Alberto Amarilla, protagonista de “Imago mortis”: «Esta película es un paso importantísimo para mí»

Escrito por el 25.07.09 a las 17:00
Archivado en: Cine español, Cine europeo, Entrevistas, Presentaciones, Terror, Thriller

Alberto Amarilla se ha convertido por méritos propios en una de las grandes promesas de nuestro cine. Acumula títulos sin cesar, alternando cine y televisión y saltando de un género a otro con comodidad; además, se ha apuntado al carro de uno de los grandes éxitos del presente ejercicio, “Fuga de cerebros”.

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Ahora presenta “Imago mortis”, su primer proyecto rodado fuera de nuestras fronteras y en un idioma distinto al suyo. Satisfecho con el resultado, consciente de lo afortunado que es al poder contar pese a su juventud con una cartera de trabajos considerable y variada ─nominación al Goya incluida por “El camino de los ingleses”─, se muestra locuaz y natural en nuestra charla.

Tu primer protagonista absoluto, y encima una película de género.
La verdad es que ha sido increíble. El proyecto me gustó mucho desde el principio, en parte porque para mí siempre ha sido un sueño rodar en Europa. Una coproducción, en otro idioma… y de pronto surgió esta oportunidad.

Además tu personaje no es tan arquetípico como pudiera parecer.
Eso es estupendo, porque Bruno es más bien como un anti héroe, es muy humano. Me retaba mucho, creo que lo haría a cualquier actor de mi generación, sobre todo participando en casi todas las escenas de la película. No abundan los papeles así para jóvenes, son muy golosos.

¿Qué tal rodar en inglés?
Bien, toda una experiencia. En inglés enfatizan otras palabras que en castellano, y viceversa. Es complicado establecer el hilo entre significante y significado. Ha sido un reto, pero te vas acostumbrando y llega un punto en el que ya todo va cuesta abajo, con mucha comodidad.

Te has doblado tú al español, además.
Sí, fue decisión mía. Me metí en una escuela de doblaje para prepararme. Es una cosa totalmente distinta, hay actores increíbles que sin embargo no pueden doblarse a sí mismos, es curioso. Es un código totalmente distinto, otra técnica. Te dicen que dobles una palabra, o una frase suelta, es muy complejo, porque además tienes que mantener la emoción, lógicamente. Pero es muy interesante, se aprende mucho a calibrar exactitud y emoción.

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En poco tiempo has rodado dos películas de género, “Prime Time” e “Imago mortis”. La primera fue un fracaso de público, ¿qué hay que hacer para que triunfen este tipo de películas?
Buena pregunta. Yo lo tengo claro. Bueno, primero es evidente que hay películas que funcionan y películas que no. A mí como espectador y actor me encanta “El camino de los ingleses”, por ejemplo, y tuvo una acogida dispar entre crítica y público. Es un poco misterioso, eso para empezar. Pero hay algo clave, y es el marketing.

Ahí cojeamos un poco en España.
Desde luego. Fíjate, por ejemplo, “Fuga de cerebros”. Ahí se hizo muy bien, se siguió una estrategia e hicieron el ruido que tenían que hacer en el momento justo para que el público supiera que existía esa película. Los americanos invierten el cuarenta por ciento del coste total de una producción en promoción, es increíble. Es cierto que el sesenta restante es mucho dinero también, pero por ahí van los tiros. No sé si una película española podría permitírselo, pero es así, está a la vista de todos. La gente no puede ir al cine a ver algo si ni siquiera sabe que existe. Y el boca a boca me parece clave también.

Ahora que mencionas Hollywood, ¿has recibido alguna oferta, te gustaría dar el salto?
Bueno, es un poco como todo, depende de las historias. Hay cosas, sí, pero es todo más complicado de lo que puede parecer. Hacer esta película en Europa para mí ya ha sido algo acojonante, es un paso importantísimo para mí. Pero todo se reduce al material que te llegue, siempre es así. Da igual aquí, allí, cine, televisión, teatro, lo importante es hacer cosas interesantes y buenas. Mira “Acusados”, había un casting increíble y era televisión, disfrute muchísimo.

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Volviendo a “Imago mortis”, rodar en Turín habrá sido fascinante.
Es una ciudad increíble, está dentro del triángulo de la magia negra de Europa. Simplemente pasear por sus calles, con las gárgolas asomando por cada esquina, ya impresiona. Es inspirador, porque destila una especie de lucha entre el Bien y el Mal tremenda; de hecho, rodamos en un antiguo manicomio, y había unos dibujos rarísimos en las paredes, pentagramas, ese tipo de cosas. Y recuerdo una iglesia encima de un tejado, una cosa rarísima, que tenía un árbol en medio. Pues bien, en la zona cuentan que si un árbol crece en un tejado, es que allí habita el demonio. Vamos, imagínate el ambiente.

Y encima tu personaje se hace una foto cada mañana al levantarse, es todo un poco desquiciante.
La verdad es que sí. Bruno no lo hace por vanidad, tiene una crisis de identidad tremenda, necesita fotografiarse sencillamente para saber quién coño es. Tiene la necesidad de parar el tiempo, de ser consciente de sí mismo. Si aparece retratado en algún formato, pase lo que pase siempre estará ahí, la Muerte no podrá con él. Es tremendo, muy dual, se debate entre la luz y la oscuridad, ahí surgen los fantasmas que ve, y ahí es donde empieza la fábula de misterio que es la película.

¿Te recomendó Stefano algún material para preparar el papel?
Sí, sobre todo cine expresionista alemán. La película está llena de guiños, aunque el tono es más italiano. Es curioso, porque no es demasiado incondicional de ese tipo de cine, lo es más indirectamente. Me di cuenta rápidamente de que el personaje de Bruno es su álter ego, el catalizador de su energía.

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Por último, ¿qué tal ha sido trabajar con Geraldine Chaplin?
No sé cómo explicarlo. Tiene algo, tanto ella como su hija Oona. Algo que va más allá de su inteligencia, de su talento, de su formación. Un aura, no sé de dónde viene, a lo mejor es algo genético, no es tangible. Es especial. Mi sensación es parecida a la que tuve cuando conocí a Melanie Griffith, es gente que tiene algo que no sé cómo llamar. Pero se tiene o no se tiene, está ahí. Me han preguntado varias veces qué es lo que he aprendido con ella, y siempre digo que no se puede aprender, simplemente hay que mirarla, he aprendido a ser espectador de ella. No sé si responde a tu pregunta, pero no sé expresarlo de otra manera.

Sí, está claro.
Uf, menos mal (risas). Tendrá que valer…

En las imágenes: Alberto Amarilla, protagonista de “Imago mortis” © 2009 LaButaca.net. Fotos por Ralf Pascual. Todos los derechos reservados.

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