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Las mejores películas de Richard Gere

Escrito por el 14.05.12 a las 13:47
Archivado en: Actores y actrices

La premisa: un agente de la CIA retirado. Más de uno pensará de inmediato si no es el actor que lo encarna, Richard Gere, quien hace tiempo que se jubiló de la actividad cinematográfica. Y es que la escasa repercusión comercial y crítica de sus últimos estrenos han empezado a diluir en el recuerdo de nuevas generaciones el nombre de alguien que comenzó pisando los ochenta como sex symbol. Ahora, con un año de retraso, llega a nuestras pantallas “La sombra de la traición” (Michael Brandt, 2011) (ver tráiler), un thriller de espionajes y contraespionajes nada ajeno a la carrera de un Gere que tal vez esté guardando varios cartuchos para una remontada en su última etapa como intérprete, mientras dedica cada vez más tiempo a sus labores humanitarias y a sus meditaciones budistas. Seleccionemos de su trayectoria las películas más reseñables y recordadas de más de tres décadas de un actor peleando contra el emblema de chico mono y de eterno candidato al corazón de Julia Roberts.

“Días del cielo” (Terrence Malick, 1978): Tras su primer papel de más o menos prestigio en “Buscando al señor Goodbar” (Richard Brooks, 1977), Richard Gere entró por la puerta de atrás, pero a lo grande —ganó un David di Donatello—, como protagonista del segundo largometraje del siempre marciano Terrence Malick, tras su fundacional “Malas tierras” (1973). En sincronía con ésta, la película era una oda al paisaje agrícola norteamericano a la vez que una historia de amor estacional prácticamente silente. La, según sus detractores, limitada expresividad de Gere casaba a la perfección con el papel de un segador que convence a otra empleada en la granja (Brooke Adams) de un terrateniente para que se case con éste y, algún día, ambos consigan su fortuna. Como suele suceder en el cine de Malick, la trama se reducía a sus más mínimos componentes para explayarse en una disección meditabunda, soleada y estimulante de la cotidianidad en los grandes campos de cultivo. La música de Camille Saint-Saëns, desde los créditos de inicio, remataba el cuento gótico que le hubiese salido a Scott Fitzgerald de haberse criado éste en un punto remoto de Texas. El primer (y, por el momento, único) diamante en el currículum de Richard Gere.

“Cotton Club” (Francis Ford Coppola, 1984): La siguiente ocasión en que a Richard Gere se le cruzó un papel de ensueño fue cuando Coppola decidió ficharlo como trompetista del legendario Cotton Club, un local de jazz que mantuvo sus puertas abiertas en Harlem, Nueva York, entre 1920 y 1940. Acordes y mafias de alcohol hilaban una historia coral en la que Gere invocaba la tormentosa creatividad musical de un Kirk Douglas y el físico de chulo delicado con reminiscencias de William Powell. Tanta pátina de antiguas glorias y de una época reflejada en la película con suficiente detallismo parecía chirriar con los papeles habituales del actor, pero Gere consiguió camuflarse en el asunto con mucha elegancia, sin arrebatarles las escenas a sus compañeros de reparto, como Diane Lane, Laurence Fishburne o un emergente Nicolas Cage.

“Oficial y caballero” (Taylor Hackford, 1982): La cinta que perfiló con mayor eficacia la imagen cinematográfica definitiva de Richard Gere fue este moderno cuento de hadas trufado de aviadores y códigos de honor —la réplica intensa y gravosa a “Top Gun”  (Tony Scott, 1986)—. Zack Mayo, el joven piloto interpretado por Gere, pasó a convertirse en icono referencial de todas las madres americanas que soñaban con ver algún día a sus hijos vestidos de uniforme, aparte de copar las portadas de las carpetas de miles de quinceañeras y los sueños de mujeres no tan adolescentes. El chico problemático de infancia traumática que acaba siendo redimido por el amor de una chica que plantea toda suerte de obstáculos, a cada cual más complejo que los neumáticos y las vallas de espino de un campo de entrenamiento militar, hallaba perfecto reflejo cromático en esa visión de Gere vestido de blanco inmaculado mientras de fondo resuena el clásico oscarizado “Up where we belong” —reciclado para las nuevas generaciones en “Moulin Rouge” (Baz Luhrmann, 2001)— de Joel Cocker y Jennifer Warnes.

“Pretty woman” (Garry Marshall, 1990): Primera de dos incursiones en la comedia romántica junto a la incombustible Julia Roberts, más que película es un ya un hito de los pases televisivos de éxito asegurado y de las listas de preferencias en millones de admiradoras del género. Una clásica traslación del cuento de Cenicienta a las calles de Los Ángeles, donde la prostituta Vivian (Roberts) era contratada, enamorada y, cómo no, rescatada por su particular príncipe de tarjetas de crédito ilimitadas y pases libres al hipódromo. Al margen de su calidad, se ha convertido por derecho propio en una cinta de indiscutible preminencia en la memoria cinéfila y en la reciente Historia del chick lit de pantalla grande, que aún hoy continúa imitando su esquema con la esperanza de rozar al menos un cuarto de su popularidad y de su fuerza icónica, tal vez de las mayores, con la Roberts mondándose de la risa en la bañera, desde aquel “¡Garbo ríe!”.

“Chicago” (Rob Marshall, 2002): El actor sorprendió a propios y extraños con su capacidad para bailar y cantar, hasta el extremo de merecerse un Globo de Oro por su interpretación de un abogado caradura que presta sus servicios al ascenso de Roxie Hart (Renée Zellweger), una reclusa con sueños de fama. La película consiguió lo impensable por partida doble: devolver a la palestra el prestigio y el éxito comercial del musical, de capa caída desde hacía años, y arrancar registros insospechados de un Gere habituado al gesto hosco o directamente inerte. Aun sin revelarse de pronto como una mina de oro para Broadway, su carisma parecía mucho más relajado que en ocasiones previas, quizá favorecido por los aires alocados del conjunto y la química del reparto, fluyendo entre números diversos como la hilaridad de “We both reached for the gun”, la fascinación de “Razzle Dazzle” y el más puro estilo Cole Porter en “All I care about is love”.

“The Jackal (Chacal)” (Michael Caton-Jones, 1997): Prolijo en el thriller, tal y como certifica su último estreno, Richard Gere destacó más que nunca con este remake de la película de Fred Zinnemann de 1973, inspirada a su vez por la novela del británico Forsyth. Gere se repartía el liderazgo del argumento junto con Bruce Willis y un todavía en forma Sidney Poitier, aunque su personaje asumía la carga dramática principal. Ex agente del IRA contratado para dar caza a un criminal —el ‘Chacal’ del título (Willis), que pretende atentar contra el presidente del FBI—, Declan Mulqueen (Gere) era un arquetipo tan sólido como para ocupar parte del imaginario reciente del cine de suspense con intrigas políticas, aunque parte de la crítica siguiera acusando al actor de dar tumbos por guiones inconexos y artificiales que no ofrecían margen para el lucimiento menos físico que Gere sí tuvo en sus primeras producciones.

“American gigolo” (Paul Schrader, 1980): Antes de que el gran público, y en especial su cohorte de fans femeninas, empezara a relacionarlo con los papeles de eterno seductor y conquistador, Gere se puso en la piel de un prototipo que desmitificaba lo que estaría por llegar. El gigoló que se gana la vida de acompañante de mujeres maduras y pudientes descendía poco a poco en los sumideros de la moral y la legalidad, siguiendo uno de los patrones típicos del guionista y ocasional director Paul Schrader. Los niveles de dramatismo que alcanzaba esta historia —similares a aquellos con los que después intentaría madurar Asthon Kutcher en “American playboy” (David Mackenzie, 2009)— lastraban, sin embargo, la complejidad del personaje de Gere, que no conseguía desprenderse de esa aureola de joven bello y desvalido. Un punto más de consideración crítica —con producción de Jerry Bruckheimer, dato que suelen obviar los amantes de la película— que, a pesar de todo, lo condujo a partir de entonces en dirección opuesta.

 

“Las dos caras de la verdad” (Gregory Hoblit, 1996): Uno de los mayores éxitos comerciales de Richard Gere fue este funcional juego psicológico entre el abogado interpretado por el actor y un recluso acusado de haber asesinado a un arzobispo. Edward Norton, en el papel de este joven que desestabiliza los argumentos y creencias del picapleitos, sobresalía en un escenario parco empañado por su ondulación constante entre supuesta inocencia y acuciante culpabilidad, pero Gere conseguía mantenerse a la altura de las réplicas. Un duelo que, como las más populares y queridas piezas teatrales de sábado por la tarde, mantenía un ritmo ascendente antes de la gran revelación que trastocaba toda lectura hecha de la película hasta el momento y servía en bandeja el desprecio para los fustigadores de las historias con trampa que apuntaron bien la lección impartida por Agatha Christie.

“Vivir sin aliento” (Jim McBride, 1983): Curiosidad para unos y atentado para otros, este remake de un mástil tan inamovible y venerado como “Al final de la escapada”  (Jean-Luc Godard, 1960) reconvertía los códigos de la Nouvelle Vague en pieza de seres bellos atrapados en una coyuntura policial. La irreverencia ochentera respetaba, no obstante, el desarrollo original de la trama y perseguía cierto clima de nuevo cine norteamericano sin rastro de amabilidad formal o espiritual. Quizá era demasiada asignatura para Gere intentar competir con el papel original de Jean Paul Belmondo, o quizá los incondicionales del cine francés no le perdonaron, y aún no lo habrán hecho, que quisiera apropiarse de un mito fundacional y de una presteza, entre tensa y relajada, que Gere sustituye por su atractivo de estrella cada vez más segura de sí misma.

“I’m not there” (Todd Haynes, 2007): La última gran rareza en la filmografía de Richard Gere fue un pequeño papelito en este experimento, confeso pero camuflado, de biopic musical sobre Bob Dylan. La aparición de Gere resultaba bastante secundaria, al desplegarse la identidad del cantante protagonista en otro puñado de actores y actrices, entre quienes terminó destacando la camaleónica Cate Blanchett. Con todo, los segmentos de Gere desprendían un valioso tono melancólico, como representante del Dylan más maduro que contempla a sus espaldas años de rebeldía en el escenario y de inconformismo vital ya sanado. Gracias al trabajo de equipo, Gere consiguió un porcentaje del Independent Spirit Award con el que se alzó todo el reparto de la película.

Aunque no han alcanzado las mismas cotas de consideración y repercusión comercial que las películas listadas anteriormente, dentro de la filmografía de Richard Gere cabe destacar su participación en cintas de época como “Sommersby” (Jon Amiel, 1993) o “El primer caballero” (Jerry Zucker, 1995), en la que su Lanzarote del Lago intentaba dar un giro pop al ciclo artúrico, como ya se intentara en esta misma década con el mito de Robin Hood. Con otro thriller en su bagaje, “Laberinto rojo” (Jon Avnet, 1997), consiguió un galardón del reputado National Board of Review, si bien en los últimos tiempos ha conseguido acercarse más al público que a la crítica gracias a films como el relato, basado en hechos reales, acerca de la relación entre un profesor y un perro Akita abandonado, “Siempre a tu lado: Hachiko” (Lasse Hallström, 2009). O ”Los amos Brooklyn” (Antoine Fuqua, 2009), un rescatable ejemplar de cinta de acción en el que Gere conseguía moverse en un reparto coral de policías interconectados y malas calles que sentaron muy bien a un actor ya decidido a olvidar su fase veinteañera, su tópico de rompecorazones, sus nominaciones a los Razzies —la última por “Otoño en Nueva York” (Joan Chen, 2000)— y rendir honor a ese premio a toda una carrera que le fue concedido en 2007 en el Festival de Donostia.

OTROS PROTAGONISTAS:

En las imágenes: ”Días del cielo” © 1978 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Cotton Club” © 1984 Zoetrope Studios, PSO International y Totally Independent. Todos los derechos reservados. “Oficial y caballero” © 1982 Lorimar Film Entertainment. Todos los derechos reservados. “Pretty Woman” © 1990 Touchstone Pictures, Silver Screen Partners IV y Arnon Milchan Production. Todos los derechos reservados. “Chicago” © 2002 Miramax. Todos los derechos reservados. ”The Jackal (Chacal)” © 1997 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. “American gigolo” © 1980 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Las dos caras de la verdad” © 1996 Paramount Pictures y Rysher Entertainment. Todos los derechos reservados. “Vivir sin aliento” © 1983 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados. “I’m not there” © 2007 Killer Films, Endgame Entertainment, John Wells Productions, John Goldwyn Productions y VIP Medienfonds 4. Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos reservados. “Siempre a tu lado: Hachiko” © 2009 Stage 6 Films, Inferno Production y Opperman Viner Chrystyn Entertainment. Distribuida en España por Wide Pictures y Universal Pictures International Spain. Todos los derechos reservados.

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5 - orializ crisitina salazar hidalgo - 21:06 - 12.08.14

Quisiera conocer en persona a Richard Gere es mi actor favorito, soy de Lima – Perú, es el mejor actor del Cine de EE.UU.



4 - iris castro - 2:40 - 09.10.13

Hoo es mi actor faborito y kiero coleccionar todas sus peliculas es un gran hombre y oro a Dios por el para q lede mucha saviduria vendiciones para su vida y lade su familia



3 - enriqueta - 20:57 - 12.09.13

bendito tu y tus películas.



2 - El Cinéfago - 12:35 - 21.05.12

Falta Infiel, una de sus interpretaciones más maduras. Muy buen actor, icónico, pero que eligió en muchas ocasiones el camino fácil (ser sex symbol y no aspirar a mucho más, con comedias bobaliconas). Una lástima.



1 - Ignotus - 16:50 - 14.05.12

Si tengo que elegir una, estaría indeciso entre “oficial y caballero” y “Pretty woman”.




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