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Las mejores películas de niñeras, canguros y otros cuidadores de niños

Escrito por el 15.05.12 a las 11:17
Archivado en: Personajes

Si a “¡Jo, qué noche!” (Martin Scorsese, 1985) se le hubiese sumado desde los primeros minutos una tríada de niños insufribles, el resultado no estaría muy alejado de “El canguro” (ver tráiler), lo nuevo de David Gordon Green, director de lucidez insolente para unos y grosero para otros, que junto a Jonah Hill propicia aquí una nueva división de opiniones. Este babysitter al que se le sale de madre un simple paseo nocturno por Nueva York presenta más de un sospechoso punto en común con otros representantes cinematográficos de su oficio. La mayoría ha deambulado casi siempre por la comedia, aunque más de uno quisiera que el cuidado de un solo crío concluyese con la visita de algún asesino en serie. Si bien es el canguro quien suele salir perdiendo llegado el caso. Veamos hasta qué límites han sido capaces de aguantar las mejores niñeras y los más imaginativos canguros que hayan debido enfrentarse a unas terribles horas en compañía infantil y maquiavélica.

“La noche de Halloween” (John Carpenter, 1978): No se requería un cebo demasiado llamativo para convencer a Michael Myers de asaltar cualquier casa con luces encendidas y acuchillar a la moza de turno. Pero he ahí que Jamie Lee Curtis no era cualquier muchacha de pueblo e iba a repartir griteríos a destajo mientras esquiva al psicótico recién escapado del sanatorio y protege al niño que tiene a su cargo por una noche. El género no ha contribuido felizmente al gremio de las babysitters —“Llama un extraño” (Fred Walton, 1979) jugaba a idénticas trampas entre protectora de la inocencia y amenaza fálica—. Basta que llegue Halloween para sentir el miedo por las calles del vecindario, y no hace falta que a la maquinaria hollywoodiense se le ocurran desganados reboots cuando el original continúa funcionando con tanta perfección e inspirando más pánico con una máscara podrida y un cuchillo de trinchar cordero que todos los espectros nipones del mundo.

“Dentro del laberinto” (Jim Henson, 1986): Si los padres no confían en dejar a hermanos mayores al cuidado de los pequeños se debe a que pueden suceder cosas tan temibles como ser secuestrados por ¡David Bowie! Noticia atroz para progenitores conservadores y fenomenal excusa para fans del rockero: que Ziggy Stardust rapte a un bebé incordio a modo de estratagema para atraerte hacia su reino no puede ser otra cosa que motivo de celebración. Pero Sarah —aquella pequeña y tierna Jennifer Connelly dando sus primeros y perturbadores pasos interpretativos— se lo toma más bien como una pesadilla, y recorre el laberinto de este rey de los elfos con el ánimo de que al regreso de sus padres todo vuelva a estar en orden. La magia como marionetista de Jim Henson, la capacidad de Frank Oz para insuflar alma a creaciones fantásticas que se antojan más humanas y expresivas que los actores, y, por supuesto, las canciones originales de Bowie hacen de este clásico un recuerdo indispensable de niños de los ochenta y una cinta todavía altamente eficaz, a pesar del desprestigio creciente ante el público infantil de lo freak y artesanal.

“Mary Poppins” (Robert Stevenson, 1964): La niñera que todo hijo de vecino hubiese querido tener, y no precisamente por ella —no dejaba de ser autoritaria, severa y de ausentarse en los peores momentos—, sino por aquellos trucos tan fantásticos como la recogida automática de juguetes o la transfiguración instantánea de sabor de jarabes. La escritora australiana P.L. Travers, que dio vida a la institutriz de Cherry Tree Lane, nunca vio con buenos ojos la adaptación musical de Disney —un conflicto que ahora también será narrado en la gran pantalla—, aunque su serie de novelas haya sido eclipsada por la película en la cultura popular en menos de lo que se tarda en decir Supercalifragilísticoexpialidoso. Julie Andrews compuso el papel de su vida y se llevó un Oscar® —y enseñaba cosas más liberales a los niños a su cargo que aquel empalago misógino de “Sonrisas y lágrimas” (Robert Wise, 1965)—. Nota curiosa: Emma Thompson, que encarnará a P.L. Travers, tuvo su empeño personal en llevar al cine y protagonizar la serie de libros “Nurse Matilda”, de Christianna Brand, en dos cintas de espíritu heredero de la Poppins, pero de colorido más rural y sin perder notas crueles, en “La niñera mágica” (2005, Kirk Jones) y “La niñera mágica y el Big Bang”  (Susanna White, 2010).

“Niñera moderna” (Walter Lang, 1948): Parece que les cuesta colgarse el delantal, pero los hombres se revelan igual de capaces para ejercer como canguros —y sin perder la virilidad, que se lo digan a Hulk Hogan en “Mr. Nanny” (Michael Gottlieb, 1993) y a Vin Diesel en “Un canguro superduro” (Adam Shankman, 2005)—, incluso con la sonrisa invertida y la mirada desorbitada del elegante e hilarante Mr. Belvedere. Tener por nombre Lynn es lo que conlleva en los anuncios: los padres se esperan a otra dulce estudiante digna de convertirse en víctima de un loco disfrazado y a cambio se encuentran con un caballero maduro que ejerce de improvisado psicólogo, educador y vigilante de tres diminutos diablos. La capacidad para la comedia ligera y un tanto azucarada de Walter Lang destacaba como contrapunto a la férrea construcción del a veces hosco Belvedere, que le valió a Clifton Webb una nominación al Oscar® antes de repetir personaje en otras dos películas. Nadie ha vuelto a encontrar a un instructor de aire inglés tan peripuesto para ocasiones de emergencia, ni aquellos inenarrables “Tres hombres y un bebé” (Leonard Nimoy, 1987), ni el Adam Sandler de la, por otra parte, bastante reivindicable “Más allá de los sueños” (Adam Shankman, 2008).

“Monstruos, S.A.” (Pete Docter, Lee Unkrich y David Silverman, 2001): Bendito desconocimiento parental, que arropa con tranquilidad a su niña de dos años sin sospechar que durante unas ajetreadas horas nocturnas vendrá un monstruo peludo color turquesa a asustarla y llevársela por error a su propio mundo. La rebautizada Boo —nunca llega a saberse su verdadero nombre— era un bebé la mar de pizpireto que poseía en sus pulmones el secreto más codiciado por Al Gore: la fuente de una energía ilimitada y renovable. Pero antes de regresar a la seguridad de su habitación floreada, varios monstruos cazadores de gritos infantiles se disputarán la custodia de la criatura, mientras Mike y Sully aprenden un curso acelerado de magisterio —a lo Arnold Schwarzenegger en “Poli de guardería” (Ivan Reitman, 1990) o Eddie Murphy en “Papá canguro” (Steve Carr, 2003)— y descubren lo que todo padre primerizo: llevarse a los niños al restaurante no causa más que problemas. Casi un bromance con adopción impremeditada de por medio y todo el genio Pixar al servicio de esa lectura adulta, recubierta de animación de primer orden, gags sobresalientes y toques sentimentales, que repetirán en una precuela, ya sin profesión de canguro.

“Aventuras en la gran ciudad” (Chris Columbus, 1987): Las nuevas peripecias como babysitter de Jonah Hill parecen inspirarse directamente en la odisea que atravesó una jovencísima Elisabeth Shue, al cargo de la niña fan número uno de Thor, su hermano adolescente y el mejor amigo de éste —un Anthony Rapp que actúa como puente entre el joven Ron Howard de los setenta y el potteriano Rupert Grint—. La película arrancaba con una estupenda secuencia musical que roza la autoparodia y basaba su estructura en una premisa ridícula —la amiga del alma de la protagonista le pide socorro desde una cabina telefónica tras arrepentirse de una fuga espontánea—. Comienza entonces un cúmulo de situaciones grotescas en las que disfruta de lo lindo la pequeña secuaz del héroe Thor, armada de casco alado y mini martillo, mientras todos se llevan unas cuantas tollinas por ingenuos suburbanos —que osaban mofarse de la suma de niñera y psicokiller—. El tiempo la ha desfasado un tanto, pero la solidez marca Columbus resulta nítida y tan reseñable como “Solos con nuestro tío” (John Hughes, 1989). Eran producciones de vocación divertida sin esa pulsión chick flick que ya asomó del todo en “El club de las niñeras” (Melanie Mayron, 1995).

“Niebla en el alma” (Roy Ward Baker, 1952): ¿Quién le diría que no a Marilyn Monroe como niñera por unas horas? ¿Qué padre no aguardaría impaciente el momento de llevar al mocoso junto a su fastuosa nanny y demorarse un rato en acudir a la cita pendiente? Pues Jed Towers, alojado en el mismo hotel que esa desconocida que emplea sus curvas en mecer a niña ajena, descubre que la Monroe no es tan idílica como indicaba su imagen. Uno tendría sus reservas al confiar la vigilancia de sus hijos al papel habitual de Marilyn, aún más inmaduro, descuidado y festivo que un pequeño de cinco años; pero en este caso asomaba algo mucho peor: el siempre inefable espectro de la locura. La sospecha tan común de que la persona a quien dejas a cargo de la prole y la casa no sea de fiar no se extendía del modo telefílmico de “La mano que mece la cuna” (Curtis Hanson, 1992), sino como esa neblina que resulta el doble de inquietante sabiendo los tormentos similares por los que atravesaba la actriz en todo momento. Sin ser la mejor ni la más emblemática película de Marilyn Monroe, conseguía, como en “Niágara” (Henry Hathaway, 1953), lo inaudito de resultar repulsiva y mantener un tour de force con los no menos excelentes Richard Widmark y Anne Bancroft, quedando para las antologías la escena en que su personaje parece sopesar la opción de tirar a la niña por la ventana.

“Diario de una niñera” (Shari Springer Berman y Robert Pulcini, 2007): La actriz que ha expresado en diversas campañas publicitarias su sueño de asemejarse físicamente a Marilyn Monroe, Scarlett Johansson, fue también una niñera insospechada en manos de los impredecibles directores de la estupenda “American splendor” (2003). El resultado no por estrafalario fue desastroso, y partía del choque social de la recién licenciada que se conforma con un trabajo de niñera para una familia del pijísimo Upper East Side. El conflicto clasista de raíces antropológicas, mostrado en la primera escena de la película, y el eterno odio jurado entre Nueva York y Nueva Jersey resultaban ser un trasfondo de escasa repercusión, mientras la niñera se perdía en una anodina trama romántica y en una más interesante posición de acoso laboral por parte del padre de la criatura. Destacó más Paul Giamatti en este papel, y Laura Linney en el de su pérfida esposa, que una Johansson comedida salvo cuando tiene un osito de peluche con videocámara incorporada. Nada tan atroz como “Niñera a la fuerza”  (Boaz Yakin, 2003), o esos vehículos de lucimiento para estrellas en potencia que se quedaron en agujeros negros, como Alicia Silverstone en “Babysitter (La niñera)” (Guy Ferland, 1995) o Christina Applegate en “No le digas a mamá que la canguro ha muerto” (Stephen Herek, 1991).

“Señora Doubtfire, papá de por vida” (Chris Columbus, 1993): Hay bebés que vienen con sorpresa para la babysitter, como el Jack-Jack de “Los Increíbles” (Brad Bird, 2004), y canguros que esconden sorpresas más descabelladas que ninguna travesura de la chiquillería. Cuando a un padre de familia le niegan la custodia de sus hijos —y en tiempos en que no existía el termino ‘compartida’—, no se le ocurre mejor estratagema que imitar a tantos individuos travestidos por una buena causa y hacerse pasar por la canguro idónea a ojos de su ya ex esposa. Robin Williams se lucía, tras su acento escocés, en una historia de humor blanco con sensiblería de cinta familiar de aspiraciones Disney, ecos cada vez más ingenuos de los ochenta de Columbus y confusiones sexuales de teatro griego como invitadas. ¿Cómo podían no llegar a sospechar nada sus propios hijos? Magia de guion y de un maquillaje multipremiado y cien veces imitado en comedias cortadas por el mismo patrón. O casi: Jackie Chan no necesitaba metamorfosearse, sino tirar de artes marciales para conquistar el afecto de los tres hijos de su prometida en “El supercanguro” (Brian Levant, 2010).

“Como la vida misma” (Greg Berlanti, 2010): Varios problemas. El primero, ya había una película no muy afortunada entre la crítica ni el público con el mismo título en castellano —la protagonizaron Steve Carell y Juliette Binoche y había tres niñas conflictivas a cargo de un desconsolado viudo—. El segundo, ésta la protagonizaba una mujer que ya podría calificarse oficialmente de veneno para la crítica y casi, casi para el público, Katherine Heigl. Aparcados los prejuicios iniciales, la película tampoco fue extraordinaria en taquilla, pero podría alegarse en su favor que dejaba de lado la vertiente romántica usual en la carrera de la actriz para formular algo con mayores inquietudes. Dos personas que se odian y que reciben de improviso la custodia compartida de la hija de sus amigos, fallecidos en un accidente, era un rocambolesco planteamiento que, inevitablemente, adoptaría senderos trillados, no sin antes arrojar un puñado de reflexiones acerca de la convivencia, la responsabilidad paternal y un pequeño papel de la siempre bienvenida más allá de “Mad Men” Christina Hendricks.

En las imágenes: ”La noche de Halloween” © 1978 Falcon Films y Compass International Pictures. Todos los derechos reservados. “Dentro del laberinto” © 1986 The Jim Henson Company, Lucasfilm, TriStar Pictures, Henson Associates (HA) y Delphi V Productions. Todos los derechos reservados. ”Mary Poppins” © 1964 Walt Disney Pictures. Todos los derechos reservados. “Niñera moderna” © 1948 Twentieth Century-Fox. Todos los derechos reservados. “Monstruos, S.A.” © 2001 Walt Disney Pictures y Pixar Animation Studios. Todos los derechos reservados. “Aventuras en la gran ciudad” © 1987 Touchstone Pictures y Silverscreen Partners III. Todos los derechos reservados. “Niebla en el alma” © 1952 Twentieth Century-Fox. Todos los derechos reservados. “Diario de una niñera” © 2007 The Weinstein Company y Filmcolony. Todos los derechos reservados. “Señora Doubtfire, papá de por vida” © 1993 Twentieth Century-Fox. Todos los derechos reservados. “Como la vida misma” © 2010 Josephson Entertainment, Gold Circle Films y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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1 - Alex Revert - 16:56 - 17.05.12

En la “The Omen” hay una escena que me encanta, cuando la niñera se ahorca, aunque supongo que no se considerara película de niñeras e iba a poner “Sonrisas y lágrimas” pero me acorde de que era una institutriz




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