El buen doctor

Película: El buen doctor. Título original: The good doctor. Dirección: Lance Daly. País: USA. Año: 2011. Duración: 93 min. Género: Drama, thriller. Interpretación: Orlando Bloom (Dr. Martin), Riley Keough, Rob Morrow, Troy Garity, J.K. Simmons, Taraji P. Henson, Michael Peña. Guion: John Enbom. Producción: Jonathan King, Dan Etheridge y Orlando Bloom. Música: Brian Byrne. Fotografía: Yaron Orbach. Montaje: Emer Reynolds. Diseño de producción: Eve Cauley Turner. Vestuario: Jill Newell. Estreno en USA: 31 Agosto 2012.

Tráiler

Cartel

Sinopsis

El doctor Martin Blake (Orlando Bloom), lleva toda su vida buscando ser respetado. Una tarde conoce a una joven paciente de dieciocho años llamada Diane, que sufre de una infección de hígado. Con sus cuidados Diane mejora en salud y la autoestima del joven doctor aumenta pero, al mismo tiempo, su miedo a perder a Diane una vez se encuentre totalmente recuperada se acentúa, por lo que decide mantener a Diane enferma, en el hospital, cerca de él.

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Imágenes y sinopsis de la película “El buen doctor (The good doctor)” – Copyright © 2012 Code Red Productions, Fastnet Films y Viddywell Productions. Todos los derechos reservados.

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2 - lourdes lulu lou - 14:14 - 07.12.14

“No eres un verdadero doctor hasta que no pierdes a un paciente”, luego, ¡reza para que no te toque a ti ser la víctima que le apadrine en su coronación!
Empieza con lentitud y pasividad, mirada timida, analizadora, recelosa, y exhaustiva en sus análisis de opciones y oportunidades a la vista de un joven aspirante a encumbrarse como médico que ansía con fervor ganarse el respeto y la admiración de quienes le rodean, un protagonista obsesivo y anulado por su incipiente ceguera de llegar a ser alguien, tener posición y ser apreciado por sus compañeros donde, con sutileza, delicadeza y suavidad del tempo transcurrido y, sin abusar de la acción ni forzar los hechos de forma precipitada, va emergiendo esa locura y demencia eventual que se apodera de él y le devora su buen juicio enajenado por el inesperado y sorprendente coqueteo de una joven paciente, inalcanzable belleza-reina del baile fuera de su alcance, hasta el momento, y que le vale la oportunidad de demostrar su valía y conocimientos para deslumbrar a esa joya que se convierte en objetivo de deseo de unos sentimientos mal focalizados, peor confirmados y erróneamente vividos que, le llevan a pasar la delgada línea que lleva de salvar una vida a, forzarla al límite para ser el salvador de la bella damisela en apuros-conquistador héroe de su milagrosa recuperación o, perder el control y ser el culpable de su pérdida.

Reprimido, solitario, de presencia desapercibida y efímera sin estatuto honorable, una vez prueba las mieles del mal, tasta el poder del lado oscuro, nada evita o frena que vuelva a repetir, especialmente si todo encaja, el orden vuelve a instaurarse, los planes salen bien y escapa indenme de unos actos macabros y mezquinos de mente distorsionada, atrocidad de unos hechos justificados por el bien del propósito conseguido, egoísmo puro y duro de un individualismo emergente y feroz al que le cuesta coger forma y adquirir movimiento apetecible pero que, tras la paciencia requerida, la espera solicitada y su meticulosa observación necesaria, realiza la complitud de su círculo con fuerza, energía y pasión sin echar en falta nada.

Un trabajo esmerado de Orlando Bloom, que también participa en la producción, del que sale con loable buena nota en esa desnuda exposición de su personaje sin necesidad de armas, espadas, lucimiento de músculo ni cabellera al viento, estandarte de un individuo seco, aislado, perturbado en su moral, reprimido en una vida insatisfecha, drogado de ansia de poder, de sed de miramiento y de sufrida humillación en su interior más recóndito y donde cada palabra pronunciada, sentencia que emite es demostración abierta de sus aptitudes, méritos, capacidades y nivel social alcanzado pues “yo nunca fue el chico popular del instituto y ahora…, ¡soy doctor!”

Historia sencilla de ritmo apaciguado que se cuece a fuego lento en sus estímulos y sensaciones recibidas, que poco a poco saca su fuerza y consistencia y vira hacia la firmeza y potencia clarificadora, frialdad intimista y gélidas impresiones de inicio paupérrimo y honda tenue que dice poco pero acaba diciendolo todo en esa evolución ascendente de un guión austero y humilde cuya única mira es mostrar la perversidad de un buen doctor que tiene el concepto del bien alterado hacia el uso y utilidad propia y que deja un recuerdo sabroso dentro de su amargo regusto.

“¿Por qué quisite ser médico?, bueno, un amigo de mi madre era médico y era muy respetado por todo el mundo, yo quería eso para mi, respeto…, y ayudar a la gente por supuesto”, sentencia declaratoria de la personalidad, carácter y estilo de actuación ralentizada, celosa, de ansiedad egoísta por carencias e inestabilidad, falta de confianza y seguridad en uno mismo que se adquieren con la salida victoriosa de un daño ejecutado voluntariamente que despierta la lástima, empatía y respeto tan buscado en los demás, juego inofensivo en su base de fantasía hermosa en su retorcida cabeza y final tortuoso o acomodado según a quién mires.
“A veces uno hace cosas que no debería pero, simplemente, no las puede evitar”, sinrazón que despierta a la bestia dormida que, tras conseguir su meta, volverá a su relajado bienestar, dejando a la luz pública a un considerado, honorable y afianzado doctor Jekyll que, tiene en reserva y a la espera a su mr. Hyde para cuando sea oportuno pues, el dolor pasa, la culpa se sobrelleva, los remordimientos los cura el tiempo y los beneficios y frutos recogidos son de satisfacción plena, pues, ¡todo es cuestión de prioridades!

lulupalomitasrojas.blogspot.com.es



1 - lourdes lulu lou - 14:05 - 06.12.14

“No eres un verdadero doctor hasta que no pierdes a un paciente”, luego, ¡reza para que no te toque a ti ser la víctima que le apadrine en su coronación!
Empieza con lentitud y pasividad, mirada timida, analizadora, recelosa, y exhaustiva en sus análisis de opciones y oportunidades a la vista de un joven aspirante a encumbrarse como médico que ansía con fervor ganarse el respeto y la admiración de quienes le rodean, un protagonista obsesivo y anulado por su incipiente ceguera de llegar a ser alguien, tener posición y ser apreciado por sus compañeros donde, con sutileza, delicadeza y suavidad del tempo transcurrido y, sin abusar de la acción ni forzar los hechos de forma precipitada, va emergiendo esa locura y demencia eventual que se apodera de él y le devora su buen juicio enajenado por el inesperado y sorprendente coqueteo de una joven paciente, inalcanzable belleza-reina del baile fuera de su alcance, hasta el momento, y que le vale la oportunidad de demostrar su valía y conocimientos para deslumbrar a esa joya que se convierte en objetivo de deseo de unos sentimientos mal focalizados, peor confirmados y erróneamente vividos que, le llevan a pasar la delgada línea que lleva de salvar una vida a, forzarla al límite para ser el salvador de la bella damisela en apuros-conquistador héroe de su milagrosa recuperación o, perder el control y ser el culpable de su pérdida.
Reprimido, solitario, de presencia desapercibida y efímera sin estatuto honorable, una vez prueba las mieles del mal, tasta el poder del lado oscuro, nada evita o frena que vuelva a repetir, especialmente si todo encaja, el orden vuelve a instaurarse, los planes salen bien y escapa indenme de unos actos macabros y mezquinos de mente distorsionada, atrocidad de unos hechos justificados por el bien del propósito conseguido, egoísmo puro y duro de un individualismo emergente y feroz al que le cuesta coger forma y adquirir movimiento apetecible pero que, tras la paciencia requerida, la espera solicitada y su meticulosa observación necesaria, realiza la complitud de su círculo con fuerza, energía y pasión sin echar en falta nada.
Un trabajo esmerado de Orlando Bloom, que también participa en la producción, del que sale con loable buena nota en esa desnuda exposición de su personaje sin necesidad de armas, espadas, lucimiento de músculo ni cabellera al viento, estandarte de un individuo seco, aislado, perturbado en su moral, reprimido en una vida insatisfecha, drogado de ansia de poder, de sed de miramiento y de sufrida humillación en su interior más recóndito y donde cada palabra pronunciada, sentencia que emite es demostración abierta de sus aptitudes, méritos, capacidades y nivel social alcanzado pues “yo nunca fue el chico popular del instituto y ahora…, ¡soy doctor!”
Historia sencilla de ritmo apaciguado que se cuece a fuego lento en sus estímulos y sensaciones recibidas, que poco a poco saca su fuerza y consistencia y vira hacia la firmeza y potencia clarificadora, frialdad intimista y gélidas impresiones de inicio paupérrimo y honda tenue que dice poco pero acaba diciendolo todo en esa evolución ascendente de un guión austero y humilde cuya única mira es mostrar la perversidad de un buen doctor que tiene el concepto del bien alterado hacia el uso y utilidad propia y que deja un recuerdo sabroso dentro de su amargo regusto.
“¿Por qué quisite ser médico?, bueno, un amigo de mi madre era médico y era muy respetado por todo el mundo, yo quería eso para mi, respeto…, y ayudar a la gente por supuesto”, sentencia declaratoria de la personalidad, carácter y estilo de actuación ralentizada, celosa, de ansiedad egoísta por carencias e inestabilidad, falta de confianza y seguridad en uno mismo que se adquieren con la salida victoriosa de un daño ejecutado voluntariamente que despierta la lástima, empatía y respeto tan buscado en los demás, juego inofensivo en su base de fantasía hermosa en su retorcida cabeza y final tortuoso o acomodado según a quién mires.
“A veces uno hace cosas que no debería pero, simplemente, no las puede evitar”, sinrazón que despierta a la bestia dormida que, tras conseguir su meta, volverá a su relajado bienestar, dejando a la luz pública a un considerado, honorable y afianzado doctor Jekyll que, tiene en reserva y a la espera a su mr. Hyde para cuando sea oportuno pues, el dolor pasa, la culpa se sobrelleva, los remordimientos los cura el tiempo y los beneficios y frutos recogidos son de satisfacción plena, pues, ¡todo es cuestión de prioridades!

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