Inicio > Las mejores películas > Las mejores películas de Nicolas Cage

Las mejores películas de Nicolas Cage

Escrito por el 13.07.12 a las 23:12
Archivado en: Actores y actrices

Él no quería ninguna ayuda, de modo que se cambió la carta de presentación. Le sustrajo una hache a su nombre y encerró el apellido de connotaciones italoamericanas en una caja, ayudado por la inspiración de un cómic. Eso no impidió que tito Francis le echara un cable para comenzar, medio de tapadillo, sin que se apreciara tanto la relación tío-sobrino —en “La ley de la calle” (1983), “Cotton Club” (1984) y “Peggy Sue se casó” (Francis Ford Coppola, 1986)—, o incluso su propio hermano, quien no tuvo remilgos en sumarse públicamente al clan familiar —“El riesgo del vértigo” (Christopher Coppola, 1993)—. Décadas más tarde, cuando el prestigio ganado a pulso por ese nuevo nombre no le sirvió de nada en asuntos de deudas económicas, no le temblaron las facciones al entregarse a una vorágine de rodajes alimenticios, que podían arruinar su imagen.

Que haya sobrevivido a esa extraña evolución, del casi anonimato al meme, explica por qué Nicolas Cage es un actor de los grandes. Porque su grandeza se ha desvinculado totalmente de la calidad para erigirse en santo y seña de una convocatoria de fans que asocian sus cacareados defectos, la gesticulación espasmódica y la sobreactuación del método, a la encarnación de un icono pop definido en todas sus acepciones. En un solo hombre. Aquel que se comió una cucaracha durante un rodaje y que ganó un Oscar®. El mismo que ha permitido el maridaje aprobado en el cielo entre el mundo gif y su persona; un intérprete que ofrece en casi todas sus películas material de oro para el bombazo escueto y la esencia de la cultura de la sinopsis.

Rebautizado como Gifolas, Cage es ya, en el peor momento de su carrera cinematográfica según la corriente de opinión más rígida, un referente indiscutible del momento hit, del grito descontrolado, de la frase épica. Las mejores películas del actor, no obstante, revelan a un personaje central, el del propio Nick Cage, dividido en unas cuantas facetas complementarias, tan maleables en el blockbuster como en el proyecto de autor. Tal vez a través de ellas, o cuanto menos algún día futuro, podamos responder a la pregunta que a él parece traerle sin cuidado: ¿quién fue Nicolas Cage?

“Adaptation (El ladrón de orquídeas)” (Spike Jonze, 2002): Nicolas Cage es ¡dos Nicolas Cages! Los hermanos gemelos Donald y Charlie Kaufman —guiño meta del guionista de la película—, el último de ellos un depresivo que no consigue completar el libreto para un filme de encargo y que recibe la visita indeseada de su hermano. Si se califican de tan pésimas sus interpretaciones, ¿cómo sucede que se le otorgue un doble rol, y en una cinta indie con director de culto? Destaquemos el resultado: otra historia maestra del ex dueto Jonze-Kaufman, con las mejores referencias paródicas a Robert Mckee, el gurú del mundillo de la escritura de guiones, y diálogos antológicos entre los dos hermanos, o entre Nick y él mismo. Sin que medie un absceso de la esquizofrenia ante las cámaras que normalmente se le adjudica, sino un muy bien medido balance entre la mitad derrotista y la descreída de un mismo cigoto.

“Leaving Las Vegas” (Mike Figgis, 1996): Nicolas Cage es, antes que nada, el orgulloso ganador de un Oscar® al Mejor Actor. ¿Irá a parar la estatuilla al baño? Cage le daría un mejor uso como bate sobre los morros de todos sus detractores, tardíos o tempranos. Ben Sanderson, su protagonista, es otro guionista y también absorbido por la melancolía crónica, que busca en la ciudad del póker y las stripers una muerte autoinducida por alcohol en vena. No contaba con la aparición luminosa de una Elisabeth Shue como prostituta e inesperada amiga de confidencias y fatigas, entre trago y apuesta. Mucho antes de que su prima, Sofia Coppola, pusiera de moda las conversaciones entre desconocidos en ciudades neónicas, Cage ya sentó precedente con una trama que se va consumiendo en el mismo torbellino de esperanza y dolor que asola al personaje. Eso, e inspiración para una letra del dúo Amaral…

“Corazón salvaje” (David Lynch, 1990): Nicolas Cage canta mejores canciones de las que sugiere su persona —aunque para “Leaving Las Vegas” compuso una—, y en esta road movie de Lynch se marca un “Love me tender” de Elvis Presley, con cuya hija, Lisa Marie, Nick llegaría a casarse y divorciarse. Sailor Ripley ama a Lula (Laura Dern) y es correspondido, pero no así por su suegra, que encarga a una panda de matones que se deshaga de tan indeseado yerno. Los dos se lanzan a la carretera, ese territorio erótico y recorrido por freaks que tantas veces ha retratado el director. A caballo entre la pasión desbocada de una pareja tan extravagante y el sarcasmo aplicado a los tonos, giros argumentales y comportamientos típicos de las huidas de jóvenes a lomos de automóviles vintage, en cierto modo una trama de moda en los primeros noventa, “Corazón salvaje” era el latido perfecto para un actor que tenía el corazón artístico on fire.

“El señor de la guerra” (Andrew Niccol, 2005): Nicolas Cage fue un ídem antes de interpretar al mismo cargo, pero en la Edad Media, en una de las películas sonrojantes de su última etapa como actor a sueldo y al mejor postor. Yuri Orlov trafica con armas, primero para mafiosos, luego a nivel mundial, sin cuestionarse las metas de su oficio más allá de los rendimientos que tiene en su bolsillo, hasta que la Interpol, los fracasos vitales y su bello hermano pequeño (Jared Leto) le inculquen la cosquilla de las dudas morales. Niccol, pendiente de su tiempo a través de códigos de género completamente apartados del presente, optó en esta ocasión por un conflicto ético en clave contemporánea, dándole a Cage toda la responsabilidad de ser un tipo duro, como siempre, pero sin sobrepasarse en esa confrontación filosófica, como siempre se teme que suceda cuando él aparece. Nada de eso, sino una denuncia social sin el peso de serlo.

“Kick Ass” (Matthew Vaughn, 2010): Nicolas Cage no es un superhéroe. Fue durante mucho tiempo la opción de Tim Burton para su hipotético Superman; Willem Dafoe finalmente le arrebató el papel de Duende Verde en el primer “Spider-Man” (Sam Raimi, 2002), y cuando pudo asociarse a la Marvel, sucedió con un cómic menos popular, “Ghost Rider”, que lo alejó aún más del favor de la crítica. En las viñetas de Mark Millar y John Romita Jr. Big Daddy hacía honor a su nombre de guerra enmascarada: un tiparrón cuadrado de hombros, enorme de rostro y manos, cubierto por plúmbeos abrigos de cuero y vocabulario barriobajero. Nada que ver con la delgadez de Cage, quien a pesar del juego de diferencias con el original dibujó un excelente padre para una ciudad huérfana de superhéroes que barran a mafiosillos organizados y para la burra Hit Girl (Chloë Grace Moretz). Los niveles de brutalidad pudieron haberse hecho aún más ecos del original, pero Vaughn optó por el esteticismo propio de su breve filmografía y consiguió ganar la pugna —al menos en taquilla— con otra película de héroes caseros de la temporada, “Super” (James Gunn, 2010).

“La Roca” (Michael Bay, 1996): Nicolas Cage es un cerebrito que vive encerrado en su laboratorio hasta que Sean Connery lo arrastra a la aventura, en la mismísima prisión de Alcatraz. Nick no se niega: la existencia anodina de Stanley Goodspeed —bonito y premonitorio apellido— cambia a mejor con la percusión de Michael Bay y el estrés que propician unas atractivas esferas verdes. Son las armas bioquímicas de un veterano de la Marina tan desquiciado como Cage en sus peores (mejores) momentos, y músculos canosos y recámara científica deberán unir fuerzas para evitar que el peñón vuele por los aires y arrastre de paso a la próxima San Francisco. El ritmo cardiaco de Bay halla réplica idónea en los extremos interpretativos de Nicolas, aquí contenido por el carácter introspectivo de su personaje, hasta que la presión ambiental saque unas cuantas perlas de su repertorio.

“Cara a cara” (John Woo, 1997): Nicolas Cage es John Travolta, y John Travolta es Nicolas Cage, aunque sea un intercambio de rostros, y no de identidades, antes de que Nicolas Cage vuelva a ser Nick… Ese truco de camuflaje tan bondiano o favorito en la batería de recursos de Ethan Hunt era el punto de partida, con elaborada base científica, para un intercambio de facciones entre un criminal y un agente de la ley. Cage era el villano, quizá responsable de la muerte del hijo del policía, aunque luego pasaría a ser el bueno, pero manteniendo su maldad inherente… Un caos a la hora de explicar los vaivenes del guion, que en pantalla ofrece mucho mejor ritmo, sorpresas y tensiones de una peculiar caza entre el pájaro y el gato que juega a intercambiar roles y al despiste con el espectador. Además, Nick tenía la oportunidad de volver a desdoblarse como mafioso enrabietado y, a la vez, como fiel servidor de la ley al que le asquea adoptar la cara de su mayor enemigo. No conviene criticarlo, entonces, por sus explosiones de aparente psicosis, en especial si uno imagina que abre los ojos, se mira al espejo, y en vez del ‘yo’ habitual te devuelve la mirada Travolta. Y no el de sus tiempos rocker.

“Teniente corrupto” (Werner Herzog, 2009): Nicolas Cage es un hombre que no duda en gritarle a una ancianita, en colocarse de coca y hasta las entradas con gente dudosa, en insultar a las iguanas… Sólo como parte de su personaje, para alivio de las protectoras de animales, aunque nunca se sabe dada la tendencia extremista de Cage con el ‘método’ interpretativo. Es el teniente del título, Terence McDonagh, un detective que se pasea por los vapores venenosos de la onírica Nueva Orleans, eso si no se detiene a darle algún que otro abrazo a Eva Mendes. Desentrañar por qué habían sido asesinados cinco senegaleses era el objetivo menos prioritario si durante la investigación van asomando suficientes cantidades de drogas, mesas de apuestas, conspiraciones, deudas y un perro. Terence McDonagh era… Nicolas Cage.

“Snake eyes (Ojos de serpiente)” (Brian De Palma, 1998): Nicolas Cage es Rick Santoro, quien se recorre en un falso y épico plano secuencia, de los que hacen babear a De Palma, el comienzo de esta trama que mezcla apuestas de dados y boxeo. Camisas atigradas en colores psicotrónicos y trajes con solapas afiladas; el Nick más macarra, libre en su elemento, eterno perseguidor de la combinación con menos probabilidades y que traiga consigo las mayores cantidades de fiestón y adrenalina por antros poco recomendables. Más entramados de sospechas cruzadas para Cage, y en el escenario de Atlantic City, cuna de los casinos y la mala vida noctámbula. ¿Una indirecta de los productores? ¿Nick practicando a todas luces la honradez y fidelidad a sí mismo? Entre medias de la respuesta, el actor se lo pasa de fábula rastreando pistas sobre el asesinato del Secretario de Defensa y cultivando sus dotes de mujeriego.

“Al límite” (Martin Scorsese, 1999): Nicolas Cage es Frank Pierce, un conductor de ambulancia que sufre la falta de sueño y las casi alucinaciones de trabajar en tramo nocturno. Nick demuestra un tiento infalible al combinar, como en una loquísima ruleta de máquina tragaperras, los nombres más disímiles; para algunos, alineaciones que difícilmente conducirán a un premio contante y sonante. Y bien que Marty es amigo de Coppola, pero el sobrino tenía un currículum tan variado que resulta pasmoso argumentarle una negativa. Así que aquí está el ‘sí’ de Scorsese, con una de sus cintas menos recordadas, no obstante, y no por culpa de Cage. Su interpretación, más cercana a las coordenadas que le trajeran su —hasta el momento único— Oscar, prescinde de alardes vista la carga emocional que impone el frenesí de los enfermeros, de los pacientes que llegan en las peores circunstancias imaginables y de aquellos que no consiguen salvarse a pesar de todos los esfuerzos del paramédico. Una camilla para Nick, que en esta ocasión no está consumiéndose bajo ninguna taquicardia interpretativa.

“Hechizo de luna” (Norman Jewison, 1987): Nicolas Cage es Ronny Cammareri, un empleado de panadería en una comedia, sin virajes hacia algún secuestro, chantaje o montón de dinamita escondida en algún lugar emblemático. Vehículo de lucimiento para Cher que terminó siendo un éxito a ojos de la crítica y la Academia, aunque en su momento se valoró la presencia del actor como algo secundario y poco reseñable. La diva se enamoraba de él después de haberse prometido con su hermano mayor, mucho más gris y convencional que el misterioso y vividor del bueno de Nick. Enredos románticos sin cargas sentimentales en la atmósfera italoamericana que al actor le viene de raíces. Las luces artificiales del skyline neoyorquino iluminando su cejijunta propensión al enfado y la ruptura de una vena apasionada. Sus tiempos mozos, cuando peinaba hacia atrás una ingente masa de cabello y pensaba que eso de la melancolía y el carácter borderline se pasaría con la edad.

“Besos de vampiro” (Robert Bierman, 1988): No es un ejemplo de calidad cinematográfica si se compara, en términos clásicos, con las primeras ocupantes de esta lista. Pero es un necesario cierre, o compuerta hacia el resto del universo Gifolas. Una de las mayores fuentes de escenas, planos y líneas de diálogo reciclables como meme en el ciberespacio; Nicolas Cage es un chupasangre. O con esa sospecha comienza a convivir Peter Loew, un yuppie que recibe la mordedura de un chiflado. ¿Paranoia o la metamorfosis sobrenatural más descabellada, y desmelenada, desde los tiempos de “Drácula negro” (William Crain, 1972)? Alaridos frente al espejo, piernas que deambulan por las calles, violaciones y asesinatos en discotecas, sed de plasma que no consigue ser saciada porque quizá lo que le conviene a Nick es un tranquilizante. Clásico indiscutible para el fan de Nicolas Cage, el actor en el estadio más puro y elevado de su leyenda.

Adoptemos desde ya la expresión “cagearse en todo”: Nick a tope en el género fundacional de su trayectoria, el thriller de acción, desde  “Red Rock West” (John Dahl, 1993). Aunque el prestigio de aquel origen se haya ido diluyendo en beneficio del desarrollo supremo de la personalidad Cage, el hombre de cejas en ‘v’, frase escueta y mucha desesperación, desahogada en chillidos o mandatos rotundos. Por eso funciona como el marido fiel pero explosivo de “Bajo amenaza” (Joel Schumacher, 2011) o “El pacto” (Roger Donaldson, 2011), también como profesor Nostradamus en “Señales del futuro” (Alex Proyas, 2009), el obsesivo compulsivo de “Los impostores”  (Ridley Scott, 2003) o el macarrilla inaugural de “Zandalee (En el límite del deseo)”  (Sam Pillsbury, 1991).

Pero el poder de Nicolas Cage se ha ido musculando, retirándose de aquellos brazos espigados y la expresión de pájaro dulzón de sus primeras películas, para convertirse en el tío favorito, de peinados furiosos y furia a punto de ebullición, de todos los sobrinos cinéfilos huérfanos. Un mago de la variedad de papeles unidos por un mismo nexo de arritmia cardiaca —y fue un prestidigitador estilo David Copperfield en “Next”  (Lee Tamahori, 2007)—: “Furia ciega” (Patrick Lussier, 2011), “Bangkok dangerous”  (Oxide Pang Chun y Danny Pang, 2008), “La búsqueda” (Jon Turteltaub, 200) y secuela, “Ghost rider. El motorista fantasma” (Mark Steven Johnson, 2007) ¡y secuela!, “60 segundos” (Dominic Sena, 2000), “Asesinato en 8 mm” (Joel Schumacher, 1999), “Con Air” (Simon West, 1997) y “El sabor de la muerte” (Barbet Schroeder, 1995).

Pero él sabe despuntar en la tendencia de su última etapa, a contrarreloj con el pago de sus deudas mediante la venta de su castillo inglés y la prostitución artística en filmes de confección vergonzosa. Hay quien se lleva las manos a la cabeza recordando su debut en “La chica del valle” (Martha Coolidge, 1983) —¿y quién recuerda realmente esa película?—, aunque antes viniera “Aquel excitante curso” (Amy Heckerling, 1982), de cuyo montaje fueron retiradas bastantes escenas de Nicolas y que sirvió como trampolín para Sean Penn antes que para él. Lo cierto es que “En tiempo de brujas” (Dominic Sena, 2011) y “El aprendiz de brujo” (Jon Turteltaub, 2010) han añadido un par de muescas innecesarias en la filmografía del actor, pero recordemos que ya antes había participado en cintas de época con poco de memorable, ya fuesen las bélicas “Windtalkers” (John Woo, 2002), “Pájaros de fuego” (David Green, 1990), “Time to kill” (Giuliano Montaldo, 1989), “Adiós a la inocencia” (Richard Benjamin, 1984) y “Birdy” (Alan Parker, 1984), o el biopic de un famoso regatista en “The Boy in Blue” (Charles Jarrott, 1986).

Algunos de estos últimos ejemplos se entremezclan con un ámbito peligroso para Cage, el del melodrama sin ambages, donde sólo puede lucir la boca entreabierta de bobalicón y su voz grave y bien trabajada para conquistar a féminas desprevenidas, tal y como sucede en “La mandolina del capitán Corelli” (John Madden, 2001), “Family man” (Brett Ratner, 2000), “City of angels” (Brad Silberling, 1998) y “Te puede pasar a ti” (Andrew Bergman, 1994). O de héroe de patrón clásico en “World Trade Center”  (Oliver Stone, 2006). Lo que certifica que Nick no es un icono patriótico, no se corresponde con el prototipo de bombero admirable ni con “El hombre del tiempo”  (Gore Verbinski, 2005); deben adjudicarle personajes intemporales, desligados de toda escuadra de lugar, tiempo presente y lógica. 

Por eso rinde casi mejor en pleno humor ridículo, el de  “Atrapados en el paraíso”  (George Gallo, 1994), “Tess y su guardaespaldas” (Andrew Bergman, 1994) —que fantasea con el ideal de tener a Cage, el mejor monstruo de los accesos de rabia, como segurata personal—, “Atrapen al ladrón. ¿Al blanco al negro?” (E. Max Frye, 1993), “Luna de miel para tres” (Andrew Bergman, 1993) o “Arizona baby” (Ethan y Joel Coen, 1987). O presumiendo de su enseña, la voz que tanto entrena antes de pasarse a grito pelado unas cuantas secuencias, en cintas animadas como “Astro boy” (David Bowers, 2009), “G-Force: Licencia para espiar” (Hoyt Yeatman, 2009), “Ant Bully, bienvenido al hormiguero” (John A. Davis, 2006) y “Cuento de Navidad”  (Jimmy T. Murakami, 2001). No podríamos concluir, a pesar de todo, cuál es el estamento idóneo para Nick Cage.

Si debería sustraérsele la silla de director “Sonny” (2002), si terminará siendo más recordado por apariciones fugaces —el falso tráiler “Werewolf women of de SS” en el doblete “Grindhouse” (2007)—, o por apropiaciones egocéntricas del metraje. Si no será, a fin de cuentas, una criatura metamórfica que muta su estética, aunque se convierta en objeto de mofa, para propagar el mismo lamento una y otra vez. Por allí asoman los críticos, aguijón en ristre. ¡Las abejas no! El horror, personal y provocado por un pálpito de vergüenza ajena, la incertidumbre acerca de si se trata de una comedia fortuita o intencionada; lo que puede ser una intensidad emocional desgarrada o un juego crepitante de exageraciones. Tomen “Wicker man” (Neil LaBute, 2006), mucho más aceitosa en términos morales y cinematográficos que el original de 1973 que remakea, como broche dorado. Nicolas Cage asediado por mujeres fortachonas, gente disfrazada de oso pardo, niñas creepies y cascos rellenos de abejas. Y todo en una única isla. Los escasos kilómetros que Gifolas, perdón, Nicolas necesita para expresarse como enfermo de Diógenes de rodajes: maestro de la cutrez o genio que ha convertido la falacia “tan malo que es bueno” en una verdad indiscutible.


 

En las imágenes: “Bajo amenaza” © 2011 Millennium Filsm, Nu Image Films y Winkler Films. “El aprendiz de brujo” © 2009 Disney Enterprises y Jerry Bruckheimer Films. “Adaptation (El ladrón de orquídeas)” © 2002 Columbia Pictures, Intermedia Films y Magnet / Clínica Estético. “Leaving Las Vegas” © 1995 United Artists y Lumière Pictures. “Corazón salvaje” © 1990 PolyGram Filmed Entertainment y Propaganda Films. “El señor de la guerra” © 2005 Entertainment Manufacturing Company, VIP Medienfonds 3, Ascendant Pictures, Saturn Films, Rising Star, Copag V y EndGame Entertainment. “Kick-Ass: Listo para machacar” © 2009 Marv Films y Plan B Entertainment. “La Roca” © 1996 Don Simpson & Jerry Bruckheimer production. “Cara a cara” © 1997 Touchstone Pictures y Paramount Pictures. “Teniente corrupto” © 2009 Millennium Films, Nu Image Films, Edwards R. Pressman Film, Polsky Films, Saturn Films y Osiris Productions. “Snake Eyes (Ojos de serpiente)” © 1998 DeBart, Paramount Pictures y Touchstone Pictures. “Hechizo de luna” © 1987 Metro-Goldwyn-Mayer. “Besos de vampiro” © 1989 Metro-Goldwyn-Mayer. “El pacto” © 2011 Endgame Entertainment, Aura Film Partnership, Fierce Entertainment y Material Pictures. “Ghost Rider: Espíritu de venganza” © 2012 Columbia Pictures Corporation, Hyde Park Entertainment, Imagenation Abu Dhabi, Crystal Sky Pictures y Marvel Enterprises. “En tiempo de brujas” © 2010 Relativity Media y Atlas Entertainment. “City of angels” © 1998 Warner Bros. Pictures, Regency Enterprises y Atlas Entertainment. “Arizona baby” © 1987 20th Century Fox. “Wicker man” © 2006 Alcon Entertainment, Millennium Films, Saturn Films, Emmett/Furla Films, Equity Pictures Medienfonds y Nu Images Entertainment. Todos los derechos reservados.

Escribe tu comentario

AVISO: Su publicación no es inmediata, los comentarios están sujetos a moderación. La opinión de cada comentarista es personal y no representa la de LaButaca.net.

(obligatorio)

(obligatorio; no se mostrará)



5 - olga feliza gonzalez - 3:37 - 16.04.14

nicolas cage es para mi el mejor actor mundial el se mete dentro del personaje, y lo vive asi nos hace ver una istoria real !!!!



4 - Bairon Molina - 21:14 - 26.05.13

Deberia hacer El vengador fantasma3 ya que le quedo historia que contar



3 - Fresa Salvaje - 16:26 - 19.07.12

Nicolas Cage es de esos actores cuyas dotes escénicas solo se muestran si el director lo sabe dirigir (los hay que salvan la papeleta solos).



2 - Jordi Revert - 8:37 - 17.07.12

¡Reportajaco! Creo que este era mi “Las mejores películas…” más esperado. Un “Los mejores gifs de Gifolas Cage” ya sería impagable.



1 - jaime - 20:23 - 14.07.12

Ojala vuelva nuestro Nicolas Cage de siempre. Que deje de aceptar este tipo de peliculas de nivel mediocre (desde un punto de vista elevado) y vuelva a deleitarnos con las peliculas por las que siempre le he admirado (cara a cara, la roca, el señor de la guerra..) y con su peculiar carácter!
Cage recupera de nuevo la confianza de la gente!



0 - ryoga - 17:02 - 14.07.12

las mejores para mi, sin duda, kick-ass, el señor de la guerra, y al limite




   Las mejores películas de Sandra Bullock
   Las mejores películas de Jodie Foster
   Las mejores películas de Leonardo DiCaprio
   Las mejores películas de Park Chan-wook
   Las mejores películas de Robert Downey Jr.
   Las mejores películas de Gus Van Sant
   Las mejores películas de zombies
   Las mejores películas de Steven Soderbergh
   Las mejores películas de Andrew Niccol
   Las mejores películas de Bryan Singer
   Las mejores películas de Keira Knightley
   Las mejores películas de Sam Raimi
   Las mejores películas de Zhang Yimou

Reportajes más leídos 

   Las mejores películas románticas
   Las mejores películas de ciencia-ficción
   Las mejores comedias
   Las mejores películas de animación
   Las mejores películas de viajes en el tiempo
   Las mejores películas del 2012
   Las mejores películas de género carcelario
   Las mejores películas de fantasía
   Las mejores películas de acción
   Las mejores películas de superhéroes
   Las mejores películas de cine bélico moderno
   Las mejores películas de terror
   Las mejores películas apocalípticas
Síguenos en Facebook

Síguenos en Twitter


 
Mapa del sitio Más secciones Archivo de películas Facebook  Twitter  Google+  RSS
Nube de tags:  el hobbit | big hero 6 | exodus dioses y reyes | magia a la luz de la luna | ouija | juegos del hambre sinsajo | mortadelo y filemon | interstellar

© LABUTACA.NET - Avda. Jacarandas, 2, 722 - 46100 Burjassot, Valencia, España - Telf.: 96 375 58 22 - E-mail: redaccion@labutaca.net
Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Prohibida la reproducción de los contenidos de este sitio sin consentimiento expreso de sus propietarios. Todos los derechos reservados.