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Dominique Lapierre presenta en nuestro país la adaptación al cine de su “Oh, Jerusalén”

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Dominique Lapierre presenta en nuestro país la adaptación al cine de su “Oh, Jerusalén”

Esta mañana hemos podido conocer a Dominique Lapierre, que ha comparecido ante la prensa para presentar la adaptación cinematográfica de una de sus obras más conocidas, “Oh, Jerusalén”, co-escrita en 1971 junto al recientemente desaparecido Larry Collins. Simpático, jovial , curioso, y hablando en un más que correcto y divertido castellano, ha iniciado la charla comentando lo especial que es este momento para él. «Tanto para Larry como para mí esto es todo un acontecimiento, porque hemos esperado treinta años para ver esta obra en imágenes. Creo que nuestra gran aportación es la total imparcialidad del texto, y es lo que hemos tratado de preservar a la hora de plantear la película. A lo largo de todo este tiempo hemos hablado con realizadores de la talla de Costa-Gavras o Friedkin, por ejemplo, y hemos conversado mucho con ellos, pero al leer sus guiones siempre teníamos la impresión de que se ponían del lado árabe o el judío. Hasta que por fin en 2002 apareció Elie Chouraqui, que a pesar de ser judío tenía una visión histórica de la cuestión, y estaba muy capacitado para contar el nacimiento del Estado de Israel. Y por fin, el sueño se hizo realidad, y una tarde de 2005 Elie me llamó gritando: ¡estaba hecho! —en este momento ha contagiado a la sala su entusiasmo, ha sido inevitable—. Increíble, porque en ese instante yo estaba en un hospital con Larry, que había sufrido un derrame cerebral y se encontraba en coma. Los doctores me dijeron que era posible que me oyera, así que se lo conté todo, con gran ilusión. Creó que me escuchó, y se llevó ese mensaje en su último viaje».

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A pesar de su emoción respecto a este proyecto, la pareja de escritores no firma el guión. «Hemos colaborado en la parte histórica —ha confesado—. Era tarea del director deconstruir la historia y mostrar que no tiene por qué haber problemas en la amistad entre un árabe y un judío». La coincidencia del estreno con la celebración del sexagésimo aniversario de la fundación del Estado de Israel le parece «interesante, porque es una gran oportunidad de llegar a los jóvenes. Hablamos de un conflicto empapado de una dimensión mística y religiosa, ciertamente complejo, porque se trata de una misma tierra prometida a dos pueblos distintos. Pero también es una tierra de milagros, y pienso que en nuestro mundo todo es posible, podemos esperar que los hombres se encuentren para hacer la paz y no la guerra». Curiosamente, es la cuestión religiosa la más relevante, en su opinión, por encima de otras motivaciones tan en boga en nuestros días, tal es el caso del petróleo: «por supuesto, es una mezcla de todo, pero la religión es la base. Ponemos la televisión y los fundamentalistas nos gritan que Dios les ha dado esa tierra, que les pertenece por un derecho divino. Sin duda, es la traba principal para solventar el problema». Una vez más, la neutralidad del texto ha salido a la palestra, afirmando que «estuvimos cinco años en la zona, investigando. Viajé a Irak, al Líbano, a Egipto, para indagar sobre esos hombres que murieron por la ciudad en 1948. El libro se sigue considerando objetivo a día de hoy, pero, y esta es la gran cuestión, ¿qué es la objetividad?».

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Después de todo el tiempo que ha tardado en ser trasladado el texto a la gran pantalla, el escritor ha considerado que este es, sin duda, «el momento oportuno, ya que no se conoce mucho acerca de los orígenes de la confrontación, sobre todo entre las generaciones recientes. Lo que importa a la hora de materializar un film basado en un trabajo escrito es lograr transmitir el mensaje que fluye a través de las páginas, qué es lo que quedará en el público cuando salga del cine, diez días después, cincuenta años después. Obviamente, un autor nunca está totalmente satisfecho con la traslación, es imposible que dos personas no tengan ideas distintas. Pero en este caso se han seleccionado cuestiones muy importantes y relevantes. Hay que ser honestos, por encima de todo, y reflejar lo importante». Por último, Lapierre ha cerrado la rueda con una reflexión, inevitablemente pesarosa, sobre el momento actual que vive la zona. «Cada día rezo a Dios para que, verdaderamente, aquella sea una auténtica tierra de milagros y llegue la reconciliación. Sinceramente no creo que yo lo vea en vida, pero espero que mis hijos, o los hijos de mis hijos, lo hagan algún día. No puedo aceptar que no tenga fin. Lamentablemente no soy optimista, al menos de momento. Mentiría si dijera lo contrario». Esperamos que ese testimonio y mensaje de esperanza que ahora llega a nuestra pantallas en forma de largometraje contribuya a una toma de conciencia por parte del público y los implicados…

En las imágenes: Dominique Lapierre, durante el photocall y la rueda de prensa de presentación de “Oh, Jerusalén” © 2008 LaButaca.net. Fotos por Ralf Pascual. Todos los derechos reservados.

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