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Las mejores películas de Oliver Stone

Escrito por el 25.09.12 a las 13:56
Archivado en: Directores

Dentro del panorama de cineastas norteamericanos, Oliver Stone (Nueva York, 1946) ha conseguido a lo largo de las últimas décadas mantener un aura personal en su obra a base de no ceder demasiado ─últimamente más─ en sus parámetros creativos, en muchas ocasiones críticos para con el esquema social, económico e industrial en el más amplio sentido de la palabra del país de las barras y las estrellas.

Polémico, excesivo y amigo de los desbarres técnicos ─al tiempo que gran maestro a la hora de elegir a sus colaboradores a ambos lados de la cámara─, como director, guionista y productor siempre ha buscado ir un poco ─o un mucho─ más allá de las barreras de comercialismos y convencionalismos. Lo ha conseguido en no pocas ocasiones, y acumula en sus vitrinas numerosos galardones ─entre ellos, tres Oscar®─ y tantas loas como repudias. Oliver Stone no deja indiferente, y tiene cuerda para rato. Afortunadamente. Aquí va un somero repaso de lo mejor de una filmografía permanentemente en guerra, como siempre susceptible de cambios, opiniones y comentarios diversos por vuestra parte.  

“Platoon” (1986): La primera entrega del tríptico dedicado por Stone a la guerra de Vietnam se basó en parte en sus propias experiencias en el conflicto bélico. Como no podía ser de otra forma, el director metía el dedo en la llaga ajeno a escozores provocados a terceros ─estamentos oficiales, en este caso; bien hecho─, y centraba su mirada en las desavenencias internas y las animaladas perpetradas por el ejército americano. Triste ─esa cita del Eclesiastés que abre la narración…─, dura, oscura, potenciada por los acordes del inolvidable adagio para cuerdas de Samuel Barber, la película se convirtió rápidamente en un éxito comercial y de crítica recogiendo un aluvión de reconocimientos, entre ellos cuatro Oscar® ─Mejor Película, Director, Edición y Sonido─ de los ocho a los que optó en su año. Un tremendo Willem Dafoe, un por aquel entonces imparable Charlie Sheen y un estremecedor Tom Berenger ─la cicatriz que luce sigue siendo una de las más icónicas de la historia del cine moderno─ encabezaban un reparto joven y lleno de futuro, un futuro perdido para la generación que tuvo que presenciar de primera mano los horrores del hombre contra el hombre en el campo de batalla.

“J.F.K. Caso abierto” (1991): El 22 de noviembre de 1963 el presidente John Fitzgerald Kennedy fue asesinado en Dallas. Tras la muerte del principal acusado, Lee Harvey Oswald, a manos de Jack Ruby, el caso se dio por cerrado casi antes de abrirlo. Pero Jim Garrison (fantástico Kevin Costner en la pantalla), fiscal de distrito de Nueva Orleans, rebatió la versión oficial tres años después con un proceso cuya conclusión es, sencillamente, que no hay conclusiones. Su encono sirvió de base para una tremenda película, un emocionante y complejísimo monumento técnico ─evidente, merecidísimo Oscar® al Mejor Montaje─ que a lo largo de algo más de tres horas engancha por una narrativa vibrante y una puesta en escena tan meticulosa que coquetea incluso con el documental puro y duro. Una propuesta tan innovadora como aguerrida e implacable, que demostró que el cineasta era capaz de poner toda la carne en el asador independientemente del tema a tratar. Obligada.

“Salvador” (1986): Oliver Stone hurgó en la herida del intervencionismo yanqui a partir del libro de vivencias de Richard Boyle ─interpretado por el gran James Woods, que fue nominado al Oscar® por este papel─, carismático periodista veleta progresivamente implicado en la sangrante guerra civil del país del título. Una propuesta valiente y arriesgada, con un director volcado y empecinado en mostrar a sus conciudadanos los horrores que su Administración no quería que conociesen. Precisamente ese es el objetivo de la película, enfocada al igual que muchos de sus documentales con una sencillez de desarrollo tachada de simplista pero decididamente efectiva a la hora de mostrar los laberintos de intereses del país más poderoso del mundo.

“Wall Street” (1987): Un año después de llevárselo a revivir el infierno Nam, Oliver Stone regaló a Charlie Sheen otra perlita interpretativa, ese apasionado Bud Fox que llegaba a la Bolsa americana para triunfar dejándose encandilar por el mejor Michael Douglas de su carrera, que gracias a su Gordon Gekko ─símbolo no ya de los males del capitalismo, sino de la capacidad del ser humano para autoexcusarse en cualquier circunstancia─ se hizo con el Oscar® y el Globo de Oro como Mejor Actor. Elegancia, gomina, trajes caros, chicas guapas ─Daryl Hannah, la gran traba de la película en un papel verdaderamente horroroso─ y mucho conflicto moral ─enorme Martin Sheen, orgullo working class─ para un drama intenso con la codicia como escenario principal. Curiosamente, se trata del único título de Stone que dispone de secuela, “Wall Street: El dinero nunca duerme” (2010), flojita continuación con Gekko tratando de satanizar a Shia LaBeouf en una propuesta que más bien parece responder a necesidades financieras del director que a motivos meramente artísticos. Las delicias del sistema económico.  

“Asesinos natos” (1994): Basada vagamente en las andanzas de la pareja killer formada por Charles Starkweather y Caril Fugate ─inspiradora también de la fabulosa “Malas tierras” (Terrence Malick, 1973)─, Oliver Stone orquestó un espectáculo malsano a partir de un guion de Quentin Tarantino, que por entonces ya se había dado a conocer gracias a “Amor a quemarropa” (Tony Scott, 1993) y “Reservoir dogs” (1992). Sucia a nivel argumental pero aún más dura a nivel técnico ─Brian Berdan y Hank Corwin tardaron casi un año en montarla, cuando rodarla ocupó prácticamente dos meses─, queda como una de las más polémicas cintas del realizador ─si no la que más─; en una visión global, es una pieza de orfebrería cinematográfica no del gusto de todos ni en fondo ni en forma que despertó las iras de no pocos estamentos políticos, sociales e incluso comerciales ─el berrinche de los dueños de Coca-Cola, que permitieron que se usara la imagen de su oso polar sin saber de qué iba la vaina, todavía resuena en los despachos de la compañía─, y que sigue y seguirá despertando reacciones encontradas entre los espectadores. Más allá de la entrega de su reparto principal, destacar la participación del mítico Rodney Dangerfield, en el papel más cochino de su carrera.

“Un domingo cualquiera” (1999): Stone estuvo décadas dando vueltas con el guion de esta película ambientada en el mundo del fútbol americano profesional, una divertidísima megaproducción de metraje descomunal ─sobre las dos horas y media, en función de la copia─, que luce un montaje volátil hasta lo enfermizo y que ofrece una visión tan desoladora de uno de los deportes nacionales yanquis ─del que Stone es gran aficionado, con todo─ que recibió un rechazo frontal por parte de la NFL, que no quiso saber nada del proyecto ni antes ni después de filmarse. Como no podía ser de otra manera, el titánico reparto es acorde con tan mastodóntico proyecto, un desparramo actoral en el que conviven Al Pacino, siempre amigo de los excesos interpretativos ─para la historia queda su rugido a cámara lenta─, Jamie Foxx, Dennis Quaid, Cameron Diaz, Ann-Margret, LL Cool J, James Woods, Jim Brown, Matthew Modine, John C. McGinley, Lauren Holly, Elizabeth Berkley y hasta Charlton Heston. Y eso que cortaron las escenas de Jim Caviezel y Tom Sizemore

“Giro al infierno” (1997): Adaptación de la novela de John Ridley que marca un díptico visual epiléptico con “Asesinos natos”, rodada tres años antes. Bobby Cooper (Sean Penn) pasa las de Caín en un pequeño pueblo al que llega cuando su coche le deja tirado, en parte porque allí vive gente rarísima, en parte porque Stone se pone juguetón en el plano técnico para convertir la película en un fascinante, raruno, hiperbólico y excesivo torrente alucinógeno que o atrapa o expulsa al espectador ya desde sus primeros compases. A quien esto firma le gusta, la verdad. Y hay que tener en cuenta que este thriller de colores requemados demostró la capacidad del director para empastar su cine con un humor pútrido carente de esperanza alguna, algo no tan fácil de conseguir. Lo que no podía faltar era el reparto mayúsculo, en el que Penn se acompañaba de Jennifer Lopez, Nick Nolte, Powers Boothe, Jon Voight, Joaquin PhoenixLiv Tyler, su pareja en ese momento, tiene un pequeño cameo─, Billy Bob Thornton, Claire Danes y Laurie Metcalf. Poder de convocatoria nunca le ha faltado a nuestro hombre. Parecía que “Salvajes” (2012) se convertiría también en prima hermana de ésta… pero no. Una pena.

“The Doors” (1991): El biopic de ese icono inmortal que es Jim Morrison entronca perfectamente con las obsesiones creativas de Stone, y es tan rocambolesco y lisérgico como tantos otros de sus trabajos; de hecho, la película es tan excéntrica, extravagante y excesiva como su propio protagonista, interpretado por un camaleónico Val Kilmer que tiene aquí una de sus mejores recreaciones. El repaso por la fugaz vida y milagros del rey lagarto fascina a ratos, hipnotiza por momentos, y prácticamente pasa del espectador durante buena parte de su recorrido. El conjunto, totémico para algunos e insoportable para otros, queda como un ejercicio de gallardía artística por su inhóspita capacidad, en absoluto conformista, para sumergirse en los delirios mesiánicos de quien, en su aparente búsqueda del abrazo de la oscuridad definitiva, se creía capaz de todo. Ojo a Crispin Glover como Andy Warhol, fantástico.

Más Vietnam: “Nacido el cuatro de julio” (1990). Oliver Stone lanzó un puñetazo cinematográfico estremecedor con la historia real de Ron Kovic, que abandonó la localidad de Massapequa para alistarse y regresar años después atado a una silla de ruedas, encontrándose un país sumido en luchas raciales y divisiones sociales entre pacifistas y defensores del conflicto. La película, desgarrador testimonio del abandono al que fueron sometidos los sufridos veteranos, supuso su segundo Oscar® como Director, además de elevar el listón interpretativo de un Tom Cruise por aquel entonces ya convertido en ídolo de quinceañeras de todo el mundo. “El cielo y la tierra” (1993). El cierre de la trilogía Nam ofrece el punto de vista del lado vietnamita a partir de los libros autobiográficos de Le Ly ─que tiene un pequeño cameo─, brillantemente interpretada por Hiep Thi Le. Con un tono más calmado y reflexivo, Stone plasmó la durísima vida de la figura central, expulsada de su país por el trato vejatorio de su propia gente para acabar en brazos de Steve Butler (Tommy Lee Jones), otro marine veterano mentalmente hecho polvo. Fue un considerable fracaso comercial.  

Más presidentes: “Nixon” (1995). Oliver Stone supo ─dentro de lo posible─ salvar el océano ideológico que le separaba del predecesor de JFK presentando al polémico presidente norteamericano como un ser humano sumido en la desdicha de no ser aceptado por el prójimo, al contrario que su bestia negra, ese joven Kennedy que le arrebató el despacho oval con su carisma y, las cosas como son, su incuestionable atractivo. Un drama emocionante y minuciosamente facturado, con un notable Anthony Hopkins encabezando una propuesta nominada a cuatro Oscar®, de los que no se llevó ninguno. “W.” (2008). Una película pensada directamente para que el ciudadano americano no votase a George W. Bush en su enfrentamiento en las urnas con Barack Obama. El principal enemigo de esta sátira es el propio Stone, de quien siempre se espera causticidad combativa pero que en esta ocasión mostró un retrato del líder (Josh Brolin en la ficción) un tanto endeble en sus lecturas generales. Entretenida, sin más. Aquí, y en otros muchos países, la vimos en la tele cuando Obama ya ocupaba el Despacho Oval.

Oliver Stone, documentalista. Respondiendo en buen modo a afinidades políticas y personales el cineasta ha cultivado los últimos años el campo del documental, poniendo la mirada en la situación de países, personas y zonas en conflicto con los Estados Unidos. Especial es su relación de amistad con Fidel Castro, en quien ha centrado “Comandante” (2003), retrato humano montado a partir de treinta horas de conversaciones con el líder cubano; “Looking for Fidel” (2004), trabajo un tanto más incisivo y nacido a partir de la ejecución de disidentes del régimen; y “Castro in winter” (2012), articulado desde la salida del poder de Castro en 2008 tras medio siglo al frente de la isla. Sin abandonar América del Sur, en 2009 presentó “Al sur de la frontera”, periplo por Venezuela ─especialmente─, Cuba, Bolivia y Ecuador concebido para dar a conocer al yanqui de a pie los aspectos más democráticos de las respectivas revoluciones de izquierdas, evidentemente demonizadas desde América del Norte. Por último, “Persona non grata” (2002), fallida aproximación al conflicto entre palestinos e israelíes sin aportaciones de profundo calado a ningún nivel.

Oliver Stone, guionista (para otros). La firma de Stone se deja ver en un puñado de títulos comandados por terceros, principalmente entre los 70 y 80, pero destacaremos cuatro por su relevancia en la filmografía de unos tipos a tener en cuenta: “El expreso de medianoche”, dirigida por Alan Parker en 1978 como testimonio del infierno real que atravesó Billy Hayes (Brad Davis en la pantalla) tras ser pillado in fraganti en Turquía cargando sustancias de las malas; “Conan, el bárbaro” (1982), con John Milius, aquel que una vez fue grande, tras las cámaras del primer salto a la acción real del brutote guerrero nacido de la imaginación de Robert E. Howard; “El precio del poder” (1983), o Brian De Palma desplegando buena parte de su buen hacer tras las cámaras para convertir a Tony Montana (Al Pacino) en un icono incuestionable del séptimo arte moderno, cincuenta años después de que Howard Hawks convirtiera a Tony (Paul Muni) en un icono incuestionable del séptimo arte eterno; y “Manhattan Sur” (1985), con el enorme y siempre maldito Michael Cimino enfrentando a Mickey Rourke con un Chinatown sucio, violento y explosivo. Toma póker de ases con el nombre de nuestro protagonista en el libreto.

Mención aparte merece el caso de “Alejandro Magno” (2004), puede que la más íntima, ambiciosa y complicada producción del cineasta, todo a la vez. Stone satisfizo su obsesión con el rey macedonio con una propuesta colosal, que se iba prácticamente a las tres horas de duración y cuyos costes coquetearon con los 200 millones de dólares. Por desgracia, el resultado es un ejercicio cinematográfico que en la extrapolación del ánimo del propio director a través del protagonista acaba resultando un tanto plomizo, agotador incluso. No es mala, ojo, y no mereció la catastrófica respuesta de la taquilla USA ─por no hablar de la ridícula polémica acerca del tratamiento de la sexualidad de Alejandro (esforzado Colin Farrell)─, pero esta oda al exceso supino no se encuentra entre sus mejores trabajos. Por supuesto, no pasa nada, más bien todo lo contrario: demuestra la férrea e inamovible personalidad de un cineasta al margen de críticas y vapuleos. Para demostrarlo, su siguiente película fue “World Trade Center” (2006), homenaje al valor de los bomberos tras los atentados del 11-S. Y luego, “W.”. Vale, no estaba en su mejor momento…

Cerramos el repaso a la inversa, con un título que no se encuentra entre lo más granado de la obra de nuestro protagonista pero que cronológicamente es uno de los cimientos de su trabajo posterior: “La mano” (1981). En los orígenes de su carrera, Oliver Stone coqueteó con el terror de serie B con la pequeña “Seizure” (1974) y con esta variación de Orlac basada en la novela de Marc Brandel, en la que Michael Caine era un ilustrador de cómics ─los dibujos que se ven en pantalla los firma Barry Windsor Smith, ni más ni menos─ que perdía el órgano del título en un desgraciado accidente, tirando su vida profesional y personal al traste. Al tiempo, la extremidad volvía por sí sola para convertirlo todo en una agónica pesadilla interesante al principio, aburrida en su desarrollo y tramposamente efectista en general. Regular, aunque vista la evolución tras las cámaras del cineasta queda como una extraña y oscura manera de arrancar su filmografía.

En las imágenes: “Platoon” © 1986 Hemdale Film y Cinema 86. “J.F.K. Caso abierto” © 1991 Warner Bros. Pictures, Canal+, Regency Enterprises, Alcor Films, Ixtlan y Camelot. “Salvador” © 1986 Hemdale Film. “Wall Street” © 1987 American Entertainment Partners L.P., Amercent Films y 20th Century Fox Film Corporation. “Asesinos natos” © 1994 Warner Bros. Pictures, Regency Enterprises, Alcor Films, Ixtlan, New Regency Pictures y J.D. Productions. “Un domingo cualquiera” © 1999 Warner Bros. Pictures, Ixtlan y Donners´Company. “Giro al infierno” © 1997 Phoenix Pictures, Illusion Entertainment Group, Clyde is Hungry Films y Canal+ Droits Audiovisuels. “The Doors” © 1991 Bill Graham Films, Carolco International N.V., Carolco Pictures, Imagine Entertainment e Ixtlan. “Nacido el cuatro de julio” © 1989 Ixtlan. “Nixon” © 1995 Cinergi Pictures Entertainment, Hollywood Pictures e Illusion Entertainment. “Looking for Fidel” © 2006 Embassies of Cinema y Primociak. “El precio del poder” © 1983 Universal Pictures. “Alejandro Magno” © 2004 Warner Bros. Pictures, Intermedia Films, Pacifica Film, Egmond Film & Television, France 3 Cinéma, IMF Internationale Medien Fund und Film Gmbh & Co. 3 Produktions KG y Pathé Renn Productions. “La mano” © 1981 Orion Pictures Corporation y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. 

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2 - salvador - 6:19 - 09.08.13

como se llama una película dirigida por el donde se presupone que en el Irak de mediados de los 80 , se dio una tregua en la guerra Irak-Iran , para celebrar en Irak un congreso de ventas de armas y supuestamente estaban construyendo un super cañon al que llamaban babylon ! buscaban fondos para construir uno mas grande que el babylon ; el babilonia ! para después atacar a Iran ! saben como se llama ?



1 - Merovingio - 17:19 - 25.09.12

Sin ninguna duda, mi favorita es “Giro al infierno”, una película verdaderamente fascinante: el microuniverso que retrata, sus surrealistas personajes y situaciones, la portentosa dirección de Oliver Stone, su lisérgica estética…




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