“The crazies”: Notas de producción

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En 1973 el reconocido director de cine de terror George A. Romero estrenó su cuarta película, The Crazies, una provocadora historia sobre una pequeña ciudad afectada por un virus mortal que se extiende más rápido que el pánico. La nueva y escalofriante versión de Breck Eisner del clásico de Romero va incluso más allá que el original y crea un aterrador mundo en el que un arma biológica experimental obliga a los infectados a poner en práctica sus pensamientos más oscuros y terroríficos.

“Hemos cogido la realidad y la hemos adaptado y moldeado hasta límites extremos”, comenta Eisner, “pero el argumento, la idea principal de la película, se basa en una realidad posible”.

El productor Rob Cowan asegura que su idea inicial con The Crazies era una historia relativamente pequeña y controlada. “Pero en cuanto leí el guión, me di cuenta de que iba un paso más allá del resto de películas de este tipo, aunque no deja de ser una película de suspense y terror, que encantará a los aficionados al género”.

Según Cowan, Eisner es el genio que ha llevado el guión a nuevos niveles. “Breck es un magnífico director, que ha sacado lo mejor del material disponible. Ha respetado el guión al máximo, pero también le ha dado un toque de su particular sensibilidad, manteniendo los elementos más aterradores y espeluznantes”.

La nueva adaptación es obra de los guionistas Ray Wright (Pulse) y Scott Kosar (La morada del miedo). Wright confiesa que no vio la versión original hasta justo antes de ponerse a redactar el primer borrador del guión. “La situación dramática es tan convincente –una pequeña ciudad asediada- que enseguida me llamó la atención. Además, George Romero es una leyenda, y fue todo un privilegio trabajar sobre una creación suya”.

Junto a Eisner, los guionistas cogieron el concepto original y lo actualizaron, creando un guión totalmente espeluznante, además de increíblemente metódico. “Breck quiso trabajar con nosotros desde el principio del proceso de redacción, desde la construcción de escenas, hasta la edición final de diálogos”, comenta Wright. “Al final, probablemente acabé con media docena de borradores, pero los cambios más importantes se hicieron al inicio.” Y Eisner añade que “el guión inicial de Scott daba más importancia al ejército. Pero quisimos que la película se enfocara más hacia el terror que sufrían los habitantes de la ciudad. No llegamos a eliminar al ejército, les quitamos relieve para contar toda la historia desde el punto de vista de David y Judy”.

Cuando comenzó la producción de The Crazies, Cowan se vio envuelto en un rodaje que en algunos momentos alcanzó proporciones épicas. “Teníamos convoys y aviones militares” comenta, “e incluso un ejército de helicópteros que llegaban y rodeaban a los habitantes de la ciudad. Cada día teníamos alguna gran escena de especialistas. Era un no parar”.

Hay dos aspectos del argumento de The Crazies que trascienden el género fantástico, según el productor. El primero es que la acción se sitúa en una idílica comunidad agrícola que lo tiene todo hasta que la vuelven completamente del revés. “La amenaza viene de unos personajes que son familiares. La historia te lleva a conocer bien a quienes acaban convirtiéndose en los “crazies”, personajes que a menudo tienen una estrecha relación con los protagonistas.” “El otro elemento interesante es el ejército y sus reacciones. Son una verdadera amenaza, por lo que los protagonistas no sólo tienen que lidiar con los infectados, sino que se encuentran con otra fuerza que va a por ellos. La única opción que les queda es unirse para luchar juntos”.

Brian Frankish, productor adjunto de The Crazies asegura que la energía y la perspectiva de Eisner fueron esenciales para convertir la película en algo extraordinario. “Breck tiene un espíritu joven, y un vista que va más allá de lo que ve la cámara. Se rodeó de un equipo magnífico, como Andrew Menzies, el diseñador de producción, y Maxime Alexandre, director de fotografía. El resultado es una película que atraerá la atención del público por su impacto visual, sin dejarles quitar ojo a la acción que tiene lugar en la pantalla”.

El elevado nivel del resultado final distingue esta película de su antecesora, que se hizo con el típico presupuesto ajustado de Romero. Según Frankish, “lo que hace que la versión original sea interesante es el propio George Romero. El guión es magnífico y la idea central es la misma sobre la que hemos trabajado nosotros. No se trata de mujeres y adolescentes en peligro. No hay un terrible monstruo que acecha a un pequeño grupo de personas. Es algo a muy mayor escala, y eso es aún más aterrador”.

Radha Mitchell, que interpreta a la doctora Judy Dutton, esposa del sheriff y la médico local, considera que precisamente por eso la premisa de la historia es aún más escalofriante. “Normalmente, en este tipo de películas, la amenaza es exterior. Pero en este caso la historia transcurre en una pequeña ciudad, donde todos se conocen y el peligro puede venir de cualquiera de los que te rodean. Coger algo conocido y convertirlo en algo desconocido es una técnica muy interesante”.

De acuerdo con Eisner, “una de las cosas que más me gustan de la película es que sucede en el corazón de Estados Unidos. Es uno de estos enormes espacios, con grandes campos de maíz que llegan hasta donde ya no alcanza la vista, una inmensa meseta vacía que crea un escenario único. No hay árboles, ni edificios, ni casas. Puedes avanzar por una carretera y ver hasta más allá de cincuenta kilómetros en cualquier dirección y el horizonte es el único límite. No hay donde esconderse, y los personajes deben evitar al ejército, a los infectados y a la propia enfermedad, mientras avanzan por este paisaje descubierto, que empieza siendo amigable y se acaba convirtiendo es algo aterrador”.

Y lo que aporta aún más interés a la historia, es la rapidez con la que se esparce la infección. El virus logra devastar una ciudad en poco más de tres días. “Rodamos una escena donde David, el personaje de Tim Olyphant, camina por una tranquila e inmaculada calle” comenta Frankish, “y unos días después vemos televisores en medio de la calzada y cables arrancados y coches en llamas. Los infectados han tomado la ciudad y el ejército no puede controlarles. La consecuencia son disturbios como los de Los Angeles o los del Huracán Katrina. Un auténtico caos”.

The Crazies promete ser una controvertida película que llevará al público a varios comentarios después de verla. Según Frankish: “Ya me imagino a los estudiantes en bares de todo el país, discutiendo sobre la película y decidiendo si todo esto es posible”.

Olyphant, protagonista del film, señala los puntos en común con el clima social que se vivía en la época en la que Romero escribió el guión original. “Lo que es evidente en las películas de Romero, es que la historia va más allá de la simple locura. Tocó temas candentes del momento, como la guerra en Vietnam, y ahora estamos en una situación similar, con una guerra y opiniones divididas sobre ella”.

Pero cualquier mensaje adicional, según Cowan, es secundario al entretenimiento que propone la película. “No queremos hacer una declaración de principios. Hay elementos intrínsecos que reflejan el momento que estamos viviendo, y cómo se siente la gente en lo que se refiere a su seguridad. Todo forma parte de la historia, sin que tengamos que ponerlo específicamente por escrito. El subtexto social es una de las razones por las que me interesó el guión. Aún así, lo más importante es que el público disfrute con The Crazies. Hay algunos temas fundamentales que se pueden discutir, si se quiere, pero al final lo importante es disfrutar de las sorpresas que depara la película y olvidarse de los problemas durante un par de horas. La gente tiene muchos miedos propios, y algunos forman parte del argumento de la película, pero eso hará que el público acabe sintiéndose mejor, porque al final todo se resuelve. El objetivo es pasarlo bien.” “Lo que más me interesó de The Crazies fue el viaje que se ven obligados a hacer los protagonistas, David y su mujer embarazada Judy. La voluntad del público para que estos dos personajes escapen es evidente desde el primer minuto de la película, y dura hasta el final”.

El virus mortal que desencadena los acontecimientos en The Crazies tiene un nombre muy inocuo: Trixie. La enfermedad degenera en unos síntomas físicos y mentales que tienen un efecto devastador en las víctimas humanas. Cuando llegó la hora de definir a Trixie y sus consecuencias físicas, el director Breck Eisner insistió en que todo se basara en una realidad médica.

“Una de las cosas más interesantes de esta película es que no es una historia de zombies” dice Eisner. “Romero hizo bastantes películas de muertos vivientes, pero esta no fue una de ellas”.

En lugar de una horda de monstruos cerebrófagos, los ‘infectados’ son personas enfermas, que reaccionan a la enfermedad de un modo particular y único, y a menudo aterrador. Esta es la realidad que llevó al diseño conceptual de los varios estadios de la infección.

Robert Hall de Almost Human, una de las principales firmas de efectos especiales de Hollywood, se encargó de desarrollar el aspecto de las víctimas de Trixie y tuvo que apoyarse en datos médicos para todas sus ideas. “Investigamos a fondo enfermedades reales. Le ofrecíamos una idea a Breck sobre el aspecto de una parte de la cara de una víctima, y el inmediatamente quería saber de qué enfermedad habíamos sacado la idea y cómo se podía integrar en Trixie. Siempre que tuviéramos apoyo médico, teníamos carta blanca.

Crear el aspecto físico de Trixie fue un proceso muy largo, según el productor Rob Cowan. “Empezamos jugando con varias enfermedades diferentes. En cuanto encontramos la idea perfecta, Rob Hall y su equipo se pusieron a idear cosas a su alrededor. La verdad es que fue un proceso digno de ver. Algunos días incluso costaba tragar la comida”.

El principal objetivo de Hall era crear algo que fuera original, sin perder realismo. “El guión hace referencia a la rabia, para describir algunos de los síntomas y cómo el virus afecta al cuerpo humano. Empezamos por ahí, pero sin ser muy literales. Luego nos pusimos a conceptualizar, en función de las ideas que Breck aceptaba o descartaba”.

“Los guionistas también encontraron una idea interesante sobre el tétanos”, continúa. “El tétanos hace que el cuerpo se doble hacia fuera y provoca rigidez absoluta en el cuello y los músculos. Pensamos que sería interesante utilizarlo para que los cuellos de los infectados parecieran rígidos y los tendones sobresalieran con fuerza hacia la cara, y parecieran encharcados de sangre. Al final hicimos una mezcla de varias enfermedades reales, incluso el síndrome de Stevens-Johnson, que es un raro trastorno que provoca un doloroso sarpullido rojizo o púrpura, que a la larga destruye la epidermis”.

El efecto de Trixie en los infectados, según hall, vino de la idea de que el virus los hace ‘hiper-vivos’”. “Es como si la vida les derramara por las venas, creando bolsas de infección. Tiene que salir, y lo hace por los ojos, o los oídos”.

La investigación y la imaginación de Hall dieron resultados espectaculares. “Los infectados parecen realmente enfermos, lo que demuestra el enorme talento de Rob y su equipo” afirma Danielle Panabaker. “Ver la transformación cuando un actor salía del camión de maquillaje era realmente espectacular”.

Su compañera, Radha Mitchell, comenta que el resultado final del maquillaje le ayudó a entender mejor la complicada situación de los protagonistas. “Los infectados tenían un aspecto tan específico y realista que era asqueroso y espeluznante a la vez. El terror se basa en ese maquillaje”.

La firme base realista de este maquillaje añade aún más dolor al destino de los afectados, según Joe Anderson. “No parece que estés viendo un monstruo. Estás viendo una persona que tiene un problema muy grave. Son seres humanos por completo, pero están muy, muy enfermos”.

Hall y su equipo también utilizaron tecnología moderna para crear prótesis a medida para los actores. “La infección se extiende tan rápido, que mata en un margen de 48 o 72 horas.” “Afecta en episodios que se suceden muy rápido. Todas las prótesis que utilizamos tenían que ser flexibles, porque teníamos que poder mezclarlas y encajarlas, para explicarlo de algún modo.” “Para las prótesis a medida hicimos moldes de escayola, que nos permitieron esculpir piezas de silicona independientes, con todos los músculos superiores acentuados. Colocamos estas prótesis a cada uno de los actores ‘infectados’ cada día, y disimulábamos los bordes para darle realismo.” Como la infección avanza muy rápido, Hall a menudo tenía que actualizar el maquillaje de uno de los personajes sobre la marcha. “A veces Breck decía: ‘Hemos avanzado algo más que la última vez. ¿Podemos ponerle otra vena?’ Y para eso teníamos cientos de pequeñas piezas adicionales hechas del mismo material adhesivo con el que fijábamos las prótesis a los actores. Podíamos añadir maquillaje en cuestión de cinco minutos, porque así todo fluía mucho mejor”.

El proceso de calcomanías es una de las nuevas técnicas que utilizó Hall. “Durante los últimos diez años, la silicona era la mejor opción, pero esas calcomanías son un gran paso adelante. Se desarrollaron para La pasión de Cristo y con ellas se puede crear una quemadura de roce en todo un brazo en cuestión de dos minutos. Al principio había que vigilar mucho con los bordes, para pulirlos, pero si se va con cuidado, quedan totalmente adheridas”.

Aunque el realismo fue esencial, como destaca Hall, el mejor maquillaje es totalmente inútil si el actor no puede actuar con comodidad. “Para mí es interesante ayudar a un actor a crear un personaje desde fuera. A veces es tan fácil como asegurarse de que podrán girar la cabeza. Y es responsabilidad mía que eso funcione. Una prótesis de un cuello rígido puede arrugarse y destrozar la ilusión. Si Breck quería que un actor pudiera moverse de un modo determinado, nos asegurábamos de que tenía las herramientas necesarias para hacerlo”.

La versión original de The Crazies de George Romero transcurría en una pequeña ciudad de Pensilvania, una ubicación que ejemplificaba la imagen de los Estados Unidos en los años sesenta de un país fuerte, independiente… y seguro. Esta vez, el director buscó un lugar que retuviera esta sensación de vida idealizada en los Estados Unidos, y al mismo tiempo sirviera de escenario para un giro radical.

“Buscamos por todas partes, para encontrar una localización para la película”, explica Eisner. “Investigamos en Canadá, Texas, Georgia, Iowa, Kansas, California e Illinois. Básicamente en cualquier lugar que tuviera el paisaje que buscábamos y ofreciera ventajas fiscales”.

Rob Cowan viajó por cinco estados para encontrar una ubicación perfecta para representar Ogden Marsh. “Enviamos ojeadores a dos o tres otros estados. Queríamos una zona agrícola amplia, y nos costó mucho encontrarla. Buscamos mucho antes de encontrar la localización perfecta.” Al final decidieron separar el rodaje entre Perry, en el estado Georgia y Lenox, en el de Iowa.

Lenox ofrecía el necesario ambiente de pequeña ciudad, con hectáreas y hectáreas de terreno agrícola alrededor. “La película representa el centro del país, y queríamos estar justo en el centro”, dice el productor asociado Brian Frankish. “Pero en Iowa las temperaturas eran invernales, por lo que decidimos rodar los interiores en Georgia, mientras las temperaturas subían, y rodar los exteriores en Iowa al final”.

Perry, una ciudad de unos 10.000 habitantes, se encuentra en el centro del estado, en la intersección de cuatro grandes autopistas, lo que le ha hecho ganarse el apodo de “encrucijada de Georgia” y lo que ha convertido al turismo en la principal fuente de ingresos de la ciudad. En ella se encuentran la base Robins del Ejército del aire, y grandes empresas internacionales como Cagle’s Inc., Frito Lay y Graphic Packaging International, así como la Feria estatal de Georgia.

“El rodaje de exteriores siempre me da la oportunidad de centrarme en la película y no distraerme con otras cosas, lo que me parece genial” comenta Danielle Panabaker. Georgia fue maravilloso. En el sur, todos son muy agradables y puedes comer tarta de melocotón, y te cuidan muy bien”.

Después la compañía se dirigió hacia Lenox, una ciudad con una población de apenas 1.200 habitantes. “Lenox nos ofreció el tamaño y la dimensión que necesitábamos.” comenta Cowan, “y eso era muy importante. Podríamos haber rodado la película en cualquier parte, pero Breck cree que esas dos cualidades son las que hacen que todo funcione”.

“Lenox está a 1.500 km de la civilización. Estábamos en el corazón del país, y trajimos a un equipo de 170 personas a un lugar en el que sólo había 70 habitaciones de hotel disponibles. Fue todo un reto, pero para hacer algo que el público no haya visto nunca, tienes que ir  a algún lugar donde las cámaras aún no hayan llegado”.

La ubicación le dio a los actores la oportunidad de entender las pocas probabilidades que tenían los personajes de sobrevivir. “Hacía mucho frío, y no os podéis imaginar la cantidad de espacio vacío que había a nuestro alrededor” comenta Mitchell. “Me permitió entender mejor lo que debían sufrir los personajes, porque no hay un modo rápido de huir de aquí. Todo queda lejos, y es muy difícil comunicarse con cualquier persona del exterior”.

Además, la autenticidad de la Lenox real, en Iowa, les abrió los ojos a los dos nativos de Los Angeles del reparto. Según Danielle Panabaker, “en el medio oeste, todo el mundo es amable y servicial. Se me atascó el coche en el barro, pero sabía que si me dirigía a cualquier granja cercana, me ayudarían seguro. Es una sensación genial”.

Timothy Olyphant también disfrutó del tiempo en Lenox. “Fue muy interesante estar en un lugar así. La gente me hacía darme cuenta de cuán especial es mi empleo. Es maravilloso ver tu trabajo a través de los ojos de otra gente, y darte cuenta de lo interesante que es”.

* Notas sobre la producción de la película, elaboradas por Participant Media, Overture Films e Imagenation. Traducción facilitada por la distribuidora española Emon.

“The crazies” – Copyright © 2010 Participant Media, Overture Films e Imagenation. Distribuida en España por Emon. Todos los derechos reservados.

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