“Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo”. Notas de producción

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“Nos encanta llevar al público a mundos nuevos, mundos sin explorar”, afirma el productor Jerry Bruckheimer, “y la antigua Persia es el más maravilloso de esos mundos. Posee un legado extremadamente rico en imaginación y fantasía. Y le quisimos rendir homenaje en ‘Prince of Persia: The Sands of Time’ (Prince of Persia: Las arenas del tiempo).  Nos gusta realizar películas épicas, como ‘Armageddon’ o ‘Pirates of the Caribbean’ (Piratas del Caribe). Y ‘Prince of Persia: The Sands of Time’ (Prince of Persia: Las arenas del tiempo) encaja en esa clase de cintas. Posee una imaginación desbordante, un escenario fabuloso y una acción descomunal”.

Jordan Mechner creó el videojuego original de “Prince of Persia” en 1989. “Estaba buscando un mundo que aún no hubiera sido explorado en los videojuegos”, declara Mechner.  “Los inicios de los videojuegos se asemejan a los inicios del cine. Nos basamos en géneros ya establecidos, como la lucha con espadas, la brujería y la ciencia ficción, y buscamos elementos que pudieran funcionar en este medio nuevo”.
El director Mike Newell añade: “Adoro la idea de que lo que estás viendo es un mito viviente. Esta es una historia que es absolutamente real y extraordinaria: un universo que no es racional ni físico tal como nosotros lo comprendemos ahora. Pero estas cosas ocurren en la película”.

En la Persia del siglo VI -uno de los imperios más poderosos jamás conocidos del mundo- el pequeño Dastan no era más que un pilluelo, huérfano y sin dinero, que vagaba por las calles de la ciudad. Amenazado con un severo castigo por un capitán del ejército persa por defender a un chico que había robado una manzana, no sólo perdonan a Dastan sino que acaba siendo adoptado por el noble rey Sharaman que descubre en el pequeño Dastan rasgos de grandeza. Dastan crece con los hijos de Sharaman Tus (Richard Coyle) y Garsiv (Toby Kebbell), e instruido en la sabiduría y nobleza de su padre adoptivo y sy querido tío Nizam (Kingsley). Así se convierte en un valiente guerrero pero sin perder su lado algo salvaje.

“Lo que más me cautivó de la historia es la noción de que todas las personas poseen un gran potencial”, señala Kingsley. “Por eso creo que es una película edificante, en especial para los jóvenes. El hecho de ser un chico de la calle no hace que tu potencial sea distinto al de un niño que crece en un palacio. Nuestra película explora el potencial de un niño a medida que se convierte en adulto, y las oportunidades que se le presentan”.

Dastan, en su afán por demostrar su valor, lidera el ataque a Alamut, una pacífica ciudad santa que según informan los espías está acumulando armas que le faclilitan los enemigos de Persia. Pero, en realidad, Alamut guarda un tesoro mucho más valioso y secreto: las legendarias Arenas del Tiempo, que confieren a los mortales el poder de retroceder en el tiempo. A manos de Dastan llega una antigua daga con empuñadura de cristal, la llave para liberar las Arenas del Tiempo. Pero cuando el rey Sharaman es asesinado, Dastan es acusado del crimen. Se ve obligado a escapar y desesperado por limpiar su nombre, Dastan se verá inmerso en una extraña alianza con Tamina, la atrevida joven princesa de Alamut, cuya familia ha custodiado las Arenas del Tiempo durante siglos. Ahora, ella hará lo imposible por protegerlas.

Dastan y Tamina -que desde el primer momento son como agua y aceite-  deberán sobrevivir al implacable desierto y también a enemigos aún más implacables: como el astuto jeque Amar (Molina) y el maestro del lanzamiento de cuchillos Seso (Steve Toussaint), pasando por los mortíferos ataques de lso Hassansins, entrenados para matar con sus propias técnicas letales. Dastan tendrá que echar mano de todo su valor y de sus habilidades para el combate y también de la astucia de Tamina, para destapar al único y verdadero responsable de la muerte del rey. De esa forma también descubrirá la nobleza que conlleva su acción.

Según Gyllenhaal, los realizadores tenían un interesante enfoque sobre el cariz fantástico de la película. “Mike Newell y Jerry Bruckheimer propusieron la brillante idea de que la película se basara en la realidad. Mike dijo: ‘Deseo que esta película se base en la mentalidad persa del siglo VI. Entonces creían que la fantasía podía hacerse realidad. Se podía encontrar una daga que retrocediese el tiempo y no dudar de ello porque entonces creían que esas cosas podían suceder”.

En una época en la que la civilización europea no representaba un horizonte para la humanidad, la poderosa Persia creaba grandes ciudades y edificios a lo largo y ancho de su inmenso y poderoso imperio: Persépolis, Baghdad, Susa, Pasargadae, Arg-é Bam, Ispahán. .  En su momento álgido, el imperio persa iba desde el Eufrates en el oeste hasta el río Indo al este, y desde el Cáucaso, el Caspio, el mar de Aral en el norte hasta el Golfo persa y el Golfo de Omán al sur. Además de Irán, el imperio incluía lo que son ahora las naciones modernas de Azerbayán, Afganistán, Pakistán, Turkmenistán, Tajikistán, Uzbekistán y las zonas orientales de Turquía e Irak y sus regiones circundantes.

Dos grandes obras de la literatura persa influenciaron a Mechner: el Shahnameh, una obra monumental escrita por el gran poeta Ferdowsi en torno al año 1000 d.C. y considerado el poema épico nacional del Irán, y Las mil y una noches, una recopilación de cuentos que data del siglo IX, y que incorpora brillantemente relatos y leyendas populares de la antigua Persia, Medio Oriente y la India. Mechner se dio cuenta de que podía construir un mundo alternativo basado en la realidad histórica del antiguo imperio persa, creando una nueva mitología sobre esa cultura que había creado sus propias fantasías durante miles de años.

Mechner creó un protagonista que desafiaba la gravedad con sus habilidades acrobáticas, aunque seguía las leyes de la física y del comportamiento humano. “Con ‘Prince of Persia’, quería crear un personaje que fuera de carne y hueso, que si fallaba en un salto, podía hacerse mucho daño”, afirma.

Mechner no sólo estaba creando un personaje que salta de un precipicio a otro; el propio joven genio del videojuego también estaba dando un salto, buscando nuevas tecnologías para recrear de la mejor manera su mundo de “Prince of Persia”. “El mundo del videojuego de ‘Prince of Persia’ era fascinante”, dice el productor ejecutivo Mike Stenson. “Tenía un aspecto de fantasía maravilloso, y el elemento de las Arenas del Tiempo que se introdujo en la versión de 2003 era perfecto para la gran pantalla. Sabíamos que teníamos muy buenos elementos del juego, pero al igual que hicimos con ‘Piratas del Caribe’, desarrollamos nuestra propia historia. Aún así, estamos convencidos de haber sido fieles a la visión del juego de Jordan Mechner”.

Y por supuesto, el elegido para dirigir “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo” no podía ser otro que Newel. Bruckheimer afirma: “Mike puede hacer cualquier tipo de película, desde ‘Cuatro bodas y un funeral’, que es una comedia dramática, a ‘Donnie Brasco’, una historia de policías bastante dura. Pero luego hizo ‘Harry Potter y el cáliz de fuego’, que tiene esa mezcla de aventuras y fantasía mística que estábamos buscando. Mike tiene una maravillosa paleta para pintar todo tipo de cosas y eso es muy importante para nosotros. Queremos una película entretenida que guste a un público amplio, pero también algo especial que se centre en la historia y en los personajes”.

“La más exquisita, la más oscura, la más angustiosa, la que mejor retrata las debilidades de la naturaleza humana, esa es una buena película inglesa”, dice Newell. “Pero en los últimos tiempos me he interesado mucho en el espectáculo, en el gran entretenimiento. Y ‘Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo’ es exactamente eso: entretenimiento a lo grande, espectáculo. Así que estoy feliz de poder dirigirla”.

“Todo el mundo nos lo dijo, ‘Marruecos es un lugar fantástico”, recuerda el director Mike Newell. “‘Pero no vayáis en julio y agosto’. Así que lo que hicimos fue rodar en julio y agosto”.

“No entendía por qué mi hotel estaba vacío cuando llegué a Marruecos”, dice Alfred Molina. “Creía que en agosto todo el mundo estaba de vacaciones en Europa. Así que la gente de allí me preguntaba, ¿Qué está haciendo aquí? Entonces fue cuando descubrí que no vas a Marruecos en agosto porque el calor es insoportable. En Marruecos, nadie trabaja en agosto. Salvo, los chiflados y claro está, los ingleses”.

“Es totalmente lógico rodar una película sobre el mundo antiguo en Marruecos”, dice el productor Jerry Bruckheimer, “porque el mundo antiguo y el moderno coexisten juntos. Junto a los restaurantes más chic, los clubs más elegantes y los hoteles de lujo que hay por todo Marrakesh, hay artesanos que hacen sus productos totalmente a mano, como lo hacían hace miles de años. Y fuera de las ciudades, en las montañas, los valles, las llanuras y los desiertos de Marruecos el estilo de vida es aún más tradicional. En este país se han rodado muchas películas así hay una gran infraestructura con técnicos y trabajadores muy bien preparados. Además el gobierno marroquí siempre da muchas facilidades. Los marroquíes son grandes artesanos y tuvimos que utilizar muchísimos. Hicieron un trabajo magnífico”.

El reparto y el equipo técnico tuvieron que enfrentarse a temperaturas que superaron los 40 grados, enormes altitudes, innumerables hamburguesas de cordero y todo tipo de bichos letales en los desolados paisajes desérticos. Tras seis meses de preparación, el rodaje de “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo” empezó el 23 de julio de 2008, con un estilo muy épico. Las dos primeras semanas discurrieron a 2.500 metros de altitud, en Oukaimden, a 75 kilómetros de la abrasadora ciudad de Marrakesh. Para acceder a este remoto lugar en la cordillera del Atlas, hay que atravesar el valle fértil de Ourika y después ascender por una carretera de montaña repleta de cortados y curvas. Pero era el lugar perfecto para el Valle Escondido de la película.

20 trabajadores marroquíes trabajaron tres semanas y media para construir una carretera que llevase a ese lugar aislado. Mientras tanto, se erigió el primero de los muchos campamentos base, una enorme tienda dedicada al catering y a las cocinas, además de albergar todos los vehículos de producción, desde las caravanas de los actores hasta los camiones de los equipos técnicos. Un ejército de Land Rovers desembarcó en Marruecos dirigido por el coordinador de transporte Gerry Gore. Trasladó los vehículos hasta el Valle Escondido, en una aventura que puede competir con la atracción de Indiana Jones en Disneyland.

En el norte de África, las temperaturas a mitad de verano no suelen bajar de los 37 grados y durante el rodaje la media fue de unos 43-46 grados. Durante muchos días del rodaje, las localizaciones marroquíes fueron los lugares más abrasadores del planeta, o casi.

A unos 30 kilómetros al norte de Izergane hay una franja llana, polvorienta de desierto en el que no sopla ni una brizna de aire. Se llama Agafay, y allí unos 500 figurantes recrearon un buen grupo del ejército persa cuando se aproxima a Alamut. El asesor técnico y de seguridad de la película, Harry Humphries y su socio marroquí Lotfi Saalaoui (un oficial de policía asignado para trabajar en el equipo de seguridad de la película) entrenaron a cientos de extras locales. Humphries, antiguo SEAL de la Marina norteamericana y que colabora con Bruckheimer hace mucho tiempo, es uno de los asesores de seguridad, militar y técnico más experimentado del mundo del cine. “Tuvimos que convertir a 400 personas en un ejército en combate en un periodo de tiempo muy corto”, dice Humphries. “Afortunadamente, el Sargento Lotfi es un excelente sargento de instrucción. Así que aunque ninguno de los extras había recibido instrucción militar, los convirtió en un verdadero ejército en sólo tres días”.

A 20 kilómetros al suroeste de Marrakesh, Tamesloht es una polvorienta aldea sin asfaltar con unas pocas tiendas, algunas viviendas humildes, una comisaría, gente muy simpática y con muros de una antigua kasbah que supuestamente tiene 700 años. Se eligió este lugar para recrear la antigua ciudad de Alamut tal y como la dibujó el diseñador de producción Wolf Kroeger para “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo”. El lugar imaginado consta de una magnífica plaza con un palacio al estilo del Taj Mahal, que se erige a 15 metros del suelo, una estructura adyacente roja y blanca salpicada de balcones y una fuente en el centro flanqueda por estatuas de elefantes. Las calles están repletas de detalles arquitectónicos y decorativos: tiendas en callejuelas engalanadas con campanillas, una templo amarillo pálido adornado con guirlandas de flores de vivos colores, arcos tallados con bajorrelieves florales y puestos que venden zapatos, hierbas secas y flores, y antiguos muros de adobe decorados con frescos que reproducen hombres y animales. “No hay muchos platós”, dice el guionista Carlo Bernard, “que sean tan grandes que puedes llegar a perderte dentro de ellos…”

“Wolf Kroeger es un gran artista”, dice Bruckheimer. “Tiene una gran visión, una atención increíble a los detalles y no lo da miedo pensar a lo grande, construir a lo grande”.

Newell está de acuerdo: “Wolf es muy bueno en dos cosas: una es el gran concepto general, y el otro es expresar ese concepto en los detalles más mínimos. Tiene ojos de pintor, y como yo, se inspiró en le arte orientalista. Pero Wolf también realizó un enorme trabajo de investigación sobre la arquitectura de la antigua Persia y de Oriente Próximo. Pasamos días y días buscando fotos de Irán”.

Las creaciones de Kroeger para “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo” no sólo fueron platós, sino entornos totales que envolvían al reparto y crearon un mundo alternativo que combinaba historia y fantasía además de una imaginación desbordante. Junto a Kroeger trabajaron el director de supervisión artística Jonathan McKinstry (para Marruecos), el director de supervisión artística Gary Freeman (Reino Unido), el decorador de plató Elli Griff, el atrezzista David Balfour, el armador Richard Hooper, los jefes de construcción John Maher (Marruecos) y Brian Neighbour (Reino Unido), y un ejército de artistas y técnicos.

La versión de la Persia preislámica del siglo VI que creó Kroeger y sus colaboradores es fruto de un intento deliberado de entretejer la arquitectura auténtica y los elementos de diseño que se investigaron meticulosamente con un elevado nivel de fantasía, tal y como dictaba el elemento sobrenatural e imaginativo de la historia. Alamut es una ciudad completamente ficticia, una especie de Shangri-la, con una notable influencia india. “Desde el punto de vista del diseño”, dice Jonathan McKinstry, “los platós, los decorados y el atrezzo son elementos que parecen históricos. Sin embargo, como no estamos haciendo una película histórica basada en los hechos, no nos decantamos por ningún estilo en particular. Y como gran parte del rodaje tuvo lugar en Marruecos, es lógico que los diseños también estén imbuidos de un estilo norteafricano”.

Todos los departamentos de diseño se nutrieron de las extraordinarias aptitudes de los artesanos y constructores marroquíes. Casi todas las piezas que necesitaba el equipo de atrezzo de Griff y el equipo de armería del Hooper se realizaron en los gigantescos talleres de la zona industrial de Marrakesh. Stuart Rose creó y construyó elementos como el decorado coche fúnebre del Rey Sharaman y el pesado palanquín de Mughal. “Visitar los talleres de los decorados y los almacenes de atrezzo era una de las experiencias más asombrosas que he vivido en cualquiera de nuestras películas”, dice el productor ejecutivo Chad Oman. “Eran gigantescos almacenes llenos del suelo al techo con piezas de atrezzo y elementos de decorado, como lámparas, espadas, sillas de montar y todo tipo de armas. Y todo lo hicieron los artesanos locales y a mano. No creo que haya otro país en el mundo con esa artesanía y ese arte”.

Ya sea trabajando en su camión especialmente adaptado bajo el abrasador sol de Marruecos o un taller frío de hierro ondulado en los Pinewood Studios, Hooper fue el encargado de todas las armas. “En la película”, dice Hooper, “todo está hizo desde cero, se diseñó y el departamento artístico, el productor, el director o el actor aprobaron el concepto antes de proceder a su fabricación.

“La principal influencia del armamento persa surge de investigaciones de diseños del siglo VI y también del videojuego ‘Prince of Persia’”, añade Hooper. “Intenté encontrar un equilibrio entre la autenticidad histórica y la fantasía, porque Jerry Bruckheimer y Mike Newell querían que nos moviéramos por esa fina línea. Investigamos en las colecciones de museos de Irán, Turquía, Irak, Egipto, el Museo Británico de Londres, el Smithsonian. Y encontramos libros que reproducían armaduras y armas de la Persia de aquella época. Escogimos varios estilos y elementos, y luego creamos nuestros propios diseños de las espadas, las dagas y los escudos”.

Hooper y su departamento crearon cerca de 3.500 piezas individuales, incluyendo espadas, escudos, lanzas, hachas, flechas, arcos, aljabas, vainas, dagas y armas para los Hassansins. El armamento se fabricó con hierro, madera y goma o lo que fuera necesario para una escena en particular. Y al igual que otros directores de departamentos creativos de la película, Hooper confió en los excelentes artistas marroquíes. “Utilizamos las grandes aptitudes que tienen los artesanos del país”, dice Hooper. “Artesanos que trabajaban el cuero, el metal, tejedores… son artes que se han olvidado completamente en países como Inglaterra y Estados Unidos”.

De los millares de piezas bajo el dominio de Balfour, ninguno era tan importante como el objeto más icónico de la película: la Daga del Tiempo. Como casi todo en la película, crear la versión final de la Daga del Tiempo fue un proceso de investigación, desarrollo y experimentación. “Al principio, nos fijamos en una antigua daga de estilo indio”, dice Balfour, “pero Jerry Bruckheimer quería que la Daga se pareciera más a una que hay en el videojuego. El problema fue convertir la empuñadura de la Daga del videojuego en algo tridimensional, que no podía realizar las funciones que tenía que en la película. Tuvimos que trabajar bastante para volver a diseñar la empuñadura con su mango de cristal, su filigrina de metal y el botón joya que libera la arena de la hoja.

“Creo que el resultado final fue un éxito”, continúa diciendo Balfour. “El mango sigue siendo elegante, como lo era en el videojuego, y embellecimos la hoja con muchos grabados”. Balfour creó 20 versiones diferentes de la Daga del Tiempo, todas idénticas pero que se utilizaron en diferentes localizaciones. “La versión principal tiene una hola de metal”, explica Balfour. “Está hecha de cobre y bañada en oro. El peso es real”. La Daga tuvo que repararse en múltiples ocasiones debido a las numerosas secuencias de acción que hay en la película. “Sale volando por los aires, se la quitan de las manos a Bastan, la manchan”, dice Balfour. “Pasan muchas cosas con la Daga, así que hubo que repararla muchas veces. Pero también teníamos duplicados exactos hechos en goma dura y blanda para los especialistas”.

 Todo ese enorme trabajo impresionó al reparto. “Cuando llegamos a Marruecos la primera semana, visitamos algunos de los platós que se habían construido”, recuerda Gemma Arterton. “Fue cuando me di cuenta de la magnitud del proyecto. Eran como ciudades. No había visto nunca nada igual. No había que imaginar nada. Todo estaba ahí. Y eso es un verdadero lujo sobre todo en estos tiempos de fondos verdes. Cuando entrabas en los platós te sumergías literalmente en el mundo de la película”: “Miraras donde miraras había muros tallados de forma exquisita, telas, murallas”, dice Ben Kingsley. “Y en Marruecos, la naturaleza, los camellos y los miles de caballistas, el polvo. Nuestros platós eran tan detallados que incluso cuando te detenías para recuperar fuerzas o para respirar, la energía y la información que respirabas eran extraordinarias. Se invirtieron horas y horas de trabajo para recrear el entorno. Es una verdadera maravilla y habla muy bien de esta película”.

El paisaje casi lunar de Bouaissoun, a 45 kilómetros al noroeste de Marrakesh, encajaba a la perfección con el reino desértico del Jeque Amar. Las escenas con carreras de avestruces exigieron cuatro días de rodaje con los temperamentales pájaros. Las avestruces tiene fama de ser intratables, malolientes, dan miedo y son peligrosas. Eso explcia por qué estos pájaros han salido tan poco en las películas. De hecho, nunca creí que las avestruces acabarían apareciendo en una de mis películas”, dice Bruckheimer, “pero la verdad es que una secuencia muy divertida”.

Bill Rivers y Jennifer Henderson se encargaron de supevisar a estos pájaros tan extraordinarios. El coordinador de especialistas George Aguilar y su equipo, con ayuda de Rivers, contrataron a ocho jinetes marroquíes profesionales para que montaran las avestruces en las secuencias de las carreras, lo que exigió dos semanas de duro entrenamiento. “Ninguno de los jinetes se había montado nunca encima de una avestruz”, dice Rivers. “No tiene nada que ver con un caballo porque las avestruces son mucho menos estables. Requiere mucha práctica. Además tienes que desmontar correctamente para que no te pisoteen o te den coces”.

Alfred Molina encarnó al Jeque Amar que adora a las avestruces, y el actor se esforzó al máximo para meterse en la piel de su personaje. Molina lo recuerda así: “Le enseño mi avestruz Anita a Dastan y le digo maravillas del pájaro. Estos animales son impredecibles y bastante extravagantes en sus movimientos y decisiones. Me di cuenta que Jennifer Henderson les daba en el cuello para que estuviesen tranquilos. Así que intenté hacer lo mismo en la escena.

“Rezaba para que Anita se estuviese quieta así que le di en el cuello, con mucha suavidad y dije mis frases sin problema durante dos o tres tomas. Después en una toma, no sé lo que se me pasó por la cabeza, pero cuando estaba alabando las cualidades de Anita, me eché hacia adelante y la besé en el cuello. Pensé que iba a darme una coz y tirarme al suelo. ¡Pero salió genial! Al final del día, Jennifer me dijo que Anita no era en realidad una hemgra, y que se llamaba Alan y era un macho. Así que espero que creen un Premio MTV para esa categoría”.

Después el equipo de rodaje recorrió los 200 kilómetros, dos horas y media de coche, a través de los 2.260 metros del desfiladero de Tizi n’Tichka en la cordillera del Atlas, y viajaron al sureste hasta Ouarzazate, el autodenominado “Hollywood de Africa del Norte”.

En la hoja de trabajo del primer día de rodaje en el oasis de Little Fint, a 40 minutos a las afueras de Ouarzazate, había dos advertencias, cada cual más aterradora: “SE RUEGA NO TOCAR A LA AVESTRUZ QUE HAY HOY EN EL PLATÓ” y la otra aún peor, “TENGAN CUIDADO CON LAS SERPIENTES Y LOS ESCORPIONES QUE HAY DEBAJO Y ALREDEDOR DE LAS PIEDRAS. SE RUEGA PRECAUCIÓN”.

Pero no había nada que tener ya que “Snake Dude” (según rezaba en su camiseta) estaba allí. El marroquí, siempre sonriente, tenía mucha experiencia con todo tipo de víboras y otros animales venenosos. Se encargó de limpiar las zonas de rodaje de estos seres letales antes de que el reparto y el equipo técnico llegara y también durante el rodaje. La jarra de Snake Dude no tardaba en estar llena de peligrosas criaturas, que se liberaban al final del día de trabajo.

Tras dos días de rodaje, los vientos trajeron terribles tormentas de arena seguidas de lluvia. “Cuando buscamos localizaciones en Marruecos”, recuerda Mike Newell, “el viento soplaba a 80 km/hora, pero la gente de allí decía que ¡eso no era una tormenta de arena. Decían: ‘esto no es una tormenta de arena, es sólo una brisa’. Una tormenta de arena es algo tremendo porque todo se pone negro. No se ve nada. Y te asfixias. Y una de las grandes escenas de la película se desarrolla durante una tormenta de arena”.

El mantenimiento constante de los equipos en condiciones tan extremas fue un verdadero problema para el director de fotografía australiano John Seale y su equipo de cámaras mientras rodábamos en Marruecos. Pero él ya había vivido una experiencia parecida cuando rodó en Túnez “The English Patient” (El paciente inglés) por la que ganó un Premio de la Academia®. “Logramos aclimatarnos al calor, y las cámaras estaban equipadas para esto”, explica Seale. “El negativo se empañaba continuamente. Pasamos semanas sin comprender lo que pasaba, pero al final nos dimos cuenta que era el calor extremo lo que empañaba la película. No había forma de quitarlo. Las tormentas de polvo y arena desbarataban todos nuestros planes y provocaban arañazos y por consiguiente repeticiones de tomas, así que el equipo de cámaras tuvo que tener muchísimo cuidado”.

La siguiente ubicación de “Prince of Persia: The Sands of Time” (Prince of Persia: Las arenas del tiempo) fue verdaderamente especial. Reconocido Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987, el antiguo ksar (ciudad fortificada) de Ait Ben Haddou se construyó con estructuras de pisé marrón (tierra y escombros) diseñadas con motivos bereberes. Al lado del ksar había un lugar perfecto para que Wolf Kroeger construyera el magnífico mercado de Nasaf, incorporando del fondo elementos de Ait Ben Haddou.

Mientras rodaban en Ouarzazate, tanto la primera como la segunda unidad también rodaron dentro de las extrarodinarias murallas de pisé de la Kasbah Taourirte, una antigua construcción justo en el centro de la ciudad. De hecho, la Kasbah era lo único que había en Ouarzazate, antes de que los franceses construyeran una nueva ciudad a su alrededor. Pero el lugar sigue teniendo una atmósfera maravillosa y primitiva que emana fuerza y exotismo a partes iguales. Sigue siendo el centro neurálgico del Ouarzazate y en sus callejuelas sus habitantes van y vienen, jugando a las cartas y al dominó, vendiendo, comprando y regateando en sus minúsculas tiendas.

Después de rodar en el espectacular barranco de Tiwiyne, el equipo de producción hizo las maletas y recorrió 322 kilómetros al este por la Ruta de las Mil Kasbahs hasta Erfoud. A un tiro de piedra de la frontera argelina, los realizadores eligieron una franja de desierto para que sirviera de entrada prohibida al Valle de los Esclavos, los dominios del Jeque Amar y sus harapientos bandidos.

Los dos últimos días de rodaje en Marruecos se desarrollaron en las famosas dunas de Merzouga, montañas de arena que alcanzan 137 metros de altura en una llanura negra, pedregosa e implacable.  “Creo que está muy bien que una película titulada ‘Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo’ termine de rodarse en las dunas de arena”, dice Eric McLeod, productor ejecutivo. Son las clásicas dunas de arena que pueblan la fantasía de las Noches de Arabia cuyos colores cambian con el movimiento del sol. El último día de rodaje en Marruecos, el termómetro superó los 50 grados. Los miembros del equipo del hemisferio se envolvían en telas color azul de los tuarge e iban descalzos para andar más fácilmente por las profundas dunas.

“Mi ADN lleva ahora el desierto marroquí porque lo cierto es que respiré bastante arena”, dice Jake Gyllenhaal. “Crecí en el Sur de California y el el tiempo y la topografía de Marruecos tienen muchas similitudes, así que no me resultó demasiado difícil. Ya había rodado aquí, pero no me había internado tan lejos en el desierto ni había visto tanto de Marruecos como vi con ‘Prince of Persia.’ Es un país maravilloso. Había veces, en los días libres, que sólo nos dedicábamos a conducir y conducir. Estábamos fascinados con los paisajes y la cultura. El pueblo marroquí es increíblemente amable y además son muy trabajadores”.

La súbita transición del abrasador y caótico Marruecos a los tranquilos y frescos confines de los Estudios Pinewood fue un verdadero shock cultural para el equipo de rodaje. Los platós totalmente artificiales pero no menos asombrosos diseñados por Wolf Kroeger se construyeron en nueve estudios del histórico estudio en el bucólico pueblo de Iver Heath en Buckinghamshire.

“No hay nada como estar en un entorno real, en un lugar en que te sientes qe has retrocedido unos cuantos siglos”, dice Jake Gyllenhaal. “Cuando estábamos rodando en Marruecos, todos estábamos en mitad del desiertos, sucios y polvorientos. Entre toma y toma tenías que quitarte la arena de los ojos, de la boca y de los oídos. El realismo era indeleble. Pero cuando volvimos a los estudios de Londres pudimos mezclar realidad y fantasía, lo que es mucho más interesante”.

En Pinewood, el equipo de producción entró en una rutina totalmente diferente a la que habían experimentado en Marruecos. Era más predecible, más controlable y desde luego más fresco. “Es como si rodar en Marruecos hubiera sido la sección cuesta arriba de una carrera”, explica el productor ejecutivo Patrick McCormick. “Podíamos andar de una localización a otra cambiando de un plató a otro, y no teníamos que luchar contra las condiciones meteorológicas. Y en vez de tener que alimentar a una media de 700 personas al día, sólo eran 250 o 300. ¡En Marruecos, teníamos 300 conductores!” Mientras el equipo rodaba en Marruecos, el equipo de construcción del director de supervisión artística del Reino Unido Gary Freeman construyeron 35 platós en nueve estudios.

La Puerta Este de Alamut ocupaba casi toda la longitud, anchura y altura del Estudio 007 de Pinewood, con muros de casi 15 metros de alto y palmeras importadas del sur de España y perfectamente cuidadas por el jardinero Jon Marson y su equipo. El plató era lo suficientemente grande para rodar la enorme escena de la batalal en la que participan cientos de extras y 25 caballos que derriban las puertas y las barreras de fuego. “La principal razón para construir este plató fue para rodar el trabajo nocturno que implicaba mucho parkour y otros trabajos con especialistas, y que hubiera sido muy difícil rodar en Marruecos”, dice Freeman.  Brian Neighbour, jefe de construcción en el Reino Unido, construyó el complejo de la Puerta Este de Alamut en sólo 14 semanas, utilizando 3.000 hojas de 2,4×1,2 y 21.000 metros de aglomerado de 1×0,30 así como 40 toneladas de escayola para los moldes.

La Gran Sala de Alamut en el Estudio S fue una brillante mezcla de estilos indio, en tonos crema con toques dorados. “No quería utilizar luz de velas en el set”, dice el decorador de plató Elli Griff. “Sólo quería usar candiles de aceite y resultó bastante difícil. Pero John Seale, nuestro cámara, dijo que lograba una luz muy interesante. Utilicé los colores de las joyas, y elementos de atrezzo que pudieran reflejar la luz”.

El versátil interior del Palacio de Alamut se utilizó en muchos entornos, incluyendo la sala del trono de Tamina, las estancias de Tus y la sala de banquetes en la que resulta asesinado el Rey Sharaman. “Quería que la base del trono de Tamina fuera una flor de loto de cristal, lo que recuerda casi subconscientemente al cristalino Reloj de arena de los Dioses”, dice Griff. “Hay un dosel enorme sobre el trono con un agujero del que sale la luz como si tuviera una conexión directa con los dioses y el cielo. Todo lo que concierne a Tamina y a su cultura es suave y humorístico”.

Una suntuosa fantasía de color, con su cama con dosel y las paredes decoradas imitando antiguos manuscritos iluminados con incrustaciones de piedras preciosas, un dormitorio digno de una princesa. “Mike Newell y Wolf Kroeger discutieron sobre si el boudoir de Tamina tenía que ser un espacio de fantasía, muy femenino”, dice Freeman.

“Tienes que hacer algo que apele a la fe, que sea surrealista y opulento”, añade Griff. “El dormitorio de Tamina tiene joyas incrustadas para reflejar la luz y lograr un resplandor hechizado”.

La Cámara del Cielo se construyó en el mismo estudio del interior del Palacio de Alamut, un nido de águila donde se guarda la sagrada Daga del Tiempo en un tabernáculo con un maravilloso diseño.
 El templo de Alamut era un trozo idílico del paraíso, con todo tipo de animales exóticos, tucanes, loros, macacos en jaulas decoradas, topiarios y una fuente decorada con estatuas de unicornios, carneros y pavos reales, un arco con frescos incrustados con johas, árboles con hojas pálidas y translucidas (cada una meticulosamente pegada a mano), faroles dorados y pequeñas campanillas. “Wolf no quería hacer un jardín de época que resultase demasiado realista”, dice Freeman. “Teniendo en cuenta que es una de las escenas más importantes de la película, quería que fuera una especie de jardín mágico y se inspiró en la obra de los expresionistas rusos”.

Otros grandes platós construidos en Pinewood incluían el Templo de la Daga, una cueva con cataratas y un santuario con tesoros y ofrendas espirituales, donde se desarrolla una importante secuencia de acción con Jake Gyllenhaal, Gemma Arterton y Thomas Dupont como Hassad, el Hassansin con el látigo de hojas. El interior tenía que coincidir con los exteriores que se habían rodado en Oukaimden, Marruecos. Los platós también se construyeron con gran detalle para que fuera como el Bazar de Avrat, así como las calles y los tejados de la ciudad. Todo se diseñó para rodar la emocionante acción de parkour. “Sabíamos desde el principio que había una secuencia de acción muy importante que había que rodar en este plató con muchas escenas de parkour”, dice Freeman. “Wolf quería crear una serie de estructuras verticales y horizontales que pudieran dar cabida a las acrobacias. Llevamos un equipo de escayolistas a Marruecos para que lograran las texturas y tomaron moldes de los muros. La dificultad estaba en reforzar las paredes para que los especialistas pudieran trabajar, así que debajo de las estructuras de tierra hay mucho metal escondido”.

“Y cuando crees que lo has visto prácticamente todo”, dice el productor Jerry Bruckheimer, “nos sacamos unos maravillosos efectos visuales de la chistera y hacemos cosas que no se habían visto nunca. Afortunadamente, lo que verán en ‘Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo’ será algo fresco, interesante e innovador”.

Tom Wood y su nutrido equipo de productores, managers, coordinadores, informáticos y técnicos crearon los cerca de 1.200 planos de efectos visuales que tiene la película. Algunos fueron largos y complicados, como los cambios en el tiempo, la enorme tormente de arena en la secuencia climática del Reloj de Arena de los Dioses, y la escena de las víboras del Hassansin, y otros consistieron en pequeños retoques en la esquina de un fotograma.

Wood tuvo a su disposición las últimas técnicas y tecnologías. Entre los efectos visuales más importantes que utilizó Wood estaban los cuatro saltos en el tiempo que se produce cuando se activa la joya en la empuñadura de la daga y libera las Arenas del Tiempo. “Decidimos inmediatamente que no podíamos limitarnos a retroceder la película”, explica Wood. “No queríamos que pareciera el retroceso en un vídeo. Así que tuvimos que desarrollar un enfoque que fuera original y original en el plano visual.

“Lo que hemos hecho en el retroceso del tiempo lo diseñó la compañía de efectos visuales Double Negative”, añade Wood. “Lo llaman ‘event capture’. Previsualizamos la secuencia con ‘animatics’ que se parecen a storyboards de animación. Después íbamos al plató de la unidad principal y rodábamos la acción hacia adelante. Después pasamos cuatro días elaborando los efectos, poniendo cámaras en las posiciones que queríamos para captar el plano.

“Tenemos nueve cámaras Arriflex 435 con las mismas lentes, hasta 48 fotogramas por segundo con un ángulo de 45 grados, que dio muchos problemas a la hora de volver a iluminar el plató”, añade Wood. “El objetivo era que la imagen fuera lo más nítida posible. Los técnicos de Double Negative, que habían situado las cámaras, comprobaban la posición. Tenían que ser muy precisos. Lleva unas dos horas colocar cada juego de cámaras.

“Los actores principales actuaban unos 20 minutos, lo dejaban dos horas, volvían para otros 20 minutos, y había que recordar dónde estaban. Es muy complicado porque cada vez que lo vemos tiene que parecer que es la primera vez”.

El complicado rodaje del los saltos de tiempo plantearon también un desafío para los actores ya que exigía una enorme concentración. “No había hecho nunca secuencias de efectos visuales, y lo cierto es que es un proceso larguísimo”, reconoce Gemma Arterton. “Pero cuando lo ves, parece mágico, y añade una dimensión extraordinaria a la película”.

Notas de producción de “Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo” – Copyright © 2010 Walt Disney Pictures y Jerry Bruckheimer Films. Distribuida en España por Walt Disney Studios Motion Pictures Spain. Todos los derechos reservados.

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4 - elkin - 3:08 - 29.06.13

esta muy bueno pro muy largo y no encuentro la informacion q busco muchas gracias



3 - yo - 6:50 - 05.02.12

Se fijaron que al comienso de la pelicula el niño esta comprando una manzana roja y cuando la tira para defender a su hermano es verde la manzana….



2 - Kuaco - 15:56 - 04.03.11

Primer error en el siglo VI no existía aún la fortaleza de Alamut y mucho menos con ese nombre.
No fué hasta el año 1092 que se tomó ese castillo por un lider musulman dandole ese titulo: “Alhu-amut” (el nido del aguila).



1 - freddy franco - 3:05 - 01.06.10

Un saludo desde Bogota – Colombia,antier mire la Pelicula pero quede impresionado,quiciera saber como hicieron la toma de la ciudad gigante desde las alturas?gracias



 
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