misteriosas” (Rob Marshall, 2010)— y su total desvergüenza al emplear la mímica al servicio de cierto slapstick espídico consagraron a Sparrow, y por consecuencia a Depp, como modelo de una generación de niños que ya no soñaban con ser astronautas y como fuente de inspiración a legiones de actores callejeros.

“Descubriendo Nunca Jamás” (Marc Foster, 2004): Sin soltar del todo la mano de Jack Sparrow, Johnny Depp volvió a implicarse en el mundo de la infancia con este biopic del escritor y dramaturgo J.M. Barrie. La gestación de la obra “Peter Pan”, alrededor de una madre viuda que carga con el cuidado de cuatro niños y la mala uva de una suegra con la gélida mirada de Julie Christie, pretendía compaginar aquello que ya estaba presente en la obra original. El frágil traspaso entre la niñez y la madurez, y la oscilación entre ambos estados en el famoso síndrome ‘peterpanesco’ eran temas delicados que algunos acusaron de no corresponderse con la falta de sutileza típica en muchas biografías filmadas. El reputado Marc Foster intentó impregnar de magia volátil un contundente cast y el juego de puertas y ambientes entre un Nunca Jamás recreado en parques londinenses, teatros y cuartos de juegos; todo ello envuelto en el verdadero logro de la película: una excelsa partitura de Jan A.P. Kaczmarek, merecedora de un Oscar®.

“Enemigos públicos” (Michael Mann, 2009): Admirador irredento del asaltante de bancos John Dillinger, Johnny Depp no podía dejar pasar la oportunidad de subirse al proyecto de un biopic sobre él, género que hasta ahora le había reportado bastante prestigio crítico —no sólo el ya mencionado Barrie, sino también el traficante George Jung en “Blow” (Ted Demme, 2001), el poeta John Wilmot en “The Libertine” (Laurence Dunmore, 2004) y el soberbio “Ed Wood” (Tim Burton, 1994)—. Michael Mann firmó una obra desmedida, fina y radical, en cierto modo percibida como ajena al universo del cineasta, pero que podía entenderse como un manifiesto en alta definición de las nuevas posibilidades que brindaba el formato, la malentendida leyenda del noir y el diálogo o los escupitajos entre ficción y realidad. A modo de anécdota, si bien Depp no volvió a compartir set con Leonardo DiCaprio desde “¿A quién ama Gilbert Grape?”, de manera impremeditada ambos terminaron componiendo un jugoso díptico, tanto visual como moral, con este repaso a John Dillinger y la visión de su némesis, “J. Edgar” (Clint Eastwood, 2011).

“Rango” (Gore Verbinski, 2011): Habituado a los doblajes —en “La novia cadáver” (Tim Burton, 2005) y las series “El rey de la colina” y “Bob Esponja”—, Depp aceptó el reto del director de “Piratas del Caribe” de contar la historia de un camaleón con intenciones un tanto apartadas de las últimas líneas maestras del cine de animación infantil. Presumiendo de apartado estético completamente propio, de nítidas absorciones del western, ritmo cartoon y presencias y conexiones psicodélicas —un cameo de Hunter S. Thompson, autor de “Los diarios del ron”—, “Rango” firmaba una doble metamorfosis: la de otra animación posible y la de un Johnny Depp acostumbrado a las piruetas de registro. El experimento confirmó, además, que Johnny Depp es el actor favorito de América que convierte en oro (casi) todo lo que toca: la película y su estudio, Industrial Light & Magic, se impuso a la competidora Pixar, que ni siquiera superó la criba final, y se alzó con la estatuilla a Mejor Película de Animación en la última edición de los Oscar®.

Más allá de esta clasificación, tanto los fans más irredentos como los desconocedores de la trayectoria de Johnny Depp pueden completar el repaso antes de “Los diarios del ron” con su faceta más oscura —“Sweeney Todd: El barbero diabólico de la calle Fleet”  (Tim Burton, 2007), “La novena puerta” (Roman Polanski, 1999)—, sus ejercicios de desdoblamiento excéntrico —“El imaginario del doctor Parnassus” (Terry Gilliam, 2009), donde completó escenas del fallecido Heath Ledger, “Alicia en el País de las Maravillas” (Tim Burton, 2010), “Charlie y la fábrica de chocolate” (Tim Burton, 2005) —, su lado más indie“Antes que anochezca” (Julian Schnabel, 2000), “Benny & Joon, el amor de los inocentes” (Jeremiah Chechik, 1993), “El sueño de Arizona” (Emir Kusturica, 1992)— y sus, que también los ha tenido, fracasos de público —“The tourist” (Florian Henckel Von Donnersmarck, 2010), “La ventana secreta” (David Koepp, 2004), “Vidas furtivas” (Sally Potter, 2000)—.


En las imágenes: Fotogramas de “Pesadilla en Elm Street” © 1984 New Line Cinema. Todos los derechos reservados. “Cry Baby (El Lágrima)” © 1990 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. “Eduardo Manostijeras” © 1990 20th Century Fox. Todos los derechos reservados. “¿A quién ama Gilbert Grape?” © 1993 Paramount Pictures y J&M Entertainment. Todos los derechos reservados. “Ed Wood” © 1994 Touchstone Pictures. Todos los derechos reservados. “Dead Man” © 1995 Pandora Films, JVC y Newmarket Capital Group. Todos los derechos reservados. “Donnie Brasco” © 1997 Mandalay Entertainment. Todos los derechos reservados. “Sleepy Hollow” © 1999 Mandalay Pictures, Scott Rudin y American Zoetrope Todos los derechos reservados. “Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra” © 2003 Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer Films. Todos los derechos reservados. ”Descubriendo Nunca Jamás” © 2004 Miramax Films. Todos los derechos reservados. “Enemigos Públicos” © 2009 Universal Pictures, Tribeca Productions, Forward Pass y Misher Films. Todos los derechos reservados. “Rango” © 2011 Paramount Pictures, Nickelodeon Movies, Blind Wink y GK Films. Todos los derechos reservados. “El Imaginario del doctor Parnassus” © 2009 Infinity Features, Poo Poo Pictures Productions, Davis Films, Imaginarium Films y Parnassus Productions. Todos los derechos reservados.

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6 - Tossan - 23:50 - 27.09.13

El Mejor Actor de todos los tiempos



5 - vanne - 22:47 - 17.05.13

yo amo a este hombre m enkanta komo actua!!



4 - eduardo - 23:31 - 26.09.12

CHIDO



3 - jorge uribe alvarez - 1:40 - 29.05.12

LAS MEJORES SON
DONNIE BRASCO
SUEÑOS DE ARIZONA
JORGE URIBE ALVAREZ
ESPECIALISTA EN CINE



2 - Fresa Salvaje - 23:31 - 30.04.12

Sin mentirles, me he visto todas las películas de Johnny Depp donde sale como protagonista, solo me falta esta, esa serie “21 Jump Street” y algunas donde sale como extra, como “Antes que anochezca”.



1 - Fresa Salvaje - 23:28 - 30.04.12

Faltan “Don Juan de Marco” y “Benny y Joon, el amor de los inocentes”, que son mis favoritas. En la primera se habrá acostado con todo el equipo de extras, pero como decía mi profesor de filosofía “no es lo mismo fidelidad que lealtad, fiel sólo es el perro”, y él sí que era leal. Además, lo que no fue en tu año no fue en tu daño. Y en la segunda era tan tierno… Me encanta como actúa en “Desde el infierno”, la película es maso, pero la personalidad del personaje es tan linda ¡El hombre que cualquier mujer querría, al menos yo! Johnny Depp era mi actor favorito en mi época 14-19, y aunque ya no soy una chiquilla y he ampliado mis horizontes, queda junto con los libros de Harry Potter como uno de los mejores recuerdos de mi emocionalmente deprimente adolescencia. Por eso, por los viejos tiempos: ¡Te amo Johnny!




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