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    libros de cine


Azul, Blanco, Rojo.
Kieslowski en busca de
la libertad y el amor

Julio Rodríguez Chico

Ediciones Internacionales Universitarias
Colección: Letras de cine
Nº páginas: 328
Formato: 14 x 21,5
ISBN: 84-8469-111-X
1ª edición: Mayo 2004
PVP: 17 euros

 
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  Se echaba en falta un estudio profundo sobre Kieslowski, el direc-tor polaco que sorprendió a Occidente con "No amarás" y más aún con "Tres colores", y que dividió a la crítica especializada al calificar-le unos como «cineasta presuntuoso y católico metafísico» y otros como «director genial y buscador infatigable de recursos expresi-vos».

  Acaba de aparecer una biografía que es más bien una aproximación a su concepción de la vida y del hombre, a partir principalmente de su producción desde "Decálogo". El autor ha preferido acercarse a su obra cinematográfica de una manera más bien discursiva y reflexi-va, como lo hiciera el propio director de "Rojo", quien consideraba el cine como un instrumento para comunicarse con el espectador y plantearle preguntas existenciales, sin pretender con ello darle res-puestas.

  En el presente volumen se intenta desvelar su sentido de la libertad y del amor, pero también su idea de Dios y de la conciencia moral, del más allá y del mundo que vivió, de la soledad y de la incomuni-cación, de la verdad y de las apariencias. Imitando el modo de proce-der de Kieslowski, busca adentrarse en su pensamiento a través de lo concreto, y procura analizar esos planos y objetos llenos de fuerza metafórica y aire poético, todo esto sin omitir una valoración de su estética del color, del valor concedido al sonido o de los famosos gui-ños que introdujo para los cinéfilos. Sin embargo, como decíamos, el núcleo del trabajo lo encontramos principalmente en su análi-sis de la libertad y el amor en "Azul" y "Rojo", en la angustiosa búsqueda y en el escepticismo vital de su director, en su hones-tidad y responsabilidad al hablar del hombre, y en la conexión de su cine con la vida.

 

  A lo largo de sus más de trescientas páginas, este estudio aboga por la confianza que el director tenía en el individuo, por su particular sentido de la trascendencia, y por su anhelo de libertad y felicidad, algo que sólo conseguiría a través del propio co-nocimiento y de la apertura a los demás. En todo momento, queda clara la primacía que Kieslowski da a la conciencia individual, el ca-rácter misterioso de la vida y la necesidad de un amor profundo para no ser arrastrado por una sociedad que se encaminaba hacia el indi-vidualismo. El azar, el destino o las oportunidades que la vida pre-senta al hombre son otras cuestiones tratadas por el autor con suge-rentes planteamientos.

  De esta manera, los primeros capítulos del libro abordan esa íntima relación de la obra cinematográfica con la experiencia del propio di-rector: su pronto encuentro con la muerte, sus dificultades con el po-der político o su afinidad con el pensamiento de Camus. Bajo esa perspectiva, mientras que sus documentales y películas polacas es-tarían más en relación con un pueblo subyugado al poder soviético, en crisis y sin esperanza; las posteriores a "Decálogo" obedecerían más a un desencanto y escepticismo ante los poderes e ideologías, y ello explicaría su carácter abstracto y metafísico.

  Con este estudio, el lector se sentirá animado a volver sobre las películas comentadas, a reflexionar sobre las cuestiones que se han planteado, motivo por el que hay que pensar que su autor ha conse-guido lo que pretendía, precisamente lo mismo que buscaba el cine-asta polaco con sus películas.

Entrevista con Julio Rodríguez Chico, autor del libro

  Al amparo de la propia industria, la literatura cinematográfica ha experimentado un creciente protagonismo en los hábitos del aficiona-do al cine. Aparece ahora en las librerías un estudio, con cierto ca-rácter biográfico, sobre la obra de Kieslowski. Muerto en 1996 tras un infarto, el director polaco acababa de abandonar definitivamente la profesión, justo en el momento de mayor éxito tras los premios de su famosa trilogía "Tres colores": "Azul" había ganado el León de Oro de Venecia y "Blanco" el Oso de Oro de Berlín, cuando "Rojo" veía có-mo se le cerraban las puertas de Cannes a un año que hubiera sido histórico en el siglo del cine.

  ¿Cómo se puede explicar esa ascensión tan meteórica de Kieslowski, y sobre todo cómo entender la retirada en su me-jor momento?

  Como todo en él, eso es algo paradójico. Ciertamente su gloria ape-nas duró un lustro, pero –como se dice en "La doble vida de Veróni-ca"– hay estrellas que brillan con el doble de intensidad, y por eso su duración es menor. Eso es lo que a él le sucedió: llevaba pocos años haciendo cine de ficción, y sólo triunfó cuando Francia le aco-gió y respaldó en Cannes, con el premio concedido a "No amarás". Sin embargo, ese buen cine latía ya en su producción como docu-mentalista en su Polonia natal. Ahí está el germen de su idea de lo que debe ser el cine, su modo de entender la vida, y también una es-tética que lógicamente evolucionará e irá cogiendo madurez hasta culminar en "Tres colores". Eso es precisamente lo que he querido reflejar en el libro: cómo su experiencia personal se plasmó en su ci-ne y cómo este es el resultado de una búsqueda vital, con sus du-das, luchas y desencantos. Al final abandonó porque creyó que ha-bía dicho todo lo que tenía que decir.

 

  Pero la columna vertebral del libro ¿no es el estudio sobre su concepto de la libertad y el amor, a partir de sus últimas pelí-culas?

  Efectivamente, esa es la cuestión nuclear, pero siempre buscando su génesis. Para ello y para entender el pensamiento de Kieslowski, pensé que había que conocer las circunstancias que había vivido: ha-cerse cargo de una Polonia en una crisis económica que se prolon-gaba hasta llevar el hambre a sus habitantes, y sobre todo de una sociedad sin libertad ni esperanza; también era necesario ver cómo podía haberle influido el prematuro enfrentamiento con la muerte de su padre, su lucha por abrirse camino en el mundo artístico, o las lecturas de Camus o el cine de Bergman, por ejemplo. En definitiva, me interesaba encontrar conexiones con el mundo y el momento en que vivió. Y eso no sólo porque así se podría entender mejor su cine, sino porque también ayudaría a comprender cómo sus películas eran un buen espejo de la historia reciente y también un buen instrumento para indagar en el tipo de vida a que el hombre aspira.

  Me parece que tocas ahí un aspecto fundamental en su concepción del cine, pues Kieslowski pensaba que debía de ser un medio para ayudar a vivir, para ser más libre.

  Así es, y por eso al final derivó hacia un cine más abstracto, que sirviese para cualquier persona. Para él, sus películas sólo debían empujar al espectador a reflexionar sobre las preguntas de siempre: sobre el sentido de la libertad y si era posible amar desinteresada-mente a alguien, sobre la otra vida y si Dios nos dirige o nos deja abandonados al destino, sobre el comportamiento de quienes se sienten en posesión de la verdad apoyados en unos principios inamo-vibles –ésa es la intención última de "Decálogo" o de los mismos "Tres colores"– o sobre los problemas de incomunicación y soledad que aún hoy podemos ver por la calle. Le preocupaba el hombre y le preocupaba una sociedad a la deriva, y por eso quiso servirse de la imagen para que reflexionásemos.

  ¿Pero, entonces, también él dará su propia visión del mun-do? ¿Qué propone al espectador?

  El sentido de la responsabilidad y de la honestidad son rasgos muy arraigados en su carácter, y siempre procuró ser muy respetuoso con todos, incluso hasta el escrúpulo. Por ejemplo, abandonó el do-cumental –entre otros motivos– porque estimó que al grabar la vida real de sus protagonistas podía estar invadiendo el terreno de su in-timidad, a la vez que podía perjudicarles en su vida al comprometer-les en su vida pública. Y ese mismo sentimiento de respeto a la per-sona afecta también a su modo de entender la vida. Lo suyo era plantear preguntas por medio de casos concretos e imágenes llenas de fuerza dramática, pero se negaba a dar respuestas, también por-que admitió no haberlas encontrado en su vida. Había experimentado en sus carnes esas imposiciones ideológicas, y rechazaba cualquier doctrina que viniese de fuera. Por eso, decía que cada espectador debía encontrar sus respuestas, y que su cine debía tener un carác-ter abierto y de cierta ambigüedad: no hay happy end, sencillamente porque la vida no se puede estancar.

  ¿Es que no hay normas morales objetivas para Kieslowski? ¿No hay verdad, bien o mal en sus personajes?

  Claro que las hay, y sobre eso no deja lugar a equívocos. Pero la concreción de esas pautas morales, en su opinión, no deben venir impuestas desde autoridades políticas, religiosas o ideológicas. De-be ser cada persona, siguiendo los dictados de su conciencia, quien decida lo que debe hacer en cada momento. En toda su producción siempre ocupa un lugar de privilegio ese sentido de “actuar en con-ciencia”, a veces personificado en un joven que aparece en momen-tos decisivos de las historias de "Decálogo", o de una anciana que se esfuerza por introducir un vidrio en un contenedor en cada una de las películas de "Tres colores"; él mismo hablaba de una “brújula” o “péndulo” que todos llevamos dentro, y al que hay que atender para alcanzar la felicidad posible, algo difícil en su opinión. Ese esfuerzo por hablar al hombre desde su misma interioridad es lo que más me interesaba.

 

  Entonces, ¿estamos ante un autor que contempla a un hom-bre que no necesita de Dios? Creo recordar que rechazó, por ejemplo, cualquier interpretación religiosa de "Decálogo", y que él mismo no se sentía católico.

  No me parece que sea así. En mi opinión, la trascendencia y reli-giosidad del hombre de Kieslowski es clara aunque no sea manifies-ta. Pero hay que buscarla en su propio interior, no en el dogma; con-sidera que es en su conciencia donde se manifiesta la divinidad, don-de cada individuo debe encontrar sus respuestas, donde debe trazar el camino de su vida, con elecciones diarias que le acerquen o alejen de la felicidad; ahí está Dios, que obraría por medio de él, dejándole libre y también pidiéndole cuentas. Tenía una idea de Dios más co-mo Juez del Antiguo Testamento que como Padre misericordioso del Nuevo, pero esa era su visión. Por otro lado, es verdad que no conge-nió con la Iglesia polaca y con el modo de vivir la fe de sus compa-triotas, pero también lo es el profundo sentido religioso que tenía del hombre, y en el que fue educado. Digamos que no es un hombre de Iglesia institucional, pero que sí supo vislumbrar su sentido espiritual. Precisamente sus personajes son seres que entienden y experimen-tan relaciones interiores y trascendentes, y que tienen un alto con-cepto de la vida y la persona, nunca reducida al éxito, al dinero, al bienestar material o al sexo. En su cine hay una crítica clara tanto hacia el marxismo como hacia el materialismo capitalista, porque ambos adormecen las conciencias y las privan de valores más subli-mes que los materiales.

  Se ha hablado mucho del azar en el cine del director polaco; incluso una de sus películas polacas lleva ese título. ¿Hay algo de existencialismo o de fatalismo en sus dramas interiores?

  Por supuesto, hay elementos existencialistas en sus filmes, pero sería mejor hablar de una preocupación por el hombre y por su feli-cidad porque no existe ese destino implacable que anula cualquier atisbo de libertad ni su amoralidad. Como Camus, a quien admiraba y con el que coincidía en casi todo, Kieslowski es un espíritu sensi-ble e inquieto que sufrió una época de posguerra y desencanto, de injusticias y atropellos, y por eso no podía dejar de salir al paso de esas circunstancias. Lo hizo como sabía, reflexionando –Piesiewicz, su guionista y amigo sería de gran apoyo en este punto– y poniendo sus conclusiones en imágenes, a las que dotó de un sentido poético que deslumbró a crítica y público. Sobre lo del azar, sin duda es un elemento importante pero no entendido como algo fortuito, sino como la complejidad y entrelazamiento de circunstancias que van constru-yendo la vida, que acaba por presentarse como un misterio insonda-ble e impredecible: es más un concepto que una manera de cuadrar sus historias. Por otra parte, para Kieslowski el tema de aprovechar las oportunidades que la vida te presentaba era algo más decisivo que el propio azar.

  Sí, pero ¿qué aporta al cine un hombre que, en realidad, no creía en el cine?

  Es cierto que Kieslowski pensaba que un libro siempre reflejaría mejor un pensamiento y que influiría más que una película; y que él hubiera querido ser escritor, pero que “se encontró” con este instru-mento del cine y quiso aprovecharlo. Por una parte, su aportación arranca de un pensamiento lúcido sobre el hombre y su condición, sobre los conflictos morales que se encuentra. De otra, supo ponerlo en imágenes llenas de fuerte expresividad, apoyándose en ricas me-táforas cargadas de sentido poético y trascendental (por eso se le calificó de “metafísico”). Pocos como él han sabido filmar la música, captar los presentimientos, recoger en el celuloide el dolor interior, debatirse en las dudas existenciales; y el espectador, que participa de esas mismas emociones y sentimientos, conecta con él cuando está dispuesto a paladear el buen cine, a pensar sobre lo que se le dice. Evidentemente, su público no es el que acude a ver Torrente o Harry Potter.

  Volviendo a tu libro, la pregunta es obligada: ¿qué encon-traste en Kieslowski para sentirte obligado a escribir sobre un director minoritario y no excesivamente conocido en nuestro país?

  Me impresionó "Azul" la primera vez que la vi, y me di cuenta de que escondía todo un mundo muy personal, y también un pensa-miento sobre la vida. Pienso que no son muchos los cineastas que dicen algo con sus películas, y menos aún los que reflejan su mundo interior, sus experiencias. Abundan los que divagan sobre el hombre o la sociedad, pero desde un punto teórico o puramente reflexivo; Kieslowski lo hace desde su propia experiencia, y eso da a sus pelí-culas una sinceridad y un dramatismo únicos. En otro orden de co-sas, también me empujó a escribir que no hubiese en castellano más que un solo libro sobre él, aunque el año pasado salió también un estudio crítico de "Rojo".

 

  ¿Qué es lo que el lector se va a encontrar en este libro?

  Por mi parte, he procurado seguir la misma línea discursiva del di-rector: en los primeros capítulos hago una breve síntesis de su vida, una aproximación a la Polonia en que vivió y a las influencias que de-terminaron su vida. A continuación, reflexiono sobre su pensamiento y sentido del hombre, como él mismo podría haberlo hecho. Los dos capítulos siguientes tratan sobre la libertad y el amor, con un estudio más analítico y pormenorizado en sus últimas obras –"Tres colores", "La doble vida de Verónica" y "Decálogo"–, en lo que suponen una búsqueda de un camino para la vida. Y finalmente, abro un epígrafe para estudiar su concepto del cine y su estética, siempre al servicio de la idea.

  Recientemente el alemán Tykwer ha llevado al cine uno de sus guiones, "Heaven". ¿Piensas que Kieslowski hubiera vuel-to a dirigir, si la muerte no le hubiera sorprendido?

  Posiblemente, pues a un hombre inquieto como él no le hubiera si-do fácil separarse definitivamente de lo que había sido su vida. No me extrañaría que se hubiera repetido lo que sucedió cuando proyectó "Decálogo", que inicialmente no iba a rodar él pero que acabó ha-ciéndolo al enamorarse de un guión que abordaba el drama ético del hombre.

  Por último, ¿qué aconsejarías al lector que no haya visto aún las películas de Kieslowski? ¿Por dónde debería comenzar?

  Le transmitiría mi propia experiencia: ver "Azul" para seguir con el resto de los colores. Después estaría en mejor situación para ver el resto de su obra, sobre todo "La doble vida de Verónica", posible-mente su película más poética. Pero, independientemente del orden, le aconsejo que, después de ver una de sus películas, se pare y piense sobre lo que ha visto, que hable con sus amigos de ello… y, lógicamente, que lea lo que se ha escrito sobre él; en el caso de mi libro, siempre se puede alterar el orden establecido, escogiendo las partes de cada película de los distintos capítulos.


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