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Las mejores películas de triángulos amorosos juveniles

Escrito por el 01.05.12 a las 15:34
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“El sexo de los ángeles” (Xavier Villaverde, 2012), de entrada, no tiene que ver con lo uno ni con lo otro de su título, sino con que Carla (Astrid Bergès-Frisbey) y Bruno (Llorenç González) conviven felizmente hasta que Rai (Álvaro Cervantes) irrumpe en su apacible vida de pareja para desmontarles mitos y contenciones respecto a las actitudes angelicales y el sexo. Un triángulo impremeditado que los jóvenes asumen como un entrenamiento liberal antes que matemático. Los tres se reparten fórmulas y desvelan incógnitas ya probadas por muchas otras tríadas de púberes, universitarios o postgraduados no crecidos del todo a pesar de lo que conste en su carnet de identidad. Hagamos un descenso a los infiernos del ardor geométrico que han vivido otras parejas sumadas a un tercer vértice, de mayor a menor oleaje emocional.

 

“El graduado” (Mike Nichols, 1967): Porque nunca está de más comenzar la lección por el plato fuerte, o lo que es lo mismo, por la voz de la experiencia que alerta a los novios alocados de su frenesí caduco. Benjamin (Dustin Hoffman) se conformaría con la pizpireta Elaine (Katharine Ross) si no se interpusiese entre los dos nada menos que la madre de la joven, la legendaria señora Robinson (Anne Bancroft). Más tarde, además, Benjamin pierde a Elaine frente a otro rival más peripuesto y menos vacilante, en un tópico devenir de los acontecimientos que Nichols desmonta como un mecano de partes que se revelan fácilmente intercambiables, y por qué no, huecas. El dilema entre ingenuidad y madurez se resuelve con uno de los silencios más expresivos del cine —tal y como experimentaba Summer Finn en “500 días juntos” (Marc Webb, 2009)—. ¿Qué clase de figura geométrica compone un chico de pie frente a la pierna extendida de su seductora?

“Un lugar en el sol” (George Stevens, 1951): ¿Y si Benjamin hubiese contemplado las bondades de instalarse con alguien como la señora Robinson y para ello tuviera que deshacerse a toda costa de la cándida alternativa? No cabe duda de que éste sería el triángulo más intenso, también el más extremo. Cuando un arribista sin demasiados recursos como George (Montgomery Clift) se deja deslumbrar, y cómo no hacerlo, por la belleza de una heredera como Ángela Vickers (Elizabeth Taylor), el drama es sólo cuestión de más o menos metraje. Y el que emplea Stevens para una de sus obras magnas se ajusta a ese tirón progresivo de una cuerda que no termina por romperse del todo: los cabos emocionales, descubre George, son los más difíciles de desatar. A veces hay que cortar por lo sano, y su ejemplo generó imitadores de la mano de Woody Allen “Match Point” (2005)—.

“Fucking Åmål” (Lukas Moodyson, 1998): Åmål no es una persona, sino un pueblo. Allí crecen Elin (Alexandra Dahlström) y Agnes (Rebecka Liljeberg), dos chicas de personalidades opuestas que, durante el transcurso de una fiesta, se conocen la una a la otra en un sentido que ninguna podía prever hasta entonces. El afecto secreto que Agnes cultiva hacia Elin detona una historia de escapismo físico y sensorial: la dificultad en la relación aumenta exponencialmente cuando Elin decide mantener una relación con un chico, motivada por la perspectiva de olvidar a Agnes. Los toques de amor prohibido y los tabúes sexuales no alcanzaban las mismas cotas de cintas como “Criaturas celestiales” (Peter Jackson, 1994), ni tampoco su crudo final, en beneficio de una óptica optimista que araña los prejuicios de la sociedad sueca en representación de los de todo un mundo occidental. Realmente, algo más complejo que un à deux con tercer mástil.

“Jules y Jim” (François Truffaut, 1961): Los dos muchachos del título (Oskar Werner y Henri Serre) comprueban la elasticidad de su vínculo amistoso cuando ambos se enamoran de la misma mujer, Catherine (Jeanne Moreau). A lo Butch Cassidy y Sundance Kid, pero intercambiando los paseos en bicicleta por carreras a través de puentes, las correrías desérticas por las discusiones bohemias, y el amor limpio y compartido por unos atisbos de femme fatale de vanguardia que continúa columpiándose entre los otros dos extremos de la relación, de Jules a Jim y de Jim a Jules. Muchas, por no decir tropecientas, han sido las imitadoras de la estructura de Truffaut, erigida en aleatorio precedente. La tónica, no obstante, continúa siendo decantarse por la lectura más plúmbea y melodramática del triángulo, exasperándolo hasta límites de género como en “Nunca me abandones” (Mark Romanek, 2010), donde pueden ser dos mujeres las que se lancen una a la otra a un tercero en discordia mientras a su alrededor un realista mundo sci-fi se derrumba.

 “Los paraguas de Cherburgo” (Jacques Demy, 1964): Los triángulos también se cantan y obtienen Palmas de Oro en el Festival de Cannes. El iconoclasta Demy arrancaba gorgoritos de la fría Catherine Deneuve, una joven vendedora de paraguas que no aguanta con la estoicidad suficiente la partida de su novio hacia la guerra de Argelia, y termina casándose con otro en el ínterin. Toques de color kitsch y canciones tiernas y melosas para demostrarles a este par de mozos naífs que los principios de fidelidad, lealtad y por siempre jamás quedan tan aparentes y protegen tan escasamente como un bello paraguas por una callejuela de Cherburgo. Una premisa que, décadas más tarde, el visionario del blockbuster Michael Bay haría metralla sentimental en “Pearl Harbor” (2001).

 

“West Side Story” (Robert Wise y Jerome Robbins, 1961): Y otros que también cantan son los —inolvidables para unos, insoportables para otros— Tony (Richard Beymer) y María (Natalie Wood), remedos de Romeo y Julieta en la escena de Broadway que reafirmaron su poderío en celuloide con diez premios Oscar®. La historia es de sobra conocida, aunque se ambiente en escaleras de emergencia y un Pronovias de extrarradio. El obstáculo familiar de la obra shakesperiana da paso a las rivalidades de bandas latinas, en las que Chino (Jose DeVega) intentará dinamitar el amor entre Tony y María como aquel Paris celoso y codiciante de la bella novia. Una línea recta partida en tres, como desesperados y mohínos son aquellos triángulos sujetos a su pesar a un invitado que nubla tan angélicos amores, desde el medievalismo celta de “Tristán & Isolda” (Kevin Reynolds, 2006) hasta otro exitazo, no menos amado y odiado, de la escena musical como “El fantasma de la ópera, de Andrew Lloyd Webber” (Joel Schumacher, 2004).

“Brothers (Hermanos)” (Jim Sheridan, 2009): No desearás a la mujer de tu hermano, ya que en tal caso no habrá amistad que pueda romperse, sino un lazo de parentesco inviolable. Sheridan rehace una cinta danesa de Susanne Bier de 2004, pero en la historia de esta última los tres implicados tenían edades más avanzadas que los representantes juveniles escogidos por el director irlandés. Y podría hablarse de un cuadrilátero antes que de un delta amoroso, pues es la guerra de Afganistán —y las veladas alegorías políticas que Sheridan no termina de conquistar— la verdadera intrusa en la relación que mantienen dos hermanos (Jake Gyllenhaal y Tobey Maguire) y la mujer de uno de ellos (Natalie Portman). La función de aliviar cual almohadón de plumas a la esposa desconsolada mientras uno de los hermanos se ausenta deriva en el temible ‘algo más’, y la terrible inminencia del regreso plantea la pregunta que ninguno desea formularse: ¿escogí bien?

“Bocados de realidad” (Ben Stiller, 1994): La ‘generación X’ atravesó los mismos poliedros que sus predecesoras, y en este retrato de juventudes que empiezan a olisquear la contrarreloj vital el debutante —como director— Ben Stiller escogía a Winona Ryder y Ethan Hawke para el experimento. Lelaina (Ryder) y Troy (Hawke) son dos antiguos compañeros con nombres alternativos, gustos grunge y perspectivas grandiosas que no terminan de reconocerse su mutua atracción. Ni el ‘sí’ ni el ‘no’ desemboca en que de por medio surja un yuppie corriente de nombre y empleo estándares, Michael (Stiller). Todos los personajes, deambulando de un escenario a otro, diseccionan la pelea entre afán de originalidad y rendiciones propias de la edad, que a fin de cuentas es el dilema que late de fondo de todos los triángulos amorosos. Escoger entre el pijo y el músico era una cuestión más ideológica que argumental: si el conflicto se refugia en los cálidos algodones de la lucha de tribus urbanas y bajo la tirita generacional, lo que menos importa es por quién se decante Lelaina. Su aprendizaje será pasto de ficción para generaciones venideras —como lo fueron triángulos pasados, a lo “Una habitación con vistas” (James Ivory, 1985)—, igualmente desorientadas.

“La chica de rosa” (Howard Deutch, 1986): Mismo dilema, distintos momento y estética. Andie (Molly Ringwald) también debe escoger entre el chico díscolo, Duckie (Jon Cryer), y el chico ejemplar, Blane (Andrew McCarthy). Cinta ochentera que esperaba convertirse en icono para su público potencial, no consiguió, como otras de su misma época y hechuras, proyectar la fama de su trío protagonista —y eso que Ringwald venía de dos fenómenos con los que muchos de los nacidos en los setenta se sienten como el perro de Pavlov: “Dieciséis velas” (John Hughes, 1984) y “El club de los cinco” (Hughes, 1985)—. Aun así, permanece como saludable alternativa al movimiento película-dilemas-de-instituto y podía presumir de una cuidada selección musical, momento Otis Redding incluido. Que hoy sea un título extraño para la mayoría confirma el auténtico factor de amenaza en el triángulo de amor entre ídolos generacionales y público: el siempre cáustico e infiel olvido.

“Gidget” (Paul Wendkos, 1959): Tardaba en aparecer el ejemplo de Sandra Dee, icono cincuentero homenajeado en “Grease” (Randal Kleiser, 1978) y chica ideal a la hora de dar el salto al lado de los triángulos más chispeantes e inocentes de la tanda. En esta típica cinta veraniega de surferos, bikinis amplios y playa, Francie (Dee) asume el apelativo de Gidget para lanzarse a domar las olas y la atención un tanto voluble del chulo de turno, de nombre tan fantástico como Moondoggy, en un único, soleado y glorioso verano. El espíritu festivo de las películas de Sandra Dee a disposición de esas tardes de película y batido para pandillas que sólo juguetean a triangularse, como pretende la adorable Gidget al arracimarse a un segundo bloque de pectorales que cause los celos de Moondoggy. Todo esto antes de que el brusco viraje de la década siguiente violase el paradisiaco mundo moral cinematográfico y cintas como “El verano pasado” (Frank Perry, 1969) revelasen el lado oscuro de las costas de julio, ocupadas por no tan inocentes jóvenes.

“Harry Potter y el misterio del príncipe” (David Yates, 2009): Los magos también saben matemáticas y las practican en sexto año de Hogwarts, pleno momento de ebullición hormonal y de intercambios de pareja que causan estragos entre magos y brujas. No existe hechicería que combata estos fenómenos y el trío protagonista —que no revuelto, a pesar de las miles de vertientes que ha asumido en el universo fanfic—, Harry (Daniel Radcliffe), Ron (Rupert Grint) y Hermione (Emma Watson), encuentran tiempo para los escarceos entre tanta responsabilidad académica y conspiraciones tenebrosas. Hermione amaba a Ron, y éste amaba a Hermione pero se liaba con Lavender, mientras Harry amaba a Ginny (Bonnie Wright) con reciprocidad aunque en el camino romántico de ella se hubiesen cruzado otros cuantos antes. Era el curso de los enamorados en Hogwarts y las pociones mágicas propiciaban escenas humorísticas y un inagotable bebedero de chismes para el fan acorde a la edad de los personajes. Tras la ineludible prom night que se vivió en “Harry Potter y el cáliz de fuego” (Mike Newell, 2005), unos toques de “Chicas malas” (Mark Waters, 2004) con los trucos seductores de toda la vida.

 “El diario de Noa” (Nick Cassavetes, 2004): El vástago de John Cassavetes pareció deshonrar el linaje cinematográfico iniciado por su padre con esta adaptación del superventas Nicholas Sparks, que ha propiciado otras no menos denostadas películas para noches de pareja. Culto a la moñez o reformulación indie de los códigos de película de amor imposible para la muchachada más bien femenina, el diario no era otra cosa que un cóctel de todos los referentes mencionados más arriba. Diferencias de clase, contraposición de chica bien y chico con cubierta underground y corazón de oro, obstáculos bélicos y terceros que sobran en un triángulo que era más bien el candidato fuerte a la pole como big popcorn romance del año. Lo que no hizo “Esplendor en la hierba” (Elia Kazan, 1961) y lo que muy sabiamente resumió “Big Fish” (Tim Burton, 2003).

“La saga Crepúsculo: Luna nueva” (Chris Weitz, 2009): La mejor película posible para entender qué no debe hacerse con el material de triángulo amoroso juvenil y acercarse, si los prejuicios lo permiten, al entendimiento de las tendencias duales de la adolescencia contemporánea, aunque no se comulgue en absoluto con su causa. La humana Bella (Kristen Stewart), el vampiro Edward (Robert Pattinson) y el licántropo Jacob (Taylor Lautner) conforman el amor a tres bandas más representativo de nuestro tiempo, dotado de toda la potencia de lo pasajero. Hipocresías morales, mojigatería de saldo, narrativa de diario de quinceañera y tour de force para lectores de novelas de highlanders antes de que el triángulo continuara mareando la perdiz en otras dos secuelas y el cierre que está por llegar. La reciente “Los juegos del hambre” (Gary Ross, 2012) ha intentado arrebatarle el cetro del encantamiento triangular con su romance entre Katniss (Jennifer Lawrence), Gale (Liam Hemsworth) y Peeta (Josh Hutcherson), que algunos han querido interpretar como réplica al imaginario de Stephenie Meyer y ¿contundente? triunfo de la mujer alfa con la decisión amorosa en sus manos. Carla también deberá concluir en “El sexo de los ángeles” si será Bruno el compañero adecuado o si la intromisión de Rai tendrá más que repercusiones ligeramente tentadoras.

Imágenes de “El graduado” © 1967 MGM y Embassy Pictures. Todos los derechos reservados. “Un lugar en el sol” © 1951 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Fucking Åmål” © 1998 Memfis Films, Zentropa Productions, Film I Väst y SVT Drama Göteborg. Todos los derechos reservados. “Jules y Jim” © 1961 Les Films du Carrosse. Todos los derechos reservados. ”Los paraguas de Cherburgo” © 1964 Madeleine Films, Parc Film y Beta Film GmbH. Todos los derechos reservados. ”West Side Story” © 1961 Metro-Goldwyn-Mayer. Todos los derechos reservados. “Brothers (Hermanos)” © 2009 Sighvatsson Films, Relativity Media y Michael De Luca Productions. Todos los derechos reservados. ”Bocados de realidad” © 1994 Universal Pictures. Todos los derechos reservados. “La chica de rosa” © 1986 Paramount Pictures. Todos los derechos reservados. “Gidget” © 1959 Columbia Pictures. Todos los derechos reservados. “Harry Potter y el misterio del príncipe” © 2009 Warner Bros. Todos los derechos reservados. “El diario de Noa” © 2004 New Line Cinema y Gran Via. Todos los derechos reservados. Y ”La saga Crepúsculo: Luna nueva” © 2009 Summit Entertainment, Temple Hill, Imprint Entertainment y Sunswept Entertainment. Todos los derechos reservados.

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