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Las mejores películas irlandesas

Escrito por el 21.07.12 a las 2:52
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Irlanda es uno de los países que han perdido la nacionalidad cinematográfica a cambio de convertirse en género: sus pautas como escenario van asociadas desde una larga tradición a determinado tipo de desarrollo argumental y enfoque visual que convierte a muchas películas no irlandesas en representantes populares de la nación. Se trata de un retiro en el que la mente se relaja como ante un póster de agencia de viajes; la mirada espera las colinas verdes, las jarras de cerveza, las calles empedradas de Dublín, unos leprechauns si la fiesta adopta derroteros más fantásticos. No en vano decenas de personajes han recurrido a Irlanda como escapatoria, desde “El hombre tranquilo” (John Ford, 1952), que no es irlandesa, a un blando producto patrio como “Un viaje desde el corazón” (Paul Quinn, 1998).

Pero el irlandés, y el cineasta de las islas esmeralda, sabe que su idiosincrasia no es tan idílica, y que conlleva la inmigración de “En América” (Jim Sheridan, 2002) o “Evelyn” (Bruce Beresford, 2002), el peso rural de “El prado” (Sheridan, 1990), y las luchas políticas de un “Michael Collins” (Neil Jordan, 1996) o una “Veronica Guerin”  (Joel Schumacher, 2003). Para lo demás, Irlanda ha probado géneros más exportables, desde la comedia de “Intermission” (John Crowley, 2003) y “Tenías que ser tú” (Anand Tucker, 2010), a el folklore de “Escapada al sur” (Mike Newell, 1992) o el terror de temporada en “Cabeza de muerte” (Paddy Breathnach, 2006), y, como pequeño país europeo, es una tierra dotada de estereotipos cinematográficos que en sus mejores películas demuestra un potencial más diverso y nostálgico que unas fugaces vacaciones.

“En el nombre del padre” (Jim Sheridan, 1993): La leyenda de Daniel Day-Lewis comenzó aquí —aunque consiguiera el Oscar® con “Mi pie izquierdo” (1989) y sólo una nominación al Mejor Actor con ésta, y después repitiera con Sheridan en “The boxer” (1997)—; también la desacralización de una Irlanda sin hierbas altas ni ollas de oro. La pesada muletilla del ‘basado en hechos reales’ propiciaba una denuncia del sistema judicial antes que un nuevo acercamiento al conflicto irlandés. Una bomba del IRA en un pub, que causa varias víctimas, lleva a un ladronzuelo de poca monta y a su padre a la cárcel; un par de inocentes, junto a otro grupo de acusados, que requieren la ayuda de un abogado inglés dispuesto a sacrificar quince años en probar la falsedad de las acusaciones. El esquema de película judicial daba paso a una elaborada y emotiva conciliación entre ambos países y a una condena de los prejuicios precipitados, que afectan tanto a la Historia del país como a la convivencia diaria y a la definición de una cinematografía que sabe abordar con valentía y buenos recursos sus propias debilidades.

“Dublineses (Los muertos)” (John Huston, 1987): Puede que sea el tema irlandés por excelencia, aunque no sus hechuras. Un cineasta cien por cien norteamericano, aunque sensible al sentido de drama del viejo continente, adapta un cuento del inefable James Joyce, máximo representante de las letras dublinesas. Y no sólo desde su título está anticipando y conteniendo la esencia de un lugar definible por ese único adjetivo: un sitio muerto, respecto a la consideración de los demás países en un panorama dominado por potencias mayores, y siempre a la sombra del Reino Unido, y a la supervivencia de una identidad desgajada en movimientos migratorios y tradiciones cada vez más caducas. También presenta a los muertos como habitantes de un país melancólico al que sólo quedan las nieves, y que adopta su mejor metáfora en ese comedor de Navidad en el que un matrimonio despierta a una realidad desoladora.

“Hunger” (Steve McQueen, 2008): Otra aproximación al IRA desde la perspectiva carcelaria, aunque desprovista de la tendencia dialogante y optimista de Sheridan. Película callada en gran parte de su metraje, o más bien poblada por los ruidos oxidados, los carraspeos y lo escatológico como rutina de comunicación. Al igual que en su siguiente obra, “Shame” (2011), McQueen pierde el pulso en ciertos maniqueísmos, pero como aquélla, “Hunger” era una cinta necesaria y bendecida por una poesía de lo desmedido y espasmódico. Michael Fassbender se confirmaba como actor generosísimo con sus largos monólogos en plano fijo y su desnudez más allá de lo carnal. Ese hombre que se deja morir de hambre por una causa que ya no sabe si es la suya, la de un sentimiento de compañerismo o la de un encadenamiento a cierto honor nada moderno. Mucho más interesante este punto de vista que el del carcelero, con el que establecía un balance desigual, aunque uniforme y descarnado en el apartado estético.

“El secreto del libro de Kells” (Tomm Moore, 2009):  Incluso en territorio luminoso se cuela la sombra para lo irlandés. Las miniaturas coloristas y detalladas del libro de Kells, conservado en el Trinity College de Dublín, inspiran escenas gloriosas, acompañadas de acordes musicales propios del cielo y la victoria. Pero el camino que conduce a la finalización de esos dibujos tan exquisitos es arduo y lleno de renuncias; así lo aprende Brendan, un joven monje que se traslada a un monasterio donde los mayores viven encorvados sobre esas páginas miniadas. El arte de la pintura y la conexión con la naturaleza, un tema tan cercano al tópico de Irlanda, se convierten en hilos conductores del crecimiento de Brendan. Esto implica una plasmación fiel de las formas y curvas del libro de Kells, trasladadas a la identidad de la película, que además se aparta del canon habitual de las historias de animación para optar por esa visión orgullosa, pero taciturna, de una tierra oscura, mística y bella.

“El viento que agita la cebada” (Ken Loach, 2006): Célebre por sus realistas retratos de la sociedad obrera británica, el inglés Ken Loach cruzó el mar para colocarse en el bando de los rebeldes irlandeses en contra de la ocupación y los mandatos de Su Graciosa Majestad. Diseccionaba los albores del republicanismo en los años veinte a través de la relación inestable entre dos hermanos, divididos por la causa. Sólo quedaba el hálito romántico de los parajes, contrapuestos a las decisiones temerarias y el idealismo ingenuo de unos milicianos que comienzan a llenar su tierra de sangre y odio, por muy noble que sea la causa que les guía por esos campos de cereal que ya no satisfacen el hambre del pueblo. Algunas voces la tacharon de panfletaria, pero la película consiguió vencer a toda crítica con una Palma de Oro en el Festival de Cannes, y antes que una contraposición entre Irlanda e Inglaterra conseguía que se percibiera esa dolorosa e inútil ruptura entre las propias gentes irlandesas.

“Once” (John Carney, 2006): La benevolencia del género musical se esfuma también cuando es un músico callejero irlandés el que debe buscarse las habichuelas junto a una inmigrante con inesperadas dotes para el canto. Viaje a dos, entre canción y canción de fabricación propia, la película fue un modesto sleeper con la valía de su calidad melódica y de la naturalidad de una pareja que también lo era en la vida real —recientemente esta cinta se completó con la visión documental del grupo “The swell season” (Nick August-Perna y Chris Dapkins, 2011)—. Dejando espacio suficiente a que la música creciera por sí sola, como tributo a la relación callada de los protagonistas, conseguía no parecer una secuencia de videoclips del grupo rodados en típicos ambientes costeros de Irlanda. Podía verse de ese modo, y aun así preservar su carácter notable, pero fue un inesperado romance sincero y creíble, primo de esa tristeza que vamos viendo inherente a lo irlandés.

“Las hermanas de la Magdalena” (Peter Mullan, 2002): Comparen la sensibilidad irlandesa con la de otro vecino europeo: mientras un poco más tarde Francia conquistaría corazones con el azúcar de “Los chicos del coro” (Christophe Barratier, 2004), desde Irlanda llegaban las cucharadas de aceite de hígado de bacalao de internados igual de conflictivos, pero a los que se les ha sustraído toda esperanza. Como en “Los niños de San Judas” (Aisling Walsh, 2003), el convento de esta congregación de monjas con chicas “caídas en desgracia” a su cargo denunciaba un pasado que ya no tenía remedio, aunque quizá esa estrechez de miras y la rigidez de las normas educativas y sociales continúen extendiéndose hacia un presente de apariencias más libres, siempre a punto de volver a agachar la cabeza ante cualquier amenaza externa. El actor Peter Mullan escribía y rodaba sin concesiones, pero cediendo la suficiente amabilidad a ese trío de chicas deshonradas, a las que no queda otra alternativa que convivir con religiosas dispuestas a emplear su hipocresía como látigo de una moral retrógrada y castradora.

“Desayuno en Plutón” (Neil Jordan, 2005): El actor irlandés Cillian Murphy, antes del camuflaje de guerrilla de “El viento que agita la cebada”, se mostró camaleónico dentro del nutrido armario de un travesti que se lanza al sueño londinense y al rastreo de sus orígenes familiares durante los setenta. Un tipo de viaje que ya hemos visto en numerosas ocasiones, pero que otro representante de altura de la cinematografía irlandesa como Neil Jordan presentaba con las dosis justas de ternura, diversión y sopapos realistas. No faltaban los lugares comunes, debidamente enfocados como dianas de lo sarcástico: los tejemanejes del IRA, la suspicacia policial, la animadversión entre irlandeses e ingleses, las bandas de rock que abducen groupies y el lado sexual que empieza a consolidarse en la vía pública, a la vista de la puritana ética británica. Murphy acumuló varias y merecidas nominaciones por su interpretación, que estaba arropada por los no menos notables Liam Neeson y Stephen Rea.

“El secreto de la isla de las focas” (John Sayles, 1993): El folklore irlandés, en íntima conexión literaria con el inglés, ha inspirado más indirecta que directamente el imaginario de cientos de películas fantásticas. En algunas ocasiones, como este inusitado cuento de Sayles, la tradición oral se solapa con la realidad gris de un país menos verde de lo que aparenta en las agencias de viajes —esa interconexión entre la Irlanda soñada y la auténtica que Neil Jordan también abordaría como cuento de hadas en “Ondine” (Neil Jordan, 2009)—. Fue una película extraña, en cierto modo desapercibida, pero estimulante como revisión del tópico irlandés: una niña se traslada a vivir con sus abuelos y entra en contacto con la leyenda de un hombre que contrajo matrimonio con una selkie, una criatura mitológica que puede desprenderse de su piel de foca para adoptar forma humana. Comenzaba así una pieza onírica heredera del poder imaginativo, aunque también de cierto sentimentalismo, presente en las novelas juveniles de E. Nesbit y Frances Hodgson Burnett. Sayles le restaba fanfarria infantil gracias a su visión elegante y escueta, posada sobre una Irlanda hecha de arena y piedras.

“Los commitments” (Alan Parker, 1991): Otro grupo de músicos desamparados y desarrapados de Dublín se empeña en que las gentes irlandesas dispongan de géneros internacionales con fabricación propia. Jimmy Rabbitte comienza entonces a reunir esfuerzos para una banda de soul que reviente las listas de más escuchados del país, con el consiguiente problema de que los egos comiencen a enzarzarse a medida que la iniciativa alza el vuelo. El director Alan Parker, capaz también de ofrecer la visión más húmeda y desapacible de Irlanda en la adaptación del best seller “Las cenizas de Ángela” (1999), se sobreponía a lo que pudo ser un simple ejercicio de estética vintage de los setenta y construía un más que sólido anti-musical, libre del melodramatismo pop de “Fama” (1980) o las paranoias creativas de un “The Wall”  (1982). Aunque Pink Floyd pudiera vencer a los Commitments en un primer asalto de rock bands.

“Bloody Sunday” (Paul Greengrass, 2002): Sin embargo, la estampa más arraigada en la imaginería sobre una Irlanda reciente, aparte de las colinas verdes que acogen a peregrinos con ánimos para cambiar de vida, es la de ciudades de ladrillo gris, consumidas por el moho y los cócteles explosivos de manifestantes. El conflicto irlandés y la sombra del IRA aún persisten en espectadores y cineastas que buscan, especialmente, el prestigio crítico de relatar una vez más un asunto tan espinoso desde perspectivas inusuales. Y quizá la de Greengrass no era inaudita, pero sí su desarraigo de todo lirismo y ese enfoque documental que ha cultivado en todas sus películas, incluida la saga Bourne. La sangría en que derivó una marcha en defensa de los derechos irlandeses el 30 de junio de 1972 es el frío objeto de estudio para el cineasta, que se adentra en el corazón de la protesta para registrar todos los golpes, injusticias y descalabros que acontecieron durante aquellas horas. El esfuerzo, realista y divorciado del melodrama, convenció en el Festival de Berlín y en Sundance, y sin olvidar la inclusión de la célebre canción de U2 “Sunday bloody Sunday” —escrita a raíz del mismo acontecimiento histórico e incluida en el álbum “War” de 1983— como himno de esa Irlanda que se desangra y, favorablemente, recupera aliento en películas tan imprescindibles como éstas.

En las imágenes: “El hombre tranquilo” © 1952 Republic Pictures. “En el nombre del padre” 1993 Universal Pictures y Hell’s Kitchen Films. “Dublineses (Los muertos)” © 1987 Channel 4, Delta Film, Liffey Films, Vestron Pictures y Zenith Entertainment. “Hunger” © 2008 Blast! Films y Film 4. “El viento que agita la cebada” © 2006 Sixteen Films, Matador Pictures, Regent Capital, UK Film Council, Bord Scannán Na Héireann, Irish Film Board, Filmstiftung Nordhein-Westfalen, Element Films, BIM Distribuzione, Pathé Distribution, Cinéart, TV3 Ireland y Film Coopi. “Once” © 2006 Summit Entertainment, Samson Films, Bord Scannán Na hÉireann, The Irish Film Board y RTÉ. “Las hermanas de la Magdalena” © 2002 PFP Films y Temple Films. “Desayuno en Plutón” © 2005 Pathé Pictures, Sony Pictures Classics, Bord Scannán Na Héireann, The Irish Film Board, Northern Ireland Film & Television Commission, Parallel Films y Number 9 Films. “El secreto de la isla de las focas” © 1993 First Look Pictures Releasing. “The Commitments” © 1991 20th Century Fox. “Bloody Sunday” © 2002 Channel Four Films, Granada Television y Hell’s Kitchen Films. Todos los derechos reservados.

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1 - manuel otxoa - 8:52 - 29.05.13

he visto todas las Pelis, muy buenas pero me quedo con Michael Collins y Un Viaje desde el Corazon.




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