Jean-Jacques Annaud, director de “Oro negro”: «Antes de rodar hay que tenerlo todo muy claro en la cabeza»

“En busca del fuego”, “El nombre de la rosa”, “El oso”, “El amante”, “Siete años en el Tíbet”, “Enemigo a las puertas”… la filmografía de Jean-Jacques Annaud confirma al cineasta francés como uno de los grandes nombres del séptimo arte europeo moderno. Ahora vuelve a la épica humana con “Oro negro” (ver tráiler), para cuya promoción ha visitado Madrid.

Expresivo, amable, simpatiquísimo y locuaz, Annaud mantiene a sus 68 años un espíritu jovial realmente sorprendente y saludable. Durante nuestra charla no para ni un instante, gesticulando constantemente sin perder la sonrisa. Y nos regala una imitación de Marguerite Duras que desgraciadamente no podemos reproducir. Una pena.

“Oro negro” tiene un aroma clásico muy palpable.
Sí, es verdad. Me encanta. Me encanta dirigir actores de verdad, tener setecientos camellos de verdad… Estoy muy familiarizado con la post producción, sí, pero realmente tener a un actor delante de una pantalla azul y decirle “imagina esto, imagina lo otro”… a mí eso no me gusta. No tengo nada en contra, ojo, pero no me atrae demasiado. En la película hay un poco, pero es todo lejano, en un segundo plano, así que no se percibe prácticamente. Hace poco rodé un anuncio de perfume con Charlize Theron, y ahí sí hemos tenido que hacer trabajo de post producción porque salen otras actrices ya fallecidas, no quedaba otra.

Cientos de extras y animales, grandes decorados… pero un presupuesto ajustado de unos 40 millones de dólares. ¿Has echado algo en falta?
No, en absoluto. Uno de mis deberes como director es valorar cada dólar que gasto. Si tardas cinco días en rodar una escena porque no has puesto bien la cámara, porque no lo tienes todo claro, no estás haciendo bien tu trabajo. Estoy muy orgulloso de poder ofrecer todo lo que ofrecemos por un dinero razonable; es un homenaje al trabajo de todo el equipo, que ha sido muy duro. Podía haber rodado en Marruecos, habría costado el doble; en el sur de Francia, diez veces más. Le enseñé la película a Ridley Scott y no podía creer lo que había costado. Lo importante es, antes de rodar, hacer una muy buena pre producción.

Y hay que tener claro lo que se quiere conseguir.
Efectivamente. Antes de rodar lo tengo todo clarísimo, tengo las imágenes en mi cabeza y no estoy dispuesto a renunciar a ellas. Así que tengo que pensar cómo llevarlo adelante con eficacia. Si tengo que hacer media película con una pantalla azul, bueno, pues la tendré que hacer. Me enervan mucho esos proyectos enormes en los que se malgasta el presupuesto sin pararse a pensar. 

Has reunido un reparto muy atractivo.
Me gusta reunir a gente distinta, elencos internacionales, ya desde “En busca del fuego” o “El nombre de la rosa”. Hice castings en Los Angeles, en Nueva York, en Berlín, Londres, Túnez, El Cairo… quería recrear la realidad de la Península Arábiga, en la que por ejemplo hay un montón de gente con ojos azules por la influencia de sangre desde los tiempos de Las Cruzadas. Hay mezcla de gentes de la India, negros de piel muy oscura de África… Para el papel principal tenía como cien candidatos, pero Tahar Rahim era la mejor opción, desde luego.

Antonio Banderas estaba muy interesado en trabajar en esta película, creo.
Fue el primero en embarcarse en el proyecto. Y con una pasión tremenda por su parte. Mi productor había recibido un guión de Antonio en el que está trabajando ahora, una película sobre Boabdil, el último rey de la Granada musulmana. Viajé a Barcelona para conocer a Antonio, y casi ni me saludó, me dijo “aquí me tienes, yo soy árabe, mis abuelas congeniaron con árabes, tengo sangre árabe”. No pude dudar, por supuesto; más allá de esto, desempeña el papel de un hombre seductor, encantador… ¿y quién es más seductor y encantador que Antonio Banderas?

¿Qué es lo que más te atrajo de la novela de Hans Ruesch?
Tres cosas básicamente. En primer lugar la historia principal, un príncipe buscando su camino. Tiene dos padres, igual que los tuve yo, el biológico y el que le crió. En segundo lugar, se trata de una historia real, es la historia del fundador de la Arabia moderna; Ruesch trabajó muchísimo en la novela, se documentó muchísimo, su esfuerzo es realmente increíble. Y en tercer lugar, el propio contenido metafórico, que habla del conservadurismo y cómo se encajan los cambios y la evolución, es un tema recurrente en mi filmografía. “Oro negro” es un cuento universal que puede hablar de cualquiera y tocar a cualquiera, algo muy difícil de encontrar, en realidad. 

Además, consigues que el discurso político quede por debajo de la aventura, es complicado.
Construir una película es como hacer un bizcocho. Necesitas una buena harina para la base, un buen relleno que aporte buen sabor, y lo coronas luego con otros elementos que pueden aportar contrastes… hay que encontrar el equilibrio. Recibes un guión, que es la base sólida de todo, pero tienes que pensar en entretener a la gente, eso es primordial. No puedes pensar sólo en el discurso político. Si das demasiado mensaje, la gente se cansa; si te quedas corto, tienes la sensación de que has perdido una buena oportunidad. Mezclar tanto ingrediente es difícil. En este caso estoy muy contento, porque en los países árabes donde se ha visto están muy contentos con el resultado. Es genial.

La revolución de Túnez os sorprendió durante la filmación, ¿verdad?
Eso fue algo extraordinario, y de un modo indirecto hizo más relevante todo lo que tratábamos en la película. Yo llevaba años dándole vueltas a rodar un proyecto sobre los árabes, porque no hay películas sobre ellos, y no lo entiendo. Nadie quiere ir allí, rodar, contar su historia. Y de repente comenzó toda la revuelta. En ningún momento sentimos temor, ni tuvimos ninguna sensación de peligro, en absoluto; teníamos un montón de extras tunecinos y la tranquilidad era total. Quienes se levantaron no lo hicieron contra los extranjeros, jamás; y la revuelta tampoco tenía un componente religioso. Era un montón de gente que estaba harta de la tiranía. Antonio estaba excitadísimo, decía “yo era muy pequeño cuando acabó la dictadura en España, no lo viví, ¡esto es muy emocionante!”. Freida Pinto también estaba emocionada. Curiosamente los únicos que entraron en un estado de pánico fueron unos técnicos franceses, porque sus esposas les decían por teléfono que en la televisión veían caos, y coches ardiendo, y cosas así. Pero nada de nada. De hecho, nos quedamos allí, es la mejor prueba, creo yo.

Has adaptado muchas novelas y las has convertido en películas de éxito. Pero tu relación con los escritores no ha sido siempre buena.
El mejor ha sido Umberto Eco. Una maravilla antes, durante y después de “El nombre de la rosa”. Dentro de un par de días le dan una nueva medalla en el Palacio del Elíseo, y voy a estar allí con él para darle un gran abrazo. Es un sueño de persona.

Pensaba en Marguerite Duras…
Oh, Dios mío, Marguerite. Yo quería hacer una historia sobre la relación de una chica joven con un hombre maduro. Y Claude Berri compró los derechos de “El amante”, también es mala suerte. Me lo trajo mientras rodaba “El oso”. Le dije que no quería hacerlo, en absoluto. Así que se lo llevó a Michael Cimino, que en principio se mostró encantado pero finalmente no pudo rodar. Así que acepté. Claude me dijo que no me preocupara, porque Marguerite estaba en el hospital, muy débil, no iba a protestar ni a opinar, ni nada. Empezamos a rodar, y se recupera, y vuelve con más fuerza que nunca. Y a partir de ahí, seis meses de pesadilla. Odiaba el guion, decía que no le gustaba el final, ¡cuando lo había escrito ella! Un desmadre. Al final el productor le preguntó cuánto dinero quería para callarse, pero ni aún así. Horrible, horrible.

Con todo, la película fue muy bien.
¡Desde luego! La película se estrenó, tuvo muy buena recepción de crítica y público, todo bien. Ella y yo no nos hablábamos, claro; pero un día estaba con mi mujer en un restaurante, y apareció allí. El camarero me dijo que quería hablar conmigo, así que fui a verla. Me saluda, me da un beso, y me dice “¿has visto que éxito estamos teniendo?”. Tan feliz. En fin. Para que veas cómo es la industria, el éxito hace mantener las formas a quien menos te lo esperas.


En las imágenes: En la primera, Jean-Jacques Annaud, ayer en Madrid © 2012 Universal Pictures International Spain. Foto por Daniel Sánchez Alonso. Todos los derechos reservados. En el resto, momentos del rodaje de “Oro negro”, película distribuida en España por Universal Pictures International Spain © 2011 Quinta Communications, Prima TV, Carthago Films, France 2 Cinéma y Doha Film Institute. Todos los derechos reservados.



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1 - isaac - 4:37 - 16.01.12

cosas distintas que no caen en roce con la plateacion que se tiene en cuenta; ha de haber oro magico, como las monedas.



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