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                                                               26 Febrero 2005

Eastwood y Scorsese, en el cuadrilátero del Oscar®

© A.M.P.A.S. Un año más el tío Óscar llega dispuesto a relanzar la industria del cine, y a dar una palmadita en la espalda a películas en las que se ha hecho una fuerte inversión y de las que sus productores esperan obtener suculentos beneficios. Porque, no lo olvidemos, esta “gala de la alfombra roja” ya hace tiempo que se convirtió en el segundo escaparate de un star system no sólo de directores y actores, sino también de ideas y tendencias, de formas de pensar y de pautas de comportamiento: es verdad que unas pocas veces recogen la realidad de la calle, pero más cierto aún es que muchas más señalan el sendero por el que el espectador debe ir por la vida, a no ser que tenga suficiente personalidad y esté dispuesto a ser etiquetado como extraño o retrógrado.

Por otro lado, teniendo en cuenta los múltiples intereses económicos e ideológicos de lo que resulta “políticamente correcto”, todo puede pasar a la hora de conceder estos galardones, en la madrugada del próximo domingo. De momento, conocemos las nominaciones a las diversas categorías, con lo que el abanico se ha cerrado considerablemente. Entre las elegidas para disputarse el Oscar® a la Mejor Película, encontramos tres biopics –del polifacético Howard Hughes, del genio Ray Charles recientemente premiado en los Grammy, y de J.M. Barrie, creador de Peter Pan–, además de un drama moral escondido bajo el disfraz del boxeo femenino, y de una comedia con ribetes dramáticos que parece haberse colado de rondón. Ninguna aparece como clara favorita, y es que –tampoco en Estados Unidos– ha sido un gran año para el cine. Sin embargo, parten con una ligera ventaja las propuestas de Scorsese y de Eastwood, dos pesos pesados en la Meca del Cine, aunque al primero se le haya resistido el galardón en las seis ocasiones en que estuvo nominado. Una solución salomónica consistiría en concederle a uno el Oscar® al mejor director, y al otro a la mejor película. Así, todos contentos –o quizá no–, y la tarta bien repartida entre todos los niños.

Hablando de niños, "Descubriendo Nunca Jamás" se presenta como una película amable y mágica, al recrear el periodo de inspiración de Barrie que le llevó a escribir el clásico del niño que no quería crecer. Marc Forster ha querido centrarse en los momentos dulces y poéticos en que el escritor conoció a la viuda Davies y a sus hijos, y así resulta una película sentimental y conmovedora, agradable y positiva, pero sin fuerza ni cuerpo como para llevarse la estatuilla, y eso a pesar de la más que aceptable interpretación de Johnny Depp en un papel que le va como anillo al dedo. Fuerza dramática y vitalismo es lo que le sobra –es un decir, porque su estructura clásica y equilibrada la convierten casi en una obra maestra– a lo que Clint Eastwood nos ofrece con "Million dollar baby". Como decíamos, es boxeo sólo en la superficie porque lo que realmente le interesa a su director –y al espectador– es el drama interior de unos personajes de difícil pasado, que han luchado por alcanzar una meta que el destino les ha esquivado. La hondura de sus personajes y la preocupación del director y actor por la moralidad de los actos –nada que ver con la frivolidad de "Mar adentro" para tratar la eutanasia– son valores que la hacen merecedora del premio, y eso a pesar del tono fatalista que respira por todos sus poros.

Si la fuerza de la película sobre la chica boxeadora arranca de un buen guión que construye unos personajes auténticos y poderosos, la energía arrebatadora de "Ray" arranca básicamente de la genial interpretación de Jamie Foxx –merecedor de estatuilla–, que sostiene cada plano y muestra la evolución de su personaje, no copiando sino encarnando cada uno de los gestos, andares y actitudes de su personaje. Historia de la genialidad del músico que revolucionó el rock, que peleó contra el racismo y que tuvo en dos mujeres –su madre y su esposa– el apoyo para salir del mundo de la droga, de los amoríos desenfrenados y la autodestrucción. El tercero en cuestión que ha querido recuperar la singularidad y extravagancia de un personaje es Scorsese; también él –como Forster con Barrie, y Hackford con Ray– ha querido obviar la parte más truculenta y menos ejemplar de sus héroes, aquella en la que su carácter visionario y su genialidad derivaban en degeneración y locura. El director de "Taxi driver" hace que DiCaprio dé vida al magnate de la aviación y del cine-industria, con una película que tiene ritmo narrativo y “marca Scorsese” al penetrar en lo más sórdido de una mente perturbada.

Sólo queda en el tintero la comedia de Alexander Payne, "Entre copas (Sideways)". Poco diremos de una especie de road movie intimista de dos perdedores, uno de ellos fracasado en el mundo editorial y en el afectivo, y otro inmaduro y frívolo donjuan. No es una película tipo Hollywood y está más próxima al cine independiente americano, y por eso sorprende que se haya colado en las nominaciones y obtenido importantes premios –incluidos dos Globos de Oro–, fundamentalmente por su guión e interpretaciones. Aunque dista de la profundidad de los retratos de Eastwood y su humor cae en ocasiones en lo zafio, resulta una poética y sugerente alegoría sobre el vino, la amistad y la redención de dos hombres que buscan salir de la soledad, en los días previos a la boda de uno de ellos.

En definitiva, tres historias de gente un poco peculiar, con talento y/o dinero, más o menos sola en la vida –verdadera tragedia de la modernidad que el cine no cesa de recoger–, con una miseria humana que sólo se apunta y de manera pudorosa, de individuos perdidos entre las cloacas de una sociedad,... porque –ya se sabe– lo escabroso y trágico siempre es noticia, mientras que lo ejemplar y cotidiano se pega tortas con la cámara y la butaca. Además, unas vacaciones entre copas y mujeres para dos fracasados, que ya ha tenido su reconocimiento y que sorprendería que aumentase su pedigrí con un nuevo premio. Y una vida de lucha en el cuadrilátero de la vida, que desde aquí se nos antoja como favorita a Mejor Película, aunque sólo sea por la honestidad y sinceridad que su director demuestra. Así pues, con permiso de Scorsese, Eastwood se llevaría su segundo Oscar® –ya lo obtuvo por "Sin perdón"–, que debería ser el tercero si el pasado año hubieran hecho justicia con "Mystic river". Veremos qué sucede, cuánto pesa el dólar, cuánto los lobbies y cuánto el buen cine.

Julio Rodríguez Chico
julio@labutaca.net

 

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