Las ovejas no pierden el tren


las ovejas no pierden el trenPelícula:
Las ovejas no pierden el tren. Dirección y guion: Álvaro Fernández Armero. País: España. Año: 2015. Duración: 103 min. Género: Comedia. Interpretación: Inma Cuesta (Luisa), Raúl Arévalo (Alberto), Candela Peña (Sara), Irene Escolar (Natalia), Alberto San Juan (Juan), Jorge Bosch (Paco), Kiti Mánver. Producción: Juan Gordon. Música: Mikel Salas. Fotografía: David Azcano. Montaje: Paco Díaz. Distribuidora: eOne Films Spain. Estreno en España: 30 Enero 2015. Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.


Sinopsis

Luisa y Alberto se han visto abocados a irse a vivir al campo, pero la idílica vida rural enseguida empezará a mostrar su cara menos amable. A pesar de que la pareja no atraviesa por sus mejores momentos, Luisa está obsesionada con tener un segundo hijo. Quien ni se plantea pisar el campo es Juan, el hermano de Alberto, quien con 45 años y periodista en horas bajas, sale con Natalia, una joven entusiasta de 25 años en la que ve una tabla de salvación, aunque no haya previsto las locuras propias de su edad. Por su parte, la hermana de Luisa, Sara, está acostumbrada a canalizar su ansiedad a través de los hombres, con quienes no acaba de encajar, hasta que aparece Paco, un periodista deportivo que parece incluso dispuesto a llevarla al altar, o eso cree ella…


Imágenes

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Tráiler

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Reportaje


Imágenes, tráiler y sinopsis de “Las ovejas no pierden el tren”, película distribuida en España por eOne Films Spain © 2015 Morena Films. Todos los derechos reservados.



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6 - Mathwel - 16:14 - 28.09.15

Menos mal que yo la he visto en diferido porque si hubiera tenido que pagar una entrada, me cambio de sala en el cine…
La idea de guión que subyace está bien (muy manoseada, pero engancha a las sucesivas generaciones de afectados) pero desaprovechada: Ex-jóvenes en crisis de edad y orientación vital que tienen que afrontar y solucionar sus problemas para reencauzar sus vidas.
Tanto la estética como las interpretaciones (salvo la de algunos actores veteranos) son televisivas, parece cualquier serie de TV, españoladas de esas que hacen a destajo…
Los diálogos chabacanos, la mordacidad de los personajes, algunas imágenes y el omnipresente sexo barato típico del peor cine español no se lo deseo yo a mis sobrinas de 13 años (calificada de +12 años). Ya tendrán tiempo de darse cuenta de por qué las salas de cine están, salvo honrosas excepciones, vacías de publico y también de contenido.



5 - josu - 21:15 - 13.02.15

No entiendo que esto haga gracia a alguien.



4 - nara - 22:07 - 07.02.15

Peli anunciada como comedia y la verdad es que no es para tanto.
si es buena la intencion de recordar que mas que “no perder el tren”, hay que reinventarse, adaptarse y dejar que todo fluya. Para eso, necesitamos estar solos, sin que nadie nos influya ni nos diga por sistema que no que no y que no. Los protagonistas se reinventan cuando en se quedan solos durante un tiempo, sin nadie que se queja de que tienes que complacerle, ni que te reproche que no haces bien lo que ellos esperan de ti. De esta peli saco dos conclusiones: 1. si estas en pareja, deja ser. No machaques. 2. Si estas saturado, prueba a hacer cosas nuevas y si te apetece cambiar de rumbo, hazlo.



3 - lourdes lulu lou - 15:44 - 02.02.15

“Que difícil es hacer el amor en un simca 1000, en un simca 1000…” cantaron, en su momento, Los Inhumanos y, puestos a sinceridad, ¡qué difícil es, a veces, defender al cine español! porque, como Scarlett O´Hara jurará y perjurará, “A Dios pongo por testigo que jamás volveré a pasar hambre…” pues, gracias a las palomitas, la velada ha sido más llevadera/menos insoportable porque “A mí, lo que me gusta, es plantar tomates…” y, a mí, ver una película sin lamento y que valga el precio de la entrada; porque “…,¡voy a perder todos los trenes que me de la gana!” sólo que, estas ovejas, no han visto el tren ni de lejos ¡ni está previsto que lo vean!; porque “…, creo que he tocado fondo y, eso es bueno ¿no?”, no cuando juegas con la ilusión de un espectador cuyo espíritu es demolido impunemente y arrasado sin contemplación.
Un matrimonio estancado, en parada intermitente ni hacia delante ni hacia atrás, cuya incógnita direccional intentan solucionar con la recurrida salvación de un nuevo retoño, hermano de él en crisis de identidad por pérdida de matrimonio fracasado, la hermana de ella en crisis emocional por pérdida de la ensoñación que, con tan vehemente ardor, persigue y no atrapa y, un padre con alzheimer que pregunta, repite y vuelve a preguntar “¿Había mucho tráfico?” y mira si había poco tránsito y era sosa la carretera que ¡éste resulta ser el más apetecible y gracioso de todo el tinglado!
Proceso de maduración y reflexión de un grupo familiar desestructurado, la pareja y sus desavenencias que pretende exponer y vender el sano respirar del campo y la tipificada felicidad rural, el divorciado que acepta su soledad y deja de perseguir veinteañeras, la eterna novia soltera que por fin aprende a estar consigo misma y quererse un poco, la madre sexagenaria en plena aventura carnal adolescente, el vecino granjero que ilumina una mente muerta y en horas bajas y, una suegra que se conforma con tener tiempo para poder ir una tarde al cine, todo ello con más gracia escrito y contado que visto en gran pantalla ya que, a la previsible anticipación facilona de lo que el guión va a narrar, se unen unos personajes poco interesantes que apenas dan para estimular un mínimo y evitar el bostezo seguro, calidez de acomodamiento en su visión y recordatorio tenue consagrado gracias a una ofrecida lástima y miramiento moderado de nuestra parte que nos recuerda, sin excusa ni escondite, lo endeble de lo recibido, como se desperdicia la soltura de Raúl Arévalo, la vivacidad de Inma Cuesta, la experiencia de Alberto San Juan y, un grupo talentoso que se queda cojo ante la debilidad del argumento que manejan pues, Álvaro Fernández Armero presenta una historia sencilla, dulce y bonita que no ameniza lo suficiente para evitar ese desaborido sufrimiento de letanía que no entretiene sino aburre en la sombra nunca dicha.
Arrollada por un tren que ni salió de la estación, este relato bonachón, sin apenas picardía, pasa por encima sin causar interés ni perspectiva, ni fortuna ni desgracia y, con el osado atrevimiento de distorsionar a Los Panchos, confirmo en plegaria compasiva “…, reloj marca las horas, porque voy a enloquecer…, tu tic-tac me recuerda me irremediable dolor…, reloj no detengas tu camino, porque mi vida se apaga…, no detengas el tiempo en tus manos y no hagas de esta noche perpertua…” ya que, mi frustrado tiempo ya no aguanta y mi recuerdo recrimina la debilidad, poco retributiva, de una parte del cine español pues, el encanto de la sencillez y la modestia no significan nimiedad que, escasamente, transmiten emoción alguna ni afinidad ni nada, es un don y facultad aquí no encontrada/nunca satisfecha.
Visionar una película con tu cabeza lamentado la fragilidad y flaqueza de un relato apenas currado es desesperación de culo inquieto que no aguanta en la butaca, carga muy lamentable que no arregla la bella fotografía de pueblo soñado.
“…, es que, hacer feliz a la gente ¡cuesta muy poco!”, acaba de manifestar Javier Cárdenas por la radio…,¡ja!, oído ahora mismo ¡parece broma irónica de mal gusto!, pues contenta no estoy precisamente; definitivamente lo siento, esta vez ¡no acepto pulpo como animal de compañía!

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es



2 - bluehawaii - 20:36 - 01.02.15

he pasado un rato muy agradable,la recomiendo



1 - estrella singular - 21:35 - 30.01.15

no es ocho apellidos vascos pero te ries muxo con la peli de las ovejas



 
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