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Las mejores películas sobre mujeres embarazadas

Escrito por el 11.07.12 a las 19:48
Archivado en: Personajes

«Cariño, estoy embarazada». A renglón seguido, una mirada estupefacta. Una sonrisa temblorosa. Una risa descontrolada. O la pura indiferencia. O el grito de negación. Para poner orden en el nerviosismo que impera en el hecho de convertirse en padres, en especial si se trata de parejas primerizas, han llegado a los estantes de las librerías manuales que dictaminan cuáles serán los miedos, los alivios, las preguntas y las repuestas que irán produciéndose durante la gestación, y con qué grado de importancia. El cine, en cambio, ha preferido no esquematizar la ambigüedad del suceso, que tanto posee de desgracia como de milagro según las coordenadas de la historia en que se produzca. En todo caso, embarazarse en gran pantalla resulta mucho más cómodo gracias a sus barrigas de pega y a los rocambolescos argumentos que suelen tener lugar a raíz de la ‘feliz’ noticia; y las mejores películas sobre embarazos, deseados o no, o soñados y convertidos en pesadilla, revisan los tópicos vinculados a la futura tarea de ser madre.

“La semilla del diablo” (Roman Polanski, 1968): La mano de Polanski siempre meciendo a sacudidas la cuna de la estabilidad burguesa, que afecta de modo intenso y particular a esas mujeres que creen controlarlo todo con sus jarrones de tulipanes amarillos, sus cenas de conejo bien conservadas en la nevera y su equipamiento de bebé a punto ante la llegada del querido retoño. La idea descabellada, en el caso de Rosemary, de que el acontecimiento más gozoso del mundo sirva para que una secta celebre el advenimiento definitivo de Satanás al mundo. ¿Puede una madre seguir amando a su hijo, cantándole escalofriantes nanas, aunque el pequeño sea la encarnación del mismísimo Mal? Los ojos desquiciados y la mandíbula desencajada de Mia Farrow, ya de por sí inquietante, no parecen anticipar una alegre ampliación de la familia, bien porque cierta psicosis la esté arrastrando hacia fantasías morbosas sobre su embarazo, bien porque lleve algo de razón y entre los vecinos y su marido vayan a usarla como receptáculo del Apocalipsis.

“Juno” (Jason Reitman, 2007): El embarazo adolescente podía abordarse como drama de folleto repartido en clases de educación sexual —“La fuerza del amor” (Matt Williams, 2000)—, o como parte de un acuerdo que encaja dentro de las pautas morales, sociales y convencionales de la época —“La loca aventura del matrimonio”  (John Hughes, 1988)—. Reitman, llevando un poco más lejos las irreverencias de casta heredadas de su padre Ivan, provoca que para Juno (Ellen Page) un embarazo indeseado sea un inconveniente al que simplemente hay que ajustarle las faldas, la dieta calórica y las preferencias en la búsqueda de una pareja de acogida ideal. Deslumbró el lenguaraz repertorio de réplicas de la muchacha, su oposición a un enclenque y mudito Michael Cera, la selección musical trufada de clásicos indies y el tono de simpatía constante hacia un tema por el que no se pierde el respeto ni se gana en cargas de sentimentalismo.

“Un lugar donde quedarse” (Sam Mendes, 2009): Después de asomarse al lado oscuro del embarazo entendido como escollo vital en “Revolutionary Road” (2008), a Mendes debía de apetecerle un recorrido positivo, una búsqueda de la estabilidad que parece traer consigo un bebé necesitado de equilibrios. Así, Burt (John Krasinski) y Verona (Maya Rudolph) emprenden una marcha por diversos estados de Norteamérica, decididos a encontrar el sitio idóneo para la cría de su primer hijo. El tema se libera de aspavientos y de las estridencias típicas que suelen copar los gags protagonizados por mujeres embarazas. A cambio, cobran mayor peso las personalidades pintorescas de los secundarios que se van cruzando por el camino, el juego de construcción entre dos futuros padres de un ideal que no existe y el rumbo excéntrico y pausado de una cinta que esconde sus aires de prefabricación indie con modestia.

“Siete novias para siete hermanos” (Stanley Donen, 1954): Una mujer no puede ser siempre una novia de junio, como cantaban las seis mozas raptadas por los hermanos Pontipee, inspirados por el relato de las Sabinas. Más temprano que tarde se producirá el desliz y habrá un miembro más que en nueve meses ampliará la familia numerosa. A menudo tachada de machista, ya que en cuanto los hombres conocen el embarazo de Milly (Jane Powell), la protagonista, se deshacen en cuidados hacia ella, mientras su marido, exiliado en la montaña, no quiere ir a visitarla cuando se entera de la noticia, este musical de patrón clásico debe enmarcarse en el contexto argumental —ese viejo Oeste que lleva la marcha marcada por el trabajo masculino y los golpeteos de las mujeres en la campana que anuncia las comidas—, y no olvidar el carácter férreo de Milly. Un ejemplo tan luminoso para las otras seis chicas recluidas en la casa que cuando de fondo se oiga el llanto de un bebé y los padres, alarmados, pregunten de quién es, todas se decidirán a gritar ¡Mío!

“Lío embarazoso” (Judd Apatow, 2007): La escatología de la fábrica Apatow, y más aún si la película está dirigida por él mismo y no sólo apadrinada, se desprende del prejuicio infantil que suele inspirar esa clase de humor para levantar, sin perder la sonrisa, esquinas sobre aspectos usualmente sorteados. Léase la sala de partos, pero sin musiquilla emocionada ni elipsis limpias entre camillas presurosas y un recién nacido sin una gota de sangre ni cordón umbilical a la vista. Entiéndase por vomitonas en el trabajo, con sólo una papelera a mano; la repentina incomodidad de las posturas sexuales, las discusiones insulsas en tiendas de muebles, los estallidos de las hormonas por el motivo más azaroso. Todo lo que una pareja real conoce y el cine omite, Apatow lo devuelve a la palestra y, además, para una premisa tan antipática como que una joven de éxito se quede embarazada por descuido de un tipo gordo y fracasado al que acaba de conocer en una discoteca. La decisión de criar al bebé juntos llega hasta sus últimas consecuencias… por desgracia también a las implicaciones románticas que contrastan con el cinismo de años y años de otro matrimonio con hijos, esos Pete (Paul Rudd) y Debbie (Leslie Mann) con spin off en “This is 40″ (2012).

“Fargo” (Joel y Ethan Coen, 1996): La historia no gravitaba alrededor del embarazo, pero Frances McDormand sí que conseguía moverse como un astro pesado y tambaleante entre la nieve que va revelando la torpeza de un par de criminales provincianos. En esta película está la prueba de que las mujeres en estado pueden seguir representando papeles fuertes, tenaces y naturales, con la mesilla de noche ocupada por la placa de policía y no por el libro superventas de autoayuda. Destaca el detalle de que su marido sea quien permanece en casa, preparando el desayuno, mientras la esposa responde a las llamadas de urgencia y sale a trabajar, acompañada por la carga anatómica extra. El humor negro del filme, como predominancia en la filmografía de los Coen, se veía pincelado por los toques tiernos y el gracioso contraste de esta sheriff con barrigón que sigue arrodillándose para inspeccionar a las víctimas y no permitiendo que ningún estrés afecte a la calidad de su trabajo y al ritmo cardiaco del feto.

“Hijos de los hombres” (Alfonso Cuarón, 2006): ¿Y si las féminas, de pronto, no pudiesen quedarse embarazadas? Tal vez no sería una mala noticia para el planeta, pero sí para los escritores de revistas y tomos para futuros papás y para productores ojo avizor sobre posibles adaptaciones en comedias románticas. Sin embargo, la literatura y el cine es lo que menos importa en el futuro fatalista de 2027 imaginado por Cuarón, donde la última esperanza está representada en una joven, casi niña, que sí ha conseguido el quimérico embarazo en décadas. Theo (Clive Owen) se impone como ordenanza personal vigilar la salud de la chica y llevarla ante los científicos que puedan estudiar su caso y determinar, en primer lugar, por qué el sexo femenino se ha vuelto estéril, y lo más importante, cuál es la clave que tiene esta mujer para combatirlo y evitar la extinción de la Humanidad. Una bella, aunque quizá maniquea, fábula sobre la infertilidad de un mundo real que halla mejores expresiones en fantasías distópicas.

“Un feliz acontecimiento” (Rémi Bezançon, 2011): Tomándole el pulso a Apatow y su aparataje hollywoodiense, el francés Bezançon adopta el mismo principio que “Lío embarazoso” —pero con amor mediante desde el primer momento— y lo traslada a una atmósfera teóricamente más realista, europea y creíble que la de una rubia californiana y el imprevisto padre freak. Lo que se propone, al contrario que el espíritu siempre optimista de Apatow, es comenzar a deshilar la felicidad que arranca con un matrimonio joven y pletórico, que confía en las delicias que traerá su primer hijo. La misma falta de remilgos a la hora de retratar escenas íntimas y detalles fisiológicos pasados por alto, con un naturalismo aún mayor que el de Apatow, para una suma de sinsabores que desmitifica el hecho de ser madre… antes de devolverle su legitimidad como happy ending. A pesar del esfuerzo —destacar a Louise Bourgoin—, continúan flojeando algunos aspectos todavía tópicos en el tema —el papel residual del padre—, pero los colores eran distintos y los gritos de dolor volvían a ser sinceros en la sala de partos.

¡Eso es llevar el método demasiado lejos!, exclamó Wes Anderson cuando supo que Cate Blanchett se había quedado embarazada de verdad antes de empezar el rodaje de “Life aquatic” (2004), cuyo personaje era una madre soltera a la expectativa. Pocas actrices han seguido el mismo sendero que Blanchett, y desde luego a pocas les han asignado personajes embarazados tan extravagantes como el de Anderson. Pensemos en el estereotipo de la mujer que silencia todos los síntomas de su estado hasta que llega el glorioso día y hace feliz, sin ruido, a su marido, como la sacrificada Melanie (Olivia de Havilland) de “Lo que el viento se llevó” (Victor Fleming, 1939). O que sueltan la noticia como un bombazo ante un esposo que no es el padre, como  sucede en “Espartaco” (Stanley Kubrick, 1960). Futuras madres sumisas a su marido que también lo serán con sus hijos —“Un tranvía llamado deseo” (Elia Kazan, 1951),  “La camarera” (Adrienne Shelly, 2007)— o que incluso morirán por ellos —“La venganza de los Sith” (George Lucas, 2005) —.

O, llevándolo al extremo, la comatosa embarazada de “Hable con ella” (Pedro Almodóvar, 2001). Pero lo normal es que se hagan oír, y que las hormonas chillen por ellas: la novia de “Kill Bill: Vol 1” (Quentin Tarantino, 2003) descubriendo en el hospital que su bebé ha sido ¿aniquilado, robado?; la divertida Trudy Kockenlocker (Betty Hutton), que se va de fiesta y a la mañana siguiente se despierta casada y embarazada y sin recordar la identidad del padre en “El milagro de Morgan Creek” (Preston Sturges, 1944) —comedia que de modo extraordinario pasó los filtros de la censura—; las chicas obligadas a abortar, por imposición externa o la imposibilidad de permitirse un hijo, en “Las hermanas de la Magdalena” (Peter Mullan, 2002), “El secreto de Vera Drake” (Mike Leigh, 2004) o “4 meses, 3 semanas, 2 días” (Cristian Mungiu, 2007). 

Después de eso, el embarazo en su desarrollo más previsible y repetitivo, en “Nueve meses” (Chris Columbus, 1995) de espera con agobios ridículos y enamoramientos espontáneos, ya sea por la ineptitud al acercarse a temas más recientes como la inseminación artificial en “El plan B” (Alan Poul, 2010) o por seguir al dedillo el índice capitular de libros orientativos como “Qué esperar cuando estás esperando” (Kirk Jones, 2012). Para terminar, un recuerdo al embarazo más famoso de la Historia, el de la Virgen María en “Natividad” (Catherine Hardwicke, 2006), y mención de honor para un producto tan herético en comparación con el anterior como “Junior” (Ivan Reitman, 1994). No se ha determinado aún si por el trueque biológico de ese hombre que consigue quedarse embarazado o por la afrenta de que sea Arnold Schwarzenegger quien protagonice semejante barbarie con niveles de calidad para sesión televisiva de sobremesa.

En las imágenes: “La semilla del diablo” © 1968 Paramount Pictures. “Juno” © 2007 Fox Searchlight Pictures, Mandate Pictures y Mr. Mudd Productions. “Un lugar donde quedarse” © 2009 Focus Features, Big Beach Films, Edward Saxon Productions y Neal Street Productions. “Siete novias para siete hermanos” © 1954 Metro-Goldwyn-Mayer. ”Lío embarazoso” © 2007 Universal Pictures y Apatow Productions. “Fargo” © 1996 Polygram Filmed Entertainment y Working Title Films. “Hijos de los hombres” © 2006 Universal Pictures, Strike Entertainment y Hit & Run Productions. “Un feliz acontecimiento” © 2011 Mandarin Cinéma, Gaumont, France 2 Cinéma, Scope Pictures y RTBF. “Life aquatic” © 2004 Touchstone Pictures y American Empirical Picture. “Qué esperar cuando estás esperando” © 2012 Alcon Entertainment, Lionsgate y Phoenix Pictures. “Junior” © 1994 Universal Pictures y Northern Lights Productions. Todos los derechos reservados.

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5 - Ralph Meeker - 14:36 - 21.06.13

Es curioso que parece que el cine sólo se haga en el extranjero, especialmente Hollywood. En el artículo no se mencionan las españolas “Cronica de 9 meses” o “¿De verdad vienen de Paris?”. Y lo más sangrante, se habla del gran bodrio “Junior” y no de “El embarazado”, película anterior, española y que es mejor que la de Ivan Reitman (tampoco mucho mejor, la verdad).



4 - mith - 22:08 - 09.12.12

Falta “she’s having a baby”. Delirante película del 88 sobre el embarazo protagonizada por Kevin Bacon y dirigida por John Huges. En castellano se llamó “la loca aventura del matrimonio”



3 - Alex Revert - 9:41 - 17.10.12

Otra que me gusto mucho fue “Cromosoma 3″



2 - jorge uribe alvarez - 19:40 - 24.09.12

LEJOS…..LA MEJOR EL BEBE DE ROSEMARY, OBRA MAESTRA DEL GRAN POLANSKI!
JORGE URIBE ALVAREZ,ESPECIALISTA DE CINE
SANTIAGO DE CHILE



1 - Rosa Mayo Marcuzzi - 16:20 - 12.07.12

La que más me gustó fue la de Mía Farrow, que aquí se llamó “El bebé de Rose Marie”.Polansky tiene sus manías, pero es un gran director. Rosita.-




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