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Las mejores películas de Juliette Binoche

Escrito por el 19.06.12 a las 14:09
Archivado en: Actores y actrices

Las nuevas grandes damas del cine francés —Marion Cotillard, Audrey Tautou, Eva Green, Léa Seydoux, Mélanie Laurent—, lanzadas a un estrellato móvil entre los proyectos europeos y Hollywood —e híbridos—, provocan tantas alegrías y sarpullidos como los nombres de antiguas divas. Pero antes de todas ellas, Juliette Binoche llegó a escena para apropiarse de la quintaesencia de la actriz gala con rastro de autoría y magnetismo en taquilla, allá por donde estén las alfombras rojas o los humildes sets que pise. Su madurez le otorga cierta ventaja con respecto a las recién llegadas y multiplica su atractivo en todos los nichos de público, entre los que se cuentan innumerables seguidores de todo lo que estrena la Binoche.

Aunque ella no cultiva ninguna clase de imagen glamurosa, inalcanzable e inexpresiva; más bien todo lo contrario: el prototipo de mujer burguesa, pudiente pero liberal, que lleva un estilo de vida en contradicción con sus ideales y que, a pesar de ello, no puede dejar de resultar simpática, con un punto de compasión por esa sonrisa que esconde, quizá, cientos de heridas. Así suelen recortarse sus papeles, fundamentados en una pasión propia de mujer criada en ambientes bohemios —es hija de actriz y escultor—, de raíces europeas variadas y tan presta al anuncio de perfume como a la última exquisitez de festival. Repasamos a continuación las mejores películas por las que se ha ganado a pulso tanta admiración y ojerizas.

“Tres colores: Azul” (Krzysztof Kieslowski, 1993): La trilogía del añorado Kieslowski, que rasgaba la composición de la bandera francesa en tres películas interconectadas, comenzó por el lado izquierdo, con el azul. Asociado psicológica y estéticamente a estados de ánimo calmosos o depresivos, el color teñía las tristezas de Julie, la protagonista interpretada por Binoche. La muerte de la hija y el marido en un accidente del que ella sale viva propicia una expectativa de dramón inaguantable que Kieslowski y Binoche transforman en poesía del luto. La única escapatoria para Julie es la huida violenta del pasado que la unía a los fallecidos, de modo que arranca un viaje hacia la vida y el resurgimiento. Kieslowski construye sobre la fragilidad de Binoche la confianza en la permanencia del arte y de sueños tan difíciles como una Europa armoniosa y unificada. El papel, aparte de abrirle las puertas a infinidad de ofertas, le reportó a la intérprete su primer premio César —ha tenido otras siete nominaciones—, una Copa Volpi en el Festival de Venecia y su primera candidatura a los Globos de Oro.

“Caché (Escondido)” (Michael Haneke, 2005): Desde entonces, a Juliette Binoche se le da fenomenal, o así lo intuyen productores y directores, meterse en la piel de madres sufridas, y nadie más atento a las angustias que Haneke, con quien ya había trabajado en “Código desconocido” (2000). Unas misteriosas cintas de vídeo caseras que una mano anónima deposita en su buzón activan la crisis de identidad de Anne y Georges (Daniel Auteuil), un matrimonio aburguesado del montón, que organiza cenas con amigos y tiene el salón forrado de libros y discos de gusto excelente. También un hijo capaz de satisfacer la sed de logros de sus padres y de castigarlos con escapadas, silencios y acusaciones íntimas. Y todo por culpa de un par de horas de metraje en las que una cámara doméstica ha grabado un plano fijo del frontal de su casa. Nada más. Y, precisamente, he ahí el pánico, el terror al vacío absoluto que el hijo de Anne y Georges, y poco a poco ellos mismos, intuye en sus vidas.

“Copia certificada” (Abbas Kiarostami, 2010): Podría acusarse a Binoche de manía por coleccionar credenciales de cineastas reputados y alternativos en su historial, si no fuera por motivos tan contundentes. Aunque la película generó opiniones contrapuestas, el experimento de Kiarostami —la actriz había estado a sus órdenes previamente en “Shirin” (2008)— ofrece cuanto menos una honesta y carnosa interpretación de Juliette Binoche, quien se llevó el premio a mejor actriz en el Festival de Cannes. Una presentación sin emociones, incluso banal, en torno a un escritor estadounidense (William Shimell) que llega a una pequeña ciudad italiana a hablar de su último libro, un ensayo acerca de los límites entre las obras originales y las ‘simples’ copias. Ahí, el fundamento teórico; a partir de entonces, la aplicación práctica en un à deux ascendente, misterioso y ambiguo entre el escritor y una asistente en la conferencia, papel que corresponde a Binoche. La película escondía muchas lecturas sorpresa y sorprendentes, y un tan sabio como rimbombante discurso acerca de la sobrevalorada originalidad y el denostado acto de la imitación. ¿Es el amor, también, imitable?

“Los amantes del Pont Neuf” (Leos Carax, 1991): El controvertido e imprevisible Carax se inmiscuyó en otra lectura sobre las razones del arte con este romance kamikaze entre dos indigentes. Uno de ellos es Michele, una joven pintora frustrada por una relación sentimental rota y una ceguera progresiva que le impedirá desahogar su alma en el medio para el que ella siente haber nacido. Un impedimento metafórico que se acrecienta a medida que la chica y un circense alcohólico pasan las horas, charlan y cometen actos surrealistas alrededor del Pont Neuf, cerrado al paso por obras de mantenimiento. La belleza de Binoche queda hecha jirones por la suciedad pretendida de Carax, amigo de enfrentar los géneros a códigos opuestos. Fue la segunda colaboración entre Binoche y el cineasta tras “Mala sangre” (1986), menos popular que esta película, e incluyó pinturas propias de la actriz, apasionada del óleo. Por su certeza interpretativa más que por un intuido olfato pictórico se acabó llevando el premio a mejor actriz de Cine Europeo, certamen en el que volvería triunfar en otras dos ocasiones.

“El paciente inglés” (Anthony Minghella, 1996): Actualmente Binoche se ha acostumbrado a su poder de negarse a la maquinaria hollywoodiense, pero en su momento ésta no sólo consolidó su fama internacional, sino que la incluyó en esa exclusiva nómina de actores europeos galardonados con un Oscar® —aparte del BAFTA y otro reconocimiento en el Festival de Berlín—. Su intervención era secundaria sobre la preminencia del romance a la antigua usanza, con la Segunda Guerra Mundial de fondo, entre el explorador aristócrata y la esposa de otro británico de alcurnia. La mitad de los espectadores quedaría prendada de ese amor desbocado y clandestino, la otra mitad del amable sacrificio de la enfermera encarnada por Binoche, que se dedica a cuidar de un hombre desfigurado por las quemaduras y a enamorarse de un artificiero indio. La estructura no resultaba tan fluida y acompasada como en la novela de Michael Oondatje, y Minghella prefería potenciar los redobles de épica de largo metraje, heredada de David Lean y Michael Curtiz. No obstante, queda para el recuerdo la ascensión de Binoche, a la luz de una bengala, por una caverna decorada con maravillosos frescos.

“Las horas del verano” (Olivier Assayas, 2008): El guionista y director Assayas recuperó uno de los temas preferidos del drama francés: la reunión forzosa de familiares separados en su momento con una buena cantidad de cuentas pendientes. En este caso son tres hermanos, uno de ellos la versión de Binoche más pija y rubia, como una diseñadora emigrada a Nueva York, cuyo éxito no desea intercambiar por las oleadas de recuerdos en su pueblo natal. La herencia de una colección de arte decimonónico es motivo de rupturas y reencuentros entre los hermanos, y de reflexión para Assayas acerca de la correspondencia entre valor material y sentimental. Ecos imitativos del cine de Rohmer o sencillo y directo lienzo que atrapa la última luz del verano, entendido como época de libertad infantil y adolescente. En todas sus posibles lecturas, se salva la interpretación de Juliette Binoche entre un buen grupo de actores galos, zarandeados entre el humor descreído, tan francés, y la exageración de los dramas de gente rica en sus casas solariegas.

“La insoportable levedad del ser” (Philip Kaufman, 1988): Juliette Binoche tenía veintitrés años cuando se subió al tambaleante carro de la adaptación de la novela de Milan Kundera. Avalado por los críticos y acolchado por la obsesión hype de miles de lectores apuntados a la causa del existencialismo, el libro no parecía material simpático para llevar al cine. Pero Kaufman salió bastante airoso en su estreno, y Binoche pudo congratularse de haber trabajado desde tan joven junto a actores después consagrados como Daniel Day-Lewis, Stellan Skarsgård y Lena Olin. La película redujo el discurso filosófico del original para centrarse en el voltaje erótico de los escarceos de un cirujano (Lewis) con varias mujeres, entre las que se cuenta una Binoche naíf y provinciana. Un ejercicio de aprendizaje intensivo y con todos los ingredientes de las cinematografías que la actriz sembraría en adelante, pero sólo apto para voluntariosos o muy amantes de Binoche: el filme roza las tres horas de duración.

“La viuda de Saint-Pierre” (Patrice Leconte, 2000): El físico de Binoche, con su extraña hermosura moderna y su tendencia al estilismo de cabello corto, no parece encuadrar con los parámetros de las cintas de época. Pero tampoco éstas se le han resistido a la actriz, que cuenta en su filmografía con intentos como este relato ambientado en las colonias francesas, a mediados del siglo XIX. Lo más destacable de la experiencia es el personaje tan disímil al carácter habitual de Binoche: una esposa de capitán, sumisa y callada, que invierte los ratos muertos en cuidar del jardín y en entablar amistad con el preso de su marido, que está esperando la llegada de una guillotina a la isla para que se cumpla su sentencia. La escritura parsimoniosa de Leconte al servicio de un cuento de personajes a la contra de su destino, que bebe más del cine de ambientación napoleónica algo pasado de moda que de las intenciones críticas de un Nathaniel Hawthorne o un D. H. Lawrence.

“Chocolat” (Lasse Hallström, 2000): La actriz volvió a ser candidata al Oscar®, esta vez en categoría principal, gracias al cuento más dulzón de su carrera cinematográfica, que alegró el día por igual a críticos y espectadores. Vianne, su personaje, desde luego reunía las virtudes más típicas de Binoche: mujer emprendedora e independiente, capaz de poner en marcha por sí misma un negocio y una pequeña familia para su hija. La vecina de la risa siempre a punto junto al saludo de bienvenida, la francesa impetuosa y enérgica, en todos los aspectos de su personalidad y en todas las facetas de la vida diaria, también la nocturna. El reparto de bombones y tazas de chocolate en un pueblecito de cuento idílico transformaba los ceños fruncidos de sus habitantes, entre los que se contaban rostros conocidísimos como Judi Dench, Alfred Molina y hasta ¡Leslie Caron! Johnny Depp completaba la parte romántica, y aunque de entrada la tableta parece demasiado empalagosa, a algunos les cuesta reconocer que la disfrutaron enormemente, lo que dio para un chiste en “¡Te quiero, tío!” (John Hamburg, 2009).

Suele mostrarse reticente a los trabajos vinculados a la gran industria, y sus elecciones están hermanadas por un trasfondo de peso emocional, a veces facilón, o por corrientes de autoría que defienden voces nuevas. No por ello le ha dicho que no a actuar frente a Steve Carell, si bien para una comedia tan light “Como la vida misma”  (Peter Hedges, 2007); o al lado de un estereotipado rostro de Hollywood, el de Richard Gere en la curiosa “La huella del silencio” (Scott McGehee y David Siegel, 2005). Quizá su mayor patinazo y concesión al mainstream fue “Romance en Nueva York” (Chantal Akerman, 1996), pues sus demás ejemplos se justifican por compañeros de reparto tan notorios como Al Pacino “The son of no one” (Dito Montiel, 2010)—, un director amigo —“Breaking and entering” (Minghella, 2006)—, un telón de denuncia social —“Un país en África” (John Boorman, 2004)—, o un texto de prestigio —“Cumbres borrascosas” (Peter Kosminsky, 1992)—.

Pero en Europa es donde parece sentirse cómoda, y no sólo a causa del idioma. Se nota de inmediato la disposición de Juliette Binoche por desnudarse en cuerpo y alma, un deseo que los convencionalismos y autocensuras del otro lado del charco no pueden brindarle con tanta asiduidad. Ella prefiere hablar de sacrificio artístico en “París” (Cédric Klapisch, 2008), de la franja de Gaza en “Disengagement” (Amos Gitai, 2007), las relaciones materno-filiales en “El vuelo del globo rojo” (Hou Hsiao-hsien, 2007), el feminismo histórico en “Confesiones íntimas de una mujer” (Diane Kurys, 1999), el amour fou de “Alice y Martin” (André Téchiné, 1998). Lo cual no quita para que se anote algunos tantos en el cruce de Europa y producción comercial, como la comedia “Jet lag” (Danièle Thompson, 2002), la cinta coral “Paris, je t’aime” (el segmento de Nobuhiro Suwa, 2006) o la épica de “El húsar en el tejado” (Jean-Paul Rappeneau, 1995). Inquietudes de una actriz que ha tenido que ser también María Magdalena —en “Mary” (Abel Ferrara, 2005)— y que trabajar con grandes voces del cine francés —Louis Malle en “Herida” (1992)— desde que tuviera un papelito en “Yo te saludo, María” (Jean-Luc Godard, 1985), cerca de la fecha de su debut, en 1983.

En las imágenes: “Ellas” © 2011 Machine, Zentropa International Poland y Zentropa International Koln. “Tres colores: Azul” © 1993 MK2 Productions, CED Productions, France 3 Cinéma, CAB Productions y Zespol Filmowy. “Caché (Escondido)” © 2005 Les Films du Losange, Wega Film, Bavaria Film y BIM Distribuzione. “Copia certificada” © 2010 Bibi Film y France 3 Cinéma. “Los amantes del Pont Neuf” © 1991 Films A2, Gaumont International y Les Films Christian Fechner. “El paciente inglés” © 1996 Miramax International y Saul Zaentz production. ”Las horas del verano” © 2008 MK2 Productions y France 3 Cinéma. “La insoportable levedad del ser” © 1987 Saul Zaentz Company. ”La viuda de Saint Pierre” © 2000 Cinémaginaire Inc., Epithète Films, France 2 Cinéma y France 3 Cinéma. “Chocolat” © 2000 Miramax Films, David Brown Productions y Fat Free Limited. “Breaking and entering” © 2006 Miramax Films, The Weinstein Company y Mirage Enterprises. “Jet lag” © 2002 Les Films Alain Sarde, TF1 Films Production y Pathé. Todos los derechos reservados.

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