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Las mejores películas de Tommy Lee Jones

Escrito por el 24.05.12 a las 22:49
Archivado en: Actores y actrices

Es el agente más reputado de las oficinas de los Hombres de Negro y un nombre que inspira inmediatas olas de cariño y admiración, pero Tommy Lee Jones no ha tenido una carrera fácil. Tampoco su personaje en la saga de Barry Sonnenfeld, el agente K que tras vivir los vaivenes de memoria en “Hombres de Negro II” (2002), ahora corre peligro de muerte en “Men in Black 3” (ver tráiler, videoclip y escenas), hasta el punto de que el agente J (Will Smith) necesita viajar al pasado para encontrar al álter ego más joven de K, interpretado por Josh Brolin. “Hombres de Negro” (1997) no fue la entrada principal de Tommy Lee Jones en el universo blockbuster, aunque sí la más exitosa en taquilla y entre el público; y antes de convertirse en un homólogo de ese agente K gruñón, ceñudo y empecinado en esconder un corazón de oro fue un intérprete conocido por sus personajes excéntricos o inclinados a la carrera de fondo.

 

¿A partir de qué momento Tommy Lee Jones se convirtió en el hombre más avejentado y melancólico de los casts de Hollywood? ¿Fue alguna añoranza íntima de su Texas natal la que restituyó en su persona esos aires de americano de pura cepa, de tipo con mirada de hierro y la palabra seca? Al igual que el agente J, corresponde retroceder temporalmente y rescatar las mejores interpretaciones de Tommy Lee Jones, perdido durante mucho tiempo en la frontera entre cintas de culto y películas de reciclaje en tramos de sobremesa.

“No es país para viejos” (Joel y Ethan Coen, 2007): Hay un problema serio con muchas películas de Tommy Lee Jones a partir de principios del siglo XXI, y es que tomando fotogramas al azar de todas ellas es muy fácil confundir al actor de unas a otras. La caracterización del típico tejano, ya sea agente de la ley o un civil del montón, con su casita blanca, se repite desde que el actor empezó a sentirse cómodo con su faceta de abuelo de pocos parlamentos, pero siempre sabios. Sus citas de la novela de Cormac McCarthy se oían sobre los molinos de viento y las rasposas dunas del comienzo de la película, y cerraban el metraje con un sueño narrado por el mismo personaje. Lucidez narrativa y sintética o presuntuosidad literaria, lo cierto es que la voz de Tommy Lee Jones transmitía sin fisuras ese despecho de un país huérfano de valores, y la ambigüedad de un hombre tan capaz de ser compasivo como de mandar a un muchacho a la silla eléctrica. Algo de eso se mantiene siempre en las presencias de Tommy Lee Jones en pantalla: el veterano benévolo que puede dar rienda suelta a su vena psicótica ante cualquier inconveniente, o el cascarrabias que dejará de gruñir y despotricar contras las nuevas generaciones si se le ofrece un buen desayuno.

“El fugitivo” (Andrew Davis, 1993): Ya había sido nominado al Oscar® por “JFK” y lo sería de nuevo más de una década después por “En el valle de Elah” (Paul Haggis, 2007), pero fue lo más sorpresivo, un thriller como tantos otros en los que había participado, el que agregó a su estantería la codiciada estatuilla como Mejor Actor Secundario. Y su personaje, a pesar del desgaste que el tiempo ha ejercido sobre esta adaptación de una serie de los sesenta, se mantiene tan inquieto y agudo como en el momento de estreno. El detective Samuel Gerard, que investiga el caso del cirujano Kimble (Harrison Ford), acusado de asesinar a su esposa y prófugo de la justicia, iba desarrollando una progresiva empatía con el protagonista, a medida que las sospechas del caso se expandían en nuevas direcciones. El encontronazo en lo alto de una presa, donde Samuel parece acorralar a Kimble sin escapatoria posible, influyó positivamente en esa calurosa acogida crítica de la interpretación de Tommy Lee Jones, capaz de ser pétreo, firme y clemente al empuñar el arma frente a un inocente que podría no serlo.

“Los tres entierros de Melquiades Estrada” (Tommy Lee Jones, 2005): Hay un par de tv-movies en el haber de Tommy Lee Jones como director, pero en la cartelera brilló con esta cinta a caballo entre el McCarthy que versionarían los Coen y la narración fragmentaria de Alejandro González Iñárritu. No en vano el guionista de la película era un habitual de este último, Guillermo Arriaga, y se repetían los vicios del cineasta mexicano: personajes perdidos y enlazados a otros a modo de catarsis que sólo capta el espectador; paisajes yermos, tanto urbanos como naturales, la grandilocuencia de lo no dicho. Pero Tommy Lee Jones resultó ser tan parco en su caligrafía audiovisual como en sus gestos más calmosos, y firmó la odisea definitiva del jubilado en el que se estaba convirtiendo. Con esas arrugas de perpetua rebaja de la pensión, el actor también protagonizaba este viaje de un ranchero que cumple —o lo intenta— con la promesa de enterrar a su amigo, el Melquiades del título, en el lugar que él habría escogido. La trama detectivesca se diluía ante la irrupción de una bella disertación sobre la verdad y la mentira a la hora de definir vidas ajenas, y sobre la honra dedicada a la memoria de los amigos que se fueron y no dejaron ningún legado. El combo salió tan bien que en Cannes le dieron a Tommy Lee Jones el premio a Mejor Actor y Arriaga se llevó otro por su guion.

“JFK (Caso abierto)” (Oliver Stone, 1991): Hubo un Tommy Lee Jones en otro tiempo, no muy lejano, que tendía al grito nacido del fondo de los pulmones y a la peluca de outlet. Todavía faltaba para alcanzar los extremos de su Harvey Kent/Dos Caras en “Batman Forever” (Joel Schumacher, 1995), quizá el punto de inflexión en la carrera de un actor al que no le sentaba bien no tomarse en serio a sí mismo. ¿Cómo consiguió sobrepasarse en una reconstrucción de los juicios e investigaciones que siguieron al asesinato del presidente Kennedy? Pues con un bisoñé de pelo blanco cardado y una de las sonrisas de banquillo más desquiciadas de la década. Él era un amante del principal sospechoso de haber atentado contra JFK, el infausto Lee Harvey Oswald (Gary Oldman). Un esforzado Kevin Costner intentaba imponer paz y remedio jurídico en todo el asunto y entre esa panda de desquiciados, pero tras más de tres horas de película los créditos finales dejaban en el aire esos secretos de estado sobre Kennedy, que no serán revelados hasta 2029. Ante la espera, sólo queda reír o fruncir el ceño como tan bien sabe hacer Tommy Lee Jones.

“The company men” (John Welles, 2010): El embate de películas sobre la crisis económica que estalló en 2008 apenas tardó en sentirse, y “The company men” volvió a certificar la pertinencia del Tommy Lee Jones más huraño con su relato de cabezas de familia que se ven de pronto en la calle. En determinados círculos no causó demasiada gracia que Welles se centrase en el infortunio de las clases altas que deben aprender a convivir sin los lujos a los que estaban acostumbradas; una queja irrisoria en comparación con otros desempleados, ya de entrada, mucho menos pudientes. Sin embargo, el grupo de actores, y más bien Tommy Lee Jones y Chris Cooper que un Ben Affleck tan dubitativo como casi siempre, empujaba la emoción de una historia que asomaba la cabeza por encima del eterno conflicto de clases. No llegó a ser tan acerada y absorbente como “Margin Call” (J.C. Chandor, 2011), y es posible que figure en futuros anales cinematográficos como un drama más de padres en busca del sentido vital antes que como arruga definitoria de las preocupaciones del nuevo siglo XXI.

“Space cowboys” (Clint Eastwood, 2000): Eastwood y Tommy Lee Jones iniciaron sus caminos más circunspectos después de esta fecha mágica, en la que se reunieron para cumplir con un imposible que antes del 11-S aún podía acariciarse: hacer realidad todas las aventuras imaginarias, ahora ya tecnológicamente posibles. Cuatro pilotos e ingenieros aeroespaciales que en su juventud no pudieron viajar al espacio contemplan la opción de hacerlo a última hora, entrados con creces en la tercera edad. Junto a Eastwood y Lee Jones estaban Donald Sutherland y James Garner, cuatro divertidísimos abuelos cebolleta que se ponían a sudar el chándal y a aguantar los giros en la centrifugadora con tal de que sus almas no se fueran de este mundo sin haberlo abandonado físicamente antes, a bordo de un cohete. El equipo no desprendía tanta química como hubiese sido de esperar, pero el tono desahogado y la comedia blanca de Eastwood suponen un aceptable divertimento. Revisándolo hoy, sólo queda fantasear con ese proyecto irrealizado —y seguramente impracticable— de Matthew Vaughn sobre un asilo de viejos superhéroes que deben volver a enfundarse los trajes para controlar a sus herederos, y entre quienes cabría contar con un Tommy Lee Jones y un papá Clint con niveles de cabreo estratosféricos.

“Asesinos natos” (Oliver Stone, 1994): No toda historia ideada por la mente de Quentin Tarantino posee el gancho que sus propias filmaciones, y esta denuncia-barbarie del asesino como ídolo de masas no alcanzó la excelencia de “Amor a quemarropa” (Tony Scott, 1993), aunque dejó para la posteridad un reparto muy loco, del que sólo podían nacer disparates. Woody Harrelson más Juliette Lewis más Robert Downey Jr. —antes de su desintoxicación y reinserción en el meollo del mainstream— hacen que tiemble el vaso de mezclas, pero si se añade a Tommy Lee Jones en su faceta histriónica, el laboratorio estalla bajo una lluvia de cristales más ruidosa y molesta que hiriente de veras. Por ahí se dejaba caer el hoy indispensable Jared Harris —mito de la serie de Fox “Fringe” y ocasional petimetre en “Mad Men”—, y el personaje de Tommy Lee Jones, otro agente de la ley, terminaba protagonizando una de las escenas más brutas de la película; tanto, que el plano final tuvo que ser cortado de la versión exhibida en los cines de Estados Unidos.

Durante los noventa, Tommy Lee Jones se sumió, salvo despuntes mencionados, en un ritmo cadencioso de thrillers con bastante éxito de recaudación y en reposiciones televisivas, como “Alerta máxima” (Andrew Davis, 1992), “A la caza del lobo rojo”  (Andrew Davis, 1989) y “Pájaros de fuego” (David Green, 1990). Después vendrían más ejemplos del mismo palo, progresivamente menos atractivos ante el público, como sus dos colaboraciones con William Friedkin en “Reglas de compromiso”  (2000) y “Haunted (La presa)” (2003), y productos alimenticios del estilo de “Volcano” (Mick Jackson, 1997) y “Doble traición” (Bruce Beresford, 1999), no mucho más recordados que sus incursiones en el cine pseudoautoral de “Desapariciones”  (Ron Howard, 2003), “El último show” (Robert Altman, 2006), “En el centro de la tormenta” (Bertrand Tavernier, 2009) y la ya comentada “En el valle de Elah”. Y tras salir airoso de sus experiencias menos frecuentes, como el doblaje de animación en “Pequeños guerreros” (Joe Dante, 1998) y los superhéroes en “Capitán América: El primer vengador” (Joe Johnston, 2011), Tommy Lee Jones ya tiene en cartera su primera rom com de madurez junto a Meryl Streep en “Hope Springs” (David Frankel, 2012), el biopic de época “Lincoln” (Steven Spielberg, 2012) y la epopeya bélica “Emperor” (Peter Webber, 2013).


En las imágenes: “Men in Black 3″ © 2012 Millennium Films, Nu Image Films, Paramount Pictures, Amblin Entertainment y Parkes/MacDonald Productions. ”No es país para viejos” © 2007 Paramount Vantage, Miramax Films y Scott Rudin Productions. “El fugitivo” © 1993 Warner Bros. Pictures. ”Los tres entierros de Melquiades Estrada” © 2005 EuropaCorp y Javelina Film Company. ”JFK: caso abierto” © 1991 Warner Bros. Pictures, Canal+, Le Studio Canal+, Regency Enterprises y Alcor Films. “The company men” © 2010 Spring Creek Productions y Battle Mountain Films. ”Space cowboys” © 2000 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow, Malpaso y Mad Chance. ”Asesinos natos” © 1994 Warner Bros., Regency Enterprises y Alcor Films. “Capitán América: El primer Vengador” © 2011 Paramount Pictures y Marvel Entertainment y Marvel Studios. Todos los derechos reservados.

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2 - Ignotus - 20:47 - 30.05.12

También saldrá en la de “Lincoln”, que bien.



1 - Malena Douza - 0:58 - 27.05.12

Creo que he leído todo el artículo y no he encontrado ninguna referencia a la magnífica “Las cosas que nunca mueren”, junto a una morbosa y festiva Jessica Lange. He visto esta película unas cuatro veces y aún me sigue atrayendo.
Un saludo.




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