Rodrigo Cortés, director de “Buried (Enterrado)”: «Esta película está diseñada para ser experimentada como algo físico»

Escrito por el 29.09.10 a las 12:06
Archivado en: Cine español, Entrevistas, Preestrenos, Thriller

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Este viernes llega a nuestra cartelera la esperadísima “Buried (Enterrado)”, segundo largometraje de Rodrigo Cortés que él mismo nos presenta en este vídeo y que, tras su paso por el circuito festivalero internacional, está a punto de convertirse en el mayor estreno mundial que se haya hecho jamás de una película española. Y es que la historia de Paul Conroy (Ryan Reynolds) despierta pasiones y terrores allí donde se proyecta, vistas las reacciones de la crítica y el público que ya ha disfrutado/sufrido la propuesta.

Dentro de su agotadora gira promocional, hemos tenido la oportunidad de charlar con el cineasta, sorprendentemente lúcido y sereno pese al extraordinario revuelo mediático que se ha orquestado en torno a la película. «Lo llevo bien, no estoy pasando por nada que no haya pasado otra gente como, por ejemplo, Sofía Magazatos», nos dice. Un ejemplo tan curioso como válido…

Angustia, desesperación… “Buried” busca trascender el hecho de sentarse a ver una película.
Sí, se convierte en algo más parecido a una experiencia física. Al menos así se ha diseñado la película, para ser no solamente vista, sino experimentada con el cuerpo, algo sensorial, para que se reaccione visceralmente ante ella. Es un viaje, por eso la gente acaba exhausta, buscando un masajista de guardia. Y es así porque Paul Conroy nos obliga a vivir lo que él vive, en primera persona, nos proyecta forzosamente a su cerebro, a su cuerpo. Recorre todo el catálogo posible de emociones humanas: el pánico primario, el miedo, la esperanza, la alegría, la frustración, la aceptación… lo que se te pueda ocurrir.

Y es una experiencia que aporta aún más matices en un segundo visionado.
¡Eso sería magnífico, porque multiplicaría por dos la taquilla! Cualquier película, si es buena, tiene ese efecto en un segundo visionado. No es que esté refiriéndome a mi propuesta, claro, pero es así. Por hablar de alguien indiscutible, ahí tienes a Hitchcock, puedes ver sus trabajos no dos, sino diez veces, y repites las mismas emociones que te sacuden durante su primer visionado. Sientes la misma angustia aún sabiendo cómo va a acabar todo. Te enfrentas a una película suya nuevamente para afrontarla con objetividad, pero te arrebata de igual manera.


Supongo que sentiste ese entusiasmo cuando leíste el guión por primera vez.
Sentí un entusiasmo indescriptible, adolescente. No entendía por qué no había una legión de directores enfervorecidos abalanzándose sobre él. Cuando me enteré de que el texto de Chris Sparling llevaba un año dando vueltas por los estudios, no lo pude creer. No se me ocurren mejores razones para hacer algo que el hecho de que sea imposible, insensato y poco recomendable. La posibilidad de pisar donde no se ha pisado antes genera vértigo, pero basta con no mirar hacia abajo.

En el sentido emocional, encaja en cierto modo con tu primer largometraje.
Lo que une “Buried” con “Concursante” es que ambas son experiencias tremendamente subjetivas, que te obligan a vivir las cosas en primera persona. En aquel caso, el bombardeo sensorial deriva del caos, de los saltos adelante y atrás, de la ruptura de la linealidad; ahora, todo lo contrario: es una linealidad absoluta, en tiempo real, pero igualmente subjetiva y en primera persona. Ambas son experiencias kafkianas, además, los protagonistas están sometidos a fuerzas que los exceden. Pero fuera de eso, son totalmente opuestas.


¿Qué aprendiste en tu opera prima que has aplicado ahora?
Sobre todo, a mantener la cautela y ser muy consciente de que son muchos los elementos que no dependen de ti. A “Concursante”, en realidad, no le pasó nada extraño, sino lo que le sucede al noventa y cinco por ciento de sus hermanas, esto es, que acaban el rodaje exhaustas, y no se puede o no se quiere hacer la inversión mínima necesaria para que lleguen al público. El público es soberano para decidir lo que le gusta, pero sólo a partir de lo que sabe que existe; eso pasó con aquella película, y con tantísimas otras.

¿Imaginaste alguna vez que se montaría este revuelo mediático en torno a la película?
La verdad es que no pensé nada, porque lo cierto es que no te puedes embarcar en este proyecto si piensas en algo externo, si lo haces estás perdido. El sentido común te va a impulsar a pensar en las restricciones, en lo que no puedes hacer; en cierto sentido, tienes que trascender la sensatez para sacar adelante una película como esta. ¿Era posible que sucediera todo esto? Por supuesto, todo es posible. Un fracaso a partir del viernes, también. Una de las cosas que demuestra “Buried” es que nadie sabe nada, no hay reglas para hacer las cosas. Mi manera de afrontar este tema es mantener las expectativas totalmente neutras, todo puede suceder. Lo único que está en tu mano es mantenerte calmado y alerta, para poder reaccionar ante lo que te depare la vida real.


Alguna vez has comentado que el trasfondo de Iraq es un gran macguffin.
Me gustan mucho los thrillers políticos, Pakula, Costa-Gavras. Pero esta no es una de esas películas, nunca la he visto así. Las películas ideológicas tienen una vigencia cortísima, son de vuelo bajo y mirada corta, por no decir estrecha. Identifico esta historia como un thriller de máxima tensión, de máxima ansiedad, hitchcockiana. Lo que no quiere decir que sea un artificio, sin más. De las cosas que más me atrajeron, al margen de su imposibilidad técnica, que supone un estímulo creativo tremendo, fue su capacidad metafórica; para mí, el enemigo de Paul Conroy no es Iraq, no es la administración, el oxígeno, la oscuridad… es, en cierto modo, la burocracia, la mediocridad humana. Uno de los factores que más identifican a la gente es algo tan trivial como que todos hemos intentado cambiar de compañía de móvil. Estás veinte minutos apretando las teclas que te dicta un robot, y cuando por fin consigues hablar con un ser humano, te das cuenta de que no tiene ninguna intención de ayudarte, y su único objetivo es que te conviertas en el problema de otro. Esa frustración es compartida por el espectador, potencia la empatía enormemente. Todo ello articulado a través de este viaje, de esta experiencia física, por supuesto.


No es un trabajo apto para cualquier actor, por otro lado.
Al menos no apto para actores vanidosos, desde luego. Ryan estuvo rebozado en arena, sangre y sudor. Volvió a Los Angeles sangrando por la espalda, con los dedos achicharrados y la piel prácticamente destruida. Y emocionalmente fue aún peor, porque estuvo sometido a todo ese catálogo de emociones al que he hecho mención al principio. Y además, rodando entre treinta y treinta y cinco planos diarios, una pesadilla agotadora. Las exigencias superaron cualquiera de sus predicciones. Ha dicho en más de una ocasión que ha perdido físicamente la capacidad de quejarse, y que el día más duro de “Green Lantern” ni se acerca al día más liviano de “Buried”. Creo que eso resume lo que fue para él y para todos, porque el grado de tensión y de concentración necesarios exigió un esfuerzo mucho más allá del deber para todos los integrantes del equipo. Personalmente, no he sufrido tanto en mi vida; pero por otro lado ha contribuido a dar a la película esa cualidad tangible, casi física, que se traslada al palco.

Evidentemente se está hablando mucho del trabajo de Ryan Reynolds, pero, ¿cómo llega al proyecto Stephen Tobolowsky, la voz amiga al otro lado del teléfono?
Lo cierto es que todo parecía hecho para que fuera él. Desde el momento en que leí el guión y el personaje de Davenport, pensé en él. Esa cualidad entre burocrática y malvada, un tanto fría, que tiene que ver con los matices nasales de su voz, de actor de carácter, parecía desde el principio la elección adecuada. Fíjate, a mitad del rodaje, Ryan me lo sugirió sin decirle yo nada. Y mientras montábamos, mi ayudante de montaje me dijo lo mismo. Fue una especie de mandato divino. Y el “sí” nos costó obtenerlo, aproximadamente, diez minutos. Fue inmediato, al igual que sucedió con Samantha Mathis, la esposa de Paul Conroy.


Supongo que en ningún momento os planteasteis actores españoles, rodar en castellano.
No. La película se ha hecho aquí, pero si hubiésemos utilizado un actor español y rodado en castellano, su mercado objetivo se habría restringido en el acto. Hubiera sido igual de buena o igual de mala, pero con muchas menos posibilidades de expansión internacional por la barrera idiomática. Pero el cien por cien de la financiación es española, y todo el elenco técnico lo es, con las excepciones de Chris y Ryan.

¿Qué has aportado al guión?
Muy poco, la verdad. El noventa por cierto de lo que se ve en pantalla estaba ya en el libreto original. Añadí cuestiones que optimizaban el conjunto desde el punto de vista de la dirección, sobre todo desde la iluminación. Había que hacer la historia visualmente interesante a lo largo de noventa y cuatro minutos y, además, contarla de manera alegórica desde la iluminación. De ahí los elementos como la linterna que no funciona bien, que parpadea, metáfora del filo hilo que lo une a la vida. Igual que el móvil, o la barra de iluminación verde, etcétera. No sólo aportan poder visual, sino que articulan la propia evolución de Paul Conroy, su relación con el medio y con la vida.

¿Y los coletazos de humor?
Sí, también los añadí. La historia, en su primera escritura, tenía una gravedad que me parecía que mantenía la cuerda tensa constantemente. Y eso hace que pierdas eficacia dramática porque gastas fuerza. Hay que dar respiros para que todo funcione. Además, un cierto humor, siempre que salga de las emociones profundas del personaje, no saca a la gente de la película, sino que refuerza su empatía. Pero todo son minucias, yo le pasaba mis notas a Chris y él sopesaba. Todo es obra suya.


¿Pero cómo se introducen esas vetas humorísticas?
Puliendo determinadas conversaciones, determinadas réplicas especialmente envenenadas, sarcásticas, inesperadas, dolorosas. También tiene que ver con un determinado tratamiento visual, y tiene que ver con una perspectiva general, porque el humor depende del punto de vista. Chris no me acababa de entender cuando yo le decía que había escrito una comedia sin darse cuenta. Le explicaba que estructuralmente era una comedia, en el sentido de que para poder hacer una película como esta tienes que someter a tu personaje a una crueldad casi gozosa, y tienes que disfrutar con ello. Piensa en “Jo, qué noche”, el maltrato sistemático del protagonista. Las grandes comedias muchas veces se basan en vapulear al personaje y disfrutar con ello. Y ahí es donde entraba Ryan Reynolds, porque tiene un sentido del tempo absolutamente sobrenatural. Le permite añadir capas y capas, matices, y los transmite a través del ritmo.

Volviendo al aspecto meramente técnico, utilizasteis siete ataúdes distintos durante el rodaje.
En realidad, lo primero que haces es no pensar en el ataúd, porque entonces te centras en lo que no puedes hacer, y si quieres sacudir al espectador tienes que poder hacer de todo. Hay que centrarse en la historia, en los mecanismos de la narración y en las emociones; y a partir de ahí, preparar una articulación cinematográfica sin limitaciones, como si la película no transcurriera en una caja, sino en cualquier ámbito sin restricciones. Sólo después te paras a pensar en el espacio limitado. Para eso hicimos todos esos ataúdes, uno con paredes móviles que se podían quitar y poner para mover la cámara, otro permitía rodar cámara al hombro, otro permitía hacer incluso travellings dentro, otro desplazaba el techo y el suelo para poder rodarlo… en definitiva, hacer posible lo imposible.


Hollywood siempre está a la caza, no sé si te estará pasando como a otros compañeros que en cuanto presentan algo de género que funciona tienen ofertas similares en la mesa.
Esas son las cosas que lees que suceden, y es así. Si haces una película dentro de una caja, es más que posible que si en Hollywood tienen un guión dentro de una nevera te lo manden a ti. Pero, como decía antes, hay que mantener la cautela; un paso adelante en tu carrera va más allá de donde estés rodando. Hollywood no es un objetivo en sí mismo, ni tampoco un lugar del que mantenerse alejado. Sólo hay que tener claro lo que quieres hacer y en qué condiciones. Para mí lo fundamental es la autonomía creativa, rodaría en cualquier lugar del mundo donde sea posible contar la historia que quiero contar usando las herramientas que considere necesarias para ello.

Eso quiere decir que sí.
Sí, están llegando cosas, claro. Pero estoy abierto a todo y cerrado a todo. Es decir, nunca pensé que yo adaptaría un guión ajeno, por ejemplo. Sacar adelante un proyecto es tan improbable que más te vale contar algo que quieras contar. Y fíjate, en cuanto vi el guión de Chris me entusiasmé tanto que volqué en él toda mi energía. Lo volvería a hacer, venga de donde venga.

¿Cómo ves la oleada de directores españoles que están dando el salto fuera de aquí?
Es un tema complejo. Hay un poco de todo: Amenábar rodó “Los otros” en Santander, con un control absoluto; Fresnadillo hizo lo propio con “28 semanas después” bajo el paraguas de Danny Boyle, al margen de estudio y vendiéndola luego a Fox. Otros han ido a Hollywood con resultado desigual… Es difícil de analizar. Hay muchos que se han marchado ante la imposibilidad de rodar aquí después de mover sus proyectos durante cinco años, por ejemplo. O viceversa. Todo depende de que al final sean o no buenas películas, al margen de que se filmen en Los Angeles, Madrid o Barcelona. Trasciende géneros, temáticas. Hay que hacer el mejor cine posible.

En las imágenes: Momentos del rodaje y fotogramas de “Buried (Enterrado)” © 2010 Versus Entertainment, The Safran Company y Dark Trick Films. Distribuida en España por Warner Bros. Pictures International España. Todos los derechos reservados.

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1 - Carlos - 16:12 - 18.10.10

Hacía tiempo que no pasaba tanta angustia con una película. Sin querer desvelar el final, quizá se podría haber optado por otra solución. Pero, en definitiva, brillante film.



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