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Ang Lee (“La vida de Pi”): «Los buenos relatos como éste elevan el espíritu»

Escrito por el 23.11.12 a las 0:15
Archivado en: Adaptaciones, Cine independiente, Drama, Entrevistas, Preestrenos

El próximo 30 de Noviembre llega a los cines “La vida de Pi” (ver tráiler), la nueva película del director ganador del Oscar® Ang Lee, autor de títulos como “Destino: Woodstock” (2009), “Deseo, peligro” (2007), “Brokeback Mountain” (2005), “Hulk”  (2003), ”Tigre y dragón” (2000), “Cabalga con el diablo” (1999), “La tormenta de hielo” (1997), “Sentido y sensibilidad” (1995), “Comer, beber, amar” (1994) o “El banquete de boda” (1993). Os ofrecemos en primicia la siguiente entrevista realizada en el plató de rodaje de “La vida de Pi” en Taiwán, en la que el prestigioso realizador habla acerca de esta adaptación al cine de la conocida novela de Yann Martel.

Por Elaine Lipworth.

“La vida de Pi”, de Yann Martel, es un clásico moderno. ¿Por qué quiso usted realizar una película sobre este relato?

El libro me cautivó cuando se publicó en los Estados Unidos. Pero no pensé en él como en una posible película aun cuando estaba escrito de forma muy visual. Sin embargo, más adelante, quise que el público viera este fantástico libro llevado al cine. ¿Por qué el destinó nos unió a mí y al libro en este proyecto? Porque yo sentí la llamada y acabé creyendo que el destino nos había unido. Sentí la necesidad de compartir el asombroso viaje de Pi. El libro me inspiró para hacer algo cinematográfico con él. Me sentí fascinado por el argumento y quise realizar una película que fuera digna del libro.

¿Qué fue lo que tenía el libro que tanto le inspiró?

Para mí el libro gira en torno a la influencia y el vínculo emocional que lo desconocido tiene y establece con nosotros. Considero fascinante el libro porque trata de la narración de historias y de por qué dicha narración dota de sentido a la vida. Tenemos que crear algún sentido para nosotros y este relato lo hace. Eso es lo que hago en mi trabajo. El acto de compartir una historia cuando vemos una película en el cine es maravilloso. Parémonos a pensar en el relato. Gira en torno a un muchacho y un tigre, y la forma como entienden su vida juntos en medio del océano. Me encantó. Y aquí estoy. He llegado a Taiwán para una misión aparentemente imposible, que ahora está llevándose a cabo. Hasta el momento, es una gran aventura.

En este momento de su carrera, ¿qué busca usted en una película?

Ya no soy un realizador hambriento. Siento ansia pero no hambre. Sigo a la busca de un festín. Ahora mismo no tengo mucha motivación para lograr nada. En resumen, no creo que fuera el hambre lo que me llevó a rodar esta película. Como realizador, sé lo caro que es realizar una película. Pero cuando “La vida de Pi” se convirtió en una auténtica posibilidad, poco a poco me fue cautivando hasta realizarla.

¿Tiene “La vida de Pi” un tema y tienen sus películas un hilo conductor común?

Creo que, de algún modo, todas mis películas guardan relación con el tema de la pérdida de la inocencia. Pi ha perdido a su familia y el zoo, y se enfrenta a la naturaleza en pleno océano y sin ayuda. Creo que todos pasamos por ese momento de pérdida de la inocencia cuando tenemos que empezar a hacernos mayores querámoslo o no. En cierta medida queremos ser independientes y separarnos de nuestros padres, pero, hasta cierto punto, nos negamos a madurar. De cierta forma queremos ser niños. Las personas siempre conservamos en nuestro interior una parte infantil. Pero hay que enfrentarse a la realidad de la vida y madurar. Cuando el barco naufraga, es el comienzo de la lección que Pi recibe sobre el mundo real.

“La vida de Pi” es muy estimulante, ¿verdad?

Los buenos relatos como éste elevan el espíritu porque nos llegan a lo más hondo. “La vida de Pi” toca nuestras emociones y nos traslada de un lado a otro. Una película tiene que llevarnos a algún lugar. Eso es lo que el argumento logra conmigo. Hay partes del libro que son muy emotivas pero, en conjunto, me pareció fantástico e impactante. La emoción no es todo lo que saqué del libro. Lo que me mueve es algo grande y abstracto. El libro es un éxito no solo porque esté escrito con humor y sabiduría y porque trate de un viaje asombroso, sino porque, además, todos podemos sintonizar con él.

El relato tiene una dimensión espiritual, ¿no es cierto?

Al igual que Pi (que ha examinado todas las diferentes religiones) todos nosotros tratamos de entender la vida y la religión. Pero realmente la religión ya no tiene sentido. Hay en el mundo tantos conflictos basados en la religión que me parece que necesitamos un común denominador y el libro lo crea. Pi ama cada religión y eso no constituye problema para él. Luego, cuando es arrojado solo al océano, se enfrenta a la naturaleza y a Dios como ideas abstractas. Carece de cualquier tipo de religión organizada. No tiene sociedad ni relación con la gente. Tiene que crear su propia sociedad. Tiene que hacer frente a su cordura y todo ello resulta muy interesante. El tema del relato da de pleno en el núcleo de nuestra existencia. Ése es el motivo por el que el libro es tan universal y tiene tanto éxito. Yann Martel me dijo en una ocasión que pensó estar escribiendo un libro filosófico para adultos. Pero, naturalmente, también ha alcanzado popularidad entre los niños.

¿Qué podemos aprender de la odisea de Pi?

Creo que el asunto que hay que tratar es el de un muchacho que se hace hombre y la forma como aprender a respetar la naturaleza. Esto no es Disneyworld. Tampoco es como la mayoría de las películas norteamericanas. Muestra que hay que sentirse intimidado por los animales salvajes y la naturaleza.

¿Por qué le dio a Suraj Sharma el papel protagonista?

Nunca había actuado antes de esta película. Pero tiene un don natural para la cinematografía; no sé qué es lo que tiene. No sólo era joven sino que, además, ésta era su primera película. La primera vez que hablé con él, no era más que un alumno de secundaria que quería ser arquitecto. Pero tiene instinto para el rodaje y la continuidad. Ayudó a los demás en el rodaje y todo. Nadie había trabajado antes con un actor como él. Simplemente parecía formar parte del mundo de la cinematografía.

¿Con qué rapidez supo usted que Suraj era su Pi Patel?

Para mí, era evidente; no sé si también lo era para alguien más. Da el tipo y era excelente. Le elegí entre tres mil chicos. Celebré tres rondas de pruebas hasta que quedaron doce finalistas. Entonces, trabajé individualmente con cada uno de esos chicos en Bombay. Pero, de principio a fin de las pruebas, siempre tenía en mente a Suraj. Estuvo bien bajo mi dirección. Leía de forma increíble. Di a los chicos indicaciones muy sencillas para un monólogo de dos páginas y Suraj lo realizó sin perder concentración. Cuando estaba leyendo, yo le creía. De modo que supe que podía recibir indicaciones e introducirse en el personaje y en la situación. Eso supone un enorme talento. Se metió del todo en la situación y lo hizo con mucha naturalidad. Al final del monólogo que recitó para mí estaba llorando. Su interpretación fue desgarradora. A partir de ese momento, me dije: «Ése es el chico». Estaba seguro.

¿Qué pasó cuando vino a Taiwán?

Todavía no sabía nadar y nunca había visto el océano. Lo trajimos a Taichung y le dimos tres meses de instrucción o entrenamiento. La instrucción fue muy dura pero cuando le di lecciones particulares de interpretación supe que podía confiar en él porque es un actor nato. Le gusta actuar. Interactuando en situaciones era posible verle cambiar. Ya no era un chico de 17 años.

¿Luego piensa usted que le aguarda un gran futuro?

Estoy seguro. Confío en los buenos actores. Un talento es un talento.

Suraj me dijo que ustedes dos entablaron una relación fantástica.

Así lo creo. Su madre ofició una ceremonia y me hizo su mentor y guía. Me sentí muy emocionado. Significaba algo especial para mí de una forma muy asiática. Para mí era una enorme responsabilidad porque su madre me estaba confiando el cuidado de su hijo. No sé lo que eso significa para un chico de 17 años aparte de que él sabe que es necesario que se esfuerce al máximo y dé todo lo que tenga. Pero para un adulto como yo, criado en Asia, es una carga aplastante (ríe). ¡Me gustaría que su madre no lo hubiera hecho! Lo hizo porque la abuela de Suraj insistió en que se celebrara la ceremonia.

¿Se mantendrá usted en contacto con él más adelante?

Sí. Creo que, en la medida de mis posibilidades, cuidaré de él durante tanto tiempo como me sea posible.

¿Qué obtiene usted de su papel como maestro de actores como Suraj?

Enseñar es aprender. Cuando un actor joven confía en mí, eso significa  algo muy especial en mi vida. Quizá eso sea algo oriental pero creo que es universal. En esa relación entre director y actor, uno y otro coexistimos. No es como si yo dictara la forma como Suraj interpreta y actúa de modo que yo pueda coger su talento y ponerlo en una película. No es así en absoluto. Se aprende y se crece recíprocamente, se supera la comunicación lingüística, la comunicación dialéctica. Todo ello tiene un componente muy zen. Es preciso valorar y respetar esa comunicación. Uno dirige lo mejor que puede y no puede hacerlo solo. Deseo dar a actores como Suraj las gracias por tener talento y por escucharme.

¿Cómo acometió usted la tarea de contar la historia visualmente?

Una cosa que encontré fascinante en el libro de Yann Martel es que está repleto de historias increíbles, una detrás de otra. Todas son maravillosas y mi objetivo en el mundo cinematográfico es el de darles vida. Lograrlo en el cine es más difícil que en la literatura porque hay que ver y creer efectivamente lo que se cuenta. Trato de aportar al relato todo el detalle y el realismo que puedo, probablemente en mayor medida que lo hace el libro, sencillamente porque el cine es un medio fotogénico y lo realizamos en 3D. Intento hacerlo completamente creíble de forma que no sólo queramos creernos la odisea de Pi junto a Richard Parker, sino que la aceptemos y nos sea realmente imposible refutarla.

¿Puede hablarnos del uso que usted hace de esa tecnología tridimensional?

Existe la falsa idea de que el 3D sólo gira en torno a artilugios, de que es una técnica para la acción o la animación. Pero, en realidad, el 3D está convirtiéndose en una forma artística absolutamente legítima para las películas. A decir verdad, sin el 3D no sabría cómo contar la historia. Tiene tantas facetas que se hace necesario transmitirla de una forma muy inhabitual. Si fuera plana, sería un fracaso. No es la vida real. Pensé en realizarla en 3D antes de enterarme de que una película llamada “Avatar” estaba en realización. Mi idea era que con el 3D podría tener una oportunidad de añadir otra dimensión al rodaje y cambiar nuestra percepción de la distancia. Se me ocurrió que podría tener una oportunidad de hacer algo diferente. Y eso fue antes de que yo supiera algo de la realización cinematográfica en 3D.

Luego, ¿qué ha descubierto usted?

Sigo aprendiendo porque creo que es nuevo para todos. El equipo es primitivo. Esencialmente es como un niño. Es como retroceder a la época cuando las películas acababan de ser inventadas. El público y los realizadores se sienten grandes expertos en cine. Pero en realidad no conocemos tanto sobre el 3D. Como realizadores, pensamos en dos dimensiones aun cuando la mayoría de nosotros realiza actualmente películas tridimensionales. Pero el 3D gira en torno al lugar donde uno pone las cosas y la forma como las ve; se trata de una nueva forma estética. Reconozco que continúo siendo en gran medida un realizador bidimensional, pero voy a tratar de realizar un acto de fe y efectuar la transición en esta película. Espero que el público me siga. Hagámoslo juntos. Lo que el 3D tiene de reto y de emocionante es que uno tiene que crear las reglas o descubrirlas. Eso es lo que hace que este viaje valga la pena.

Usted rodó una gran parte de la película en Taiwán pero el elenco y el equipo técnico son muy internacionales.

Creo que la película tiene fuerza transformadora y reúne a muchas naciones. En el equipo técnico estaban representadas veintitrés de ellas. Un autor canadiense (Yann Martel) escribió sobre un muchacho indio que atraviesa el océano Pacífico. El relato es un cóctel. Simplemente tiene que ser internacional. Hay que romper barreras. Sería imposible realizar esta película en Hollywood. No hay manera. Creo que ha sido una experiencia educativa para todos nosotros; no sólo para los jóvenes realizadores taiwaneses que respaldan el proyecto, sino para todos los expertos realizadores que hemos traído de Hollywood, de Londres, de Australia, de todas partes. Todos llegamos aquí para poner algo sobre la mesa y todos tenemos la sensación de estar aprendiendo algo.

Sus películas son muy diferentes. ¿Disfruta usted con los cambios dramáticos de tema y de cultura?

Resulta difícil innovar en cada película, por lo que tengo que seguir hallando formas distintas de realizar películas, así como materiales nuevos para que la labor me resulte más difícil. Me gusta enfrentarme a cosas con las que realmente no sé qué hacer. Ahí es donde quiero estar. ¡Cuando deje de tener esa sensación al realizar una película, entonces deberé retirarme!

¿Cómo se sumerge usted tan eficazmente en diferentes culturas? Todas sus películas son muy distintas.

A decir verdad, no conozco otra respuesta que la evidente: empatía e imaginación. He descubierto que es frecuente el caso de grandes realizadores y directores que empezaron queriendo ser actores. Posteriormente, por uno u otro motivo, descubrimos que no valíamos para interpretar y dimos un paso atrás. Yo quería ser actor, por lo que fui a estudiar en los Estados Unidos. No podía hablar inglés. Ahora dirijo y haciéndolo tengo una sensación muy parecida a la de actuar. Siento que estoy haciendo películas para interpretar. He descubierto que la dirección es muy parecida a la interpretación que realiza un actor. Hay que ser capaz de pasar por la tragedia sin que ello suponga sufrimiento. Yo di un paso atrás para convertirme en un observador. Pero me encanta interpretar.

¿Qué le gusta de su trabajo?

Me gusta ponerme en situaciones distintas. Pregunte a cualquier buen actor qué es lo que quiere hacer. Ninguno quiere representar el mismo papel repetidamente. Todos ellos piensan que pueden ser diferentes y eso es muy universal. No siempre vamos de vacaciones al mismo sitio. Si pudiéramos elegir, tendríamos muchas amantes en lugar de perseverar en un solo matrimonio. Yo no lo hago en la vida real pero puedo viajar a muchos lugares distintos en mis películas. Cuando ruedo películas, ¿por qué he de ir continuamente al mismo lugar o contar el mismo tipo de historia? Es emocionante examinar lugares e historias distintos.

¿Cuál quiere que sea su herencia o su leyenda?

Quiero ser conocido como un esclavo de la realización cinematográfica, como un vehículo. Las películas que hago me eligen. Soy como un médium. Soy su servidor. Así es como me gustaría que me vieran.

Imágenes de “La vida de Pi”, película distribuida en España por Hispano Foxfilm © 2012 Fox 2000 Pictures. Todos los derechos reservados.

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