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Las mejores películas de Wes Anderson

Escrito por el 13.06.12 a las 20:15
Archivado en: Directores

¿Cuántos directores pueden presumir de una filmografía breve en la que todas sus piezas sean las mejores películas? Wes Anderson se halla dentro de ese coto privado, tras unos comienzos discretos pero absolutamente personales, el amor incondicional y la indiferencia eterna de los críticos siempre enfrentados y siete películas, la última de ellas “Moonrise kingdom” (ver tráiler y escenas), que le facilitó el acceso al Festival de Cannes. Su fórmula es indeterminada, quizá porque no se trata de ninguna ecuación prevista, sino de la expresión sincera de un universo sólo contaminado por preferencias e inquietudes íntimas, que le ha ganado la admiración y el respeto de grandes cineastas como Martin Scorsese.

Y aunque en principio sus señas de identidad son tan llamativas que servirían como base para la repetición y el encasillamiento, Anderson las toma como materias primas de un mundo en continua reinvención: su paleta de colores cálidos y terrosos, los vestuarios hechos como se disfrazaría un niño metiendo mano en un baúl vintage, la tipografía Futura, los barridos, travellings y zooms dramáticos, la exquisita selección de canciones de los sesenta-setenta, a menudo con los Rolling, los Beatles, los Kinks y hits franceses como el de Françoise Hardy en su último estreno. Un director de prisma único y a la vez reconocible, que en todas las obras desglosadas a continuación da vida a personajes perdidos que, gracias a su habilidad como cuentista poético, hallan su lugar en el mundo de las imágenes.

“Fantástico Sr. Fox”(2009): Durante la promoción de esta película animada, Wes Anderson imitó las camisas y los trajes de felpilla y pana del Señor Zorro —no sabemos si también dormiría con pijama de finas líneas—. Y es que por primera vez renunciaba de modo completo a los actores en pantalla; en cambio, la animación ya había formado con anterioridad parte de su imaginario, aun a través de simples ilustraciones como las del libro Tenenbaum. Porque Wes, y en esa apoteosis de las giras publicitarias estaba la prueba, era el Señor Zorro —con interpretación vocal de George Clooney—, espigado y misterioso, que se propone objetivos rocambolescos desde las entrañas de un mundo lleno de ruidos. A la contra del cine de costosos f/x, Anderson optó por la stop motion del animador Mark Gustafson y por una fábula de tintes ecologistas escrita por Roald Dahl en los setenta. Pero ésas eran sólo las tagline de una abducción total hacia sus códigos, que terminaban mostrando a través del animalario residencial —aparte de zorros, tejones, comadrejas o especímenes raros sin identidad— sus habituales crisis de personajes abatidos, desorientados y pésimos al lidiar por sus locos sueños contra un ejército de excavadoras. Parecía una cinta infantil, pero fue un adulto punto de inflexión en su carrera cinematográfica, fresco, cómico y artesanal.

 

“Life aquatic” (2004): Henry Selick, director de “Pesadilla antes de Navidad” (1993) o “Los mundos de Coraline” (2009), se subió al barco de Wes para crear las criaturas marinas que el oceanógrafo Steve Zissou (Bill Murray) y su tropa captan con sus cámaras subacuáticas —los extraños caballitos de mar o el detonante de la trama, ese tiburón leopardo que se convierte en el particular Moby Dick de Zissou—. Anderson necesitaba sumar a la acción real elementos nacidos de su fantasía y que no admiten representación naturalista, sino imágenes increíbles y por momentos torpes, al igual que un dibujo infantil. Y mucho de viaje imaginado por un niño tenía la odisea de Zissou y su supuesto vástago, interpretado por Owen Wilson, un buen amigo desde la universidad y habitual colaborador de Anderson. Se vieron fotos del cineasta simulando pilotar el submarino amarillo de Zissou, lo cual revela que su espíritu lúdico va muy por delante de ninguna pretensión intelectual, aunque a la película no le faltase la profundidad del reconocimiento entre padre e hijo y la perpetua redefinición de la identidad en manos de aquello por lo que uno sacrifica su vida. En esta ocasión brillaron la estética heredada de Jean-Yves Cousteau, las canciones de David Bowie y un protagonismo absoluto para Murray, otro de sus fetiches. Salada y triste, a pesar de ello un canto de gran vigor, y un acercamiento secundario al género documental.

“Los Tenenbaums. Una familia de genios” (2001): El reconocimiento internacional le vino a Anderson con esta falsa novela trasladada a la pantalla —en “Moonrise kingdom” repite con la mezcla de libros inventados para sus protagonistas—. Una genealogía que reúne a un padre ausente, Royal Tenenbaum (Gene Hackman), su esposa —Anjelica Huston, otra actriz fiel a Anderson— y sus tres hijos, papeles que recayeron en Ben Stiller, Luke Wilson y Gwyneth Paltrow. Aparte de una caterva de personajes complementarios no menos extravagantes y de la misma cálida humanidad que los principales. Anderson se lanzó al gran público con un retrato de familia que parece colocar de modo provisional las piezas de su universo antes de comenzar a descolocarlas y reorganizarlas en obras futuras. Todo el amor que el director siente por los fracasados, por los amores a destiempo y fuera de toda norma establecida, por las conversaciones de apariencia hueca y por el humor negro que no teme en tener encontronazos con momentos de auténtico drama. Podía haber sido el canto desesperado y vacío del niño rico, estereotipo que, como Sofia Coppola, Anderson parece encarnar como artista y como persona. Pero, al contrario que la hija de Francis, los Tenenbaum se mostraban conscientes de su estupidez y de la banalidad de sus quejas, y eran la familia de la casa de enfrente a la que uno no le importaría visitar de vez en cuando.

“Academia Rushmore” (1998):Tal vez Anderson debía empezar librándose de las imposiciones de manuales, aprendizajes y enseñanzas protocolarias a las que asistió en círculos universitarios ambientando una historia en el mundo escolar. Junto con Bill Murray y Jason Schwartzman, uno de sus talismanes, como protagonistas y Roman Coppola, con quien suele firmar los guiones —tarea que también ha compartido con Owen Wilson y el no menos indie y personalísimo Noah Baumbach—. La cinta alcanzó un gran reconocimiento aunque escasa repercusión pública, quizá por elevar a categoría heorica al nerd superdotado para las actividades extraescolares y negado en las cartillas de notas. Y todo ello en el elitista mundo de los colegios privados, a los que el cine suele recurrir para burlas más abiertas o para tragedias estudiantiles con subtramas de conspiraciones y logias. El romanticismo de fundamentos ridículos pero enorme corazón que suele gustar a Anderson se inició con este triángulo entre ese joven pupilo, Max (Schwartzman), su amigo empresario Herman (Murray) y su maestra Rosemary (Olivia Williams). ¿Podía regenerarse espontáneamente la corriente de cintas de instituto? Sí, cuando es Anderson quien reparte boinas rojas, chaquetas con escudito bordado y tizas antes de llevarse unos cuantos y premonitorios Independent Spirit Awards.

“Viaje a Darjeeling” (2007): Las relaciones paterno-filiales y entre hermanos son los dos puntos centrípetos más importantes para Wes Anderson. En esta ocasión retomó las tensiones de los tres niños grandes Tenenbaum con los tres hombres rotos y golpeados —por dentro y por fuera— que emprenden una escapada espiritual un año después de la muerte de su padre. En ese tren con nombre de variedad de té, Francis (Owen Wilson), Peter (Adrien Brody) y Jack (Jason Schwartzman) van perdiendo equipaje pesado, de manera literal y figurada, antes de reconectar con sus anhelos. La estética hindú y el rollo yogui añadieron cierta carga redundante en el ya de por sí estrambótico universo Anderson, y la química entre los tres actores no sabía de manera tan excelente como en otras películas del cineasta. Pero fue un viraje interesante, una especie de fuga del propio Anderson —vestido de blanco impoluto en el rodaje—, que pronto intuía posibles estancamientos creativos y necesitaba demostrarse que no es necesario viajar muy lejos para hallar nuevas formas de expresión. La cinta se complementaba con un cortometraje —táctica que ha repetido en “Moonrise kingdom”, haciendo circular en internet varias piezas animadas que ilustran unos pasajes leídos de la película—, “Hotel Chevalier”, en el que se ampliaba el pasado del personaje de Jack y aparecía una inédita y salvaje Natalie Portman.

“Ladrón que roba a ladrón” (1996): Los hermanos Wilson, Owen y Luke —y también el menos conocido hermano mayor de los dos, Andrew—, fueron reclutados para la puesta de largo de Anderson en el largometraje, después de un corto titulado, al igual que ésta en inglés, “Bottle rocket”. El cineasta se desvirgó con uno de los argumentos preferidos por novatos cinéfilos y gamberros de los noventa: los preparativos de robos ideados por personajes un poco inútiles y palurdos. Mano a mano en los diálogos con Owen Wilson, Anderson apuntaba su capacidad para los desarrollos ágiles y risueños que esconden una seriedad más grave —y a la inversa—, y para los personajes tiernos que escogen sus actos inconscientemente. Quizá con demasiada chifladura y sin ese estilo diferenciable que ha convertido en algo acogedor el acceso a las fantasías de Anderson. Se trata, pues, de ese tembloroso paso por un puente que, de haber seguido las vías planteadas en “Ladrón que roba a ladrón” habría sido de olvidable, firme y típica piedra, y no la pasadera colgadiza por la que Wes Anderson arriesga en cada nuevo proyecto. Nos mantendremos a la espera de cuál será la siguiente sacudida en su universo amarillo.

En las imágenes: “Moonrise kingdom” © 2012 American Empirical Pictures, Indian Paintbrush, Moonrise y Scott Rudin Productions. “Fantástico Sr. Fox” © 2009 20th Century Fox, Indian Paint brush, Regency Enterprises y American Empirical Pictures. “Life aquatic” © 2004 Touchstone Pictures y American Empirical Picture. “Los Tenenbaums. Una familia de genios” © 2001 Touchstone Pictures y Buena Vista Pictures. “Academia Rushmore” © 1998 Touchstone Pictures. “Viaje a Darjeeling” © 2007 Fox Searchlight Pictures, Collage y American Empirical. “Ladrón que roba a ladrón” © 1996 Columbia Pictures y Gracie Films. Todos los derechos reservados.

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