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. .[Especial IV
Festival de Málaga] [Crónicas] [Películas]
SAGITARIO
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Dirección
y guión: Vicente Molina Foix.
Año: 2001.
Duración: 109 min.
Interpretación: Ángela
Molina (Rosa), Eusebio Poncela (Jaime), Enrique
Alcides (Juan), Daniel Freire (Gustavo), María
Isasi (Ana), Jacobo Martín (Rafa / Omar), Mirtha
Ibarra (Greta), Héctor Alterio (Gustavo), Ana
Torrent (Luisa), Mónica Randall (Mari), Julieta
Serrano (Andrónica), Myriam de Maeztu (Aurora),
Carmen Balagué (Marta), Antonio Valero
(Leopoldo).
Producción: Beatriz
de la Gándara.
Música: Luis
Ivars.
Fotografía: David
Omedes.
Montaje: Antonio
Lara.
Dirección artística: Soledad
Seseña.
Vestuario: Vicente
Ruiz.
Dirección de producción: Pilar
Robla. |
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CRÍTICA
Ismael
Alonso
Lo que se ha atrevido a hacer Vicente Molina Foix a estas alturas de
su vida y su carrera no se entiende si no es
analizándolo desde el propio ego del autor. Molina Foix,
escritor y adaptador de cierto renombre dentro de esta
estructura basada en la fantasmagoría y las amistades
peligrosas que resulta la intelectualidad española, es,
además lo que se denomina, con tacto cercano a la
patología, un cinéfilo. Pero no uno cualquiera, no.
Foix se ha ganado muchas veces el pan y el prestigio como
crítico de cine. Orientando, ensalzando y destrozando
las obras ajenas. Uno, que en la medida de sus
posibilidades (y éstas son tan reducidas que cabrían en
el cerebro de un click de famobil) nunca se le ocurriría
pasarse al otro lado si sabe que no va salir muy airoso.
Es difícil, por no decir
imposible, empezar como critico y acabar como director.
En Francia algunos lo hicieron (y tuvieron éxito en
aquella Novelle Vague de los Truffaut, Goddard y Rohmer) pero mucho me
temo que aquí, entre españoles amantes de platos fríos
como el gazpacho y la venganza, haber ejercido de
crítico y lanzarse a la dirección solo se puede saldar
con el suicidio artístico (como es el caso) o con la
indiferencia.
Parece mentira que Molina
Foix, guionista y director de "Sagitario",
después de ver tanto y tan buen cine sólo sea capaz de
pergeñar un monumento a la estupidez como el que
presenta. "Sagitario" es una película
plagada de gestos que provocan un feroz rechazo
principalmente porque la tesis fundamental de la
película es que los personajes de cierto estatus
cultural y monetario siempre saldrán triunfantes y los
desfavorecidos de la sociedad seguirán en su estado de
embarramiento mental, económico y emocional.
Según Molina Foix, sólo la elite cultural (los
artistas, pintores, arquitectos, etc.) podrán atisbar la
felicidad... al resto no les queda más que verlas venir.
"Sagitario" es una
comedia sobre un microcosmos de personajes absurdamente
movidos por la lógica del azar en forma de
emparejamiento en la que el autor demuestra un regusto
hacia la broma personal (la cinefília, el teatro de
Shakespeare) carente de interés para todo aquel que no
pertenezca a su exclusivo círculo de amistades
Mientras que parece más o menos solvente al presentar a
los personajes ganadores, artistas sin oficio ni
beneficio inmersos en la crisis de los 40, demuestra una
flagrante falta de interés y acierto a la hora de
retratar a lo que él supone que es el hombre de la
calle. Prefiere mantenerse en su torre de marfil y
recurrir al tópico manido, a la incongruencia y al
esperpento para recrear lo que supone debe ser la
juventud iletrada de la que parece abominar. La opera
prima de Foix, igualmente, abunda en diálogos
meticulosamente artificiales, pura ingeniería semántica
al servicio de la nada que sólo tiene valor decorativo.
Técnicamente, además, Molina Foix siempre quiere estar
presente en cada uno de los planos rodados, como
prefiriendo que se note su presencia de autor moviendo la
cámara siguiendo un antojo molestamente estético en
lugar de ir encuadrando correctamente la acción a favor
de una narración menos afectada. Los travelings, los
movimientos absurdos de cámara, distraen la mirada de
una trama, por otra parte, plagada de personajes que
aparecen y desaparecen sin dejar rastro haciendo perder
el rumbo a una película que se anuncia como una comedia
y termina siendo un monumento al quiero y no puedo.
Tampoco ayuda en exceso el reparto,
con todo lo mejor de la película. Ángela Molina sigue resultando
una presencia estimulante y su papel, aunque algo
desorientado, está bastante bien interpretado. Eusebio Poncela retoma casi al pie
de la letra, aunque dulcificado, el papel que le
devolvió al mundo del cine en "Martín
H" y Enrique Alcides cumple más por presencia que por
capacidad dramática. El resto del reparto va desde el
desaprovechamiento (Héctor Alterio, Mónica Randall) al
despropósito (María Isasi). En definitiva, nos encontramos
ante un trabajo que surge de lo anecdótico, gira
hacia lo inverosímil y termina zambulléndose de lleno
en el ridículo con escenas que producen en el espectador
vergüenza ajena. Si "Sagitario" le ha
servido a su autor apara sacarse la espinita de hacer
cine el invento ha resultado a medias porque ahora son
los espectadores los que tenemos clavada esta espina en
la retina.
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