Travis Knight (“El alucinante mundo de Norman”): «La conformidad no lleva a la grandeza»

Tras el éxito de “Los mundos de Coraline” (2009), los artistas de la compañía Laika vuelven a unir el encanto de la animación stop-motion con la tecnología de última generación en “El alucinante mundo de Norman” (ver tráiler), fabulosa propuesta que rinde un sentido homenaje al cine de género de los años 60, 70 y 80.

Dentro de la gira promocional de la película recibimos en Madrid la visita de Travis Knight, uno de los responsables de un estudio que sigue apostando por diferenciarse de la competencia a base de tomar unos riesgos impensables en el campo de la animación infantil y familiar. Un tipo de lo más agradable, además. 

Una película un tanto tenebrosa para los niños, ¿de dónde surge la idea?
Originalmente vino de Chris Butler, era el jefe del departamento de storyboards en “Los mundos de Coraline”. Comentó que tenía una idea para hacer una película infantil en stop-motion, comenzamos a hablar entre todos y nos pareció muy interesante. Era muy sugerente la idea de un niño que tiene un don extraño, ver y hablar con los muertos, que no parece muy útil y además hace que la gente le margine, no le entienda; y de pronto, ese don es fundamental para salvarlos a todos cuando los zombis entran en acción.

En el fondo, la lectura es universal.
Por supuesto. La historia más universal es también la más personal. Todo el origen del proyecto se encuentra en la propia vida de Chris, que parecía un poco raro a los demás cuando él era un niño por su espíritu artístico. Todos los artistas que han trabajado en esta película se han sentido identificados en este sentido; y además, en algún momento de nuestra vida todos hemos tenido la sensación de que no encajamos, de que estamos al margen del mundo. Pero lo que nos hace raros nos hace valiosos, esa particularidad nos hace valiosos para la sociedad.

En ese sentido, hay algo curioso, y es que la era de Internet ha dado voz a las minorías, todo el mundo tiene su Día, una gran capacidad de convocatoria.
El don de Norman es una exageración, una metáfora de lo que nos hace diferentes por cualquier motivo, por la educación recibida, la cultura o nuestra orientación sexual. Lo que defendemos aquí es que la conformidad no lleva a la grandeza. Hay que exhibir lo que tengas. Y no se puede juzgar al libro por la tapa, nunca.

La película afronta frontalmente un tabú en el cine infantil, la muerte. ¿Cómo os planteasteis este aspecto?
Es verdad que tocamos temas que otras propuestas de animación evitan totalmente, como los matones en el cole, los familiares muertos… pero son cosas que están ahí. La muerte es parte de la vida, y hay que aceptarlo. La historia de la abuela de Norman está basada en la relación de Chris Butler con su propia abuela, estaban muy unidos y cuando ella murió lo pasó muy mal, le costó mucho aceptar la muerte. Exploramos la idea de que no deberíamos tener miedo, mostrándolo desde un enfoque más divertido. Puede que ayude a algunas familias a hablar de estos temas de un modo más natural.

Comercialmente lo que hacéis es muy valiente en estos tiempos que corren.
Gracias. Cuando fundamos Laika de un modo independiente teníamos muy clara la idea de lo que queríamos hacer, un tipo de cine atrevido, duradero y distinto. Y queríamos que la compañía fuese controlada por los artistas, no por algún financiero o empresario. Cuando hace siete años empezamos a trabajar en “Coraline” vimos que todo el cine animado era muy parecido, nadie tomaba riesgos; en los tiempos de “Blancanieves” y “Pinocho” las películas de animación eran diferentes, tenían claroscuros, mucha profundidad. Esa fluidez es la mejor manera de contar una historia. Y es lo que buscamos nosotros.

¿Cómo ves la evolución de la técnica stop-motion desde los tiempos de Ray Harryhausen? ¿Tiene margen de mejora?
Desde hace cien años se ha utilizado para hacer cosas muy concretas y específicas, y cuando la animación por ordenador pegó ese salto evolutivo brutal hace unos años parecía que estaba condenada a desaparecer. Decidimos resucitar esta técnica artesanal pero incorporando el ordenador, sumando artesanía y tecnología. Podemos seguir los pasos de Harryhausen y seguir innovando, es muy atractivo.

Y a un nivel artístico, ¿qué os permite hacer esta técnica que no permite hacer la animación por ordenador?
Bueno, hay que decir que con el ordenador se puede hacer cualquier cosa, no hay limitaciones. Pero el stop-motion te hace trabajar con objetos físicos, reales, hay que cuidar la luz, porque es real, etcétera. Tiene un tono totalmente distinto. Trabajar con stop-motion es un proceso progresivo, es muy lento pero más real que la animación puramente digital. Tiene calidez, encanto y belleza, porque se nota el toque totalmente humano de los artistas.

Eres empresario y animador, ¿dónde estás más cómodo?
Soy artista, en primer lugar, desde luego. Pero en los últimos diez años, desde que fundamos la compañía, he tenido que buscar mi ejecutivo interior, por decirlo de algún modo. Creo que una faceta me hace mejor en la otra, y viceversa. Como artista estoy siempre muy concentrado en los detalles, y como ejecutivo estoy pensando en un sentido más amplio, así que me complemento un poco…

En cierto sentido sois pioneros por vuestro estilo de trabajo, ¿sentís una presión especial de cara a la competencia?
Es inevitable pensar un poco en lo que hacen los demás, porque con lo que tardamos en hacer cada película, en cualquier momento puede aparecer otro que ha tenido una idea similar y adelantarse. Tardamos cinco años en hacer “Coraline”, cuatro en la de Norman. Pero no puedes estar al tanto de lo que se lleva y lo que no. Vamos a lo nuestro, queremos hacer cosas interesantes; seguimos nuestra propia línea.

Tomando tantos riesgos, ¿cómo es el ambiente de trabajo en Laika?
Tenemos la ventaja fundamental de que todos los que dirigen la compañía somos artistas y creativos. Todos estamos de acuerdo en que no se puede contar una historia por comité; siempre tenemos una persona detrás de la historia, y alrededor suyo hay colaboradores. Cada película tiene que tener su propia voz. Y todos estamos también de acuerdo en tomar riesgos. Por eso no pensamos en hacer secuelas, por ejemplo. Siempre queremos hacer algo original, explorar. Y eso sólo se puede hacer con libertad.

En las imágenes: En las dos primeras, Travis Knight, durante su visita a Madrid para presentar “El alucinante mundo de Norman” © 2012 Universal Pictures Spain. Todos los derechos reservados. En la tercera, Kodi Smit-McPhee, en un momento del rodaje de la película © 2011 Laika, Inc. / Focus Features, LLC. Todos los derechos reservados.



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