
Un año más el tío Óscar llega dispuesto a relanzar la
industria del cine, y a dar una palmadita en la espalda a
películas en las que se ha hecho una fuerte inversión y de
las que sus productores esperan obtener suculentos
beneficios. Porque, no lo olvidemos, esta “gala de la
alfombra roja” ya hace tiempo que se convirtió en el segundo
escaparate de un star system no sólo de directores y
actores, sino también de ideas y tendencias, de formas de
pensar y de pautas de comportamiento: es verdad que unas
pocas veces recogen la realidad de la calle, pero más cierto
aún es que muchas más señalan el sendero por el que el
espectador debe ir por la vida, a no ser que tenga
suficiente personalidad y esté dispuesto a ser etiquetado
como extraño o retrógrado.
Por otro lado, teniendo en
cuenta los múltiples intereses económicos e ideológicos de
lo que resulta “políticamente correcto”, todo puede pasar a
la hora de conceder estos galardones, en la madrugada del
próximo domingo. De momento, conocemos las nominaciones
a las diversas categorías, con lo que el abanico
se ha cerrado considerablemente. Entre las elegidas para
disputarse el Oscar® a la Mejor Película, encontramos tres
biopics –del polifacético Howard Hughes, del genio Ray
Charles recientemente premiado en los Grammy, y de J.M.
Barrie, creador de Peter Pan–, además de un drama moral
escondido bajo el disfraz del boxeo femenino, y de una
comedia con ribetes dramáticos que parece haberse colado de
rondón. Ninguna aparece como clara favorita, y es que
–tampoco en Estados Unidos– ha sido un gran año para el
cine. Sin embargo, parten con una ligera ventaja las
propuestas de Scorsese y de Eastwood, dos
pesos pesados en la Meca del Cine, aunque al primero se le
haya resistido el galardón en las seis ocasiones en que
estuvo nominado. Una solución salomónica consistiría en
concederle a uno el Oscar® al mejor director, y al otro a la
mejor película. Así, todos contentos –o quizá no–, y la
tarta bien repartida entre todos los niños.
Hablando
de niños, "Descubriendo
Nunca Jamás" se presenta como una película
amable y mágica, al recrear el periodo de inspiración de
Barrie que le llevó a escribir el clásico del niño que no
quería crecer. Marc Forster ha querido centrarse en
los momentos dulces y poéticos en que el escritor conoció a
la viuda Davies y a sus hijos, y así resulta una película
sentimental y conmovedora, agradable y positiva, pero sin
fuerza ni cuerpo como para llevarse la estatuilla, y eso a
pesar de la más que aceptable interpretación de Johnny
Depp en un papel que le va como anillo al dedo. Fuerza
dramática y vitalismo es lo que le sobra –es un decir,
porque su estructura clásica y equilibrada la convierten
casi en una obra maestra– a lo que Clint Eastwood nos ofrece
con "Million
dollar baby". Como decíamos, es boxeo sólo en
la superficie porque lo que realmente le interesa a su
director –y al espectador– es el drama interior de unos
personajes de difícil pasado, que han luchado por alcanzar
una meta que el destino les ha esquivado. La hondura de sus
personajes y la preocupación del director y actor por la
moralidad de los actos –nada que ver con la frivolidad de
"Mar
adentro" para tratar la eutanasia– son
valores que la hacen merecedora del premio, y eso a pesar
del tono fatalista que respira por todos sus poros.
Si la fuerza de la película
sobre la chica boxeadora arranca de un buen guión que
construye unos personajes auténticos y poderosos, la energía
arrebatadora de "Ray"
arranca básicamente de la genial interpretación de
Jamie Foxx –merecedor de estatuilla–, que sostiene cada
plano y muestra la evolución de su personaje, no copiando
sino encarnando cada uno de los gestos, andares y actitudes
de su personaje. Historia de la genialidad del músico que
revolucionó el rock, que peleó contra el racismo y que tuvo
en dos mujeres –su madre y su esposa– el apoyo para salir
del mundo de la droga, de los amoríos desenfrenados y la
autodestrucción. El tercero en cuestión que ha querido
recuperar la singularidad y extravagancia de un personaje es
Scorsese; también él –como Forster con Barrie, y Hackford
con Ray– ha querido obviar la parte más truculenta y menos
ejemplar de sus héroes, aquella en la que su carácter
visionario y su genialidad derivaban en degeneración y
locura. El director de "Taxi driver" hace que DiCaprio
dé vida al magnate de la aviación y del cine-industria, con
una película que tiene ritmo narrativo y “marca Scorsese” al
penetrar en lo más sórdido de una mente perturbada.
Sólo
queda en el tintero la comedia de Alexander Payne,
"Entre
copas (Sideways)". Poco diremos de una
especie de road movie intimista de dos perdedores,
uno de ellos fracasado en el mundo editorial y en el
afectivo, y otro inmaduro y frívolo donjuan. No es una
película tipo Hollywood y está más próxima al cine
independiente americano, y por eso sorprende que se haya
colado en las nominaciones y obtenido importantes premios
–incluidos dos Globos de Oro–, fundamentalmente por su guión
e interpretaciones. Aunque dista de la profundidad de los
retratos de Eastwood y su humor cae en ocasiones en lo
zafio, resulta una poética y sugerente alegoría sobre el
vino, la amistad y la redención de dos hombres que buscan
salir de la soledad, en los días previos a la boda de uno de
ellos.
En definitiva, tres historias
de gente un poco peculiar, con talento y/o dinero, más o
menos sola en la vida –verdadera tragedia de la modernidad
que el cine no cesa de recoger–, con una miseria humana que
sólo se apunta y de manera pudorosa, de individuos perdidos
entre las cloacas de una sociedad,... porque –ya se sabe– lo
escabroso y trágico siempre es noticia, mientras que lo
ejemplar y cotidiano se pega tortas con la cámara y la
butaca. Además, unas vacaciones entre copas y mujeres para
dos fracasados, que ya ha tenido su reconocimiento y que
sorprendería que aumentase su pedigrí con un nuevo premio. Y
una vida de lucha en el cuadrilátero de la vida, que desde
aquí se nos antoja como favorita a Mejor Película, aunque
sólo sea por la honestidad y sinceridad que su director
demuestra. Así pues, con permiso de Scorsese, Eastwood se
llevaría su segundo Oscar® –ya lo obtuvo por "Sin perdón"–,
que debería ser el tercero si el pasado año hubieran hecho
justicia con "Mystic
river". Veremos qué sucede, cuánto pesa el dólar,
cuánto los lobbies y cuánto el buen cine.