Eliseo Subiela, director de “No mires para abajo”: «Siempre estamos a tiempo para aprender»

Escrito por el 12.07.09 a las 12:00
Archivado en: Cine latinoamericano, Drama, Entrevistas

Menos de una hora después de charlar con Michael Mann a propósito del próximo estreno en España de “Enemigos públicos” nos citamos con Eliseo Subiela, de paso por Madrid para promocionar su última propuesta, “No mires para abajo”. Dos directores sin nada que ver entre sí, unidos simplemente por el azar de nuestra agenda de trabajo. Y dos oportunidades de lujo para conocer de cerca a dos cineastas de gran relevancia en el panorama cinematográfico internacional.

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Subiela nos recibe en uno de los salones de Casa de América, donde mantenemos una charla extensa y distendida, con el hilo inicial de su aventura artística con el sexo tántrico pero con un desarrollo que nos llevará a tratar cuestiones más amplias de su trabajo, sus influencias y la situación del séptimo arte de cara al futuro, con la piratería y la evolución tecnológica como temas inevitablemente presentes.

Esta parece una obra personal, muy poco comercial. Además, está dedicada a tus hijos. ¿De dónde surge la película?
Todo comenzó hace unos veinte años, con el descubrimiento de un libro, “El Tao del sexo y el amor”. Me pareció que contenía cosas que yo debería haber aprendido y me hubiera gustado saber. Por otra parte, me parecía algo bueno para que lo conocieran mis hijos y los jóvenes en general. Pero era difícil, árido, como filmar la guía telefónica; con todo, con los años la intención se mantuvo, y al final la he podido llevar a cabo. Y en cuanto a lo personal, creo que todas mis películas son personales, la verdad.

Me refiero a que es muy íntima, más bien.
Sí, es cierto, es minimalista. Mínima, incluso. Presenta una mini trama, el objetivo es transmitir un contenido didáctico, con las implicaciones morales que conlleva.

¿Qué les ha parecido a tus hijos?
(Risas) Bueno, les ha pillado un poco grandes ya. Sí, pero claro que les ha servido, a ellos y a otros tantos que me han confesado que les ha sido de utilidad. Gente mayor, no necesariamente adolescentes. Siempre estamos a tiempo para aprender. Y espero que sirva a los jóvenes que puedan estar en un camino tan sucio con el tema del sexo, un concepto sórdido y devaluado en la actualidad. Fíjate, cómo ha cambiado todo, en mi generación hacerlo era prácticamente milagroso, ahora puedes conseguirlo de manera inmediata en el baño de un boliche, increíble.

Rodar sexo siempre es complicado, tanto si es brusco como si es sutil. ¿Qué tal ha sido la recepción de la película?
Muy buena en general, algo que me parece razonable, por otro lado. El planteamiento ideológico desde el principio era hacer algo anti-porno. No hemos recibido quejas; al contrario, nos han llegado muchos agradecimientos.

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Supongo que habrá habido proyecciones a las que han acudido expertos en este tema.
Sí, claro, y ha gustado mucho. Hace un par de días hubo una proyección en un centro de yoga, con maestros de sexo tántrico, e incluso me enseñaron cosas que yo no sabía, tácticas para retardar el orgasmo como mirar hacia arriba; de hecho, daban por hecho que de ahí viene el título…

Pero no es así.
No. Por un lado, tiene que ver con las instrucciones que se dan en la película para poder andar con zancos, que pasan del padre al hijo, luego de Eloy a Elvira… pero por otro tiene un contenido simbólico que se refiere a la idea de no levantar la mirada. Tiene un componente religioso muy fuerte, la verdad, explicitado a lo largo de toda la historia.

¿Cómo eliges a Leandro Stivelman? Es un actor prácticamente novel.
Le vi, le hice pruebas, le fotografié, acudí al teatro a verle actuar. En ese momento estaba representando una obra donde tenía un gran compromiso físico, también aparecía desnudo. A mí me parece mucho más difícil la desnudez en teatro que en cine, estar subido en un escenario ante trescientas personas. Y mostraba una naturalidad tremenda. Y por suerte, porque esto no estaba previsto, conectó de manera fantástica con Antonella Costa, eso lo posibilitó todo definitivamente.

A ella la tenías clara para el papel de Elvira.
Sí, aunque también vi a otras, que finalmente no cuajaron. Hacía tiempo que quería trabajar con Antonella, a pesar de que no conocía la libertad y la relación que tiene con su propio cuerpo, sin la que no habría sido posible la película.

Es cierto que la pareja transmite una gran complicidad y parece muy cómoda, pero imagino que el rodaje habrá tenido momentos complicados.
La idea era que se olvidaran de que había un equipo. Rodamos sus escenas con un equipo muy reducido.

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Y todos estabais desnudos, claro.
(Risas) No se me había ocurrido, habría sido fantástico (risas). La verdad es que el noventa por ciento del equipo era femenino, imagina (risas). En serio, lo hicimos todo con cuidado. Teníamos un kinesiólogo para masajearlos antes de cada escena, sahumerios, música relajante, todo un clima de tranquilidad total. Pero no habría funcionado si no hubieran tenido entre ellos esa conexión desde el principio. Y ayudó mucho la propia ingenuidad de Leandro.

Se parece a su personaje.
Sí, Leandro es lo que aparece en pantalla. Es un chico muy tierno, Antonella era la dueña clara de la situación. Admiro mucho el trabajo que han hecho, el riesgo que han corrido, parte de mi trabajo tiene que ver con ese reconocimiento hacia ellos, los quiero mucho.

Dejemos un poco la película. Truffaut, Fellini, Godard, Bergman… son tus maestros reconocidos. ¿Alguna incorporación reciente a tu panteón personal, algún contemporáneo?
Veo mucho cine, claro, me considero un alumno continuo. Me gustan muchos realizadores, desde luego, pero me parece que cada vez es más difícil encontrar estilos definidos. Veo películas, incorporo cosas que me interesan, sí. A lo largo de mi carrera ha habido una creciente revaloración del cine norteamericano.

¿En qué términos?
Hay algo que cada vez valoro más, la narración. Aprendo de la manera de contar que tienen cada vez que veo una película. Bueno, ahora me vienen a la cabeza Bertolucci, aunque no es americano, y Coppola.

¿Has visto “Tetro”?
No, no llegó a Argentina, pero no sé si sabes que trabajé en ella. Como extra en una fiesta, a alguien se le ocurrió organizar una fiesta con personajes argentinos conocidos, del ámbito cultural. Pintores, escritores, directores, algo fantástico, una noche genial. Y un poco alucinante, porque nos estaba filmando Coppola, increíble.

No he tenido ocasión de verla, así que pospondremos tu evaluación como actor…
Vale (risas).

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¿Cómo ves la situación de la cinematografía argentina?
Problemática. Desde el punto de vista de la producción, se está haciendo mucho. Demasiado, quizá. Se estrenan películas que están una semana en cartel, es una auténtica masacre.

Estamos todos más o menos igual, en ese sentido.
Sí, son situaciones parecidas. En nuestro caso tal vez sea más dramático por la sencilla razón de que somos un país más pobre. Crisis es una palabra terrorífica, pero todo el planeta está en crisis, así que…

Y luego está la eterna cuestión de la piratería.
Eso nos afecta muchísimo. Pero por otra parte es imparable, es una realidad, un fenómeno innegable. La gente descarga películas que de otra manera no podría conseguir. El gran desafío para los autores es la cuestión del copyright. Aunque no deja de ser algo realmente fascinante, es como pensar en un árbol del que coges fruta cuando y como quieres. Fascinante y preocupante. Para mí, quienes más cerca están de resolver el problema con eficacia e imaginación son los músicos, con soluciones como todo esto del iTunes y cosas así.

El cine es más complicado.
Evidentemente. Pero bueno, van surgiendo iniciativas como Portal Latino, por ejemplo, que creo que está funcionando bastante bien. No sé, es un momento de cambio, de transición, muy complejo. El avance tecnológico está permitiendo que se rueden películas con móviles, con cámaras de fotos, es increíble. Y mira, ya no sólo tecnológico, me vas a permitir que cambie de tema y vuelva a “No mires para abajo”, de manera indirecta.

Por supuesto.
Acabo de ver que llegó aquí una píldora que retrasa cuatro veces el orgasmo masculino, fíjate. Occidente es increíble, es vez de lograrlo por la vía espiritual, se buscan fármacos y química. ¡Revolución total! Están todos los hombres buscando la píldora desesperados.

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Pero imagino que será con receta, para hombres con problemas de eyaculación precoz…
(Risas) Bueno, ¡eso es el sexo masculino en sí mismo! (risas) Bárbaro. Siempre será mejor lograrlo desde arriba y no desde abajo, pero bueno.

No hay tiempo.
(Risas) Claro, ahí le diste donde duele (risas).

Centrémonos de nuevo. ¿Qué tal tu relación con Hollywood? Creo que tuviste ciertos problemas en su momento.
Desde luego. Tuve ciertos coqueteos con el estreno de “Hombre mirando al sudeste” en el 86. No pasó de eso. Fue un poco pérdida de tiempo, promesas banas, los yanquis son muy así; si tomas lo que te dicen al pie de la letra, vuelves a casa pensando que tu carrera está solucionada. Pero nada, al final. Ahora bien, también te digo que nunca me atrajo especialmente. No los necesito, ni ellos me necesitan a mí. Mi camino es inverso, lo que busco es cada vez mayor libertad. Por eso me interesa tanto la tecnología, quiero ser cada vez más independiente.

Y apareció “K-Pax”
Sí, bueno, aquello fue ciertamente indignante, por mucho que ellos dijeran que no tenía nada que ver con “Hombre mirando…”. Hubo un intento de acciones judiciales, pero ya sabes, David contra Goliat. Y además te arriesgas a que te demanden por difamación, déjate.

Retomando el tema de la tecnología, está cambiando la forma de crear y ver cine.
Indudable. Todo está cambiando rápidamente. Es muy difícil, porque aunque te aferres a lo más independiente, no puedes rodar algo que te cueste quinientos mil dólares y no recuperarlo. Crisis, crisis por todas partes, una vez más. Y también es una cuestión de adaptación. Por ejemplo, la gente de mi generación que no cede a este cambio y no quiere renunciar al olor del celuloide. A mí me ponía de mal humor el hecho de que existan festivales de cine para teléfono móvil. Y vas en el metro y la gente ve una película en un iPhone…

Claro, pero a la vez accedes a otro tipo de público, que puede ver tus propuestas de otra manera, con otro concepto distinto.
De acuerdo, pero me parece difícil llegar a emocionar. En el fondo es lo mismo, lo importante es contar historias. Esta es la realidad, y oponerse a ello no tiene ningún sentido. Y está sucediendo en todos los ámbitos, qué duda cabe. ¡Así que aguantaremos!

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En las imágenes: Eliseo Subiela, director de “No mires para abajo”, durante la entrevista © 2009 LaButaca.net. Fotos por Ralf Pascual. Todos los derechos reservados.

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1 - LA BUTACA - 23:47 - 19.07.09

“No mires para abajo”…

Dirección y guión: Eliseo Subiela. Países: Argentina y Francia. Año: 2008. Duración: 85 min. Género: Drama, romance. Interpretación: Leandro Stivelman (Eloy), Antonella Costa (Elvira), Hugo Arana (padre de Eloy), Mónica Galán (Ana), Octavio …



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