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Las mejores películas de Tim Burton

Escrito por el 07.05.12 a las 18:19
Archivado en: Directores

Las “Sombras tenebrosas (Dark shadows)” (ver tráiler) de Tim Burton rellenan de gótica oscuridad un panorama demasiado raro para unos y rendidamente encantador para otros. De lo que no cabe duda es de que con la foto de familia de su último estreno el director estadounidense consigue presentar nuevos personajes de un universo que casi todo espectador diferencia de un primer vistazo, aunque casi ninguno recuerde o siquiera conozca la serie televisiva de la década de los setenta en que se basa esta aventura del vampiro Barnabas Collins (Johnny Depp), despertado a su pesar en una época que no le corresponde. Las desaveniencias entre parientes, la comedia salteada por lo macabro y ese lema de campaña, «Lo extraño es relativo», confirman que el cineasta ha conquistado unas señas de identidad propias de una rock star, diseminadas a lo largo de toda su carrera. Retrocedamos en el tiempo, a la inversa de Barnabas, para recuperar las mejores películas de Tim Burton.

“La gran aventura de Pee-Wee” (1985): La televisión no ha sido únicamente origen del último estreno de Burton, sino motivo de su puesta de largo en la gran pantalla, después de que con sólo veintiséis años abandonase su trabajo como ilustrador en los estudios Disney —sus bocetos para “Tod y Toby” (1981) nunca fueron bien recibidos—. El joven de extraña apariencia ya había formulado los primeros atisbos de su imaginario particular en varios cortos, de entre los que sobresalieron “Vincent”  (1982), “Frankenweenie” (1984) —que después inspiraría sus diseños para una teleserie animada, “Family Dog” (1993), y un largo de próximo estreno— y la tv-movie “Hansel y Gretel” (1982). Por aquel entonces, el humorista Paul Reubens, disfrazado tras el personaje de Pee-Wee Herman, disfrutaba de una gloria catódica en la HBO que poco podía anticipar los excesos públicos a los que llegaría el cómico a principios de los noventa. Este desconocimiento, y el terreno de pruebas ciertamente libre al que se lanzó Burton con valor e ingenuidad de primerizo, hicieron que la versión cinematográfica de Pee-Wee resultase una fiesta continua en la que la inmadurez, la ostentación del atrezzo, el trazado geográfico de una Norteamérica donde pueden robarte la bicicleta y aun así resultar colorista, la música de Danny Elfman y las visiones fantasmagóricas amables aparecían como oráculos del universo del director y componentes de su primer relato fantástico con alma triste.

“Bitelchús” (1988): La primera familia disfuncional de Burton, al menos en formato de largometraje, anunciaba un fetiche contenedor, a su vez, de otros muchos. Las herencias del expresionismo alemán que ya habían refulgido en sus cortos como perfectas pulsiones de sus torbellinos creativos y emocionales antes que como referencia intelectual, esto es, las famosas espirales, tendencias curvilíneas, ojeras y combinaciones blanquinegras tan propias de lo burtoniano, explotaron definitivamente en la casa de los Deetzes. Un lugar acosado por los fantasmas de los antiguos inquilinos, reacios a abandonarla, y por —no lo mencionen tres veces consecutivas— Bitelchús (Michael Keaton). Una joven gótica (Winona Ryder) con incapacidad para sentir el más mínimo interés o asustarse ante los fenómenos que corroen las estancias de la casa, como una reversión pop de “El fantasma de Canterville” de Oscar Wilde, representa el estado anímico de Burton en paisajes ante los que los demás, los ‘normales’, se extrañan. Su primera representación del inframundo, cargado de burocracia humorística, y el momento álgido de la cena que desemboca en un playback de “Banana Boat Song” son apuntes de alguien que, como los espíritus protagonistas, consigue resultar adorable y entretener antes que asustar realmente. Aunque tras todo ello susurre el grito de socorro de quien no desea ser diferente, sino que ya lo es con orgullo y sin remedio.

“Eduardo Manostijeras” (1990): La película más autobiográfica de Burton fue, también, su primer cuento de hadas. Narrado según los esquemas de dicho género, como una versión para adultos antes de acostarse en noches de nevada y sin navidades, nació a partir de un boceto que el cineasta había realizado hacía un tiempo. En el personaje de Edward —su primera colaboración con Johnny Depp— volcó la intensidad del dilema que, con el paso de los años, no parece habérsele resuelto, tal y como les sucede a las más altas mentes creativas. La dualidad entre el deseo de crear y la tendencia destructiva, el afán por conservar la belleza que, con rozarla, se esfumaría, son las tragedias de este chico-autómata con manos de tijeras y los temores de Burton que, como artista, siempre dudará de que su obra refleje con fidelidad sus ideas del mundo. El vecindario de casas en tonos pastel en el que termina residiendo Edward gracias a las buenas intenciones de una vendedora de Avon (Dianne Wiest) remite al Burbank en el que el propio Burton se crio y potencia esa fijación por la vida-maqueta; la vida prefabricada y uniforme en la que destacan individuos poco corrientes. Combinar un protagonista de aspecto tan amenazante con trama de instituto y arranques de esforzado lirismo —la memorable banda sonora de Danny Elfman, la danza de Winona Ryder bajo los copos de hielo mientras Edward esculpe una estatua, los flashbacks con el amado Vincent Price y la bella inquietud del jardín abandonado, muy Jean Cocteau— era una fórmula arriesgada que terminó siendo, y aún es, ganadora.

“Batman vuelve” (1992): Lo que Burton hizo en su primer “Batman” (1990) no recibió la calurosa acogida esperada, en especial debido a la polémica elección de Michael Keaton como Bruce Wayne. Y aunque su interpretación del superhéroe no haya terminado siendo la más recordada de cuantas adaptaciones se han hecho —y aun por el eclipse de otros Bruce Wayne decididamente pésimos—, repitió de nuevo con el director en esta secuela, más disparatada y, por tanto, más estimulante que su predecesora en términos estéticos. La creación burtoniana del Joker en las carnes de Jack Nicholson, digna de mención, tampoco ha sobrevivido a la reciente leyenda del fallecido Heath Ledger para la operística versión de Christopher Nolan en “El caballero oscuro” (2008), y quizá la nueva Selina Kyle/Catwoman de Anne Hathaway en “El caballero oscuro: La leyenda renace” (2012) haga olvidar al público un poco más a una Michelle Pfeiffer más sangrienta y felina de lo que nunca soñó con ser Halle Berry. Tanto este personaje como El Pingüino (Danny DeVito) aportan el contrapunto que merecía un héroe tan flojo con y sin máscara, aparte de servir de excelente coartada argumental para Burton: el triunfo del villano en el número de escenas memorables y en la memoria del espectador es otra de las picas logradas por un acérrimo defensor de lo raro, lo marginado, lo ambiguo, lo dual. El extrarradio de Gotham y de personalidades siempre cosidas a retazos.

“Ed Wood” (1994): El segundo trabajo de Burton junto a Johnny Depp volvía a rescatar referencias ineludibles para el cineasta, después de haber invocado la televisión y los cómics. Por una cuestión de honor y de amor, homenajear el cine de mayor consumo en la infancia de Burton, el de esas sesiones de televisor nocturno atisbado a escondidas y de programas dobles, era un sueño que se materializó en el instante adecuado de su carrera, cuando podían haberlo confundido con otro joven vendido al encargo mainstream. Si bien Burton nunca parece cruzar esa linde, con este biopic del considerado peor director de la Historia del Cine se apartó definitivamente de ella. Preciosa guía de instrucciones acerca de cómo rodar una buena biografía, de cómo rendir tributo a un ser querido que nunca llegó a conocerse y sin postrarse ante lo sensiblero, de cómo las formas justifican en su totalidad el contenido y a la inversa, “Ed Wood” recibió el reconocimiento de dos premios Oscar® al Mejor Maquillaje y a Mejor Actor Secundario para un Martin Landau que hace temblar en su rencarnación de Bela Lugosi. Todo lo que Burton desearía haber creado en una época que no le tocó vivir, todo lo que añora desde que no pudo volver a dirigir a Vincent Price, y todo lo que agradece de su caterva de actores, equipo y recursos habituales, está presente en esta película sobre películas que agrega, además, una poderosa y lúcida lección en boca del mismísimo Orson Welles.

“Mars attacks!” (1996): Y tras el hombre que hacía malas películas de ciencia ficción, algunos invocaron con mala uva la posibilidad de que el admirador estuviera imitando al maestro. La primera incursión de Burton en escenario alienígena no sería tan mal recibida como su segundo intento en “El planeta de los simios” (2001), pero que su aparataje no tuviese nada que ver con signos de reconocimiento habituales y que brillasen los efectos digitales por encima de lo artesanal despistó a más de un seguidor y dio la razón a sus espectadores escépticos. Todo el respeto que había volcado en su visión de Ed Wood se transformó en jolgorio para recomponer las viejas cintas de invasiones de la década de los cincuenta como una gran broma en la que, de nuevo, el director mostraba más simpatía por lo ajeno, los extraterrestres, que por un plantel de humanos abobados que le permitía trastear con la integridad —incluso física— de varios famosos, como Pierce Brosnan. Volvían a sobresalir sus credenciales de cultura popular, esta vez inspirándose en una serie de cromos de Topps Trading Cards de 1962 para alimentar escenas de un guion rocambolesco que, como en los cincuenta, dispone de un disparatado, sorpresivo y anárquico desenlace.

“Sleepy Hollow” (1999): Palpitaba en la cartera una posible y nueva versión de “La caída de la Casa Usher”, relato de Edgar Allan Poe, escritor norteamericano muy próximo, en cuanto a códigos lingüísticos, a los latifundios de Tim Burton. Sin embargo, y como tantos otros, el proyecto no se llevó a cabo y se impuso en contrapartida otro clásico de la literatura de terror gótico de Estados Unidos, como pudo haberse impuesto otro cuento de Poe, o uno de Nathaniel Hawthorne, Hoffmann o Lovecraft. El cuento de Washington Irving ya había sido trasladado a imágenes por nada menos que la Disney en un mediometraje de 1949 muy del gusto de Burton —y en cambio denostaría la versión de 1951 a la hora de promocionar su  “Alicia en el País de las Maravillas” (2009), de idéntico estudio pero en acción real—. A pesar de su equilibrio entre horror y humor, en los dibujos faltaba sangre y sobraba claridad; el gótico se caracterizaba por una muy leve sombra de ambigüedad que Burton salpicó de actitudes más afines a la del estudio Hammer, al menos de la Hammer de los sesenta. Johnny Depp lo ayudó elaborando un Ichabod Crane torpe, entrañable y, cómo no, acosado por los recuerdos de niñez, sin amilanarse a la hora de retratar una crueldad tan pertinaz como irreverente y un erotismo sin parodia no muy usual en la filmografía del cineasta. La leyenda del jinete sin cabeza que viene a cobrarse cuentas pendientes quizá no merecía el optimismo que destila el conjunto, pero incluso con semejante material Burton necesitaba impartir sus esperanzas en la suma de la humanidad y el bicho raro. Seguir arrancando belleza inaudita de las sombras arrojadas en una pared por una calabaza vacía, como una linterna mágica.

“Big Fish” (2003): Tras el fiasco que supuso para Burton replantear la saga de “El planeta de los simios” —y aunque de aquel rodaje se llevase su relación sentimental con Helena Bonham Carter—, una re-conexión con sus esencias parecía fundamental en el plano personal y artístico. Partiendo otra vez de una premisa ajena, en esta ocasión una novela de Daniel Wallace —“Un pez gordo: una novela de dimensiones míticas” (1998)—, el director derrochó sin quererlo toda la madurez acumulada en una década de carrera y abrió un impremeditado diálogo entre su acta fundacional con “Eduardo Manostijeras” y esta nueva historia de hijos y padres. La prematura muerte del ‘padre’ de Edward en aquella película, que lo dejaba solo y por completar, halla réplica en la odisea de otro Ed —Ewan McGregor en su versión joven y Albert Finney en el papel maduro—, empeñado en construir para su hijo, sus conocidos y sobre todo para sí mismo una vida digna de ser contada. La nostalgia es una marea peligrosa en el caso de Burton, que nunca llega a ahogarlo del todo: contra lo que pueda parecer, su vitalidad termina imponiéndose a los derrotismos y aquí el personaje de Ed Bloom reafirma lo que ya estaba apuntado en Manostijeras: todos somos punto de partida para una historia de logros y fracasos que, inevitablemente, relatarán otros mientras se intenta embellecerla y combatir la soledad con las artes de las que cada uno mejor disponga.

“Charlie y la fábrica de chocolate” (2005): El escritor infantil Roald Dahl no era un desconocido para Burton a estas alturas de su trayectoria —ya había colaborado con Henry Selick en la adaptación de “James y el melocotón gigante” (1996)—, y en este caso ejercía como poderoso imán convincente una versión de 1971 de la novela , con Gene Wilder, que nunca despertó el entusiasmo del cineasta. Ofrecer al mundo al Willy Wonka definitivo se convirtió en una prioridad que recayó en manos de su fiel Johnny Depp, quien multiplicó por infinito la capacidad de desorden, confusión, histrionismo y carisma del chocolatero interpretado por Wilder. Con números musicales discutidos por parte de la crítica —canciones que ya estaban incluidas en el libro original, interpretadas por los ‘empleados’ de Wonka, los Oompa Loompas—, una paleta más psicodélica de lo habitual y una sensación de libertad y relajación que empujaban la película entre el relato de superación y el puro delirio, esta visión del mundo de Dahl hizo fantasear con lo que Burton sería capaz de hacer a partir de una obra del Dr. Seuss.

“La novia cadáver” (2005): “Pesadilla antes de Navidad” (1993) no fue la primera película de animación de Tim Burton, aunque el uso común se la atribuya en (involuntario) desprecio de su auténtico director, Henry Selick —realizador asimismo de la reivindicable “James y el melocotón gigante” y de la extraordinaria “Los mundos de Coraline” (2009), basada en una novela juvenil de Neil Gaiman, y de arte y emotividad parejas a las de Burton, pero legítimamente propias—. Tras los coqueteos musicales en su cinta anterior, y gracias a la complicidad de alguien tan ducho en estas tareas como el compositor Danny Elfman, Burton recuperó claves del folclore gótico, centroeuropeo en este caso, para lanzarlas en una coda de amor imposible, cuestionamiento de las etiquetas y divisiones del mundo, y confianza en una stop-motion tan expresiva  —y expresionista— como las voces de Johnny Depp, Helena Bonham Carter, Christopher Lee y Emily Watson en la versión original. Los números de jazz del inframundo eran lo más revolucionario e inolvidable del descenso de un joven apocado y gris a los infiernos de los preparativos de cualquier boda, y el buen corazón latente en todos los cuentos audiovisuales de Burton se imponía al tono macabro que un desprevenido habría podido intuir y, quizá, anhelar en mayores dosis.

“Sweeney Todd, el barbero diabólico de la calle Fleet” (2007): Éste no era, por tanto, su primer musical, aunque sí el único musical que salvaba Burton de un género que, como la mitad de la población, no venera demasiado. Veterano de la escena londinense, el musical de Stephen Sondheim se inspiraba en una leyenda local de Londres, que ya había tenido un primer acercamiento cinematográfico en 1936. Tal vez el barbero acosado por afrentas del pasado y que halla alianza en Mrs. Lovett (Helena Bonham Carter), una panadera que rellena sus pasteles con carne de sacerdote o prestamista, es el primer protagonista burtoniano totalmente rendido a sus demonios y a la locura que asoma pero no se manifiesta con toda crudeza y sentido del espectáculo en sus restantes películas. Algunos secundarios despistaban de lo central y relevante, acaramelando innecesariamente el filo de la navaja, pero es el trámite habitual de los musicales corales y cierto tren de aterrizaje que termina saltando por los aires en su apoteósico, hemoglobínico y despiadado final. La única concesión al terror sin caricia y al vacío existencial de un Tim Burton que abandona esa línea abierta sólo temporalmente y que vuelve a reconciliarse con sus toques de humor, sus intérpretes de confianza y sus ídolos televisivos en “Sombras tenebrosas (Dark shadows)”.

      

En las imágenes: “La gran aventura de Pee-Wee” © 1985 Warner Bros. Pictures y Aspen Film Society. Todos los derechos reservados. “Bitelchús” © 1988 Warner Bros. Pictures y The Geffen Company Release. Todos los derechos reservados. “Eduardo Manostijeras” © 1990 20th Century Fox. Todos los derechos reservados. “Batman vuelve” © 1992 Warner Bros. Pictures y PolyGram Filmed Entertainment. Todos los derechos reservados. ”Ed Wood” © 1994 Touchstone Pictures. Todos los derechos reservados. “Mars Attacks!” © 1996 Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados. ”Sleepy Hollow” © 1999 Mandalay Pictures, Scott Rudin y American Zoetrope Todos los derechos reservados. ”Big Fish” © 2003 Columbia Pictures. Todos los derechos reservados. ”Charlie y la fábrica de chocolate” © 2005 Warner Bros. Pictures y Village Roadshow Pictures. Todos los derechos reservados. ”La novia cadáver” © 2005 Warner Bros. Pictures, Tim Burton Animation Co., Laika Entertainment, Patalex Productions, Tim Burton Productions y Will Vinton Studios. Todos los derechos reservados. ”Sweeney Tood: El barbero diabólico de la calle Fleet” © 2007 DreamWorks Pictures y Warner Bros. Pictures. Todos los derechos reservados.

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8 - Tropilla - 22:45 - 16.09.14

Este hombre es un crack, uno no sabe nunca como hacer listas de las 10 mejores de Burton, por que es imposible decidirse. Haciendo la lista de las 10 mejores películas de Tim Burton para ver en Halloween nos estuvimos comiendo los sesos varias semanas. Este fue el resultado, que les parece? http://www.tropafriki.es/2014/09/peliculas-tim-burton-halloween.html



7 - Lupita Belmonte - 22:45 - 26.02.14

Es muy buena la película de Batman de Tim Burton, es una de las mejores que han existido de estas películas es una excelente adaptación y me parece que bastante buena la historia, además de que los actores que interpretan a los personajes son de los mejores, muy recomendable esta película.



6 - Alex Revert - 15:19 - 10.07.12

1- Ed Wood
2- Sleepy Hollow
3- La novia cadáver
4- Batman
5- Big Fish
6- Vincent
7- Eduardo Manostijeras
8- Frankenweenie
9- Mars Attack
10- Charlie y la fábrica de chocolate



5 - Carlos - 7:25 - 27.05.12

Bueno a mi parecer las peliculas de Batman de tim burton han sido siempre mis favoritas, oscuras, goticas y con cierto humor teatral, y sleepy hollow genial, con un gran actor como lo es johnny deep.



4 - Monica - 2:56 - 14.05.12

Mi película favorita es The Big fish



3 - Ignotus - 17:01 - 08.05.12

Opino casi igual, Burton puede ser todo lo raro que quiera pero sus pelis me gustan, consiguen atraer de una manera que no se como explicar.



2 - El Cinéfago - 11:33 - 08.05.12

Su mejor peli, en mi opinión, es Ed Wood, aunque tiene algunas que le siguen de cerca. Pero hay un error. La acogida que recibió Batman fue mucho mejor que la que recibió Batman Vuelve, mucho más oscura y personal. El éxito de la primera, a nivel de crítica y público, fue mayor, hasta el punto de que Batman Vuelve fue nominada a los Razzie. La interpretación de De Vito me parece soberbia, y aún así fue nominado a peor actor de reparto. Para que te hagas una idea de lo mal recibida que fue.



1 - Merovingio - 18:52 - 07.05.12

He de reconocer que Tim Burton me tiene ya algo aburrido, pero eso no quita que su filmografía sea la de un autor verdaderamente genial, a mí me encantan “Eduardo Manostijeras”, “Ed Wood”, “Sleepy Hollow”, “Big Fish”…




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