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                                                         23 - 29 Enero 2004

Antes de entrar en materia les cuento que esta semana (y otra próximamente) nuestra cita estará dedicada a Blake Edwards. Cuando se dio a conocer que la Academia de Hollywood le otorgaba el Oscar® Honorífico de este año, humildemente me plantee realizar una reseña dentro del artículo semanal. Me puse a ello y la tarea se hacía interminable, de modo que al final he decidido dedicarle dos semanas a su obra. Dispónganse a repasar, recordar, tal vez conocer, la obra de uno de los grandes, realmente grandes directores de la historia del cine:
 

BLAKE EDWARDS: El nombre de un maestro (I)

Durante muchos años siempre esperábamos con ansias el nuevo estreno de Blake Edwards, un hombre del que se puede decir que nunca ha hecho una mala película (tal vez con la excepción de "El hijo de la pantera rosa"), un director que ha tocado casi todos los géneros aunque su fuerte ha sido la comedia, la alta comedia, donde se ha movido como pez en el agua, creando un macrocosmos personal donde el alcohol, la incomunicación y el slapstick, sin olvidar cierta amargura, han sido los pilares fundamentales.

Centrándonos en su obra hay que señalar que su debut, olvidando su faceta de guionista, se inicia en 1955 con "Venga tu sonrisa" ("Bring your smile along") seguida en 1956 de "He laughed last", ambas para Columbia y a mayor gloria del cantante Frankie Laine. Ya en 1957 y con la Universal comienza lo que se puede definir como el inicio del cine de Blake Edwards tal y como lo conocemos. Con "El temible Mr. Cory" ("Mister Cory") dará comienzo su colaboración con el extraordinario Henry Mancini así como esa forma de hacer cine, de contar historias donde lo que realmente importa son los personajes y sus motivaciones; ese gusto por la sofisticación, el lujo y el ambiente elitista. Aquí vemos a un Tony Curtis que partiendo de la nada se las ingeniará para ascender hasta puestos que socialmente no le corresponden. Memorable la composición de Charles Bickford como ese jugador profesional que debe retirarse por una úlcera, sensacionales Martha Hyer y Kathryn Grant en sus respectivos papeles de hermanas diferentes cual dos polos opuestos. Breves apuntes sobre lo que dará de sí la carrera de Edwards. Como anécdota les indico que fue precisamente el protagonista, Curtis, quien apuntó a Blake como director.

"The perfect furlough" - Copyright 1959 UIPLe siguen dos comedias en esta misma línea. "La pícara edad" ("This happy feeling", 1958), donde se nos presenta a un actor, Curd Jürgens, fuertemente atraído por una jovencita, Debbie Reynolds, que finalmente entenderá que la diferencia de edad es un grave problema, volviendo a los brazos de una atractiva Alexis Smith. No es una maravilla, pero sí una película que 45 años después se sigue viendo con agrado y cuyo tema y desarrollo permanecen vigentes a día de hoy. Inmediatamente después llega "Vacaciones sin novia" ("The perfect furlough", 1959), también con Tony Curtis como protagonista en compañía de su esposa Janet Leigh. Cuenta la historia de un soldado que recibe como premio un viaje a París de tres semanas, un cuestionable método para levantar la moral de la tropa. En París, acompañado por Linda Cristal (dando vida a una famosa actriz), sucederán toda una serie de enredos que naturalmente desembocarán en la previsible boda con su teniente (papel interpretado por Leigh). Una comedia muy entretenida y muy bien llevada, con unas situaciones tan previsibles como divertidas.

"Operación Pacífico" ("Operation Petticoat", 1959) es el primer gran éxito de Edwards con una comedia bélica en la que nos encontramos de nuevo a Tony Curtis, pero esta vez con Cary Grant como cabeza de reparto. Es la historia del submarino rosa que lanza en un determinado momento un peculiar torpedo consistente en ropa interior femenina para que el enemigo crea haber hundido la nave. Todo lo que sucede desde que las enfermeras llegan a bordo y se convierten en el núcleo de esta historia resulta tan divertido como ilustrativo de las constantes del director. A ésta le sigue en 1960 la producción Fox "High time", una agradable comedia a mayor gloria de Bing Crosby dando vida a un multimillonario viudo que decide regresar a la Universidad en busca de la educación que nunca tuvo. A día de hoy si tengo que destacar algo de esta película es la extraordinaria canción "The second time around" compuesta por Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen.

"Desayuno con diamates" - Copyright © 1961 Paramount Pictures - [Click para comprar en FNAC]Y sin solución de continuidad llegamos a esa obra maestra imperecedera, a esa película que consagra a un director para la eternidad inscribiendo su nombre en el olimpo cinematográfico, a esa cinta que décadas después de su estreno se mantiene con la misma vigencia, frescura y actualidad; en definitiva, su obra más universal, única e irrepetible. Naturalmente, hablamos de "Desayuno con diamantes" ("Breakfast at Tiffany's", 1961). ¿Qué se puede decir de esta película que no se haya dicho ya? Ciertamente, poco o nada. Se puede afirmar que desde el primer fotograma el espectador se siente hipnotizado por la pantalla, la imagen y el sonido que le acompaña. Es la melodía de Mancini y la letra de Johnny Mercer (posiblemente es la mejor canción compuesta nunca para una película, además de la más popular) a cuyos sones un taxi llega precisamente a Tiffany's en la madrugada neoyorkina. Autrey Hepburn con gafas de sol desciende del vehiculo y se dirige a los escaparates del conocido establecimiento mientras desayuna. La noche ha sido larga (y tal vez dura), se necesita un momento de intimidad, de ensoñación, de escape de una vida que evidentemente no permite a nadie sentirse orgulloso. Así es el prólogo de esta película que mantiene en constante estado de hipnosis al espectador hasta ese gran momento final en el que bajo la lluvia Hepburn, con la ayuda de George Peppard, encuentra el gato que acaba de abandonar –un final agridulce que abre una puerta a la esperanza–. Con frecuencia se lee y se escucha que "Desayuno con diamantes" es una comedia y aún me pregunto el porqué de esta afirmación. Posiblemente porque encontramos personajes como Mickey Rooney, que arranca más de una sonrisa cuando vemos su caracterización de vecino de origen chino sufridor en primera persona de los olvidos y desequilibrios de nuestra protagonista. Pero si trascienden sólo un poquito al envoltorio, verán que estamos ante un profundo drama: la desgarradora historia de Holly Golightly, una chica que acepta 50 dólares de sus acompañantes cada vez que va al tocador, una chica que no es otra cosa que una party girl, una chica desequilibrada que no sabe lo que es ser amada, ni peor todavía, lo que es amar, como apunta por ejemplo el detalle de su negativa a ponerle nombre al gato. Podríamos seguir charlando indefinidamente sobre esta maravilla, sobre esa canción deliciosa que ha hecho soñar a tantas generaciones, con la que hemos bailado, con las que nos hemos enamorado, con la que hemos descubierto tantas cosas y tantas sensaciones. Ese río de la luna del que no sabemos por qué se ha comportado así, pero que afirmamos algún día cruzaremos. Hay muchas escenas inolvidables, desde la fiesta hasta la batalla de las plumas (que con nieve repetirá en "Dos hombres contra el oeste"), pero si tengo que quedarme con un momento de la película, ese tal vez sea el momento en que desde una ventana, tocando una guitarra la propia Autrey Hepburn canta “Moon River”. Ahí está todo el sentimiento contenido, todo el anhelo de la mujer que espera evadirse en dirección a ese río precisamente, ahí esta la síntesis perfecta de lo que representa la canción de Henry Mancini y Johnny Mercer en conjunción con la película de Edwards, que no olvidemos está basada en una obra de Truman Capote. Pero lo dejaremos aquí porque, desde luego, Blake Edwards no es sólo “Desayuno con diamantes”.

"Días de vino y rosas" - Copyright © 1962 Warner Bros.Le sigue "Chantaje contra una mujer" ("Experiment in terror", 1962) en blanco y negro con Lee Remick como protagonista de una trama de intriga y suspense donde la protagonista se verá chantajeada por un hombre que le exige 100.000 dólares a cambio de su vida y la de su hermana (una jovencísima Stefanie Powers). Glenn Ford será el agente del FBI que la proteja. Edwards cambia de registro y nos presenta esta curiosa aportación al suspense (¿y terror?) donde hay matices de cierto interés, al margen de su trama. Por ejemplo, las mujeres extorsionadas no se muestran como seres inferiores y acobardados sumergidos en su terror, muy al contrario muestran coraje y personalidad. Un punto a considerar y a la vez a reseñar pues elude los tópicos del género, como no podía ser de otra forma en este director. También en blanco y negro, y ese mismo año, llega el drama por definición de su carrera: "Días de vino y rosas" ("Days of wine and roses", 1962). La historia de un joven ejecutivo que empieza a consumir alcohol como forma de relacionarse, de relajarse en el siempre opresor mundo de la publicidad. Pronto vemos cómo esta práctica comienza a acarrearle problemas muy serios y cómo su mujer, por amor, decide acompañarle en su alcoholismo. Él superará la enfermedad, pero ella no. Destaca en esta cinta, si la memoria no me falla, que es la primera vez que se presenta el mundo de los ejecutivos (supuestos triunfadores de la América ideal) con este tipo de problemas, humanizando el estereotipo pulcro e irreal que había hasta entonces. Es un tratamiento nuevo de una realidad que a nadie se le escapa. También quiero destacar la puesta en escena de Edwards en momentos cruciales como el momento en que Lemmon pasa el delirium tremens, una secuencia que –al menos la primera vez que la vemos– impresiona realmente. Ese final donde Lee Remick camina por las calles tras visitar a su marido también merece una mención. Blake Edwards demostró con "Días de vino y rosas" que también está perfectamente cualificado para el más duro y sórdido de los dramas. Estamos, en definitiva, ante un director en todo el sentido de la palabra, capaz de dominar todos los géneros, pero que desde luego donde mejor se mueve es en la alta comedia, donde el slapstick se mezcla con el surrealismo, sin abandonar la definición de personajes, clave de su filmografía.

"La pantera rosa" - Copyright ©1963 Mirisch Company y United ArtistsEn 1963 llegamos a la película que mayor popularidad le ha reportado y cuyo título es conocido por la inmensa mayoría de la población mundial. Naturalmente me refiero a "La pantera rosa" ("The pink panther"). El protagonista era El Fantasma, Sir Charles Lytton, interpretado por David Niven; pero tal vez por el posterior desarrollo de la serie, o tal vez por lo llamativo del personaje, quien ha perdurado para la posteridad es Peter Sellers y su patético y entrañable Inspector Clouseau. De todas formas esta circunstancia no debe alejarnos de lo que es "La pantera rosa", el reflejo y retrato de la high society –ambiente habitual del cine de Edwards–, del comportamiento femenino y por supuesto del humor más absurdo que uno se pueda imaginar. No les voy a referir el juicio con Sellers en el banquillo, pero por ejemplo podríamos recordar el momento en que Clouseau toca el violín para su esposa, una inolvidable Capucine, cómplice de El Fantasma. Realmente es una película deliciosa. Sin casi tiempo por medio Edwards decidió filmar una continuación donde únicamente Peter Sellers repetía con respecto al reparto anterior. "El nuevo caso del inspector Clouseau" ("A shot in the dark", 1964) no estuvo a al altura de las circunstancias y si bien es cierto que Edwards nunca ha hecho una mala película, sí podemos decir que ésta se encuentra entre las más flojas de su filmografía.

"La carrera del siglo" ("The great race", 1965) marca el inicio de una sucesión de fracasos comerciales que se prolongarán durante toda una década con la única excepción de "El guateque". Edwards intenta recuperar la esencia del cine cómico mudo, de las creaciones de Hal Roach y Mack Sennett. Era el homenaje al ‘slapstick que tanto gusta a nuestro director, con peleas de tartas incluidas. Pero como suele suceder cada vez que se mira hacia atrás (recuérdese por ejemplo "At long last love") el público le dio la espalda a esta mirada nostálgica a tiempos tal vez mejores, tal vez peores, pero indiscutiblemente diferentes. Un exceso de metraje y una trama demasiado pueril (así era en su momento) sentenciaron este interesante proyecto. Similar suerte corrió "¿Qué hiciste en la guerra, papi?" ("What did you do in the war, daddy?", 1966), que nos muestra la peculiar invasión de un pequeño pueblo siciliano durante la II Guerra Mundial. Un pueblo que no opone resistencia a su invasión, pero sí muestra su rechazo a que se interrumpa el partido de fútbol que están jugando o la fiesta que esperan esa noche. Lógicamente la situación tornará cada vez más surrealista con la presencia de alemanes y finalmente más soldados americanos. Edwards no consigue enlazar la trama en un todo cómico, pero acierta con los dibujos personales y las situaciones aisladas de los protagonistas. En definitiva, se trata de una comedia en general fallida pero divertida en ciertos pasajes. Peor suerte obtuvo "Gunn", la versión cinematográfica de la popular serie televisiva "Peter Gunn" que se emitía a finales de los cincuenta. Era 1967 y el público prefirió obviar esta mirada complaciente a su propio pasado.

"El guateque" - Copyright ©1968 Mirisch Company y United Artists1968 es otro año importante en la carrera de Edwards, es el año de "El guateque" ("The party"), donde su concepto de fiesta adquiere la dimensión definitiva en su obra. De nuevo con Peter Sellers, vemos a un más que patoso extra que será invitado por error a una fiesta de Hollywood con el resultado que pueden imaginar: desastre absoluto. Peter Sellers revolotea entre los distintos elementos de este nuevo slapstick’ de esta nueva película muda con diálogos, moviéndose como pez en el agua hasta el punto de que en algún momento nuestra memoria nos retrotrae a figuras como Buster Keaton o Harold Lloyd. Posiblemente lo que más recordemos todos de esta delirante y maravillosa película es la secuencia de la piscina cuando Sellers causa un baño masivo entre miles de pompas de jabón con elefante incluido (recuérdese la secuencia de las plumas en "Desayuno con diamantes"). Pero tal vez lo que perdura y subyace es la crítica de Edwards a una generación y a un modo de vida cínico e hipócrita que necesita un profundo lavado, trasmitiendo quizá el mensaje de la existencia de ciertos valores puros que debemos preservar. Todo ello sin obviar en ningún momento la narrativa, la puesta en escena y la mirada de cuento de hadas que destilan sus comedias. Por cierto, sensacional la secuencia de Peter Sellers con Claudine Longet, un momento sencillamente inolvidable.

La década de los sesenta, en la que Edwards brilló con luz propia, se cierra con uno de los mayores fracasos del director y de la Paramount: "Darling Lili" (1970), musical con toque de slapstick (no podía fallar), con Julie Andrews como espía a lo Mata Hari que caerá en las redes del amor. Vista hoy la película no es la obra maestra que algunos apuntan colocándola entre lo más alto del creador de "Desayuno con diamantes", pero tampoco un film que merezca el desprecio que obtuvo en su día. Es un musical –en todo el sentido de la palabra– que tuvo la mala suerte de ubicarse temporalmente en un periodo en el que el género atravesó una crisis de público muy profunda, a la vez que buscaba su redefinición, tal vez encontrada dos años después con "Cabaret". "Darling Lili", más de 30 años después de su estreno se ve con agrado, contiene casi todas las constantes de su director y posee una calidad fuera de discusión.

La década de los setenta no comenzaría mejor para Blake Edwards, pues los fracasos de taquilla se encadenan de forma sistemática. "Dos hombres contra el oeste" ("Wild rovers", 1971) es un western crepuscular que no funciona en absoluto; "Diagnóstico: asesinato" ("The carey treatment", 1972) sigue los mismos pasos; y "La semilla del tamarindo" ("The tamarind seed", 1974) une a su desastre económico las peores críticas obtenidas por el director. En estas circunstancias Edwards opta por retomar el personaje del inspector Clouseau en tres películas consecutivas que darán paso finalmente a uno de sus mayores éxitos de taquilla: "10, la mujer perfecta" ("10", 1979). Todo esto y el resto de su filmografía serán materia que nos ocupará en una próxima entrega.

Por hoy no hay más, sólo me resta agradecerles su atención, confianza y desearles un feliz año nuevo (aunque sea con retraso). Hasta dentro de siete días.

Carlos Infante
carlos@labutaca.net
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Director del portal LasEstrellas.com, Carlos Infante es también director de la sección de bandas sonoras de Filomusica.com. En televisión fue director y presentador del programa Estrellas en la Noche. En radio, director y presentador del espacio Tardes de Cine. En prensa escrita ha prestado sus servicios profesionales como periodista cinematográfico en gran número de medios de comunicación.
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