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Las mejores películas de reuniones de colegas

Escrito por el 01.05.12 a las 16:34
Archivado en: Miscelánea

Han pasado tres películas oficiales, cuatro spin-offs y trece años desde que los chicos de “American Pie” (Paul Weitz, 1999) comenzaran sus gamberradas. El momento idóneo, pensando en la memoria del espectador y la coartada argumental, para que la pandilla se reúna de nuevo y conmemore viejos tiempos, posibles madureces y probables ecos del pasado en “American pie: El reencuentro” (Jon Hurwitz y Hayden Schlossberg, 2012). Sin embargo, no han sido los primeros a quienes se les ha ocurrido tan escabrosa idea —congregar en un mismo espacio, con todos los peligros de que sea abierto o cerrado, a antiguos compañeros de instituto o universidad—; una típica tradición norteamericana y filón para las excusas elaboradas de último minuto. Aquí se convocan las mejores películas de reuniones de colegas separados por las perezas, los olvidos y las temibles rupturas de expectativas. De menor a mayor edad de los convocados, empezamos en el gimnasio-sala de baile de fin de curso que tan buenos y malos recuerdos despertará en los espectadores.

“¿Hacemos una porno?” (Kevin Smith, 2008): Zack (Seth Rogen) y Miri (Elizabeth Banks) no se han visto separados desde el instituto, y más bien a su pesar, aunque no tanto en el caso de Zack, secretamente enamorado de Miri. La reunión de antiguos alumnos propicia que los dos amigos se planteen un cambio drástico de futuro, y qué mejor escenario que los pasillos flanqueados por taquillas para desempolvar sueños locos de adolescencia: dedicarse al mundo del porno. Kevin Smith intercala las dosis de sus viales de romance amable y humor burdo cosificado por el lenguaje ‘friki’ de reconocible imaginería “Star Wars”, en un ejercicio de porno muy soft, o de comedia romántica que atisba una porno a través del telescopio. Las sesiones cinematográficas en la cafetería en la que trabaja Zack no llegan a bordear el entusiasmo de “Rebobine, por favor” (Michel Gondry, 2008), y Smith se apalanca en una historia común —más próxima a “Romy y Michelle” (David Mirkin, 1999) de lo que le gustaría reconocerse a sí misma— que debería haber explotado del modo en que lo hace la aquí inédita “Red State” (2011).

“Beautiful girls” (Ted Demme, 1996): El viaje del joven emigrado que reemprende el camino a casa, bien a costa de alguna reciente muerte familiar o debido a un fracaso amoroso o profesional, se ha convertido en el lugar común de las expiaciones que puede dar pie tanto a molestos bostezos —“Elizabethtown” (Cameron Crowe, 200)— como a iconos generacionales de considerable altura. Timothy Hutton siempre será Willie Conway, el casi treintañero que se enamoraba de una jovencísima Natalie Portman patinando sobre hielo, aunque su propósito inicial fuera refrescar anécdotas con los amigos de su pueblo natal. La década transcurrida desde que todos se graduaran en el instituto ha traído consigo resquemores, dilemas de futuro y replanteamientos sentimentales que no se apartan tanto de los derroteros de sus homólogos adolescentes. La elegancia de Ted Demme se aparta de otras incursiones en los encontronazos de compañeros, como la escena que rodara su tío Jonathan Demme para “Algo salvaje” (1986), y demuestra que a día de hoy aún no ha tenido digna sucesora —ahí está el despropósito de corazón emo-pijotero “The romantics” (Galt Niederhoffer, 2010)—.

“Siempre hace buen tiempo” (Stanley Donen y Gene Kelly, 1955): Secuela inconfesa de “Un día en Nueva York” (Stanley Donen y Gene Kelly, 1949), este encuentro de un trío de soldados de la Segunda Guerra Mundial que prometieron verse de nuevo después de diez años guarda poca relación con aquella feliz y gloriosa celebración de tres marines que exprimían su jornada de asueto en la Gran Manzana. De los originales sólo permanece Gene Kelly, el principal impulsor de que el pacto se cumpla y quien verdaderamente intentará demostrar a sus compañeros que los lazos no se han deshecho a pesar de todos los cambios acaecidos. Él y Donen certificaban que eran capaces de filmar un musical agridulce, libre del peso artístico de un Vincente Minnelli, y que como su título expresa rebusca el rayo de sol —que en realidad nunca asoma del todo— en el cielo siempre encapotado de esa posguerra ácida que se quedó sin juventud. Contribuían, y mucho, las piernas de Cyd Charisse y Dolores Gray, aparte de una subtrama de cuentas pendientes con la mafia muy repetida en la comedia de los cincuenta. Y todo sin sustraerse a la homogeneidad del tono imperante en la película ni caer en la trampa de la falsa evocación, como harían “Emperor’s Club (El club de los emperadores)” (Michael Hoffman, 2002) o “Los chicos del coro” (Christophe Barratier, 2004).

 “Reencuentro” (Lawrence Kasdan, 1983): La cinta por antonomasia en tema de reuniones escolares —con permiso de “Los amigos de Peter” (Kenneth Branagh, 1992)— fue casi un remake de “Return of the Secaucus Seven” (John Sayles, 1979) y presentaba a ocho amigos que pasan de compartir horarios de clases a las primeras muertes en el grupo. Un reparto de lujo, con William Hurt, Kevin Kline, Glenn Close o Jeff Goldblum, y un director diestro en el manejo de guiones amantes del precipicio —siempre a punto de no arriesgarse del todo o de suicidarse con un lanzamiento hacia lo sensiblero— supusieron la base de una película de culto que consiguió tres nominaciones a los Oscar®. Enemiga declarada de la melancolía por un futuro menos brillante que un pasado idealizado, al que nunca se refleja con nostalgia, “Reencuentro” jugaba un Cluedo cruel de reconocimiento de identidades rotas, aderezado con una banda sonora repleta de grandes éxitos para consumidores de playlists cinematográficas. Todo lo contrario a la celebración menopáusica que plantearía, en cambio, “El club de las primeras esposas” (Hugh Wilson, 1996).

“Spring reunion” (Robert Pirosh, 1957): Cineasta escueto, con una carrera de apenas cinco títulos, Robert Pirosh no entendió —o el estudio no quiso entender— que para sacar partido de una reunión de colegas hace falta un grupo de gente notoria o, cuanto menos, un líder destacado. Éste podría haber sido fácilmente Dana Andrews —“Laura” (Otto Preminger, 1944), “Los mejores años de nuestra vida” (William Wyler, 1946)—, el protagonista de esta reunión de primavera, de no ser por su gesto siempre escueto y su sonrisa precedida por una mirada metralleta. Lo apoyaban en la tarea secundarias exquisitas como Laura LaPlante—protagonista de esa joya que es “El legado tenebroso” (Paul Leni, 1927)—, Betty Hutton e Irene Ryan, pero el asunto deriva en las típicas contraposiciones de éxitos y fracasos, sueños caducos y sueños por definir, mientras las apariencias revelan el vacío de los matrimonios de revista, la chica popular y el chico prometedor. Poco que ver con las dosis de brusca sinceridad que desarrollarían épocas posteriores, como “Reunión de clase” (John Hughes, 1982), o con la comedia desenfadada de “Un asesino algo especial” (George Armitage, 1997).

“Peggy Sue se casó” (Francis Ford Coppola, 1986): Sirviéndose del gran hallazgo de “Regreso al futuro” (Robert Zemeckis, 1985), Coppola entraba en su vertiente menos aplaudida con la historia de un ama de casa hastiada que acude a la reunión de viejos alumnos de su instituto y, verbigracia de un golpe en la cabeza, se despierta allí mismo, pero veinticinco años antes. La tentación de enmendar su vida conociendo los errores del presente —o futuro— tenía más de mofa que de auténtica gravedad a la hora de enfrentarse a la contraposición entre las ilusiones juveniles y la desesperanza de una mujer atada a la familia. Sin embargo, ver a un joven Nicolas Cage empezando a desmelenarse y propasarse en su brillante gesticulación no tiene precio; así como el chirrido que despiertan los actores interpretándose a sí mismos en su versión adolescente, rodeados por ese mundillo de dinners y vestidos de vuelo más próximo a una cadena de restaurantes pretendidamente vintage que a una reconstrucción fidedigna. Una crítica quizá no deliberada a las resonancias de la nostalgia, como las impresiones que Daniel Clowes pondría en boca de las protagonistas de su cómic “Ghost World” cuando comen en uno de esos locales cincuenteros, donde ya sólo resta burlarse de la capa de polvo y parafernalia que cubre todo lo añejo.

 “Las invasiones bárbaras” (Denys Arcand, 2003): Los reencuentros motivados por la enfermedad o la muerte de uno de los miembros de la cuadrilla, que ya han hecho acto de presencia en esta lista, son uno de los detonantes principales. Lo difícil es, como consigue Arcand en este caso, que la premisa no derive en panfletos lacrimógenos y en rabietas reiterativas —de lo que podría acusarse a cintas de hechuras similares, como “Pequeñas mentiras sin importancia” (Guillaume Canet, 2010)—. Secuela de “El declive del imperio americano” (Denys Arcand, 1986), mucho menos conocida en la actualidad, plantea la próxima muerte de Rémy (Rémy Girard), aquejado de un cáncer terminal, como un canto a la amistad no exento de debates sobre la eutanasia y la conveniencia social de aplicar el concepto de dignidad a un moribundo o a alguien que alcanzó el final de su vida sin que se completasen todos sus anhelos. En una línea más jovial, “Last orders” (Fred Schepisi, 2001) reunía a un gran grupo de actores, entre quienes se contaban Michael Caine y Bob Hoskins, para lanzar las cenizas de un amigo al mar; y, con tendencia videoclipera, la celebrada serie “A dos metros bajo tierra” (2001-2005) optó por este formato de reunión para su broche final. Veremos si, dentro de unas décadas, los colegas de “American pie” vuelven a congregarse alrededor de una tarta destrozada con motivo de ocasiones, ojalá, tan felices como la presente.

En las imágenes: Fotogramas e imágenes promocionales de “¿Hacemos una porno?” © 2008 The Weinstein Company y View Askew. Todos los derechos reservados. “Beautiful girls” © 1996 Miramax International. Todos los derechos reservados. “Siempre hace buen tiempo” © 1955 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados. “Reencuentro” © 1983 Columbia Pictures. Todos los derechos reservados. “Spring reunion” © 1957 Bryna Productions. Todos los derechos reservados. “Peggy Sue se casó” © 1986 TriStar Pictures. Todos los derechos reservados. “Las invasiones bárbaras” © 2003 Pyramide Productions, Cinémaginaire Inc., Astral Film, Canal+, Centre National de la Cinématographie (CNC), The Harold Greenberg Fund, Production Barbares Inc., Société Radio-Canada, Société de Développement des Entreprises Culturelles (SODEC) y Téléfilm Canada. Todos los derechos reservados.

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